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Camino a noviembre

Leonardo Motteta: “La foto de Olivos termina encarnando la separación radical entre una élite y un pueblo”

“La política es quién vence, quién gana. El que logre imponer su voluntad sobre los otros es el que va a hacer prevalecer su impronta en el modelo democrático”. La definición corre por cuenta de Leonardo Motteta —27 años, rosarino, licenciado de Ciencia Política— y es una suerte de conclusión a la que arriba después de conversar con Suma Política a partir de los resultados de las recientes elecciones primarias en el país. “Podemos querer la democracia como un ethos o como un ideal al que llegar, pero eso no sería real. Lo que hace a la democracia es el movimiento propio del país, de la historia, de la matriz productiva”, amplía a propósito de aquella convicción.

Para este analista, la ya inolvidable foto de Olivos —en la que se ve al presidente Fernández festejando el cumpleaños de su esposa en plena cuarentena y transgrediendo las restricciones en el invierno de 2020— tuvo un impacto decisivo en el rechazo al gobierno expresado mayoritariamente por la sociedad en las Paso: “Esa foto termina encarnando la separación radical entre una élite y un pueblo… Quedó al descubierto, descarnadamente, la política que nadie quiere ver”, opina.

Docente de la cátedra Análisis Político de la Licenciatura en Ciencia Política de la Universidad Nacional de Rosario (la misma casa de altos estudios donde se graduó), Leonardo Motteta es además consultor independiente y miembro del Centro de Estudios de Política Internacional de la Universidad de Buenos Aires y del Grupo de Estudios en Ciencia y Tecnología de la UNR. Algunos de sus escritos (sobre educación, finanzas y territorio) han sido publicados de manera independiente a partir de su participación en seminarios y congresos.

Suma Política inicia un diálogo con los jóvenes analistas políticos que da a luz la academia rosarina. La voz de Leonardo Motteta abre el juego.

—Después de las elecciones primarias de este 2021 la palabra repetida fue “sorpresa”, tanto entre ganadores como perdedores, ¿vos también te sorprendiste?

—Habría que definir qué es sorpresa. O bien preguntarse sorpresa por qué. No me sorprendió la caída de votos para el gobierno, porque era esperada, sino cómo pudo tomar a eso Juntos por el Cambio, más en términos electorales que políticos. Hubo un crecimiento en CABA de los libertarios o de la derecha, o como queramos llamarla, y eso también era esperado porque ya había un tumulto y una política bastante acertada de su parte en la coyuntura y en cierta cosa que viene de larga data que lo hacía previsible. O sea: ahí tampoco hubo sorpresa. Se vio reflejado un desgaste del gobierno en términos políticos y la elección da cuenta de una mirada de la sociedad civil, de la gente, referida a cosas que pasan en la política… La nota de color sería cómo Juntos por el Cambio logró capitalizar este momento, siendo que era una coalición que parecía que estaba un poco golpeada, pero hay que esperar las generales… 

—Dijiste que Juntos por el Cambio capitalizó el descontento en términos electorales, pero no políticos, ¿qué quisiste decir con eso?

—No sé si me expresé bien. Lo electoral es también político. Cuando hablo de la política en general no quiero circunscribirla a lo electoral. La política va más allá: está en la calle, en la gente, en las instituciones. No estoy tan a favor de decir que lo electoral es “lo” político. Juntos por el Cambio lo capitalizó, pero eso no quiere decir que esté mucho más fuerte que lo que estaba antes, o que esto esté yendo de un lado para el otro, o que estemos ante un cambio de paradigma o algo por el estilo. Esas son cosas más profundas que el resultado que se dio.

—¿Por qué te parece que le fue tan mal al gobierno?

—Al gobierno lo golpeó mucho la última foto, la famosa foto. “La foto”, diría yo, aquella en Olivos, festejando el cumpleaños de la primera dama. Al respecto, escuché una frase de una persona que me pareció muy interesante: se ha separado como nunca el gobierno de la gente, entre la élite que gobierna y la gente, si bien esto siempre estuvo en la crítica al sindicalismo, al corporativismo, a la administración pública, a los grandes empresarios…  Me decía esta persona que esa foto termina encarnando la separación radical entre una élite y un pueblo. Y es lo que yo creo que hoy golpeó al gobierno más que nada. Sobre todo, porque el Frente de Todos se presentó y ganó en la elección anterior como algo que venía a traer eso que es la unión entre el pueblo y el gobierno, entre la sociedad civil y el Estado: la foto vino a romper ese cuento de hadas, ese discurso, ese relato, por decirlo más desde lo simbólico. Quedó al descubierto, descarnadamente, la política que nadie quiere ver. No es que la gente no supiera de estas cosas, lo sabía, pero la foto mostró un privilegio como nunca antes y terminó dañando mucho al gobierno. Lo capitalizó Juntos por el Cambio y las encuestas no lo registraron…

—Si te pidiera que describieras el vínculo, hoy en Argentina, entre dirigencia política y sociedad civil, ¿qué dirías?

—La teoría política actual sobre los sistemas políticos dice que ahora existen las redes sociales y otras herramientas que le permiten a la sociedad civil entrar más en el juego y la participación en la administración pública y otras instancias. Eso vendría a decir que la sociedad civil entra más en el juego de la política o que tiene más poder, cuando antes estaba bajo el gran peso de la burocracia de un capitalismo más fordista —que refiere a Henry Ford, protagonista de una etapa del capitalismo anterior a esta, relacionada con el crecimiento del Estado, como decía Weber, teniendo en cuenta también un gran crecimiento del sistema industrial—. Aquel Estado era más burocrático y se fue desarmando en tanto se desarmaba esa sociedad fordista. La teoría dice que ahora las cosas son diferentes, pero eso es sólo la teoría, porque esa “entrada” de la sociedad civil lo que hizo fue agravar el vínculo, porque la sociedad civil empezó a ver el Estado desde adentro … Ahora bien, el Estado está formado por la sociedad civil, porque responde a sus intereses y a sus tironeos: es parte de la sociedad civil. El Estado intentó llamar a la sociedad civil, y las redes han sido un instrumento de eso, para legitimar esas políticas públicas que aplicaba, pero la sociedad civil comienza a observar de cerca esos tironeos de la política: cuando estás afuera no los ves, pero cuando entrás al Estado ves que ese tironeo no es una cosa tan justa y que algunos políticos no están ahí de manera neutral… Esa participación hace que esto se vea más descarnadamente y la sociedad civil piensa que hay algo más de fondo. En esta elección se vio mucho eso. 

—Los llamados libertarios en CABA usufructuaron ese hartazgo… 

—Ese crecimiento de los libertarios es por eso: la gente vio al Estado como un enemigo, no como algo que haya que transformar. Es un cambio radical frente a los gobiernos progresistas —hasta el mismo macrismo se define como un gobierno progresista que quiere ir transformando las cosas e ir hacia una sociedad más moderna y avanzada—. El lenguaje de los libertarios va más allá, va a una crítica al hueso del mismo sistema político argentino: no basta con un cambio progresivo hacia una sociedad más moderna, sino que hay que destruir ciertos pilares que tenía el sistema político en general. No estoy diciendo esto sea correcto o incorrecto: ¿hay que tirar el sistema político abajo o no hay que tirarlo? Es algo que está dando vueltas y está influenciado por las grandes crisis que estamos teniendo en estos días.

—¿Qué falta en la democracia actual argentina? No digas “más participación” porque eso repiten todos…

—(risas) Participación no siempre es buena, porque cuando el sistema no está preparado para eso, más participación no cambia nada… Lo que hoy en día consideramos como democracia es lo que se llama poliarquía: ciertas instituciones democráticas y liberales que triunfaron definen qué es la democracia y entonces aquí debería ocurrir algo similar a lo que sucede en países europeos, Canadá, Estados Unidos… Argentina nunca va a tener eso. Por una cuestión cultural, porque la democracia debe verse desde lo local, teniendo en cuenta la historia de un país. Esto es clave. Entonces, lo primero es buscar soluciones desde aquí. Qué democracia y sobre qué se va a tratar: si uno no transforma la matriz productiva, la democracia no cambia. Qué democracia queremos implica qué matriz productiva queremos. Es decir, quién vence. La política es quién vence, quién gana. Y ese tironeo va a definir la democracia. Podemos querer la democracia como un ethos o como un ideal al que llegar, pero eso no sería real. Lo que hace a la democracia es el movimiento propio del país, de la historia, de la matriz productiva. Eso hace un país. No lo hago yo diciendo cómo se hace. El que logre imponer su voluntad sobre los otros es el que va a hacer prevalecer su impronta en el modelo democrático.

“…la vicepresidenta y su sector van a decir: ¿quién tiene la culpa? Y todos se van a dar vuelta y van a mirar a Alberto. Y Alberto va a decir: está bien, los dejo a ustedes para que solucionen este problema de aquí a noviembre…” 

—¿Ves lejana la posibilidad de un acuerdo político, estratégico, en Argentina?

—No lo veo posible porque habría que ver qué interés tienen las fuerzas políticas en un acuerdo de ese tipo y por qué acordarían. Sólo sería posible ante una situación totalmente crítica en términos económicos o políticos que lo requiera; de lo contrario no, porque no veo que los actores estén concentrados en eso. Creo que hay que ver qué pasa, fundamentalmente, en el Frente de Todos. Hay que concentrarse allí, ahí está el quid de la cuestión. Hoy tenemos, por un lado, un presidente que no tiene fuerzas para poner a nadie que sea de su gusto en el gabinete, y, por otro, al sector de la vicepresidenta, que es la líder del movimiento, y está en crecimiento. Hay un doble manejo. Ya vimos todo el tironeo en torno a los ministerios y a las grandes cajas como la de los movimientos sociales, que se han saldado contrarios a los intereses del presidente. Ahora la vicepresidenta y su sector van a decir: ¿quién tiene la culpa? Y todos se van a dar vuelta y van a mirar a Alberto. Y Alberto va a decir: está bien, los dejo a ustedes para que solucionen este problema de aquí a noviembre. Eso va a repercutir en ministerios, reparto de secretarios, presupuestos. Ojo, porque eso va a cambiar muchas dinámicas del Estado, del gobierno y del Frente de Todos en sí mismo. Los resultados de noviembre determinarán cómo seguirán esas estrategias. Habrá que ver si Juntos por el Cambio consigue lo que ya obtuvo en las Paso. El presidente está cada vez más aislado en ese sentido. Por eso no va a haber acuerdo. Porque no hay acuerdo siquiera dentro del Frente de Todos.

—¿Cómo ves el análisis político en el país? ¿aporta? ¿es edificante?

—Hay muchas escuelas y aplaudo eso. Hay análisis político más a lo americano, más empírico, también otros… Yo trabajo en consultoría política y en ese campo uso técnicas más vinculadas con lo empírico; en cambio, cuando hago educación, observo más desde otro lado: la gente, la sociedad, lo económico, lo subjetivo. Eso te permite ver que no todo es un número o lo que te devuelven las encuestas. Para mejorar el análisis político en Argentina hay que empezar a aceptarse más entre todos. Hay mucho faccionalismo, mucha pelea en la academia, algo típico que siempre habrá, pero hay que dejar de expulsarse unos a otros, así se enriquece más el análisis. Al final del día, ninguno tiene la verdad… El tema es desde dónde uno habla: no es lo mismo alguien que habla desde la academia o como consultor político o desde un medio de comunicación. Cuando analizamos la coyuntura hay diferentes temporalidades, con los intereses dando vueltas. No le puedo pedir a alguien que está escribiendo una columna en La Nación que escriba lo mismo que yo cuando hago un análisis de coyuntura que le vendo a una empresa o cuando doy clases en una universidad. Son diferentes lugares. Y, por otro lado, hay que tener en cuenta la velocidad de los medios, lo que piden los medios y en qué medios están sentados los que escriben o hablan. No creo que los medios tengan un interés por reflejar un análisis que nos dé un entendimiento mayor de lo que es la política en la Argentina; tienen sus intereses que se vinculan con la velocidad del momento y eso es lo que quieren mostrar a sus lectores u oyentes.


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