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Ni Una Menos y el caso Cristian Aldana

El 12 de julio de 2019, Cristian Aldana, líder del grupo El Otro Yo, fue condenado a 22 años de cárcel por abuso sexual gravemente ultrajante en concurso ideal con corrupción de menores en cuatro oportunidades. La difusión del caso, que había comenzado cuando Ariell Carolina Luján, una de las denunciantes, publicó un video en el que contaba los abusos que sufrió por parte del músico, disparó la creación del blog “Ya no nos callamos más”, en el que víctimas de abusos por parte de músicos publicaron sus testimonios, algo que para la autora de Brilla la luz para ellas, Romina Zanelatto, demuestra “que las violencias nunca son individuales y aisladas; están enmarcadas dentro de un sistema de opresión machista”.

¿Creés que el surgimiento de Ni Una Menos en 2015 fue un acontecimiento decisivo para que las jóvenes se animaran a denunciar públicamente los abusos sexuales perpetrados por músicos de rock? Y también: ¿Fue el caso de Cristian Aldana otro gran detonador?

—No me caben dudas que Ni Una Menos fue una toma de conciencia colectiva sobre las violencias que sufrimos las mujeres e identidades feminizadas. Y demostró varias cosas: que somos un cuerpo político, que las violencias nunca son individuales y aisladas, están enmarcadas dentro de un sistema de opresión machista, y que no estamos solas, somos muchas, y somos fuertes.

¿Cómo evaluás el tratamiento periodístico del caso Aldana?

—El caso de Cristian Aldana impactó en el rock, en principio porque era un secreto a voces y porque destapó que esas vinculaciones tan naturalizadas podían ser acciones de profunda perversidad y violencia. Impactó por la gravedad de los delitos. Después creo que la conversación social giró en torno a la consigna Ya No Nos Callamos Más, no tanto en el caso de Aldana en sí. Creo que al periodismo le costó cubrir este tema y adaptarse a las conversaciones nuevas que se planteaban. Dejó en descubierto que las redacciones son manejadas por varones blancos hétero cis, y que no tenían ni noción de sus privilegios ni conversación o diálogo con otros grupos de la sociedad. La falta de periodistas feministas fue alarmante en esos días, nos salieron a buscar cuando ya se habían mandado suficientes cagadas. Algunos medios sólo nos buscaron para quedar bien esos días, otros entendieron sus falencias y nos dieron espacios de manera permanente a través de colaboraciones. Sin embargo, en las redacciones siguen siendo todos varones.


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