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Sociedad

Guillermo Roux, entre la historia política de Santa Fe y bocetos del más allá

La madrugada del sábado 28 de noviembre murió, a los 92 años, Guillermo Roux, considerado uno de los acuarelistas más grandes de la Argentina. Los medios gráficos del país, particularmente los editados en ciudad de Buenos Aires, entregaron profusas crónicas acerca del artista, como era de esperar. No así los de Rosario y Santa Fe. En cualquier caso, hay una historia —más allá de que las páginas de esos diarios la omitan o la pongan en segundo plano— que vinculó a Roux con la política santafesina: con la política de casi cien años atrás y con la contemporánea. La historia en cuestión hizo a Guillermo Roux protagonista impensado de un ajuste de cuentas de la política con el arte de su tiempo (o del arte con la política) y transformó al artista en el eslabón perdido para cerrar un círculo de misterios y sutiles coincidencias. Veamos la historia.

El 24 de mayo de 1922 se inaugura en la capital santafesina el Museo de Bellas Artes “Rosa Galisteo de Rodríguez”. Entre las casi cien obras seleccionadas para el Primer Salón Anual de Pintura, Escultura, Dibujo y Grabado de aquel año, diez pertenecían al artista Antonio Alice (Buenos Aires, 1886-1943). Alice era figura prominente del arte nacional y, pocos años antes de la inauguración del Galisteo, el Ejecutivo santafesino le había encomendado retratar el acto simbólico trascendente en la historia política provincial: una pintura sobre la Convención Constituyente de 1853.

Riguroso, Alice hace las cosas a su tiempo. Lee documentos, investiga y escucha historias del 53 que su pincel reconstruye con maestría. Veinticinco célebres bocetos (guardados en el Galisteo) precedieron al trabajo definitivo. Éste, un óleo sobre tela de 3.60 por 5.42 metros, recién estuvo terminado en 1934. En él se observa a Francisco Seguí, diputado por Santa Fe, apoyando con vehemencia la sanción de la Constitución y replicando así al representante de Salta, Facundo Zuviría, que en la misma sesión propugnaba lo contrario. Pero el óleo Los Constituyentes del 53 nunca llegó a exhibirse en la Cámara de Diputados de Santa Fe.

Desconocemos a la fecha las razones: si fue porque el artista demoró mucho, porque la Provincia no se lo reclamó en tiempo y forma, porque no quiso comprárselo una vez terminado ya que las autoridades habían cambiado, o si fue por otras causas. Alice había imaginado su obra “en el recinto iluminado” de la Cámara, algo que no pudo ver hacia el fin de sus días. En 1940, el senador nacional por Buenos Aires Matías Sánchez Sorondo presentó un proyecto para que el Congreso Nacional comprara la obra, algo que ocurrió dos años después. Desde entonces, Los Constituyentes del 53 luce en el Salón de los Pasos Perdidos. 

Sólo fue cedida la obra, en calidad de préstamo, a la Provincia en dos oportunidades: entre octubre de 1947 y mayo de 1948, para ser exhibida en la Sala de la Constitución del Galisteo, y en noviembre de 1973, a propósito de los festejos por el cuarto centenario de la fundación de la ciudad de Santa Fe. Pasaron décadas y gobiernos de distinto signo, y en ese contexto diversos legisladores por Santa Fe reclamaron una restitución imposible: la obra ya era propiedad del Congreso Nacional.

En el nombre del Padre

En diciembre de 2007, cuando Hermes Binner asumió la Gobernación, Eduardo Di Pollina fue electo presidente de la Cámara de Diputados provincial. Di Pollina, que ese año estaba concluyendo su mandato como diputado nacional, conocía la historia del cuadro de Alice. “Los diputados nacionales pasábamos mucho tiempo en los Pasos Perdidos —dice—; yo miraba el cuadro y me decía: a esto no lo recuperamos más. Cuando llego a ser presidente de la Cámara de la provincia, me propuse gestionar que alguien con trayectoria hiciera un mural sobre los constituyentes del 53 allí en la Legislatura provincial…”.

El director de entonces del Museo Rosa Galisteo, Marcelo Olmos, le aconseja a Di Pollina contactar a Guillermo Roux. “Ese mismo sábado me fui a verlo a su casa en Martínez —cuenta—; le hablé de la idea, pero se mostró renuente, le había llevado mucho tiempo concluir su célebre mural Homenaje a Buenos Aires, un trabajo de muchísimos años. Sin embargo, en ese mismo momento me lleva a recorrer su casa y su taller, empieza a mostrarme obras, y en un momento determinado me dice: el mural de Santa Fe tiene que ser como el que hizo Delacroix sobre la Revolución Francesa…”

Guillermo Roux se entusiasma, acepta el encargo e inicia un trabajo consecuente: visita regularmente la ciudad de Santa Fe, realiza ploteados, saca fotos, dibuja bocetos. Por indicación suya, un impensado aparato de producción se pone en marcha para conseguir insumos extraños: La Constitución guía al pueblo fue pintada sobre un paño de lino especial, sin cortes, de 7 por 3.50 metros, sólo fabricado por una empresa de Brujas, Bélgica, a la cual se compró; en tanto las acuarelas, a base de acrílico, se adquirieron a una casa de París. 

En los más de tres años de trabajo que demandó la obra, Di Pollina se hizo amigo de Roux y, al calor de esas charlas, se cierra aquel círculo de sutiles coincidencias: “Yo viajaba siempre a su casa de Buenos Aires, eso era un placer, conversábamos mucho. Un día me quedo a cenar en su casa, algo que siempre sucedía, y él me habla de su padre Raúl Roux, que también había sido un gran artista plástico, y me cuenta lo siguiente: Cierto día mi padre me mostró unos bocetos que estaba haciendo su maestro; su maestro se llamaba Antonio Alice; eran unos bocetos que éste estaba preparando para un óleo sobre los constituyentes para la Cámara de Diputados de Santa Fe…”.

Al amparo de esas apariciones de su historia personal, Guillermo Roux pintó el mural La Constitución guía al pueblo, que luce desde 2011 en la Cámara de Diputados santafesina. Apreciado por todos, celebrado por la crítica, el mural está lejos de aquel realismo al que se apegó Antonio Alice. Roux pintó allí otra esencia: “Es la esencia lo que hace caminar las cosas, no la apariencia —dijo Roux a Revista Ñ en 2013—. Por eso también pienso que el arte empieza por ser una artesanía, un oficio, por tener amor a lo que se está realizando, como lo puede tener el taxista que me lleva por la ciudad. Por esa misma razón decidí poner como la República a una mujer normal. Pero tiene un escote. Sí: tiene un escote. Yo quería que la República fuera sensual”.


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1 Comment

1 Comment

  1. Paul Days

    30 de noviembre de 2021 at 21:13

    Excelente crónica, muy bien desarrollada y rematada. Ahora, la obra de Roux es francamente indefendible, anacrónica, híbrida. Una estética de régimen, digna de Fidel o Maduro. Por lo demás, es pretenciosa pero de baja calidad, a diferencia de su mejor obra, aquellas pinturas de caballete de figuras incompletas.

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