El resurgimiento de las galerías de arte
en Rosario: pasión y estrategias nuevas



Candela Ramírez


Tuvieron que pasar por lo menos 20 años. Tuvieron que pasar nuevas gestiones políticas, nuevos trazos y nuevas formas de organización y cooperación entre los actores para que en 2010 se inaugurara la galería Darkhaus y dos años más tarde Diego Obligado, que darían fin a dos décadas casi sin galerías de arte para recorrer por la ciudad. En los próximos años se sumarían por lo menos nueve más.

Ante la emergencia de nuevos espacios que consolidaron un nuevo recorrido urbano, en 2018 nació GIRO – Circuito de Galerías de Arte Rosario. Este resurgir se relaciona con “una decisión política de lo público”, indica Daniel Andrino, director de la Escuela Musto. “Hubo un efecto cascada que provocó que el sector privado también se empezara a abrir”, dice en sintonía Paulina Scheitlin. Entre los dos —que junto con Daniel Pagano comparten la gestión de Subsuelo— reconstruyen la historia reciente de las galerías de arte y cuentan cómo y por qué en 2018 decidieron agruparse para definir un horizonte y una forma de trabajo en común, “inédita en la ciudad y el país”.

Andrino hace un repaso histórico local: plantea que entre los 70 y 80 existió un circuito de galerías que las y los rosarinos podían recorrer. “Fue una época donde una clase media de profesionales más acomodados a veces invertía en obras de arte, con aquel dinero extra con el que contaba. Invertía en obras de autor de Rosario”. Lo que siguió fueron los 90: una década que terminó con la desaparición paulatina de las galerías.

Si bien existían espacios culturales diversos y alternativos, en junio de 2010 con la inauguración de Darkhaus se abrió una nueva etapa que, para los entrevistados, se consolidó con la llegada de Diego Obligado en mayo de 2012. A partir de entonces fueron brotando distintas galerías que en 2018 dieron nacimiento a GIRO que hoy además está integrada por Subsuelo, EstudioG, Crudo, La Raíz, Rivoire y Gabelich Contemporáneo. En el camino estuvieron también Proyecto Carámbola y On Gallery que cerraron sus puertas el año pasado.


Santa Fe Ciudad



La conformación de GIRO cristalizó una o varias ideas: el camino de la conversación abierta y la no competencia. “De entrada tenemos algo que nos une que es tener una galería de arte. Sabemos que abrir una galería no es llenarte de plata sino de emociones. A la larga podés tener resultados o no pero estás en un trabajo que es el que te gusta”, plantea Andrino que además resalta el armado de un equipo donde cada cual aporta lo suyo y que les “aporta oxígeno y da respaldo: lo que te pasa a vos, le pasa a otros”.

“Como toda buena familia siempre hay algún secreto que se cuenta a medias, pero ese detalle nos distingue a todos. Estoy encantado y siento orgullo de formar parte. No nos miramos como competencia, cada galería que abre es bienvenida porque arma la escena”, resume.

Sobre esto último, considera que la escena de Rosario tiene una particularidad: “Hay un gran foco y gran cantidad de artistas de mucho peso”. La escena, completa, está integrada por distintos actores: museos, galerías, artistas, clientes, visitantes. “Requiere de una decisión política de lo público”, suma, y enumera toda la estructura que pone en movimiento una galería: montajistas, pintores, electricistas, artistas, fotógrafos o camarógrafos, quienes hacen los marcos, se ocupan del catering para el evento y la imprenta.

Scheitlin aporta un dato sobre el contexto de advenimiento de galerías de arte en la ciudad: la tracción que generaron los museos y espacios públicos que se abrieron durante los años previos. Subraya uno en particular surgido en 2004: “El Macro, Museo de Arte Contemporáneo de Rosario, fue fundante en este sentido: empujó muchas otras cosas, desde productores y artistas hasta las galerías”.

También nombra la renovación del Centro de Expresiones Contemporáneas (CEC) y el armado del Tríptico de la Infancia —que incluye La Granja de la Infancia, El Jardín de los Niños y La Isla de los Inventos— que se dieron también durante la primera década del 2000. “El juego se abrió con esta apertura del espacio público que tuvo Rosario. Hubo un efecto cascada que provocó que el sector privado también se empezara a abrir. No concibo el surgimiento de las galerías si no hubiera estado habilitado primero el espacio público. Y la demanda: porque la gente empezó a consumir más arte y cultura por esto también”.

Para Scheitlin, en este proceso Rosario queda como una de las protagonistas del país en arte y cultura. Así se abrió un juego que hasta ese momento estaba obturado: Buenos Aires empezó a prestar más atención a las producciones rosarinas, a su escena incipiente e histórica.



En este ida y vuelta, la gestora, comunicadora y fotógrafa recuerda que antes de que existiera GIRO muchas de las conversaciones con colegas y artistas locales valoraban una forma de consumir arte que habían logrado en la capital porteña: en el barrio Villa Crespo habían surgido muchas galerías por fuera del circuito tradicional, instituido, que coordinaron que las inauguraciones de muestras fueran un mismo día pero en distintos horarios. Así, había un público que rotaba de lugares, las galerías no competían para captar un público y, seguramente, lograron reunir más personas que circulaban por los distintos lugares un buen rato. A Scheitlin la convocaba mucho esta idea, esta suerte de asociación entre galerías para lograr una nueva sinergia que inspiró lo que luego terminó siendo GIRO.

En este sentido, recuerda que antes del armado de este circuito la mayoría de las y los artistas tenían que buscar llegar a Buenos Aires porque en Rosario no encontraban un espacio que contuviera y difundiera su obra. Esa dirección torció su camino en la última década.

“La galería más que representar a un artista, se asocia con él. El artista pone algo importantísimo que es su obra pero la galería pone toda la estructura que implica el poder llegar al público de la ciudad”, considera el director de la Escuela Musto. Y afila su planteo: “Lo mejor que le puede pasar a una galería es que se la reconozca por los artistas que elige. Y eso tiene que ser mutuo. La galería no puede ser la vedette”.

Para Scheitlin las galerías trabajan en pos de la carrera de los artistas, su objetivo es poder acompañar su crecimiento. “La galería trabaja una propuesta general a partir de un artista o un grupo de artistas y se ocupa mucho de cuidar la imagen y la comercialización de esas obras. Posiciona al artista para que él también pueda vivir de esto: se trata de vender, laburar y vivir de esto. Es muy difícil y más en este contexto donde está todo cada vez más caro y se vuelve inaccesible. Pero si el artista puede comprar sus materiales y seguir produciendo, ya eso es muy loable”.



Lo que hay y lo que viene


Tanto Andrino como Scheitlin se muestran entusiastas y apasionados por este camino elegido. “Cuando regalás una obra regalás un valor constante, simbólico, es como que das un legado”, dice él y ambos reconocen que en los últimos años creció la demanda de obras originales para eventos como cumpleaños. Les encantan los clientes que son nuevos en este mundo, “ese ojo joven que recién se empieza a dejar llevar un poco por el gusto”.

La pandemia puso en suspenso las inauguraciones presenciales que son el gran evento social que tienen las galerías. Sin embargo, con protocolos de cuidados, desde junio pudieron reabrir sus puertas en otro formato que, piensan, a veces hace que los visitantes permanezcan más tiempo contemplando una obra y eso es nuevo.

La virtualidad tuvo una centralidad que antes no tenía y empezaron a realizar transmisiones en vivo donde el punto fue visibilizar el trabajo de otras galerías del país y así “pasarse la posta con el otro” como dice Scheitlin.

Para Andrino “hay un público y hay que cuidarlo porque empieza a entender que la galería es un espacio que le hace bien a la ciudad donde vive”. Piensa que tengamos o no Covid, en el mundo post pandemia vamos a estar todas y todos en proceso de recuperación como “pacientes convalecientes”. Hay un tejido social conmovido que supone una tarea de rearmado, las galerías deberán repensar qué ofrecen porque su público ya no es el mismo: “Estamos ajustando esa búsqueda”.



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