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Cultura

Salas y teatristas locales, entre la inactividad, el streaming y las estrategias de sobrevivencia

El aislamiento social decretado ante el avance del virus Covid-19 detuvo la profusa actividad teatral independiente de Rosario. La imposibilidad de realizar funciones puso a las salas en una situación crítica. Si bien algunas recibieron ayuda económica de parte del Estado nacional, esos recursos se agotaron rápido. En las últimas semanas algunas de esas salas retomaron el dictado de talleres bajo estrictos protocolos e incluso algunas de sus obras se ven vía streaming. Sin embargo, eso no alcanza para solventar los gastos que tienen que afrontar. El mayor deseo es volver como, era antes, con el teatro como un acto en vivo.

Algunos referentes del ámbito teatral local le ponen voces a la difícil situación provocada por la pandemia.

Romina Mazzadi Arro, dramaturga y directora de la sala Espacio Bravo, afirma que en líneas generales la actividad está completamente paralizada desde marzo: “La pandemia afectó de manera completa porque se cerraron todas las salas. Hay muchas que alquilan los lugares donde funcionan; otras, como Bravo, pagan créditos; todos los espacios pagamos impuestos, servicios, seguros. Algunas tienen personal, en el caso de Espacio Bravo la atendemos nosotras”. Y agrega: “Hay gente que vive de los talleres. Son muchos meses sin apertura al público, está bastante complicada la situación”.


Romina Mazzadi Arro, dramaturga y directora de la sala Espacio Bravo.

Laura Copello, actriz, directora de la sala La Manzana e integrante de la Asociación de Teatros Independiente (ATIR), sostiene por su parte que los trabajadores de las artes escénicas quedaron fuera de agenda y que el aislamiento puso en juego el sentido de los espacios, sin poder llevar adelante ninguna actividad: “No hay funciones de teatro, no hay talleres, no hay fiesta nacional, suspendemos ensayos”. Dice que la pandemia los encontró a todos los trabajadores del teatro “dispersos, perplejos y desolados. En general, atrapados en lo desigual, la falta de regulación, la informalidad y la precarización de nuestras prácticas”. Y afirma: “Nuestra actividad se sostiene con cuerpos vivos, en vivo. Ni teletrabajo ni teatro online”.

Con respecto a la ATIR comenta que la entidad se sostiene solidariamente intentado pensar trabajos a futuro, compartiendo ideas, propuestas, contactos, y que peticiona el apoyo del Estado.


Laura Copello, actriz, directora de la sala La Manzana e integrante de la Asociación de Teatros Independiente.

Otra de las salas afectadas es La Morada, que este año está cumpliendo veinte años y pensaba celebrarlo, según cuenta su director, el dramaturgo Gustavo Di Pinto: “Venía de festejo este año, junto con los 25 años de Esse Ese Percipi, grupo fundador y gestor del espacio”. Su teatro, como la mayoría de las salas independientes de Rosario, tiene una programación anual, junto con el dictado de talleres, que se desarrolla con mayor afluencia de público de abril a noviembre. Por lo tanto, la cuarentena decretada en marzo los dejó en una situación de gran vulnerabilidad: “No sólo desde lo económico, ya que funcionamos en un espacio alquilado, sino también en cuanto a lo emocional, porque como artistas no sabemos cuándo podremos volver a trabajar y desarrollar nuestros proyectos”, manifestó.  “Estábamos a punto de estrenar un nuevo trabajo, dos ciclos ya organizados con elencos de distintas regiones del país que comprometieron su participación. Hoy en día no tenemos fecha probable para la realización de estas actividades, así como otras programadas de otros elencos”, agregó.



En un tono más reflexivo, Aldo El-Jatib, dramaturgo y director de la sala El Rayo Misterioso, afirma: “La pandemia vino a obligarnos, mucho más allá del teatro, a redireccionar los valores como seres humanos. Si se quiere, nosotros venimos funcionando desde hace rato como la pandemia le pide a la sociedad que funcione en este momento; vivir con lo que verdaderamente se necesita y no mucho más que eso, llevar adelante un proyecto trabajando en equipo, y la pandemia vino decirnos esto como sociedad”. Pero puntualmente, sobre cómo atraviesan está situación, comenta que se ven afectados: “Nosotros necesitamos compartir lo que hacemos con los demás, forma parte del ciclo”. Además, esta es una de las actividades más comprometidas y será una de las últimas en volver”.


Aldo El-Jatib, dramaturgo y director de la sala El Rayo Misterioso.

La ayuda del Estado


Históricamente, la actividad teatral cuenta con el apoyo sostenido y diagramado por la Ley Nacional de Teatro, mediante el Instituto Nacional del Teatro (INT). Al comienzo de la cuarentena se implementó el Plan Podestá, un aporte económico especial para salas y elencos independientes que tienen gastos considerables, y que sin el desarrollo de actividades no los pueden afrontar porque sus únicos ingresos son los subsidios, las funciones y los talleres.

“Esa ayuda de emergencia del INT fue muy útil, pero ya pasaron cinco meses desde ese momento, y al no tener ninguna actividad que genere dinero, se vuelve a sentir la necesidad”, comenta Mazzadi Arro.

Por su parte, Copello apunta contra los aportes provinciales y municipales: “No alcanzan los concursos o el reparto de lavandina y alcohol”, dice, a propósito del kit sanitario que otorgó la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad. Propone un plan articulado entre los distintos niveles del  Estado para sostener a futuro esta actividad, mediante exenciones tributarias, tarifas de servicios diferenciadas y una Ley Provincial de Teatro que asigne un presupuesto para generar actividades en forma democrática. “Ser visibilizados como trabajadores de la cultura”, reclama.



El streaming no es teatro


En tiempos de pandemia se busca igualmente mantener vivo al teatro. Volver al encuentro con el otro, que es como se construye el quehacer teatral, por ahora no es una posibilidad. La tecnología permite hoy, mediante el streaming, asistir en casa a obras de teatro de manera online.

Para Di Pinto producir teatro es imposible desde el momento en que no se pueden reunir para ensayar, y mucho menos encontrarse con el público: “Podremos tener reuniones de producción, hacer dramaturgia, estar cerca de la actividad en formas muy creativas, pero no producirlo”. Sobre el streaming dice que esa posibilidad resulta muy atractiva para dar a conocer el trabajo que realizan los actores y darle difusión, pero que eso “no es teatro”.

“Hay toda una especie de discusión de si el streaming es teatro. Yo creo que por definición el teatro es un acto en vivo. Es algo que ocurre en ese momento, con el público ahí, función a función”, dice Mazzadi Arro sobre el tema. Y aporta que el streaming es valioso en la medida que pueda generar algún recurso a los actores, pero que no es el teatro “como uno lo entiende. El streaming es una cuestión de la contingencia, una solución entre comillas”, sostiene.

Algunos actores y directores volvieron a sus teatros para dar clases con un protocolo estricto, cuenta Copello. Y comenta que se hacen vía streaming intercambios sobre los modos de producir. Utilizan las modalidades online para formarse, para diseñar proyectos a futuro.

El-Jatib cree que es un buen momento para aprender a utilizar las herramientas tecnológicas porque a través de las redes, dice, “nos podemos conectar con gente que quiere desarrollarse a través de lo mismo, en este caso el teatro como arte. En eso estamos, trabajando para expandir virtualmente los 26 años de actividad permanente”.

La actividad del grupo El Rayo no se detuvo durante la cuarentena, editaron un libro y están ensayando un nuevo espectáculo. Pero claro, como dice el propio El-Jatib, “hay que tener ciertas condiciones, como por ejemplo tener un espacio propio y un grupo firme de trabajo que se dedique enteramente a este proyecto para poder hacerlo. Si no, en estos tiempos sí que se hace un poco difícil”.



Una cuestión de fe


El deseo de volver a habitar las salas es muy grande para quienes trabajan y viven del teatro. No existen protocolos decretados aún que permitan el desarrollo de las funciones con público presente. Y tampoco hay un plan inmediato para la apertura de los espacios.

Hay mucha incertidumbre sobre cuándo y cómo podrán reabrirse. Las salas de teatro independiente de Rosario tienen una capacidad de entre 30 y 120 espectadores, y para Copello la posibilidad de funcionar al 50 por ciento “los deja en un lugar incierto”.

El-Jatib cuenta que desde El Rayo Misterioso piensan constantemente cómo activar nuevamente las actividades sin romper los protocolos. “En nuestro caso, al no ser actividades masivas, cuando tenemos mucho público son 60 personas, por lo que hacer una función para 30, donde podríamos tranquilamente mantener la distancia entre el público, sería algo hasta normal” afirma.

“No hay un plan inmediato para volver a las salas con público”, asegura Mazzadi Arro, aunque se esperanza con volver a las actividades con la llegada del verano. “Seguramente con mucha menos capacidad, lo cual hay que ver si a nosotros nos resuelve el problema, porque nuestras salas tienen un promedio de 50, 60 personas, trabajar a un 20, un 30 ciento, significa trabajar con 15 espectadores, que no es lo más conveniente”, agrega.

Di Pinto también se esperanza con volver pronto: “Quizás con menor afluencia de público en las salas, quizás siguiendo protocolos especiales”.



El incierto después


Pensar una escena teatral sin público no está dentro del imaginario de los que viven de esta actividad. El teatro es el encuentro entre el actor y los espectadores. “El teatro es el arte de los cuerpos vivos”, dice Laura Copello, pero, ¿cómo será una vez que pase la pandemia?

Gustavo Di Pinto cree que “el teatro, sus hacedores y su público van a hacer la fuerza suficiente para su recuperación, incorporando estas nuevas herramientas que nos apuró a incorporar la pandemia”.

Para Aldo El-Jatib es difícil imaginar en qué va a derivar todo, incluido el teatro, cuando se vuelvan a acomodar un poco las cosas. Pero “seguramente —dice— todo va a ser bastante diferente a lo que conocemos hoy”.

El deseo de Romina Mazzadi Arro es “que sea el teatro como era, que la pospandemia signifique realmente una vuelta a la normalidad, para poder volver al teatro como nosotros entendemos que es el teatro: el encuentro con el otro”.

Copello piensa que el regreso a la actividad será muy lento cuando se levante la cuarentena. Y a modo de manifiesto dice: “Sabemos que sólo nuestra presencia en los espacios hará que volvamos a hacer teatro. Hacemos teatro. Producimos, gestionamos y enseñamos para intentar construir otro mundo dentro de éste”.


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