Se negoció todo: la clave para que en un Concejo ultra fragmentado reine la paz



Redacción Suma Política


Veintiocho concejales y catorce bloques. Fragmentado pero en armonía. Así está el Concejo Municipal de Rosario, donde imperan los acuerdos, incluso para autorizar siete bloques unipersonales, que no están contemplados en el reglamento interno salvo para situaciones especiales que ahora no se dan, y con detalles nunca antes registrados: hasta la presidenta tiene su propio monobloque y de las reuniones que ordenan los temas de las sesiones participan la mitad de los ediles, por lo que duran entre cinco y ocho horas.

Pero las negociaciones tuvieron de todo: la asignación de las vicepresidencias para sectores políticos menos representados, el otorgamiento de cargos por afuera del Concejo, la integración y creación de nuevas comisiones (Planeamiento tiene tres de sus siete miembros provenientes de una sola bancada) y el silencio sobre temas otrora sensibles, como los cambios que se proponen para la edificación en Rosario o la explotación industrial en el área frutihortícola de la ciudad. Como demostración de que los bloques de un solo edil fueron una herramienta de negociación, baste decir que en Santa Fe hay diecisiete ediles y sólo dos bloques unipersonales, y en Córdoba de treinta y un concejales sólo tres hicieron monobloque.

Desde diciembre de 2019 no hay obstáculos en la vida interna del Concejo. Cuando se eligieron las nuevas autoridades y juraron los nuevos concejales se selló un pacto de armonía que suscribieron la mayoría de los ediles, incluidos extremos tan antagónicos como un sector del macrismo y Ciudad Futura, además de kirchneristas de La Cámpora, radicales y socialistas de distintas opiniones. Sólo quedaron afuera los ediles de Juntos por el Cambio que responden al diputado Federico Angelini, y los del Frente de Todos.

“Demasiado amplio para durar”, sostienen los detractores de este esquema que apunta a ser revalidado a fin de este año con la renovación de autoridades, en el que la mayoría descuenta que María Eugenia Schmuck seguirá como presidenta.

Como siempre, hay voces a favor y en contra. “Con ese número coincidiendo en un pacto de gobernabilidad es bastante fácil lograr la mitad más uno que se necesita para el quórum y hasta para alcanzar la mayoría reglamentaria requerida para aprobar algo. Por eso —destacan— no hay ahora tantos debates ni peleas, salvo las internas. Pero a la vez este pacto le restó vida al Concejo, ya nadie sabe ni cuándo hay sesión, porque los proyectos que se aprueban no son trascendentes para la gente. Todo es un acuerdo entre ellos”, dicen los más críticos.



La primera manifestación de este acuerdo fue la designación de autoridades del Concejo. María Eugenia Schmuck como presidenta era más o menos previsible —más allá de haber perdido la primaria con Susana Rueda—, por ser la principal espada política de Pablo Javkin. Aunque el rol con el que desempeñó el cargo hasta ahora no es aceptado por todos. “Se parece más a una presidenta de las Naciones Unidas”, dicen los que le cuestionan su sesión en las islas cuando arreciaba el fuego, la campaña por el año de Belgrano o la utilización del frente del Palacio Vasallo para las manifestaciones sobre el aborto.

Lo que fue una novedad fue la elección de la vicepresidencia primera, que le hubiera correspondido al peronismo, y se la llevó Roy López Molina para Cambiemos, espacio político que si no fuera por su acérrima división interna podría ser actualmente la primera minoría.

A Roy le reconocen haber conseguido en esa negociación otros cargos por afuera del Concejo, como el del ex diputado provincial Sergio Mas Varela y la continuidad de la ex edil María Julia Bonifacio al frente de la Oficina Municipal del Consumidor.

La segunda expresión de esas negociaciones que llevaron a Schmuck a la presidencia fue la integración de las doce comisiones que ahora tiene el Concejo, donde el reparto pareció respetar el orden de importancia que se les suele asignar internamente a las cuatro más decisivas: Gobierno (la preside la vicepresidenta segunda Marina Magnani, de La Cámpora); Planeamiento (la preside María Fernanda Gigliani, de Iniciativa Popular, también desprendimiento del PJ); Presupuesto, y Servicios Públicos (en manos de dos que fueron electos por el Frente Progresista, Lorena Carbajal y Fabrizio Fiatti).

“Más que la presidencia de las comisiones, lo que importa es la integración, porque ahí se asegura el manejo y la mayoría”, afirma un ex edil que conoce el paño y reconoce que en general esas dos situaciones suelen coincidir.

Por su lado, Ciudad Futura no se anduvo con chiquitas y pidió la creación de una comisión nueva para su sector, con lo que el Concejo pasó de tener once a doce comisiones desde este acuerdo. Es la de Feminismos y Disidencias, que conduce Caren Tepp. Podrá no tener tanta jerarquía en la consideración interna del Concejo, pero para el sector que la maneja es un nuevo espacio de militancia política y representa una de las demandas de sus votantes.

En ese toma y daca, esta bancada tuvo que votar a favor de la designación de los nuevos directores del Banco Municipal, algo que, de haber repetido decisiones de años anteriores, hubiese rechazado de plano. El acuerdo del Concejo trae beneficios pero también obliga a arriar algunas banderas.



Planeamiento, la comisión sensible


Planeamiento no es una comisión más en el acuerdo. Fue la pista de aterrizaje de la parte más sensible de ese pacto no escrito. Por eso quedó con una situación bastante particular. De sus siete integrantes, tres pertenecen al bloque que preside Roy López Molina, y a la vez son todos los ediles que tiene esa bancada. “Si tuviera más, sería mayoría”, comentan con sorna. No hay ahí contrapesos de referentes de otros sectores políticos, aunque desde el vamos perderían valor a manos de la rápida mayoría de cuatro votos que logra esa comisión con ese bloque orientado por el Pro.

Por su incumbencia no se trata de una comisión cualquiera. Es donde se discute lo relativo al Código de Edificación, al Plan Regulador de la ciudad, las urbanizaciones y la aplicación de los planes urbanísticos en todas sus derivaciones. “Se trata de una comisión sensible y ahí Cambiemos tiene un poder omnímodo. Con una firma más a la de ellos tres, tienen la llave para excepciones, por ejemplo”, detalla un crítico del reparto que se hizo.

Este año, cuando la pandemia estaba en sus inicios, ya hubo un ensayo de lo que puede pasar con este esquema donde todos piden algo y nadie hace tanta oposición.

El intendente Pablo Javkin anunció que enviaría al Concejo proyectos para modificar las normas de construcción en Rosario. Uno permitiría ampliar la dimensión de los balcones y otro aumentar la altura de las plantas bajas de los edificios. También se proyecta bajar las exigencias actuales de hacer cocheras en nuevas construcciones. Cualquiera de estos asuntos, en tiempos de contrapeso político normal provocarían intensas discusiones, pero a partir de este pacto político prometen salir con silencioso consenso.

Hasta sorprendió la escasa reacción de algunos concejales que se habían mostrado más sensibles con el tema ambiental, ante otra iniciativa del Ejecutivo que propicia la reconversión en uso industrial de una considerable área del sudoeste de la ciudad donde ahora se practica horticultura y que forma un corredor agroecológico. Hubo tibias protestas apagadas por la pandemia.

“Hasta los más críticos hoy están más tranquilos con este acuerdo”, se comenta con ironía por los pasillos del Palacio Vassallo.



Cambia hasta el reglamento


En este marco de concesiones, podría decirse que en el Concejo un bloque unipersonal no se le niega a nadie. Y cada vez son más los que piden uno. Ni la presidenta del cuerpo da el ejemplo. María Eugenia Schmuck entró al Concejo en el segundo lugar de la lista del Frente Progresista que encabezó Susana Rueda. Pero apenas asumieron, las dos pidieron bloque propio. Uno se llama “Radical” y el otro “Rosario Progresista”.

Quedó claro que los acuerdos políticos pueden todo, incluso modificar el reglamento interno de funcionamiento. El del Concejo no contempla la posibilidad de bloques unipersonales, que sólo existen por una decisión de la Presidencia.

Dice el reglamento: “El Concejo reconoce como bloque, con las prerrogativas que eso significa, únicamente a los integrados por dos o más concejales que se reconozcan como pertenecientes al mismo partido o alianza electoral”.

Prevé una única salvedad: “Cuando un partido o alianza electoral existente con anterioridad a la elección de los concejales tenga un solo concejal en el Concejo, podrá el mismo actuar como bloque”.

¿Por qué interesa tanto tener un bloque unipersonal? Desde el punto de vista económico no hay tantas ventajas: le corresponde un secretario de bloque, que de lo contrario no tendría, y tal vez pueda lograr algún contrato más que el resto, que tienen bloque compartido. “Aunque eso siempre se negocia con la Presidencia y es probable que consigan más los bloques aliados”, comenta un ex edil de otros tiempos. “Es un tema de egos, de pretendida participación política y a la vez un absurdo total”, remata.

Desde el aspecto político, los presidentes de bloque ganan en participación, ya que son los que asisten a las reuniones de labor parlamentaria, en las que se ordenan los temas que se tratarán en la sesión y se acuerdan cuestiones administrativas. Antes, esas reuniones duraban una hora y media promedio y ahora insumen entre cinco y ocho horas. Es que como participan catorce concejales es casi una mini sesión, que asegura que lo que se “cocina” sale aprobado.

Al parecer el tema de la debilidad por los bloques propios nació hace varios años a raíz de alguna pelea que provocó la división de dos integrantes de un bloque que habían llegado por la misma lista. “Al menos antes había discusiones y debates”, se lamenta un concejal mandato cumplido.

Más allá de la fragmentación entre bloques, este nuevo acuerdo de convivencia le permite al Concejo funcionar en armonía. “Cada uno se tiene que tragar algún sapo pero a la vez sabe que puede negociar algo a favor. Y así la nave va”, confiesan desde adentro del cuerpo donde no están todos conformes.

Un motivo de enojo fue el pretendido descuento de sueldos que se hicieron los concejales por la pandemia: “Dijeron que la reducción iba a ser del 30 por ciento mensual y no es así. Es de 30 mil pesos por dieta, de 130 mil a 100 mil. Si se hubiera reducido el 30 por ciento, el ahorro sería de casi 45 mil pesos por mes por concejal. Y en estos meses de pandemia hubiese representado un ahorro de varios millones más”.

Y cargan la bronca contra el personal político del Concejo. “Ahora se da la particularidad que un secretario de bloque, que gana el 70 por ciento de un concejal, cobra igual que un edil por la reducción de las dietas. Y otros que quedaron beneficiados son los integrantes del gabinete político (secretarios parlamentarios y administrativos), que hoy ganan más que los propios concejales porque los sectores del acuerdo se negaron a bajarles el sueldo”.

La armonía también tiene sus grietas.


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