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Cultura

¿Es un historiador? ¿Un enamorado? ¿Un chiflado? Es “Ponchi” Fernández, el Señor de las Revistas del Rock

“Al coleccionar, lo decisivo es que el objeto sea liberado de todas sus funciones originales para entrar en la más íntima relación pensable con sus semejantes. Esta relación es diametralmente opuesta a la utilidad, y figura bajo la extraña categoría de la compleción. ¿Qué es esta compleción? Es el grandioso intento de superar la completa irracionalidad de su mera presencia integrándolo en un nuevo sistema histórico creado particularmente: la colección. Y para el verdadero coleccionista cada cosa particular se convierte en una enciclopedia que contiene toda la ciencia de la época, del pasaje, de la industria y del propietario de quien proviene”.

El razonamiento citado, incluido en el Libro de los pasajes, pertenece a Walter Benjamin, y apunta a desentrañar las características que definen el fenómeno del coleccionismo. Si, como dice el filósofo alemán, cada coleccionista crea un nuevo sistema histórico a partir de los objetos que recopila, vale hacerse algunas preguntas: ¿qué es un coleccionista? ¿un amante de los objetos? ¿un historiador sui generis? ¿un enamorado del tiempo? ¿un chiflado? 

Quizás sea un poco de todas estas cosas, pero hay que diferenciar, en principio, entre dos distintos tipos de coleccionistas. Están los avaros, que solo acopian material para disfrutarlo en soledad y sentir que están por encima del resto de los mortales, y están los que comparten su archivo con el mismo amor con el que lo conforman. Alfonso “Ponchi” Fernández integra este último grupo. 

En los últimos diez años, el periodismo y la crítica de rock, luego de su expulsión de los diarios y de las dos o tres revistas especializadas que quedan en circulación, encontró una nueva vida en el formato de libro: libros sobre Charly García, libros sobre Spinetta, libros sobre Fito Páez, libros sobre Crucis, libros sobre Vox Dei… la lista es larguísima y, para los amantes del rock argentino, es hermosa y fascinante de recorrer en cada uno de sus ítems. El nombre de Ponchi se repite en muchos de estos libros, en el apartado destinado a los agradecimientos.

Ponchi Fernández es licenciado en Comunicación Social y conduce junto a Sebastián Benedetti y Nicolás Arias el programa “Los Subterráneos” en FM Universidad de La Plata. Fernández y Benedetti, además, terminaron de escribir un libro, que publicará la editorial Gourmet Musical el año que viene. Dice Ponchi: “Es un libro largo que cuenta la historia de las revistas de rock en argentina. El período que comprende la investigación abarca desde mediados de los años 60 hasta hoy. Es muy loco porque el comienzo del libro y el final son similares. Arranca cuando no había revistas de rock en papel y termina en este momento, en el que tampoco hay revistas de rock en papel, salvo las franquicias Rolling Stone y Billboard”.

En charla con Suma Política, Ponchi Fernández comparte su pasión por las revistas de rock hechas en el país, recuerda sus comienzos como coleccionista y detalla cómo fue que encontró un dibujo de Luis Alberto Spinetta de 1964 en la efímera revista Disney Club; la ilustración, nada menos, prefigura la tapa del primer álbum de Almendra.  

—¿Cómo empezaste a coleccionar revistas?

—Fue un proceso. No es que un día se me ocurrió que quería ser coleccionista. Llevó mucho tiempo. Incluso cuando ya tenía mucho material, me seguía sonando raro la idea de ser coleccionista. Pero cuando me quise acordar ya estaba con una habitación llena de revistas. Yo soy de Ayacucho, provincia de Buenos Aires, un pueblito chiquito. Tengo dos hermanos mayores, músicos los dos, por lo que en mi casa ya había dando vueltas cancioneros y ejemplares de la revista Canta Rock, que traía partituras. Esa revista es mi debilidad. Mis primos también tenían algunas revistas, Pelo sobre todo. Hasta que un día, a fines de los 80, fui a un kiosco a preguntar si tenían algún ejemplar de Canta Rock, que ya había dejado de salir. Tuve mucha suerte porque atrás mío estaba Jenca, un rockero del barrio que cuando me escuchó preguntar, me dijo que él tenía algunas cosas que me podían interesar, y que más tarde me las llevaba a mi casa. Tres horas después, el flaco cayó a mi casa con una pila de revistas Toco y Canto, Magazine 220, Canta Rock y alguna más. Serían treinta revistas. Me volví loco y empecé a ordenarlas, pero de una manera muy personal. No respetaba el número de edición de la revista sino que les pegaba un papelito con el orden en que me habían llegado. Luego empecé a comprar de manera religiosa la revista Rock en Blanco y Negro, una revista quincenal que llegaba al pueblo. Después me fui a vivir a La Plata y como no tenía plata, compraba las revistas que tenían algo de rock argentino en la tapa. 

“No es que un día se me ocurrió que quería ser coleccionista. Llevó mucho tiempo. Incluso cuando ya tenía mucho material, me seguía sonando raro la idea de ser coleccionista”

—¿Y cuándo hiciste el clic que te convirtió en coleccionista? 

—Cada tanto viajaba a Capital y paseaba por parque Rivadavia, donde está la feria de discos. Un día me llegó el dato de un flaco que tenía muchos ejemplares de Canta Rock. A él le compré una treintena de números. Ahí me picó un segundo bicho y quise completar la colección de Canta Rock. Así arranqué. Y luego apareció Mercado Libre. Y también me empezó a pasar que los tipos a los que les compraba, a veces me regalaban otras revistas. Y a la par que incorporaba los números faltantes de Canta Rock, empecé a juntar otras colecciones. Mi objetivo es llegar a tener todo lo que se haya editado sobre rock en argentina. 

—Dejando de lado el tema ferias y Mercado Libre, ¿tenés contactos que te pasan datos?

—Al día de hoy me manejo con un par de dealers. La Faraona, Javier del parque Centenario y Luis Ferrofino, que tiene un kiosquito heavy, son mis principales proveedores. Sigo yendo al parque Rivadavia los domingos. Y en plena pandemia me fui a la casa de Javier, que tiene un galpón lleno de revistas pero todo desorganizado. Fui a revolver y me traje una caja llena de material. Y si viajo a la costa o a Rosario, lo primero que hago es ir a librerías de usados. En Rosario encontré la colección completa de Cronopios, pero el tipo que me la vendió no sabía que esos nueve eran todos los números de la revista. Es raro eso, si el tipo sabe que tiene la colección completa, te arranca la cabeza. Me pasa también que por ahí dejo alguna colección incompleta para tener la zanahoria adelante. Compro colecciones completas pero también me gusta toparme con un ejemplar que no tengo.       

—¿Cuántas colecciones completas tenés?

—Tengo las colecciones completas de las revistas más conocidas: Pelo, Canta Rock, Toco y Canto, Magazine 220, Twist y Gritos, Expreso Imaginario, Mordisco, Metal, Pinap y Rock & Pop

—¿Cómo diste con el dibujo de Spinetta publicado en la Disney Club?

—El dato me llegó a través de La Faraona, Andrea. Siempre que la veo nos quedamos una hora charlando. Hace algunos años me dijo que ella sabía que Spinetta había escrito una carta a la revista Disney Club en el 64. Eso era todo lo que sabía. A partir de ahí me puse a buscarla, me llevó bastante tiempo porque era una revista semanal que duró poco más de dos meses. Hasta que en Mercado Libre apareció un lote con nueve números de la revista. Al toque lo compré. Yo sabía que de esa revista solo se habían publicado diez números, así que estaba muy esperanzado de que en esos nueve estuviera la carta de Spinetta. Me fui a Avellaneda, donde estaba el vendedor, y después de comprar el lote me puse a revisar número por número en la vereda. Cuando llego al número tres, abro la revista y en la página tres veo el dibujo del payaso y el epígrafe que informaba que Luis Alberto Spinetta era el autor del dibujo. Me volví loco. Yo esperaba que hubiera una carta de Spinetta diciendo que le gustaba la revista. Cuando vi ese payaso con una sonrisa tristona no lo podía creer porque era el primer borrador de la tapa del álbum debut de Almendra. 

“…abro la revista y en la página tres veo el dibujo del payaso y el epígrafe que informaba que Luis Alberto Spinetta era el autor del dibujo. Me volví loco (…) era el primer borrador de la tapa del álbum debut de Almendra”

—¿Cuál fue para vos la mejor revista de rock argentina?

—Es completamente subjetivo. Pero teniendo en cuenta la historia grande, hay que quedarse con tres o cuatro. Había un River-Boca entre Pelo y el Expreso Imaginario. La Pelo fue fudada por Daniel Ripoll en el 70. Antes, él había sido secretario de redacción de Pinap, pero la Pinap no era una revista neta de rock. Pelo sí se planta como una revista rockera y muy fundamentalista. De hecho, Ripoll es uno de los creadores de la división entre música complaciente y música progresiva. Si bien esa división era maniquea, la revista fue muy importante porque le dio la posibilidad al público de ponerle imagen y palabras a la música que escuchaban. Hasta el 76, que apareció Expreso Imaginario, Pelo fue una ventana al mundo. Y el Expreso era la manifestación de Jorge Pistocchi, que aglutinaba el imaginario hippie y contracultural de la época. Cuando salió el Expreso, la Pelo empezó a ser vista como “comercial”. Expreso fue muy importante, sobre todo por los nombres que circularon: Pipo Lernoud, Alfredo Rosso, Claudio Kleiman. Y lo mejor que impuso el Expreso fue la firma de los autores en las reseñas de discos y recitales, cosa que la Pelo no hacía y la volvía un poco impersonal. 

—De acuerdo, pero no me respondiste la pregunta.

—Mi gran debilidad es Canta Rock. Las caricaturas eran geniales y yo trataba de copiarlas. Además traía letras de canciones. Muchas veces se la ninguneó, se decía que era un simple cancionero, pero las entrevistas eran excelentes y había periodistas como Eduardo Berti y Marcelo Fernández Bitar. La García también me parece una revista espectacular porque introduce un componente humorístico. Además, tenía frecuencia semanal y salía a todo color. Muchos de los que hicieron La García terminaron armando la Barcelona. El Musiquero, que fue una continuación más sofisticada de Canta Rock, también era excelente. Los reportajes eran larguísimos. Te encontrabas con una entrevista de diez páginas a Charly García.

—¿Solo coleccionás revistas de rock?

—Sí, mi enfoque son las revistas de rock. Tengo más de 6.500 ejemplares. Y libros sobre rock argentino tengo más de 600. Libros tenía antes de coleccionar revistas. Y tengo un montón de notas y artículos sueltos desde 1966 a 1993. Y también tengo artículos y notas de revistas de interés general dedicados al rock. Tengo cosas de Somos, Siete Días, Shock, Libre… Eso lo tengo catalogado aparte. 

—¿Es cierto que poco después del golpe del 76 los militares hicieron una revista de rock?

—No era una revista de rock sino una revista para la juventud. Vamos al Tiempo Joven, salió el 21 de mayo del 76. Tengo 14 números, era de frecuencia quincenal. Yo intenté ubicar a quiénes la hacían, pero solo encontré a un fotógrafo que, creo, después se exilió. Pero la verdad es que no me dediqué a investigar la revista en profundidad y creo que habría que hacer algún laburo groso con ese material. Hay artículos sobre Anacrusa, Roque Narvaja, Víctor Heredia. Y después hay notas, por ejemplo, sobre un acto de Antonio Bussi en Tucumán, un delirio. Tenía una sección de crítica de discos. Tengo el afiche de calle del lanzamiento de la revista. En la Cabildo, otra revista de la derecha, en el 83 empieza a salir una columna que se titulaba “Rock y Subversión”. El encargado de escribirla era un tal Carlos Manfroni. En el 2015, cuando Cambiemos ganó las elecciones, le dieron a este tipo un cargo, no me acuerdo exactamente cuál. Charly García se enteró y tiró unas declaraciones muy fuertes. El tipo terminó renunciando antes de asumir. 

“Tiempo Joven salió el 21 de mayo del 76 (…) Hay artículos sobre Anacrusa, Roque Narvaja, Víctor Heredia. Y después hay notas, por ejemplo, sobre un acto de Antonio Bussi en Tucumán, un delirio”

—Contame del libro que estás preparando con Sebastián Benedetti.

—Sale el año que viene por Gourmet Musical. Ya está hecho y terminado. Es un libro largo que cuenta la historia de las revistas de rock en argentina. El período que comprende la investigación abarca desde mediados de los años 60 hasta hoy. Empezamos con algunas que no eran revistas de rock sino de temática joven, como Nuevaolandia o Ritmo Juvenil. Nos centramos en los periodistas y en las revistas más emblemáticas. Tuvimos que hacer recortes porque si no era imposible escribirlo. Quedaron afuera muchas revistas y nos centramos en las publicaciones porteñas. Del interior incluimos algunas, las que tuvieron una historia prolongada. 

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