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Política

Los desafíos de una CGT San Lorenzo dividida hace años por los personalismos

Los despidos en la Fábrica de Motos Guerrero en San Lorenzo y el cierre de la empresa Buyatti en Puerto General San Martín dejaron expuesta la falta de unidad sindical en el cordón industrial, que supo ser históricamente una de las más fuertes del país, y el retroceso que en la lucha por las conquistas laborales de miles de trabajadores.

La CGT San Lorenzo formada en los años 90 estuvo unida a la lucha de los trabajadores contra las políticas neoliberales que dejaron un tendal de obreros desocupados, como consecuencia de las políticas de ajuste y cierre de empresas que se instalaron en el llamado cordón industrial al norte de Rosario.

Luego de treinta años fueron cambiando los actores en la central obrera, a raíz de disputas personales y de poder que dejaron a la organización sindical al margen de los reclamos de los trabajadores. El despido de 19 empleados de la empresa de Guerrero Motos en diciembre de 2020, por parte de la firma que tiene su planta industrial en la zona sur de San Lorenzo, dejó expuesto la falta de respaldo del gremio, que se limitó a publicar un comunicado de prensa en apoyo al secretario gremial de SMATA Román Moyano, cuando por orden del fiscal Aquiles Balbis fue detenido por la policía de San Lorenzo el pasado 26 de enero. Moyano fue imputado por instigar el bloqueo a la empresa Guerrero Motos cuando participaba de la protesta y pasó 24 horas preso.

En el conflicto de Buyatti, la planta aceitera ubicada en Puerto General San Martín que el 1° de diciembre anunció su cierre y despidió a 93 trabajadores, la postura de la CGT fue un poco más decidida. El pasado 19 de marzo, la Confederación Regional decretó un paro en todas las aceiteras del cordón agroexportador en reclamo de la reincorporación de los despedidos o el pago total de las indemnizaciones.

En la conferencia de prensa previa a la huelga, la CGT anunció que primero pararían aceiteros y que durante la jornada se unirían el resto de los gremios que la conforman. Pero sólo el Sindicato de Obreros Aceiteros (SOEA) acató la medida, el resto de los gremios argumentó que era difícil el armar un paro en tan poco tiempo por la seguridad que se debe mantener en las plantas químicas y petroquímicas. Sin embargo entre los sindicatos que componen la CGT se encuentran camioneros de la línea Moyano, trabajadores de Ansés, UPCN, APOPS y Luz y Fuerza, entre otros que a pesar de formar parte de la Confederación trabajaron de normalmente.

La definición del conflicto de Buyatti podría llegar el próximo miércoles 7 de abril cuando las partes nuevamente se crucen en una audiencia vía zoom con la intervención del Ministerio de Trabajo de la Nación. El pedido lo hizo la Cámara de la Industria Aceitera (CIARA), ante el caos logístico ocasionado por los piquetes al inicio de la cosecha gruesa —que por sí misma provoca una desorganización de tránsito en las rutas y caminos a las agroexportadoras—, y pérdidas millonarias que les ocasiona.

“Comenzamos un paro de CGT donde los aceiteros fueron los primeros en acatar. Es muy clara la postura del ministerio de trabajo al plantearle a la empresa que si cierran, deben indemnizar como corresponde. Se dejó claro también que acá no hay cuotas. Que si pierden su fuente de trabajo, la indemnización debe pagarse de una sola vez. Los trabajadores de Buyatti ya dieron mucho, dejando de lado adicionales, aumentos, para que esto siguiera funcionando. Esta CGT sigue en alerta y movilización hasta que esto se resuelva de modo favorable a los trabajadores”, señaló Jesús Monzón, secretario general de la CGT San Lorenzo.

Este martes Buyatti les confirmó a los trabajadores que mantendrán la medicina prepaga durante el mes de abril, mientras duran las negociaciones, lo que trajo un poco de alivio, debido a la importante cantidad de obreros y familiares de éstos que se realizan costosos tratamientos por sus graves enfermedades.

Por su parte, Daniel Succi, secretario gremial de aceiteros añadió: «Somos parte de la CGT, somos la secretaría gremial de la CGT y cuando la convocamos estuvo presente y ahora se está haciendo cargo para no sentar un precedente, de que cualquier empresa se levante un día con ganas de  cerrar y no le pague lo que le responda a los trabajadores, es indignante, reprochable para un gremio tener que estar peleando las indemnizaciones, pero no nos queda otra que hacerlo».

Pero además de conservar los puestos laborales, la CGT tiene otra preocupación, y es que de concretarse el pago de indemnizaciones al 50 por ciento o un porcentaje menor, como pretende Buyatti, esto siente un precedente para que otras industrias lleven a cabo la misma maniobra de cerrar bajo pretexto de crisis y pagar menos.

La decisión de realizar una huelga contra las aceiteras era un reclamo de las bases, que pretendían que la medida fuera dispuesta mucho antes, cuando la firma anunció el cierre por el mes de diciembre. Esto generó un quiebre entre los trabajadores que señalan que la huelga es una decisión que llegó demasiado tarde, frente a otros obreros alineados con el sindicato aceitero que apoyan las decisiones de los delegados gremiales y de la comisión directiva.

Esta división entre los trabajadores se produjo durante las negociaciones paritarias que incluían un bono de fin de año y un bono “pandemia” para los aceiteros, cuyas negociaciones habían empezado en octubre de 2020 y se extendieron hasta el 29 de diciembre, el último día hábil del año pasado. El Ministerio de Trabajo de la Nación intervino después de 20 días de paro en las agroexportadoras del sindicato aceitero de San Lorenzo, la Federación Aceitera y la Unión de Recibidores de Granos (URGARA). 

Durante el tiempo que duró el conflicto con las agroexportadoras se formó la Intersindical Marítimo Portuaria integrada por gremios cuya actividad está ligada a los puertos de río y mar. Entre ellos se encuentran el Centro de Patrones y Oficiales de Pesca y de Cabotaje Marítimo; Sindicato Encargados Apuntadores Marítimos de la República Argentina; Unión de Recibidores de Granos de la República Argentina; Sindicato Único de Serenos de Buques; Sindicato de Obreros Marítimos Unidos; Sindicato Único de Trabajadores de la Vigilancia Privada; Sindicato Unidos Portuarios Argentinos de San Lorenzo; Carga y Descarga; Asociación del Personal Jerárquico y Profesional de la Marina Mercante; Unión de Trabajadores Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina y el Sindicato de Trabajadores Municipales San Lorenzo.

El objetivo de la nueva organización sindical es discutir mejoras salariales como también en las condiciones de higiene y seguridad laboral. El debut de la Intersindical ocurrió durante el conflicto que desde el año pasado mantienen el Centro de Patrones Fluviales y Marítimos con la Cámara de Lanchas de Prácticos por una recomposición salarial, que tras cinco meses de negociaciones y paros no tuvo definición.

“Estamos convencidos de que, a través de la unión y del diálogo entre todos los gremios y las empresas podemos llegar a condiciones que mejoren los salarios y los aspectos de cada uno de nuestros trabajos”, señaló Sergio Segovia, delegado del Sindicato de Serenos de Buque.

Por su parte, Alberto Maldonado, secretario del Centro de Patrones Fluviales expresó: “Yo creo que vienen momentos muy buenos en este grupo que se formó, me da mucha pena cuando tenemos estos problemas y los gremios no nos unimos. Deberíamos dejar las diferencias de lado, tenemos que estar todos juntos y armar de nuevo la CGT que supo ser la principal del país dada la importancia de esta zona. Llegamos a tener 30 gremios en esta CGT y se desarmó por problemas personales”, agregó,  dejando expuesto un problema que arrastra décadas donde los personalismos y los egos de algunos dirigentes gremiales quebraron una de las organizaciones históricas más fuertes en la lucha gremial.

La Intersindical Marítimo Portuaria está integrada por la mayoría de gremios que formaban parte de la antigua CGT que supo liderar Edgardo Quiroga, el secretario general del Sindicato de Trabajadores Municipales de San Lorenzo y que participa del Consejo Federal de la Hidrovía junto a los principales actores que definirán la nueva concesión de la vía navegable.

Quiroga y el secretario general del Sindicato Unidos Portuarios Argentinos (SUPA) de Puerto General San Martín fueron quienes tuvieron en jaque a todo el complejo aceitero durante una década con la negociación del famoso convenio COPA, que fijaba los salarios de los trabajadores de las agroexportadoras. 

La estrategia de la CGT para obtener los aumentos salariales era la lucha en los portones de fábrica, al estilo de los 60 y 70, con marchas y piquetes que se extendían durante semanas hasta que las aceiteras cedían. Pero las diferencias con su histórico rival el dirigente aceitero Pablo Reguera terminaron con la renuncia de Quiroga en el 2015, aunque él argumentó en ese momento tener problemas personales. 

Era tan grande el enfrentamiento entre ambos dirigentes que en un momento se formaron tres CGT tras la partida de Quiroga, dejando desorientados a los propios trabajadores y empresarios quienes no podían entender si negociaban con una Confederal oficial, una paralela o una de tercera categoría. 

Edgardo Quiroga

Mientras tanto comenzó a gestarse en el cordón industrial una segunda ola de cierres de empresas que dejaron al movimiento gremial devastado durante los cuatro años de gobierno de Mauricio Macri; entre ellos el cierre de la empresa Ar Zinc ubicada en Fray Luis Beltrán en 2016, Bravo Energy en San Lorenzo en el 2017 —que luego reabrió con la mitad de su personal—, los conflictos en IDM (San Lorenzo), los 105 despidos en Fabricaciones Militares en Fray Luis Beltrán, la Petroquímica Dow que despidió a 22 trabajadores en 2018; el cierre en el año 2019 de la empresa Cloretil especializada en productos químicos en Puerto General San Martín, la crisis de la fábrica de porcelanas Faiart (ex Verbano) en Capitán Bermúdez que cerró por un mes suspendiendo a 135 obreros, el cierre de la Refinería San Lorenzo (OIL) en 2018, sólo por nombrar algunas. Según números que maneja la CGT San Lorenzo, durante la presidencia de Macri se perdieron 4.000 puestos de trabajo registrados, aunque esa cifra se duplica si se incluyen a los subcontratados.

Fue esta la razón por la cual la CGT San Lorenzo de Monzón, Reguera y el secretario general del Sindicato de Obreros Petroquímicos Unidos (SOEPU), Mauricio Brizuela, apoyó la fórmula de Alberto Fernández y Cristina Kirchner en las últimas elecciones presidenciales y que incluso, cuando se renovaron las autoridades de la Central Obrera en 2019, se realizó un acto multitudinario con la presencia del ex ministro de trabajo Carlos Tomada y la senadora nacional, María de los Ángeles Sacnum.

“De la mano de Alberto y Cristina volveremos a reactivar el cordón industrial”, había señalado Jesús Monzón en ese acto, sin saber que una pandemia mundial iba a golpear aún más la economía de los trabajadores. El desafío para el movimiento obrero presenta dos obstáculos: el primero es recuperar la pérdida del poder adquisitivo, que fue absorbido por la inflación, mediante la negociación de las paritarias y por otro lado, una verdadera unión de los sindicatos del cordón industrial dejando las diferencias de lado, una dificultad que aún no pudo ser revertida. 

Jesús Monzón

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