Fútbol sin periodistas: “es peligroso que sólo veamos lo que ellos quieren”



Por Claudio Giglioni


Con la aparición del covid y en un contexto de restricciones, en marzo se jugó la primera fecha de la Copa de la Superliga sin la presencia de medios en los estadios. Pasaron siete meses, vuelve el fútbol, el gobierno avanza con una política de flexibilización de las actividades, y los periodistas siguen sin poder cubrir los partidos. Aunque ahora la AFA y la Liga hayan tomado en cuenta el reclamo y se comprometan a modificar el protocolo para la segunda fecha.

Es paradójico: podemos sentarnos en un bar cuatro periodistas de LT3, que al lado se sienten cuatro de LT8, cerca la gente de Radio Dos, de La Red, de La Capital, de El Ciudadano, y vemos los partidos con las mesas a un metro de distancia unas de otras, pero no podemos estar en una tribuna separados por veinte metros. En el único evento que no puede ejercer su trabajo un periodista en suelo argentino es en los torneos organizados por la Liga Profesional del fútbol, cuyo presidente es Marcelo Tinelli y depende de la AFA. Es una decisión muy peligrosa porque cercena la capacidad de percepción, es que sólo veamos los que ellos quieren que veamos. Por eso no es un tema de discusión; nos corresponde entrar.

La nueva Liga Profesional sacó el martes la resolución 5801, que divide los estadios en tres áreas, lo cual está bien. El área de competencia, compuesta por quienes entran al campo de juego, inclusive el periodista y camarógrafo de campo de juego, es la que tiene un protocolo más estricto que el resto.

En el área de tribuna anunciaron que pueden ingresar cien personas (zona de cabinas de radio, etc.), con lo cual entendí, y todos entendimos, que si bien íbamos a estar acotados al menos podrían entrar una o dos personas por medio. Cuando empezaron a llamar desde los clubes les dijeron que no, que se había entendido mal, y mandan el reglamento de la Liga Profesional donde en la página 56 dice que solo podrán transmitir audiovisualmente los portadores de derechos.


Santa Fe Ciudad

En ese reglamento general, todo lo que implica covid dice cláusula transitoria: primero va a salir un equipo, después va a salir otro, se van a bañar de a seis en los vestuarios, etcétera. Ese es el reglamento general y está contando una obviedad que existe desde hace un montón de décadas en los mundiales, las Copa América y en el fútbol argentino desde que la AFA firmó el contrato con Torneos y Competencias. Obviamente que el partido lo pueden transmitir sólo los que tienen derechos. Si no hay una medida del Ministerio de Salud —y en Argentina no hay porque los periodistas somos trabajadores esenciales—, podemos cubrir todo lo que pase. Todo, menos ingresar a la tribuna de prensa de los clubes de fútbol. Como si fuera el Vaticano en medio de Roma: un Estado dentro de otro Estado.

Yo tengo un permiso de circulación nacional, puedo hacerle una nota al presidente, al intendente, puedo ir a cubrir un accidente, una marcha, la protesta en el campo de Etchevehere, el desalojo de Guernica, pero no puedo sentarme con cien colegas en una tribuna con capacidad para 5.500 personas, a distancia, cumpliendo todos los protocolos sanitarios, porque los señores que tienen los derechos están cercenando, y este es el punto, la pluralidad de percepción del evento. Porque si yo voy a mirar lo que decide el director de cámara, miro lo que ellos quieren mostrar. Y es muy peligroso que el que ejerce el poder decida qué podemos ver y qué no.

Como se generó confusión, La Liga Profesional sacó el miércoles una circular aclarando que sólo podrán ingresar a los estadios los periodistas de la televisión que tiene los derechos; autorizan a 70 periodistas de la TV a ingresar y a ninguno más. Pero no dicen por qué.

En realidad no lo dicen porque no hay ninguna prohibición sanitaria, es una decisión del organizador del torneo. El fútbol fue declarado de interés común —por eso la selección se pasa por canales abiertos—, y el organizador ejerce el derecho de no darte una credencial si se llenó la capacidad o si cometiste algún delito no te acreditan personalmente. Pero una cosa es que no me permitan transmitir el partido y otra prohibirme que me siente a ver el partido.

Yo voy al mundial y si no tengo los derechos, Fifa me da la acreditación pero no puedo transmitir en vivo los partidos, sin embargo ni bien la pelota deja de rodar todos podemos trabajar. Y esto no se aplica absolutamente para los medios gráficos, que no pagan derechos en ningún lugar del mundo. Entonces esto es peligroso, esta Liga es una especie de caballo de Troya de un fútbol de sociedades anónimas, donde un patrón dice vos entrás y vos no, como si fuera un boliche que restringe el ingreso por las caras de la gente.

Nos están complicando la posibilidad de trabajar, de contar lo que nosotros vemos y sentimos con la pasión de ser testigos. Por lo tanto creo que no es un tema de discusión: nos corresponde entrar. Sólo puede televisar el que tiene los derechos, perfecto. Ponés ese canal y lo mirás, pero la gente que quiere leer al otro día o quiere escuchar va a poner al periodista que elija y saber cómo lo vio él, con todo el escenario. Es muy peligroso cercenar la capacidad de percepción, es sólo que veamos lo que ellos quieren que veamos.

En todas las ligas del mundo el fútbol tienen presencia los periodistas, acotados en cantidad, es cierto; en vez de seis credenciales nos darán dos, en lugar de una cabina tiramos el cable en la platea y estamos a 20 metros de otra radio, no hay ningún problema. Yo todas las semanas recibo el protocolo de acreditación que quedó de Copa Libertadores de Universidad Católica de Chile; se lo hicimos llegar al gobernador, a Newell’s y Central que lo mandaron al secretario de Relaciones Institucionales de la AFA, se puede aplicar perfectamente.

Queremos trabajar, esta prohibición es una medida de patrón de estancia. Nuestro derecho es estar, observar y comentar porque el fútbol fue declarado de interés público. No estoy tratando de ingresar a una fábrica de tractores para ver como los hacen sin permiso. Esta medida es una locura, por eso no es materia de discusión. Es el derecho a la información sobre un evento de interés público y cuando nos prohíben el ingreso no recurren a ningún artículo ni decreto, simplemente dicen no van a entrar.

No es una cuestión sanitaria, por eso no es tema de discusión. Simplemente tienen que dejarnos trabajar, como sucede en todo el mundo.



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