Lo intentaron pero podía fallar: un rosario de promesas históricas incumplidas



Por Ignacio Cagliero


Públicamente lo van a negar de forma enfática. Que no es momento, que la pandemia, que todavía falta un montón. Pero puertas adentro, los distintos espacios políticos empiezan a delinear sus discursos de cara a las elecciones legislativas del año que viene. Por eso es un buen momento para repasar algunas de esas obras, proyectos y mejoras que se pensaron desde hace años para Rosario pero que nunca se terminaron de realizar. O que ni siquiera empezaron. ¿Qué pasó con el estadio cubierto en la ex Rural, la Plaza de las Ciencias, la Biblioteca del Bicentenario, el ex Comando del II Cuerpo de Ejército? ¿Y el Puerto de la Música? Lo que siguen son algunas respuestas para estas y otras preguntas que vienen a cuento.

Falta de apoyo político o financiero, cambio en las prioridades o dificultades que exceden a la ciudad, son algunos de los motivos que se encuentran cuando se indaga en las promesas fallidas. Algunas generaron mucha expectativa pero finalmente nunca se terminó de avanzar en su concreción. Otras directamente pueden ser calificadas como extravagantes por la imposibilidad de realización o por la forma en que se dieron los hechos. Y están las que, con el correr de las campañas, vuelven a aparecer en las plataformas de los distintos espacios políticos.  


Obras en la zona del Scalabrini Ortiz donde murió un joven.

Proyectar desde el dolor


Los primeros días de septiembre era tapa en los diarios la muerte de un joven de 27 años producto de un choque en medio de una picada. Las crónicas del día relatan que iba a bordo de una moto Honda Falcon cuando fue embestido por un auto Gold Tren. El joven murió producto del impacto contra una columna y el conductor del auto se dio a la fuga. El hecho ocurrió sobre la avenida Mongsfeld en el Parque Scalabrini Ortiz, lugar que viene siendo escenario de carreras clandestinas desde hace años.

Rosario tiene una ordenanza aprobada (la N° 9.072) para la construcción de un “Picódromo” desde el año 2013, pero nunca se reglamentó. Desde la oposición recuerdan que fue un proyecto “muy trabajado”, tanto con los corredores, como con las ONG de seguridad vial. En diálogo con Suma Política, el concejal del PRO Roy López Molina recuerda que la normativa estaba pensada con las condiciones urbanísticas como para que no interfiera en la vida cotidiana de la gente. Es decir, en lugares alejados por los ruidos molestos. “Lo único que se necesitaba era que el Ejecutivo elabore un pliego de condiciones y licite la obra”, señaló.

No obstante, el referente del PRO en la ciudad hace una diferenciación importante entre quienes “pican” en condiciones de ilegalidad de quienes lo hacen por deporte y, al no contar con un espacio adecuado, deben trasladarse a otros puntos de la provincia. “En Rosario hay muchos vecinos que disfrutan de la actividad del deporte amateur cuando se corre en condiciones de legalidad, que eso no es delito”, expresó y agregó: “Es una actividad que tranquilamente se podría haber impulsado porque es redituable desde el punto de vista económico. Era una idea que tenía un camino para concretarlo pero por falta de voluntad política ni siquiera pudieron sondear en el mercado la construcción de un picódromo legal”.

En este tiempo hubo algunas novedades en el tema que generaron la expectativa de los aficionados al mundo de las tuercas. Por un lado se había avanzado con la posibilidad de que el circuito se instale a la vera del kilómetro 5 de la ruta nacional 34, al límite entre Rosario e Ibarlucea. Por otra parte, un grupo de inversores había expresado su intención de aportar los recursos para la construcción del proyecto. “Será el picódromo más importante del país”, se ilusionaba en 2016 el empresario Leonel Morelli, quien además es campeón argentino de motonáutica.

Siete años después las realidades son muy distintas. Para López Molina, en un contexto de crisis económica es difícil prever qué pueda pasar con ese proyecto. “Cuando aparecen algunas de estas posibles inversiones, lo que el Estado tiene que hacer, si demuestra interés, es generar reglas para que esa inversión se canalice. Pero eso nunca ocurrió y es una ordenanza más, bien trabajada, que por ahora ha quedado en un cajón”, señaló.



Otra de los proyectos que surgieron de la tragedia es la construcción de una Plaza Pública de las Ciencias, en el predio donde funcionó el International Park. En 2013 la muerte de Melani y Florencia Aranda conmocionó a Rosario: el fallecimiento de las niñas de 12 y 14 años se dio tras el desprendimiento de la góndola del juego conocido como “La Vuelta al Mundo”, desde unos 20 metros de altura. Las pericias de la Fiscalía fueron contundentes: no solo que las muertes se podrían haber evitado con los mantenimientos y controles correspondientes, sino que la tragedia pudo haber sido, incluso, peor.

A partir del hecho el parque cerró definitivamente sus puertas y a mediados de 2016 se terminaron de desarmar todos los juegos. Desde entonces, el predio de 27 de Febrero y Oroño permanece desolado. Ese mismo año el Concejo aprobó una ordenanza para la creación de una Plaza Pública de las Ciencias en el lugar. La iniciativa fue presentada como “un mini Tecnópolis”, donde se desarrollarían ferias de ciencias, exposiciones, muestras interactivas, y juegos vinculados a la difusión de las ciencias. Pero nunca se concretó.

El proyecto fue impulsado por los entonces concejales María Eugenia Schmuck, hoy presidenta del cuerpo legislativo, y Sebastián Chale, actual secretario de Desarrollo Económico y Empleo municipal. Además, el proyecto fue elaborado en conjunto con la Dirección de Comunicación Social de la Ciencia, de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). Finalmente, tras 4 años de estancamiento, en febrero de este año la iniciativa pareció reflotarse a partir de distintas reuniones entre las áreas técnicas del Municipio y la Universidad. Pero con la pandemia la iniciativa está otra vez en veremos. “Rosario tiene que ser la ciudad del conocimiento”, aseguró el intendente Pablo Javkin a principio de año.


El edificio donde operó el Comando del II Cuerpo del Ejército.

Una historia con historia


Otra deuda pendiente que mantiene la ciudad es la puesta en valor del edificio donde hasta hace algunos años operó el Comando del II Cuerpo del Ejército, ubicado en Sarmiento al 1350. Se trata de un inmueble de 17.500 metros cuadrados cubiertos que cuenta con una cancha de básquet y hasta una pileta, pero se encuentra abandonado desde hace más de una década.

El lugar tiene una carga histórica importante: fue la primera sede del Banco Municipal de Rosario. En los 80 el inmueble fue vendido al Ministerio de Defensa, que lo destinó al ejército. En 2007 el edificio pasó a manos de la cartera de Hacienda nacional con el objetivo de centralizar el funcionamiento de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) en la ciudad. Incluso se lanzó un concurso público con el objetivo de llevar adelante las refacciones, pero la iniciativa no prosperó y se encuentra en estado de abandono desde entonces.

En 2016 la posibilidad de realizar un “plan canje” entre el Municipio y el Gobierno nacional prometía darle vida nuevamente. La intención del entonces ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, era reforzar el servicio de trenes entre Buenos Aires y Rosario, y para eso solicitaron la devolución de la estación de trenes Rosario Norte. La entrega del inmueble suscitaba el problema sobre qué hacer con la Secretaría de Cultura que funciona allí desde 1999. Entonces se pensó un trueque: el Municipio liberaría la estación a cambio del antiguo edificio de Sarmiento al 1350, donde se mudaría la cartera de Cultura local. El condicional lo anticipa: nunca se llevó a cabo.

El último intento para que el histórico edificio vuelva a mano de los rosarinos se dio en 2019. El diputado provincial Joaquín Blanco presentó un proyecto de comunicación para que la provincia gestione ese inmueble abandonado y en desuso ante el Estado Nacional. “Nosotros no podemos expropiar a Nación, ni era un proyecto que obligue al Estado a hacer una oferta de compra. Nosotros planteamos que ese edificio tiene un valor patrimonial y está abandonado. Pedimos que formen parte del patrimonio urbanístico de Rosario, a través de que se lo cedan a Provincia”, explicó el legislador provincial.

En declaraciones a este medio, Blanco contó que llegaron a mantener reuniones con referentes de la Agencia de Administración de Bienes del Estado: “Le llevamos el proyecto, la carpeta con los planos, se comprometieron a gestionarlo y ahí murió el proyecto. Después hubo un cambio de gestión, después pandemia, y no tuvimos ninguna novedad. El edificio sigue abandonado, en manos de Nación, y en un preocupante estado”.

Entre los considerandos del proyecto se manifestaba la preocupación por el crecimiento de las ventas de bienes fiscales por parte del Gobierno de Mauricio Macri durante 2018. “Proponemos que se transfieran estos edificios a la Provincia, para que los rosarinos podamos definir su destino”, explicaba la iniciativa. Por el momento, las puertas del edificio continúan cerradas y su fachada sigue acumulando pintadas callejeras. “Yo voy a insistir con la idea, se trata de edificios históricos”, aseguró Blanco.


Uno de los proyectos para la Biblioteca del Bicentenario.

La biblioteca y la Rural


Entre las obras fallidas, la Biblioteca del Bicentenario también ocupa un lugar central. En 2010, y con el objetivo de conmemorar los 200 años de la Revolución de Mayo, el entonces intendente rosarino Miguel Lifschitz anunció la creación de una biblioteca que se construiría en inmediaciones del Centro Municipal de Distrito Sur “Rosa Ziperovich”.

Para su realización, el Municipio lanzó un concurso de ideas entre las que se priorizarían aquellas que destacaran en tres ejes fundamentales: inclusión, innovación y sustentabilidad. En agosto de 2010 se anunció que el estudio AFT Arquitectos, de Córdoba, había sido seleccionado entre 127 proyectos de toda Latinoamérica. El concurso generó expectativas porque los ganadores fueron, nada más ni nada menos, que los diseñadores del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA).

Los arquitectos proyectaban cinco meses para la realización de un legajo técnico para la licitación y, una vez adjudicaba la obra, un plazo de dos años para su construcción. En septiembre de 2010 el Concejo dio el visto bueno para que la obra se haga en barrio Las Heras, en el corazón de la zona sur de Rosario. El concurso repartió premios de 150 mil pesos para el primer puesto, 30 mil para el segundo, y 15 mil para el tercero. Pero la licitación nunca avanzó y la obra nunca se ejecutó. El predio donde se iba a construir continúa inmaculado.

Otro proyecto que despertó ilusiones en Rosario fue la construcción de un estadio cubierto en el predio de la ex Rural. Esta vez la iniciativa surgió de un grupo inversor que acercó la propuesta formal bajo el régimen de Iniciativa Privada al Municipio, en diciembre de 2012. Luis Vila, por entonces dueño del diario La Capital, fue el representante de la Unión Transitoria de Empresas (UTE) que acercó el proyecto, y que estuvo conformada por Proat SRL (Rosario) y Ozono Producciones (Buenos Aires), vinculadas al mundo del espectáculo.

El proyecto era novedoso para la ciudad: un megaestadio cubierto con capacidad para 14 mil personas, con predio para unas 500 cocheras y restaurante, con una inversión cercana a los 100 millones de pesos. Se planteaba como un proyecto similar al Orfeo de Córdoba y las explicaciones sobre su necesidad también iban en ese sentido: Rosario venía quedando relegada de los grandes shows internacionales por Córdoba y Buenos Aires, por no contar con un lugar acorde para su realización.  

Una curiosidad es que la iniciativa del grupo inversor fue presentada en el Municipio solo dos días después de la entrada en vigencia de la ordenanza N° 8.994 que modifica el Régimen de Iniciativa Privada y Concurso de Proyectos Integrales (Nº 6.209). El principal cambio es la eliminación del artículo 9, donde se establecía que las obras o servicios a concesionarse “no podrán otorgarse por un período superior a 20 años”. El proyecto de la UTE estimaba 30 años de explotación.

El dato no es menor teniendo en cuenta que ese punto fue el que desalentó otras inversiones como la realización de cocheras subterráneas en Plaza San Martín y la construcción de una guardería náutica para 400 embarcaciones en Puerto Norte. En agosto de 2013 el proyecto tuvo luz verde en el Palacio Vasallo pero, finalmente, los destiempos económicos del país hicieron que la oferta no resultara atractiva para los inversores. El Municipio postergó las licitaciones en varias oportunidades a la espera de sumar nuevos interesados. Para 2015 el proyecto se terminó dando de baja.

Un año después, el Gobierno provincial, con Miguel Lifschitz a la cabeza, recogió el guante y encaró una puesta en valor de la ex Rural. En mayo de 2018, durante el acto de apertura de sobres, la exintendenta Mónica Fein recordó el desarrollo privado que se intentó hacer en ese sitio. “Nosotros siempre sostuvimos y sostenemos que ése es un lugar que debemos recuperar y poner en valor para uso de toda la ciudad en múltiples actividades», declaró.

En abril de 2019, a unas semanas de las elecciones primarias, el gobernador recorrió las obras junto a la candidata a la intendencia de Rosario por el Frente Progresista Cívico y Social (FPCyS), Verónica Irizar. En declaraciones a la prensa, Lifschitz destacó la restauración integral del lugar y fue más allá: “Tenemos pensado la construcción de un gran estadio que podría levantarse en la parte de atrás del predio”.

La restauración del lugar permitió que hoy el predio funcione como centro de aislamiento para pacientes Covid en la ciudad, y significó un alivio en cuanto a la disponibilidad de camas. De hecho, semanas atrás, el lugar fue la sede elegida por el presidente Alberto Fernández para la presentación del Plan Detectar Federal que se pondrá en marcha en todo el país. Hoy en día, el estadio cubierto parece lejano y fuera de las prioridades de la ciudad.



La música y las convenciones


“Despedimos al arquitecto Oscar Niemeyer. El mejor homenaje que podemos hacerle al poeta de las curvas, es construir el Puerto de la Música”, escribió en su cuenta de Twitter el gobernador Hermes Binner, el  5 de diciembre de 2012, al conocer la noticia de la muerte del legendario arquitecto brasilero. Unos 8 años después fallecería el propio dirigente socialista, tras luchar un tiempo largo contra una enfermedad severa. Hasta el momento nunca se pudo concretar el mega proyecto cultural ideado para la ciudad de Rosario con el que soñaron ambas figuras.

El Puerto de la Música fue presentado en 2008, durante el primer tramo de la gestión de Binner como gobernador de la provincia. La iniciativa consistía en un complejo cultural que abarcaría salas de concierto, centro de exposiciones y hasta una escuela de música, todo a la vera del río Paraná. Su inversión inicial estaba prevista unos 300 millones de pesos.

El particular diseño estuvo a cargo de Oscar Niemeyer, un arquitecto brasileño de reconocimiento a nivel mundial. Su sala principal, diseñada en forma de media esfera, tendría capacidad para 2.500 espectadores. La explanada, pensada para actividades al aire libre, podría contener a unas 35 mil personas. A pesar de contar con la adhesión de gran parte del movimiento cultural rosarino el proyecto nunca logró avanzar.

Uno de los puntos que dinamitó su concreción es el lugar: la edificación estaba planificada sobre Avenida Belgrano, entre Pellegrini y Cerrito, a escasos metros de la Terminal Puerto Rosario. Desde el Sindicato Unidos Portuarios Argentinos (SUPA) presentaron sus reparos al proyecto argumentando que su construcción significaría una pérdida en la capacidad productiva del lugar y derivaría en despidos. El reclamo escaló en intensidad hasta convertirse en una medida de fuerza que se prolongó durante algún tiempo.  

Por otra parte, la iniciativa generó rispideces de tipo político. Entre ellas, una disputa sobre la jurisdicción de esas tierras. La legislación vigente sobre puertos plantea una transferencia de las tierras portuarias a las provincias a condición de que se hagan cargo de la actividad. Eso escaló a un conflicto de intereses entre Provincia y Nación: mientras que desde la Casa Gris reclamaban su poder sobre las tierras, desde la Casa Rosada les decían que sí, pero que sólo para actividades marítimas y portuarias. Distintos dirigentes del socialismo interpretaron esa postura como una traba político partidaria por parte de kirchnerismo.

Asimismo, a nivel local, no fueron pocos los dirigentes opositores que salieron a cuestionar que se destinen fondos a un proyecto que no consideraban prioritario para la ciudad. Años más tardes esos mismos espacios políticos le recordarían al socialismo el incumplimiento del proyecto, sin reconocer el desgaste político que tuvo la iniciativa desde un comienzo.

Lo cierto es que, tanto en las campañas de 2015 como 2019 el Puerto de la Música volvió a aparecer entre los planes del partido de la rosa. En el tramo final de su gestión, el entonces gobernador Antonio Bonfatti prometió públicamente no iba “a descansar” hasta que Rosario tuviera su Puerto de la Música. Y prometía una pronta reunión con el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, para lograr la autorización del Gobierno nacional y así dejarle el camino liberado a su sucesor, Miguel Lifschitz.

En 2019, con la noticia de la recuperación de los terrenos de la zona franca de Bolivia, la ex intendenta Mónica Fein volvió a poner en agenda el tema: “El Puerto de la Música es una deuda que tiene la ciudad”, reconoció en los medios. Meses después, en su campaña a la gobernación, Bonfatti reflotó la idea de avanzar con el proyecto en caso de ganar. Pero fue en esas elecciones que, luego de tres mandatos, el Frente Progresista dejó la Casa Gris.


Maqueta del Puerto de la Música.

Otro de los proyectos truncos que se intentó reflotar en varias oportunidades es el predio ferial en Rosario. Consistía en la construcción de un gran Centro de Convenciones en Uriburu y Circunvalación que se iba a destinar a la realización de congresos, ferias y grandes exposiciones. La presentación oficial se hizo en enero de 2011, con Hermes Binner como gobernador provincial y Miguel Lifschitz en la intendencia. La primera parte de la obra preveía una inversión cercana a los 45 millones de pesos y un plazo de 15 meses. A 9 años, el predio continúa sin edificación alguna.

El convenio establecía que el Municipio cedería 8 hectáreas durante 30 años, mientras que los fondos para construir el edificio saldrían de Provincia. El proyecto contó con el consenso de distintos espacios. Las polémicas que surgieron tenían que ver con la administración del predio: el acta de acuerdo establecía un Consejo con dos representantes provinciales, uno municipal y uno de la parte privada, pero algunos concejales pedían que se equipare la cantidad de representantes entre Provincia y Municipio. Finalmente la iniciativa terminó teniendo el aval del Concejo de Rosario.

Para su ejecución se planeaban dos etapas: la primera para el armado de la estructura principal y el cerramiento exterior, y una segunda parte para las terminaciones interiores con sus correspondientes instalaciones. De hecho se avanzó con la licitación y en junio de 2011 se hizo la apertura de sobres, pero la obra nunca se adjudicó. En 2012, el entonces secretario de Desarrollo y Producción del Municipio, Sebastián Chale, comentaba en los medios que el proyecto estaba en “stand by” y argumentaba la compleja situación financiera de la provincia.

Para junio de 2015, declaraciones de distintos funcionarios daban el indicio de que el Municipio buscaba reflotar el proyecto que nunca se había podido iniciar. En 2019 nuevamente el tema volvió a meterse en la agenda del candidato oficialista, Antonio Bonfatti, aunque con menor fuerza. Del ambicioso proyecto solo queda un bosquejo virtual en YouTube de lo que pudo haber sido, pero no fue.



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