Dos proyectos de ley allanan el camino
a la sustitución de vientres



Por Alida Könekamp


Gabriela y Rodrigo tienen 49 y 51 años, viven en Rosario y quieren ser padres desde que se conocen. Dos días antes de la Nochebuena pasada, recibieron la llamada que menos esperaban: “Chicos, ya está. No hay más nada por hacer”, les dijo su médico. Las técnicas de reproducción asistida también tienen sus límites. Ocho horas antes se habían enterado de que su embarazo de siete semanas estaba detenido. Era el segundo aborto espontáneo, después de doce inseminaciones artificiales y ocho fertilizaciones in vitro. Habían llegado hasta el final sin recompensa, estaban agotados física y emocionalmente. Todavía no sabían que una nueva posibilidad los estaba esperando: la sustitución de vientre.

No está claro qué provoca el deseo de buscar un hijo, pero sí se sabe que, aunque parezca algo natural, para muchas personas está muy lejos de serlo. En algunos casos la infertilidad es estructural: por el sexo, la identidad de género o la orientación sexual. En otros, es el resultado de múltiples intentos fallidos: complicaciones para concebir, abortos espontáneos, embarazos ectópicos, inseminaciones artificiales, fertilizaciones in vitro.


La necesidad de legislar


En el mes de julio se presentaron en el Congreso Nacional dos proyectos sobre la sustitución de vientres, una práctica sobre la que no se había avanzado legislativamente desde el año 2015. En aquel momento, se eliminó del anteproyecto del Código Civil y Comercial de la Nación por considerarse una figura compleja y casi sin antecedentes en nuestro país. La diputada nacional por Córdoba, Gabriela Estévez (Frente de Todos) y el senador nacional por Mendoza Julio Cobos (UCR) presentaron sendos proyectos para modificar la actual regulación. A pesar de algunas diferencias, ambos pretenden legalizar una práctica que está siendo utilizada como alternativa para aquellas personas que tienen el deseo de tener un hijo y no pueden hacerlo.

“Me parece que seguir en el silencio es dejar a la gente en un lugar de total inseguridad jurídica, porque al no estar regulado, pero no estar prohibido, va a depender del juez que te toque. Nosotros partimos de dos lugares: por un lado, los derechos humanos, el principio de igualdad y no discriminación, para que todas las personas puedan acceder a formar una familia. Y por el otro, el principio de realidad: hoy hay 47 familias que ya han hecho este proceso en Argentina. Más todos los argentinos que lo hacen en el exterior”, explica Federico Notrica, abogado miembro del equipo de la médica Marisa Herrera, principal redactora del proyecto presentado por la diputada Estévez.


Qué es la sustitución de vientre


La gestación por sustitución es un procedimiento por medio del cual una persona —la gestante— lleva adelante un embarazo con el fin de que el o la nacida tenga vínculos de filiación con otra persona o pareja, que tiene la voluntad de procrear. “Desde el punto de vista médico, el procedimiento es sencillo. Se hace una fertilización in vitro y en el momento de inseminar, en lugar de hacerlo en el cuerpo de la mujer con voluntad procreacional, que puede haber dado sus óvulos o no, se insemina en otra mujer que será quien gesta. La gestante no puede dar sus óvulos”, explica Gustavo Botti, médico ginecólogo especialista en medicina reproductiva y miembro de comité científico del Programa de Asistencia Reproductiva de Rosario (PROAR). Previo a la transferencia del embrión se realizan estudios físicos y psicológicos de los intervinientes, y se emite un informe que certifica que tanto la gestante como los comitentes entienden la naturaleza del tratamiento.

La búsqueda empezó hace doce años. “Primero cumplimos con los pasos previos —cuenta Gabriela—, el trabajo estable, la casa y la disponibilidad de tiempo”. Al año y medio de buscar a su bebé, empezaron a saltar de un especialista a otro. “Después de años sin resultados, cambiamos de médico y ahí me detectaron una sinequia en el útero —una sinequia es una tela finita que recubre las paredes del útero y no permite que el embrión se implante— junto con una leve endometriosis. Me operaron de ambas”. No fueron una, ni dos, sino varias intervenciones. “Una vez solucionado eso, el problema era que mi endometrio no se engrosaba lo suficiente. Sin embargo, seguimos intentando. Yo nunca paré, nunca me tomé un mes, era mi objetivo y no había otra persona que lo pudiera hacer por mí”.

La gestación por sustitución rompe con ese paradigma: ahora sí alguien más puede hacerlo por ella. “Por eso quiero que esto se sepa, que la gente se entere de que hay una posibilidad más”, agrega.


Gustavo Botti, médico ginecólogo especialista en medicina reproductiva

Cómo se hace en el país


Aunque todavía se ve en televisión o se escucha sobre casos de personas que viajan a Estados Unidos, India o Ucrania —como sucedió en plena pandemia— a buscar a un hijo o hija que fue gestado en otro vientre, este procedimiento se hace en Argentina y lejos de ser una práctica ilegal o prohibida, como muchos suponen, es autorizada por la justicia en sólo tres meses. A pesar de no estar regulada actualmente, tampoco está prohibida y el art. 19 de la Constitución Nacional deja claro que todo lo que no está prohibido, está permitido.

En líneas generales, se pide permiso al juez antes de realizar la transferencia de los gametos o el embrión en la gestante. “Se le lleva la información sobre las partes que intervienen, los aptos físicos y psicológicos y la voluntad procreacional de la pareja, de modo que al momento del nacimiento sean ellos quienes figuren en la partida de nacimiento”, relata Nadia Parolin, abogada del Instituto Médico Proar.

El proyecto presentado por la diputada Estévez opta por la autorización judicial previa, tal como se hace actualmente. En el caso del proyecto del senador Cobos hay una variante: las partes celebran un “acuerdo de gestación por sustitución”, que es privado y se presenta como una alternativa más ágil para evitar las demoras de la justicia.

Gabriela y Rodrigo estaban habilitados como pareja para hacer la sustitución, pero faltaba algo muy importante: la gestante. “Mis primas, mis amigas y yo nos pusimos en campaña para encontrar a la persona que llevaría adelante el embarazo. Me recomendaron una página en Facebook que se llama “Gestación subrogada en Argentina” y me encontré con un mundo enorme: hay parejas gay y heterosexuales buscando gestantes, hay mujeres que se postulan para subrogar, parejas y gestantes que cuentan cómo fue su experiencia”, recuerda Gabriela. Una de las sugerencias que recibió fue que para que ocurra la magia, lejos de ocultar su decisión de sustituir el vientre, empezara a contarlo. Así fue: una amiga de una amiga se ofreció para gestar. “Entre ellas habían hablado del tema y en esa charla Laura —la futura gestante— dijo que si tenía la oportunidad de gestar para alguien que no pudiera tener hijos, lo iba a hacer. Empezamos a charlar y la conexión fue instantánea. No hizo falta que nos digamos que sí la una a la otra”, cuenta Gabriela.



Los motivos de cada quien


La subrogancia de vientre con y sin compensación económica está permitida en 43 estados de Estados Unidos, pero es ilegal en cualquiera de sus formas en casi toda Europa Occidental. En India fue prohibida por denuncias de explotación: el “turismo de la fertilidad” le dejó al estado indio más de 400 millones de dólares por año.

En el caso de Argentina, la finalidad altruista es requisito ineludible en el proyecto presentado por la diputada Estévez: el juez sólo podrá autorizar la práctica cuando se demuestre que la relación es altruista, es decir que no habrá dinero a cambio de la gestación. “Lo importante es probar que entre la persona gestante y los requirentes haya una relación de parentesco o una relación afectiva previa, por ejemplo, que sean amigas de toda la vida, etcétera.”, explica el abogado Notrica. En el caso del proyecto presentado por el senador Cobos, no es requisito demostrar el lazo afectivo. Además, propone un registro de gestantes, donde todas aquellas mujeres que tengan la intención de gestar se inscriban en un registro nacional que verifique que se cumplen los extremos exigidos. “Son derechos personalísimos, no me interesa qué hace la pareja con la gestante desde el punto de vista económico. Yo, personalmente, no veo mal la compensación económica. Sí me suena ridículo que una mujer pueda gestar por otra sólo en los casos que haya relación de parentesco o amistad, porque obliga a los intervinientes a manipular realidades”, dice Parolin al marcar diferencias entre ambos proyectos.

La finalidad altruista pretende evitar la explotación de mujeres por sus vientres, sobre todo en los casos de aquellas que tengan necesidades económicas, convirtiendo a esta práctica en un negocio más: “No existe gestación por sustitución, en la que por más que medie un intercambio económico, no se vuelva de algún modo altruista. Nosotros no tenemos el tipo de procedimiento que hay en Estados Unidos o en Ucrania, no existe esa despersonalización en la que viene la pareja, contrata y se vuelven a ver a los nueve meses. Acá, gestante y comitente van a hacer juntos el análisis de sangre, tenemos una personalidad que nos exige saber, estar, compartir”, agrega Parolin.


Feminismos a favor y en contra


Un fuerte sector del feminismo a nivel mundial alega que esta práctica socava la dignidad humana de la mujer ya que se utiliza su cuerpo y sus funciones reproductivas como una mercancía o un objeto. “Hay aguas bastante divididas en el feminismo. Una parte, si se quiere más radical, dice que hay que prohibirla porque es la nueva explotación del cuerpo de las mujeres. La otra vereda del feminismo, en la cual me puedo enrolar yo, dice que lo regulemos, porque así protegemos a las mujeres. Para nosotros, la única forma de evitar que haya explotación es permitiendo que la mujer de modo autónomo y libre decida ayudar a otra u otro con quien tiene una relación afectiva previa y que el juez o jueza pueda ratificar estas cuestiones”, finaliza Notrica.

***

En julio de 2017, una escritora oriunda de Los Ángeles, Estados Unidos, publicó una carta abierta dedicada a su futura —y aún desconocida— subrogante de vientre: “Quiero que seamos una familia. Vos vas a estar estampada para siempre en mi hijo. Él va a haber ingerido tus nutrientes, sentido tus emociones. En sus primeros meses de vida, tu voz será la que escuchará cada día. Tu latido será el que sentirá como su hogar. Cuando el bebé venga a mis brazos, sentiré como si estuviese adoptando mi hijo biológico del cuerpo de alguien más”[1].No se sabe qué motiva la búsqueda de un hijo, pero puede que sea el amor de padre o madre, que se siente de manera anticipada. Un amor valiente, arriesgado, heroico, por momentos miope, generoso, repleto. Decidir gestar para otro no puede describirse, pero debe ser eso y mucho más.  

Gabriela, Rodrigo y Laura no son nombres reales, pero la historia es cien por ciento verdadera.


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