Segunda ola no muy lejos, más bien cerca



Por J. E. King


La segunda ola del coronavirus en Europa vuelve a cambiar urgentemente las restricciones endureciéndolas. Una mutación en España lo ha convertido en 20A.EU19. Y ahí viaja por el Viejo Continente. Y nosotros, en una nube de incertidumbre. Mientras, autoridades y buena parte de la población sueñan con vacaciones que reactiven el turismo y se calme el humor de ansiosos veraneantes dispuestos a correr una carrera de vallas para aproximarse a las playas y evadirse de la triste realidad hundiéndola en el mar.

Comerciantes y trabajadores también ansían restaurar sus bolsillos vacíos. Los más avezados economistas sostienen que si el gobierno logra un cierto equilibrio hasta llegar a marzo habrá ganado o al menos contenido la pulseada con los grupos concentrados y coleccionistas compulsivos de dólares. Y este licuado fatal de información cierta o falsa estimulan la duda y el descreimiento de los que están hartos de que los obliguen a pararse de un lado u otro de la grieta y piden por el cumplimiento de promesas. Que los que deban ir tras las rejas vayan de una vez. Siempre y cuando se trate de fallos dictados por una Justicia indubitable. En tanto, el interludio sigue aprovechado por ricos que lo son cada vez más.

Pero el caso que nos ocupa y preocupa son las nuevas restricciones que se imponen en el otoño europeo, llamadas encierros ligeros para atenuar su impacto social. Hay que resistir una segunda ola del virus, más dañino y fortalecido al de su aparición. Europa está conmocionada y las camas y recursos se agotan al mismo nivel que el personal sanitario para atender a los enfermos.

En su momento el gobierno argentino tuvo tiempo para armar sus defensas preventivas y se lo consideró  auténtico líder criterioso anteponiendo la salud y la vida por sobre la economía. Pero el desacuerdo entre distintas teorías científicas y una información cambiante desorientó a muchos modificando comportamientos y el hartazgo sobrevino potenciado por grupúsculos  irresponsables. Y se alentó un: por cuatro días locos que vamos a vivir, festejemos, quememos los últimos cartuchos. Y el panorama se tornó gris. Luego oscuro. Hoy la historia se repite. Y Argentina no puede apostar al descubrimiento de una vacuna de forma inmediata aunque la posibilidad no debe descartarse.


Santa Fe Ciudad

El biólogo español José María Eiros aconseja que se necesita una vigilancia pandémica continua estableciendo líneas de investigación activas todo el tiempo y una planificación bien aceitada para cuando estalle en su esplendor el agente patógeno modificado. Todo sea para adelantarse a la descripción de Tucidides que escribió el primer texto de la historia sobre la peste que entre 430 y 426 a.C. asoló Atenas, tiempo suficiente para causar la muerte de la mitad de su población. Curiosamente, al describir el mal relató que se caracterizaba por fiebre repentina, voz ronca, estornudos y mal aliento. Síntomas parecidos a los de la actualidad, aunque nunca se supo de qué agente se trató entonces.



Cómo enfrentaría la Argentina una segunda ola aún no es terminante. Pero en cambio van tomando forma medidas por las inminentes vacaciones. Por ejemplo con hospitales modulares en centros neurálgicos como Mar del Plata y localidades cordobesas. También reforzando controles en sitios más concurridos del Partido de la Costa donde las camas críticas son mínimas. Se apuntará a seguir con los testeos aunque si no fuera posible hallar sitio suficiente para internados el paciente agudo debería regresar a su lugar de origen. Con estas perspectivas uno se pregunta si no sería más prudente no fomentar el turismo y hacer desistir de viajar a los visitantes mostrándoles la realidad de lo que pueden esperar. Más aún a sabiendas de que se tienen serias dudas de que los controles resulten efectivos en los aeropuertos habida cuenta de la comprobada transformación del virus, que seguramente estará cómodamente instalado en primera clase. Y considerando que la norma de distanciamiento social sigue siendo insistentemente recomendada y el hastío va minando los sentidos, rondan ya en las cabezas las festividades de Navidad y Año Nuevo y el temor a la soledad. Son incontables hoy los imposibilitados de estar con sus seres queridos para besarlos, abrazarlos. Y también estar presentes llevando consuelo en la hora del adiós. Cierto que se valora ahora más lo importante de la vida y se redescubrieron cosas más sencillas que dejábamos para otro día que nos distanciaba más que los dos metros que aconsejan estar separados.

Nos preocupa la pandemia de la que nadie en este mundo está exento. Y hay tiempo para soñar con renovadas fuerzas en un mundo mejor, más justo, igualitario, sin odios y con deseos de perder el miedo a cambio del amor. Los amores desencontrados huelen a almendras amargas decía García Márquez en El Amor en los Tiempos del Cólera. Aunque no todos son amores desgarrados. En un mundo castigado por la enfermedad, el amor parece ser la única salida dijo el Papa Francisco. Y los no creyentes podrán recordar que somos viajeros en este mundo que todavía no acabamos de entender. Unos intuyen el camino a seguir. Otros pasan su vida chocando obstáculos que les taponan todas las salidas y no logran descifrar jamás esos silencios sin dueño. El de los sin voz, aunque la cabeza piensa, decía Atahualpa en sus coplas. Piensa y aguanta. Hasta que el peso de la bota lastima y se hace insoportable.


Facebook comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *