La historia de la final que el Trinche Carlovich
no fue a jugar, no avisó y nunca dijo por qué



Por Ricardo Petunchi

La leyenda que escribió en el fútbol Tomás Felipe Carlovich, el Trinche, encierra un capítulo de 1988 sobre el que se discutió durante mucho tiempo en las mesas futboleras de un pueblo del sureste de Córdoba. 

Ese año se jugó la primera final en la historia entre los clásicos rivales de Monte Maíz, Argentino y Lambert, y tuvo un condimento especial: la ausencia del Trinche, que jugaba en Argentino, sin motivo aparente y sin aviso, en el partido decisivo. ¿Qué pasó? Las opiniones de los hinchas, apasionadas y con los colores de las camisetas marcados a fuego, se dividieron entre los que decían “lo compraron” y los que, en cambio, lo rechazaban de plano y se escudaban en que “así era el Trinche”. Pero hay además una versión que habla de una venganza, sostenida en códigos de barrio, con la amistad por encima del dinero y la gloria deportiva.

Trinche fue atacado salvajemente el 29 de abril pasado en un intento de robo; murió el 8 de mayo como consecuencia de las heridas que sufrió. Tenía 74 años. Su historia y sus proezas futbolísticas recorrieron el mundo. Su paso por Monte Maíz, paradójicamente, tomó trascendencia a partir de su muerte, porque se difundió uno de los pocos videos donde se lo ve haciendo lo que más le gustaba: jugar a la pelota. Hoy, a tres meses y una semana de su muerte, Suma Política reconstruye aquellas semanas apasionantes y convulsionadas de 1988.


Carlovich junto a Bustos años después de su retiro.

Este capítulo de la vida del Trinche comenzó a escribirse cuando Argentino de Monte Maíz contrató a Miguel Angel “Porra” Bustos como técnico de la primera división. En su etapa de futbolista, Bustos jugó cuatro años en Central, pasó entre otros clubes por Universitario de Perú y se retiró en Independiente de Avellaneda. 

Dirigió a Argentino en la parte final del torneo de 1986 y comenzó a diagramar el plantel para el año siguiente. Entusiasmado con el proyecto y las perspectivas, se fue con su familia a vivir a Monte Maíz. En 1987 se reforzó con tres jugadores: dos marcadores centrales y Carlovich, que ya estaba retirado. 

Bustos había jugado con el Trinche en las inferiores de Central y eran amigos; lo llamó y lo convenció. Trinche tenía 41 años cuando firmó en Argentino aunque dijo 39, quizás por temor a que no lo contrataran. 

“Mi viejo y Trinche eran muy amigos. Muchas veces se quedaba a dormir en mi casa los sábados, el día antes de los partidos. Incluso estuvo en el cumpleaños de 15 de una de mis hermanas. También jugaron juntos en veteranos en Mercadito”, recuerda Miguel, hijo del “Porra” Bustos, que tenía en ese momento 14 años. Miguel jugó en la categoría 74 de Central, trabajó en las inferiores canallas y actualmente es DT de Belgrano de Arias.


Carlovich, entre los suplentes de Argentino de Monte Maíz en un partido de 1987
(Foto: Daniel Ianotti).

Trinche anduvo muy bien el primer año en Argentino, aunque jugó sólo 11 de los 26 partidos del campeonato. Hizo cuatro goles. En el club estaban encantados con él y le pagaban buena plata. 

El año siguiente, le avisó al “Porra” que no iba a jugar más. “Ya no tengo ganas de viajar todas las semanas”, le dijo a su técnico y amigo. Y así fue. El pase quedó en el club.

A partir de allí nada fue igual. Los resultados no se dieron y a los pocos partidos “Porra” Bustos fue despedido. Fueron momentos difíciles para él y su familia: sin trabajo y con sus hijos yendo a la escuela del pueblo. Se la rebuscó como pudo en un desarmadero de autos de un amigo.

El torneo siguió su marcha. Argentino tenía un buen equipo, con un nuevo cuerpo técnico y tiempo se acomodó en la tabla y llegó a la final. La gloria estaba a dos partidos. Una oportunidad soñada para cortar una sequía de 19 años sin títulos.

El fútbol dispuso una emoción más: en la definición del campeonato tenía que enfrentar al Club Atlético Lambert, el rival de toda la vida, con el que se repartían la pasión futbolera del pueblo. Era la primera vez en la historia que se iban a enfrentar en una final.

Poco tiempo antes, en 1984, Argentino había formado un equipo de estrellas para ir por todo; quedó eliminado en primera fase y allí prendió la idea de que “la cancha está embrujada”. Los dirigentes se lo tomaron en serio y en junio de 1986 inauguraron un nuevo estadio, con capacidad para 5.500 personas. 

Ahora, entre la ilusión de sus hinchas por volver a festejar y con el clásico rival enfrente, los dirigentes apostaron a una carta ganadora: llamaron al Trinche, que no había jugado en todo el torneo y estaba retirado, para los dos partidos finales. Sin el maleficio de la vieja cancha, era la hora de gritar campeón.

En la ida, ante más de cuatro mil personas, empataron 1 a 1. El gol de Argentino lo marcó el Trinche (con involuntaria colaboración del arquero), que mostró destellos de su clase pese a la inactividad. Una semana después se jugaba el desquite, en cancha de Lambert.


Crédito: Raúl Lorenzo Savino

Fueron días frenéticos, cargados de rumores y expectación; se corrió la voz de que gente de Lambert quería comprar al Trinche para que no fuese a jugar.

El domingo del partido, un dirigente de Argentino lo fue a esperar a la terminal de ómnibus. El hombre alto y flaco, estampa de crack de potrero, despreocupado, que siempre llevaba el bolsito con los botines, el emblema para gritar campeón tras 19 años, no llegó. Nunca se supo de boca de los protagonistas qué pasó y hoy ya no está ninguno de ellos para contarlo. Quedan otras voces. 

“No sé si hubo plata o no. Yo creo que no hizo falta plata, el Trinche y mi papá hablaron y ahí tomó la decisión de no jugar la revancha”, asegura Miguel Bustos hijo. Su relato se sostiene en una certeza: Trinche sabía que el club había despedido al “Porra” y los problemas y angustias que esto le provocó a la familia. 

Según su reconstrucción, que fue armando a través de los años, la charla entre ellos se dio después del primer partido. Y la decisión de no jugar fue una manera de vengar a su amigo, el que lo había llevado al club, el que lo convenció para volver al fútbol y le permitió prolongar un año su presencia en las canchas.

“Yo creo que el Trinche no se vendió, no fue por plata porque la plata también se la daba Argentino por salir campeón”, insiste Miguel, aunque también admite que su padre nunca habló con él del tema. “Trinche hubiese quedado en la historia del club, pero él y mi viejo siempre pusieron la amistad por delante de todo”.

No es el único que sostiene estos argumentos. Mauricio Mena es docente, hincha y estudioso de la historia de Argentino de Monte Maíz. “Lo hizo por su amigo, estoy convencido. No fue por plata”, asegura Mena. “Los que dicen eso son de Lambert”, sostiene, para desacreditar la versión y ponerla en el marco del folclore futbolero. También cuenta que los hinchas no hablan mal del Trinche y que el paso del “Porra” Bustos fue muy bueno para el club.

Lo cierto es que en 1988, en esa semana futbolera como nunca antes en Monte Maíz, se jugó la segunda final en cancha de Lambert. Sin el Trinche, el autor del gol en el encuentro de ida, que nunca llegó en el ómnibus que venía de Rosario. 

Con todos los condimentos que había en derredor, estaba claro que no iba a ser un partido más. Y no lo fue. Argentino ganaba 1 a 0, Lambert lo empató y después lo pasó a ganar 2 a 1. El segundo gol lo convirtió José María Maurino, un pibe de Argentino que estaba a préstamo en Lambert. Los hinchas del perdedor entendieron que se llevó la pelota con la mano, pero el juez convalidó la conquista. La bronca creció y uno de los alambrados de la cancha se vino abajo, lo que obligó a la suspensión de la final cuando faltaban 17 minutos. Un par de semanas después las autoridades de la Liga determinaron que Lambert era el campeón.

Pasaron 32 años y de aquel partido histórico se sigue hablando en las mesas de café.



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1 Comment

  • nunca se sabrá,la verdad .lo cierto es Que esta anécdota paso a ser parte de uno de los jugadores más miticos de la historia, alguien que forma parte de una gran leyenda ,y dentro de ella está el club Argentino de aMomte Maíz y los inchas pudimos ver jugar al Trinche Carlovich con registros filmicos vistiendo la casaca A Rayas ,, lo demás es historia,

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