Las torres de Dubai en barrio Martin que para Coto marcan la “evolución” de Rosario



Por Redacción Suma Política


—Vamos a ver si Rosario está para esta evolución.

—No creo que el progreso de una ciudad se mida en metros cúbicos de hormigón o porque tengamos torres parecidas a las de Dubai.

La primera frase pertenece al empresario Alfredo Coto, en una entrevista que le dio a una radio de Rosario para volver a la carga después de 15 años con un nuevo proyecto urbanístico en la manzana de la ex Yerbatera Martin. La réplica corresponde a la concejala Fernanda Gigliani, del Partido Iniciativa Popular, que preside la comisión de Planeamiento del Concejo que tiene que tratar ese expediente.

La concejala aclaró que no está en contra del desarrollo de la ciudad, sino que se opone a que se cambien permanentemente las reglas de juego. “Si Coto quiere construir en ese lugar ya fue autorizado en 2006 y puede hacer cinco torres de 66 metros de altura. Que pida un permiso de edificación y listo”.


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El problema surge porque el empresario supermercadista cambió ese proyecto a mediados del 2019 y ahora plantea levantar dos grandes torres de 131 metros de altura, con un diseño parecido a las del famoso hotel de siete estrellas de Dubai.

A la edila también le llamó la atención el trámite exprés que este nuevo proyecto tuvo en la Municipalidad (menos de seis meses) y que haya sido el último expediente que la ex intendenta Mónica Fein firmó antes de dejar su cargo. Además puso de relieve varias desprolijidades, nada menores, en beneficio del empresario, como la cantidad de metros edificables (pagaría sólo por la mitad) y el uso de los terrenos que serían donados, que en realidad ahora pasarían a integrar el proyecto a construirse.


Coto: “Rosario se lo merece”


En diálogo con Alberto Lotuf, en Radio Dos, el empresario Alfredo Coto le puso optimismo al momento: “Nosotros estamos siempre modernizándonos. En un país con una economía cambiante, afortunadamente sabemos adaptarnos y vamos siempre avanzando”.

Sobre la iniciativa de construir dos torres en Rosario en la manzana comprendida entre las calles Colón, avenida de la Libertad y Ayacucho, no distinguió entre el desarrollo que ya le aprobaron años atrás y el actual, por ahora trabado en el Concejo: “Hay un proyecto presentado hace tiempo, que está dando vueltas. En nuestro punto de vista es muy lindo, pero se podrá aprobar o no. Es algo que se merece Rosario. Tendríamos que darle algo espectacular a la ciudad”, se ilusionó. Mencionó que “quedarán unos 4.000 metros para plazas”, y señaló que “ahora se tendrán que poner de acuerdo si estamos para esa evolución o esa excelencia. Rosario se lo merece”.

Paralelamente mencionó que al mismo tiempo en Miami su grupo empresario está desarrollando una torre de 68 pisos sobre el mar, y precisó que ese sería el mismo modelo a levantar en Rosario. La duda que planteó es “si queremos eso o no lo queremos, que según los arquitectos es una maravilla. Pero —admitió Coto— es la gente de Rosario la que tendrá que decidir”.

Y se explayó sobre sus planes: “Todo lo que es nuevo tiene que ir a debate. Si hacemos algo, queremos hacerlo muy bien. No queremos pasar papelones. Hay un miedo bárbaro, pero nosotros no tenemos miedo. No sé si es la torre más alta de Rosario, pero está muy bien ubicada. Es un proyecto que lo están estudiando. Marcaría un hito para Rosario. Esperemos que venga la buena noticia”, cerró.



Gigliani: “La seguridad jurídica también es para los vecinos”


Lo que no se esperaba Coto es que detrás de sus dichos, en la misma radio, la concejala Fernanda Gigliani iba a golpear duro contra sus declaraciones. “No creo que el progreso de la ciudad se mida en metros cúbicos de hormigón o que porque tengamos las torres de Dubai seremos una ciudad evolucionada. Rosario tiene un gran déficit habitacional, hay muchísimos rosarinos que más allá del avance de la construcción siguen sin poder acceder a su primera vivienda. Hay vecinos que todavía siguen teniendo un gran impacto en la infraestructura en el acceso al agua, a la luz. La evolución tiene que ver con todo esto”, dijo para cruzar al empresario.

“Si ellos quisieran construir, podrían ir ya a la Municipalidad de Rosario y pedir un permiso de edificación, porque tienen una ordenanza aprobada que ellos mismos  aceptaron y negociaron con el Ejecutivo en el 2006, y que incluso tiene mayor edificabilidad que la de este proyecto. Nadie está frenando nada”, aclaró varias veces.

Y siguió: “los empresarios en general, y las empresas constructoras, siempre hablan de la seguridad jurídica. La seguridad jurídica es para los empresarios y es para los vecinos también. De tener certeza de lo que se puede hacer en un determinado lugar. No fue antojadiza la altura de 66 metros que le autorizaron en aquel proyecto que hoy quieren cambiar para duplicarla”.

Y opinó que “es el municipio el que direcciona y planifica la ciudad. No son los desarrolladores inmobiliarios los que imponen las ideas. Justamente se trata de acordar y pensar que es lo menor para Rosario”.

Frente a las críticas de que los concejales se oponen al desarrollo de la ciudad, Gigliani respondió: “no he escuchado a ningún concejal que diga que pretende que ese terreno siga vacío, sin poder construirse. La ordenanza del 2006 fue negociada y aceptada por Coto. Si hoy quieren llevar adelante este emprendimiento pueden solicitar a la Municipalidad un permiso de edificación. Nadie está frenando la construcción ni el avance de la ciudad”.

No obstante consideró que “el diseño y la estética del proyecto de dos torres estilo Dubai de Coto está más ligada para lo que fue Puerto Norte y no para este sector de la ciudad. La discusión pasa por evaluar que lo que se construya no irrumpa, sino que pueda dialogar armónicamente con lo que ya existe”.



Un pozo en una manzana emblemática


La manzana que ocupó la ex yerbatera Martin está rodeada por edificios que no superan los 66 metros de altura: uno está en Ayacucho y Mendoza (que fue escenario de una gran estafa en la ciudad y estuvo paralizado por 15 años), otro en la esquina de Colón y Mendoza (la histórica torre que muchos conocen como El Palomar), y la otra es una torre de ladrillos vistos en Colón y avenida Libertad.

No es la primera vez que se discute en Rosario qué hacer en esa manzana emblemática. En 1992 el predio no pertenecía a la empresa Coto y en ese año se firmó el primer convenio urbanístico que se hizo en la ciudad de Rosario. En ese momento se pretendía construir en ese espacio un gran centro comercial, con supermercado, patio de comidas y patio de juegos.

La Municipalidad de Rosario incluso emitió un permiso de edificación, pero lo único que se ejecutó de ese proyecto fue la excavación del terreno, por eso los vecinos de la zona hablan “del pozo” cuando se refieren a esa manzana.

Después se transfirió el terreno a la firma Coto, que hace más de 20 años tiene la propiedad. En el 2006, negoció con el intendente de entonces, Miguel Lifschitz, los indicadores de altura para ese lugar. De ahí surgen los 66 metros, que fueron refrendados por el Concejo a través de la ordenanza 8081.

De ese tiempo es el proyecto para construir cinco torres de 66 metros de altura, es decir cerca de 20 pisos, con medianeras “exentas” (que no están pegadas unas con otras). Pero ese proyecto tampoco se concretó.

El último capítulo de la historia data de julio de 2019 cuando Coto se presentó nuevamente en la Municipalidad para pedir una renegociación y una modificación de los indicadores y del proyecto. Ya no plantea hacer cinco torres, sino dos, pero más altas, de 131 metros de altura cada una.



Las dudas que quedan


De apuro. La concejala Gigliani plantea varias dudas. “Primero, me llama la atención el tratamiento exprés que tuvo un expediente de tal envergadura. Generalmente este tipo de expedientes tardan meses, años a veces, en ser tratados por el Ejecutivo, y este en menos de seis meses vino al Concejo. Y fue el último que mandó Mónica Fein antes de dejar de ser intendenta. Si bien hasta el último minuto tenía la legalidad para firmar lo que quiera, creo que carecía de cierta legitimidad. Tal vez un proyecto de tal envergadura hubiera requerido la mirada del nuevo jefe municipal, que ya había sido elegido”. Y observó que “las desinteligencias y desprolijidades que tiene el proyecto tienen que ver con ese apuro, esa rapidez con la que fue evaluado.”

La altura. También advierte que “hay desinteligencias en algunos informes del Ejecutivo. No queda claro cuál es la altura final: los desarrolladores plantean 131 metros, otro informe refiere 120 metros, y el Área de Proyectos Especiales del municipio menciona 130 metros. Habla de cierta desprolijidad que las áreas del Ejecutivo no coincidan con el proyecto. También se hablaba de un 40 por ciento de donación y hay un informe del Ejecutivo que aclara que no es una donación en sentido estricto, sino que es una servidumbre administrativa de uso público, o sea que no habría donación. Es como si ellos incorporaran el espacio público al proyecto. Lo que debería donarse termina siendo en realidad parte del proyecto, sólo que le dan una servidumbre administrativa de uso público, para que la gente pueda transitar por ese lugar”.

Metros edificables. Otras dudas tienen que ver con el total de edificabilidad (de cuánto pueden construir). Según Gigliani “se hablaba de 31.000 metros cuadrados. Pero resulta que al final no son 31 mil sino 61 mil metros cuadrados y hay gran parte de esos metros cuadrados, todos los de los tres niveles de subsuelos donde hacen cocheras y lo que es el centro comercial, que no se computan. Y cuando hablamos de edificabilidad no hablamos solamente de cuánto se puede construir, sino también de mucha plata. Que no se le compute gran parte de lo edificado implica menos plata que tiene que pagarle el urbanizador al municipio”.

Para Gigliani, “el Concejo no debería entrar en una discusión más propia de una competencia entre estudios de arquitectura por ver quien tiene las torres más altas de la ciudad, o si respecto del diseño tenemos o no las torres parecidas a las de Dubai. No entraría en esas discusiones, sino en qué recibe de positivo la ciudad de todo esto”.

“No me agrada retocar permanentemente las normativas. Acá hay una ordenanza aprobada, donde los indicadores ya estaban definidos, que eran las cinco torres. Y hablamos en este caso de la misma firma. Aquello que se votó como ordenanza en el 2006 se firmó con la firma Coto. Son los mismos dueños los que en su momento negociaron esto”, explica Gigliani.

Desde que el nuevo proyecto de Coto para levantar dos torres más altas que las permitidas en la ex Yerbatera Martin ingresó al Concejo, en diciembre de 2019, la idea era devolverlo al Ejecutivo. Pero no tuvo mayoría. Por ahora no se sabe qué opina el actual intendente Pablo Javkin sobre el tema, mientras la cuestión de fondo aún sigue sin discutirse en el Concejo.


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