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Política

Secretos bien guardados: por segunda vez, el silencio de la Legislatura le dio otra gestión a Biagioni

Se dice que en la Comisión de Acuerdos de la Asamblea Legislativa, cuando le tocó defenderse de las objeciones y las acusaciones en contra de su postulación para continuar como vocal del Tribunal de Cuentas, Oscar Biagioni lloriqueó, en medio de la entrevista con preguntas que le formularon diputados y senadores. También, que el hombre es de lágrima fácil, pese a su carácter difícil. Y que suele emocionarse en los discursos en público o las conversaciones personales al recorrer su trayectoria.

Es precisamente ese periplo por la administración pública provincial que comenzó en 1974, por los antecedentes y por la información sobre el Estado y respecto de quienes lo conducen, que para sí supo ganarse y recolectar a lo largo de los años, lo que explica que dos veces el Poder Legislativo de Santa Fe haya convalidado su pliego sin votarlo, es decir, de manera ficta: por el simple paso del tiempo. Por el silencio de la mayoría de los legisladores.

El de Biagioni es el primer caso en la historia política reciente de Santa Fe. Ningún otro nombre propuesto por la Casa Gris contó con una sanción ficta repetida, es decir, por el mero cumplimiento del plazo de un mes previsto por la Constitución, con la Legislatura en silencio sobre el ahora nuevamente vocal. 

La primera, en 2016, pudo parecer una simple desprolijidad de las cámaras. No contó con todos los honores que el cargo merece y algunos se animaron a comentar por lo bajo que esa era una forma de entrar “por la ventana”. Aquella vez hubo algunas peleas políticas en torno a su nombre, y el antecedente del retiro de su pliego un año antes, pero nada más. Ahora, en esta también exitosa segunda postulación, podría agregarse a la figura de “la ventana” que además ha sido dañado el picaporte.

La Comisión de Acuerdos lo entrevistó el 6 de octubre y fue convocada para que el miércoles 13 produjera un dictamen. Pero no lo hubo. Apenas cuatro integrantes estuvieron presentes de los doce que la conforman. No hubo quórum y al día siguiente pasó lo mismo con la sesión virtual de la Asamblea Legislativa. 

Tampoco hubo transmisión en vivo de la reunión fallida, ni siquiera del momento en que se tomó asistencia y se la dio por fracasada. A los periodistas que pretendieron cubrirla de manera remota solo les llegó una lista de presentes provista por los servicios oficiales de difusión y otras hechas por legisladores participantes. Hubo dos senadores y veinticinco diputados. Entre los  primeros, el radical Germán Giacomino y el justicialista del Nes Rubén Pirola que como presidente provisional del Senado tuvo a su cargo la presidencia, por la ausencia de la vicegobernadora Alejandra Rodenas. 

Al presente lo dieron sobre todo los socialistas y sus aliados, y algunas mujeres del justicialismo. 

De los jefes de bloques de ambas cámaras solo estuvo en el recinto el diputado radical frentista Fabián Palo Oliver, que fue quien pidió públicamente al gobernador Omar Perotti que retire el pliego de Biagioni al saber y al documentarse sobre malos tratos al personal, según dos empleadas denunciantes. Quedó claro que si el radicalismo de Evolución hubiera asistido se llegaba al número necesario. De todas formas, de ahí a un rechazo el trecho hubiera sido largo y requerido de dar un paso inédito: que la Asamblea Legislativa se constituyera en comisión porque no había dictamen (todo un desafío para los estudiosos del reglamento).

Sin grieta

Quiso tener el consenso de todos los bloques y ser designado vocal por sobre la grieta. Confiaba en que pese a todo el gobernador finalmente enviaría su pliego y así ocurrió, pese a que había sido uno de los asesores principales del senador Armando Traferri, entre 2011 y 2015, cuando el socialista Antonio Bonfatti ya no lo tuvo en cuenta para el ministerio de Seguridad.

También pensó que gozaría de la aprobación de la mayoría opositora explícita en Diputados, que es determinante para la suerte de cualquier pliego. Le quedaron buenas vinculaciones con el Frente Progresista de sus años como colaborador del gobierno de Hermes Binner (era uno de los funcionarios de la llamada “pata peronista” en aquel armado, al igual que el entonces diputado Marcelo Brignoni o la secretaría con que contó Luis “Piojo” Pfeiffer, hoy a cargo de la TV  pública santafesina). De aquella mixtura proviene el presidente de la Cámara de Diputados, Pablo Farías, que fue ministro de Desarrollo Social de Binner y luego se integró sin titubeos a las gestiones siguientes. El ex concejal de Santa Fe, que en los 90 fue asesor del Frepaso en el Congreso de la Nación, estuvo presente en el recinto y aportó al intento de alcanzar el quórum.

Datos sensibles

Biagioni había demostrado su fidelidad para guardar los datos que puedan haber sido sensibles a esas gestiones, con sus dirigentes ya fuera del poder. Eso parecía una carta de presentación más que suficiente.

Entre 2007 y 2011 fue el subsecretario de Coordinación Técnica Administrativa  del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos del primer gobierno provincial del FPCyS, como antes lo había sido en un cargo similar del peronismo en distintas oportunidades y en una quincena de otras funciones.

En tiempos del justicialismo o de una parte del progresismo le tocó autorizar o rechazar los números y los pedidos de gastos que le presentaba la Policía.

Jorge Obeid, en su segundo mandato, le dio la espalda. Se dice que su papel como funcionario de intervenciones federales en Catamarca y Corrientes influyó en esa decisión.

Defensa

A los legisladores les dijo que todas las acusaciones respecto de su conducta como jefe, y los supuestos malos tratos al personal, en especial a las mujeres, provienen de una interna sindical. Que el haber bregado por los derechos laborales de los empleados, por su convenio y escalafón, había desatado el enojo de otros gremios que perdieron a esos afiliados. Y esa explicación pareció suficiente para la enorme mayoría de los senadores. ¿Fue Biagioni un nombre pedido por los justicialistas en la Cámara alta al gobernador?

Un lugar de poder

El efecto en los medios de una observación del Tribunal de Cuentas tiene el mismo valor que el juicio de un tribunal ordinario, siempre en términos de su repercusión pública. Acaso el visto bueno del controlador sobre el tan polémico decreto de Perotti que otorgó sin licitación el juego online a los casinos en funcionamiento haya tenido que ver con el envío de su pliego, o la licitación sospechada de direccionamiento para la compra de armas en tiempos de Marcelo Sain como ministro de Seguridad.

Lecturas

El dato más interesante que dejó la sesión del jueves 14 es que solamente un presidente de un bloque, más bien chico, estuvo en su banca en el recinto de la Cámara baja. Fabián Palo Oliver es quien además públicamente pidió al Poder Ejecutivo que se diera marcha atrás, ante las graves acusaciones laborales contra Biagioni. También consideró las conversaciones privadas entre el entonces presidente del Tribunal con un jefe de la Policía investigado por corrupción, que se ventilaron en un juicio contra el uniformado. En esa escucha, Biagioni ofrece ayuda al comisario Rafael Grau.

Se diría que cuanto mayor poder se tenga o se haya tenido, mayor fue la disposición a no oponerse abiertamente a que Biagioni siga en su sillón. 

Por el bronce

La presidencia del Tribunal de Cuentas era rotativa entre los vocales y así esa función cambiaba cada año hasta que, junto con la aprobación de mejores condiciones laborales y la modernización normativa, también se terminó con aquella disposición. De ahí en más no habría más trabas para un mandato  extendido del presidente. Y no solo eso. También terminaría otra obligación normativa que ni en los tiempos de la dictadura militar se había roto. La Constitución fija un mandato de 6 años. Pero la ley ahora dice que puede extenderse hasta que haya un reemplazo para los vocales que cumplieron ese plazo, a fin de que el órgano de control pueda seguir funcionando y no quede acéfalo.

Por esa razón, Biagioni seguía como vocal aunque su mandato se hubiera cumplido.

Parece una broma de oficina, pero algunos se tomaron muy en serio las palabras del contador que a diario les repetía que iba “por el bronce” en su gestión. Con esa consigna alguien colocó cerca del despacho de Biagioni una caja grande adonde iban a parar objetos de ese material: llaves inútiles, ceniceros sin uso y adornos ya no muy apreciados fueron llenándola, pero cuando comenzaron los problemas por las denuncias de maltratos laborales a dos empleadas la inusual colecta para el busto concluyó, o solo se postergó.

En cambio, hubo recientemente también en uno de los escritorios que rodean a Biagioni otra acción iniciada desde arriba para los empleados: la firma de un petitorio a favor de su continuidad, ante las impugnaciones de la Mesa de Mujeres por la Paridad y los comunicados de Ni Una Menos. El comentario es que había ahí, a metros de su atenta mirada, dos listas que continuamente se actualizaban: una con los nombres de los que habían firmado y otra con aquellos que no.

Más allá de esos métodos tan comentados, se sabe que buena parte del personal actual del Tribunal de Cuentas es producto de titularizaciones que estuvieron demoradas por años y por nuevos nombramientos que tienen la firma de “el Cabezón”. Y que hay apellidos ilustres (de hijos y parientes) que figuran entre las nuevas incorporaciones. No es poco rubricar resoluciones que digan “desígnase” para un familiar directo de varios legisladores o de un integrante de la Corte nacional.

Tres lapiceras

En su lugar de trabajo tiene un retrato de Juan Manuel de Rosas, sobre el escritorio tres lapiceras y la compañía segura de un atado de cigarrillos. Es de los que fuma y hace fumar.

Quienes no lo quieren dicen que tiene su propia Mazorca que lo mantiene al tanto de todo lo que pasa en el Tribunal.  Y que su conducción es la de un líder que tiene mal carácter y exige, pero también —como aquel caudillo— premia y protege bajo el sino de un extremo personalismo. Tal vez por eso haya dejado un buen recuerdo en la Policía.

Con sus 65 años y su carrera por lugares clave de la administración y el control, probablemente ya no sienta que le deba su lugar a otros. Y hay rumores sobre una obsesiva colección personal de copias de decretos y resoluciones de distintas gestiones.

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