Bloques unipersonales, moneda de cambio para la armonía interna del Concejo



Redacción Suma Política


En un marco de acuerdo político entre expresiones ideológicas que tienen tanto en común como el agua y el aceite, podría decirse que en el Concejo Municipal de Rosario un bloque unipersonal no se le niega a nadie. Y cada vez son más los que piden el suyo. El cuerpo tiene veintiocho concejales y catorce bloques, siete de ellos de un único miembro.

En esa condición funcionan María Eugenia Schmuck, Susana Rueda, Fernanda Gigliani, Marcelo Megna, Daniela León, Fabrizio Fiatti y Ariel Cozzoni. Aunque cada caso tiene su singularidad.

El Frente Progresista no es de lo más contenedor. Tiene ocho ediles divididos en cinco bloques. La dispersión se profundizó después de ganar las elecciones del año pasado, cuando cosechó cinco bancas: dos le correspondieron al socialismo (Rueda y Enrique Estévez), dos a la lista de Javkin (Schmuck y Fiatti) y una al PDP (Aldo Poy). Estévez después fue electo diputado nacional y su lugar lo ocupó Mónica Ferrero. Los cinco que entraron están hoy en bloques diferentes, y tres de ellos son unipersonales.

Lo de Poy no hace ruido porque se sumó al bloque que integraba antes de ser reelecto. Más difícil de entender es lo de Rueda y Ferrero, que estaban en la misma lista en las primarias, al igual que Schmuck y Fiatti.


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Ahora Schmuck preside el bloque Radical y Fiatti Creo; Rueda es Rosario Progresista, Ferrero se sumó al bloque Socialista y Poy encabeza el del PDP.  

Dentro del Frente el bloque más numeroso es el socialista, integrado por Verónica Irizar, Lorena Carbajal y Mónica Ferrero, y lo sigue el PDP con dos (Poy y Lisandro Zeno). 

No es muy distinto el panorama en el peronismo. Tiene seis concejales y tres bloques. En 2019 ingresaron Eduardo Toniolli, Marina Magnani y Fernanda Gigliani. Cada uno hizo rancho aparte.

Toniolli integra el bloque Frente de Todos junto a Norma López y María Alejandra Gómez Sáenz; Magnani preside Unidad Ciudadana (la acompaña Andrés Giménez) y Gigliani mantiene su independencia desde hace varios años en Iniciativa Popular.

El macrismo tampoco se diferencia en este aspecto. Ingresaron tres ediles, dos de los cuales tiene su propio bloque personal. Marcelo Megna cocinó rápidamente el suyo, al que bautizó “Unión Cívica Radical”, y se alineó con Cambiemos de Roy López Molina.

La ex presidenta del Concejo, Daniela León, quien lideró la lista del macrismo, también fue ganada por la tendencia del bloque propio al que llamó con todas las letras: “UCR/Juntos por el Cambio”. El radicalismo es el sector político más invocado pero no tiene bloque propio.

El restante edil que ingresó en esa lista fue Alejandro Roselló, quien actualmente preside el bloque Juntos por el Cambio. León juega en sintonía con este sector en la pelea interna del macrismo.

El que vio la jugada fue Ariel Cozzoni, aunque en su caso entró por “Unite” y se mantuvo en su espacio, al que denominó “Un gol para Rosario”.

Para graficar la dispersión de los concejales, los bloques mayoritarios son dos y tienen cuatro ediles: “Juntos por el Cambio”: Alejandro Rosselló, Carlos Cardozo, Germana Figueroa Casas y Ana Laura Martínez, y “Ciudad Futura”: Caren Tepp, Pedro Salinas, María Luz Olazaguitia y Jesica Pellegrini.

Otros tres bloques tienen tres miembros: el socialista, el Frente de todos y Cambiemos (Roy López Molina, Renata Ghilotti y Agapito Blanco).



Algunos ex concejales recuerdan épocas no tan lejanas, con cinco bloques y siete integrantes en la Comisión de Labor Parlamentaria. “Es muy complejo, se desnaturalizó”, describe uno de ellos en estricto off el entramado actual. “Está claro, positivo no es”, sentencia. No obstante, entiende que “la dinámica de los frentes, que muchas veces sólo tienen fines electorales, incide en la fragmentación”. Lo que más lo sorprende es que la presidenta del cuerpo tenga su propio bloque. “Esta es una situación nueva, excepcional. Debe ser una figura institucional, que sobrevuele la dinámica de todos los bloques”.

Lo cierto es que el Concejo está tan fragmentado como armónico. Y todo indica que ambas cosas van de la mano.


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