Sordos ruidos: en el Partido Socialista no quieren saber nada del frente con el PRO


Antonio Bonfatti, Eduardo Di Pollina y Rubén Giustiniani, señalados por el PRO

Ricardo Petunchi


El armado de un Frente que aglutine a toda la oposición santafesina para enfrentar al peronismo choca hoy con un escollo insalvable: el rechazo del Partido Socialista. “Nosotros estamos en las antípodas del PRO, no tenemos nada que ver con ellos”, dice uno de los dirigentes con más trayectoria y peso en el socialismo. No solamente descarta un camino conjunto para las elecciones de este año y las de 2023, sino que además está convencido de que el ex gobernador Miguel Lifschitz no se irá del partido para sellar un acuerdo con el PRO y el radicalismo. “Es inviable”, asegura tajante.

Ese mismo dirigente les atribuye la movida para armar un frente de frentes a “algunos pícaros que se quieren ir acomodando, tratando de forzar las cosas para tener cargos”, y deja una sentencia: “No cuenten con nosotros para eso”. También aclara que no es una definición personal: “Hablo todo el tiempo con los compañeros y esa es la posición de la inmensa mayoría”.

Para demostrar que no sólo se trata de diferencias en el plano de las ideas, recuerda que el PS intervino en su momento la federación socialista de la Ciudad de Buenos Aires porque había abrochado una alianza con el macrismo. “La intervención fue una decisión del comité nacional, que tiene 25 miembros con representantes de todo el país. Todas las federaciones que votaron estuvieron en contra del acuerdo, menos la de Caba, que lo había firmado”.

La posición política del PS no sorprende puertas adentro de Juntos por el Cambio, donde saben que tanto referentes como militantes socialistas no se imaginan compartiendo con ellos un frente. Sin embargo, creen que hay una chance todavía de mantener la iniciativa a flote. “Lifschitz tiene que tomar la decisión de liderar un proceso interno en su partido en favor del acuerdo”, repiten convencidos. De todas maneras, admiten que, aún en ese caso, no será una tarea sencilla. “Antonio Bonfatti, Eduardo Di Pollina y hasta Rubén Giustiniani, que ya no está en el partido, son los que operan para frenar el acuerdo”, enumeran y les ponen nombre propio a los que consideran sus adversarios más enconados.


Santa Fe Ciudad

En Juntos por el Cambio no se resignan a que la idea se caiga. Aseguran que el socialismo, el PRO y la UCR comparten un electorado que no sería refractario a un frente entre todos ellos, “salvo un pequeño porcentaje que podría caerse por los extremos, tanto de nuestro lado como del PS”. Por eso, evalúan que “si vamos juntos, el electorado que votó a Bonfatti o a Corral, a Macri o Lavagna, difícilmente termine optando por el kirchnerismo”.

Entre los impulsores del frente opositor los nombres de Bonfatti, Di Pollina y Giustiniani no son los únicos apuntados. Aseguran que tanto el gobernador Omar Perotti como el intendente Pablo Javkin están moviendo sus fichas para plagar de espinas el camino de un eventual acuerdo opositor.

Mientras buscan un destino común que les permita enfrentar al peronismo en la provincia, no todos coinciden respecto a lo que quiere hacer el ex mandatario provincial. Están los que aseguran que Lifschitz es “el más entusiasmado con ser candidato a senador este año y a gobernador en 2023” y otros, más cautos, advierten que “Miguel no sólo tiene en contra a su partido sino que él mismo tiene contradicciones” respecto a cómo mover sus fichas.


Nada en común


Más allá de las expectativas que mantienen los armadores radicales y macristas, el socialismo es totalmente refractario a la idea. “El Frente Progresista tiene un proyecto: si uno mira el 2003, 2007, 2011, 2015 y 2019, siempre hubo un programa para gobernar la provincia, está todo escrito. Nosotros empezamos siendo tres partidos, hoy somos ocho. Y se han sumado a ese proyecto organizaciones de todo tipo a lo largo de los años”, describe otro hombre del socialismo con largo recorrido en Rosario y la provincia.

Se encarga de dejar en claro que las diferencias son políticas, ideológicas y programáticas. “Que nosotros vayamos con el PRO es juntar el agua con el aceite. No se trata sólo de ganar las elecciones. Está la experiencia de la Alianza Santafesina, se gobierna con proyectos. Y si no tenés proyectos se nota, como le pasa a Perotti”, dispara a dos bandas.

Después pone las diferencias sobre la mesa. “Nuestros proyectos y valores no son los mismos”, dice para marcar la cancha. Y avanza en un detalle más minucioso y, a la vez, muy gráfico: “Nosotros defendemos el Estado, el PRO, reniega del Estado; lo mismo pasa en educación, el socialismo construyó 245 escuelas secundarias nuevas y Rodríguez Larreta anunció que le saca 375 millones a las escuelas públicas para dárselos al sector privado de la Ciudad de Buenos Aires”, tira de movida. Pero hay más en su discurso, que se puede suponer repite en cada uno de los zoom que habitualmente mantiene con dirigentes y militantes de la provincia. “Cuando hablemos de salud, qué vamos a hacer: respetamos el proyecto del Frente Progresista o hacemos negocios con la salud privada; apostamos a Ciencia y Tecnología o como Macri cerramos Ciencia y Tecnología. Y además, Ciencia y Tecnología para cambiar la matriz productiva del país o para que sigan haciendo negocios los sectores concentrados”. El remate de su razonamiento es previsible: “Es imposible coincidir con ellos. No tenemos nada en común”.

Los dirigentes socialistas que hablan en off y descartan de plano un acuerdo, no creen que Lifschitz vaya a dar un portazo al partido que lo cobijó durante toda su trayectoria política. Saben que macristas y radicales festejarían ese salto de Lifschitz como un gol en la final de un Mundial, pero no lo imaginan. “¿Y a dónde va? Te quedaste sin partido, olvidate, no hay futuro. Sin partido que te apoye, sin estructura, es inviable”, dicen confiados.



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Radicales y macristas saben que Lifschitz es una carta fuerte para las elecciones y están dispuestos a hacer concesiones para sumarlo. Ya no le reclamarán que apoye públicamente una candidatura presidencial de, por ejemplo, Rodríguez Larreta, sino que juegue con una opción que no sea funcional al kirchnerismo. Tampoco le van a pedir que profese fe en las ideas de Juntos por el Cambio, sino que apoye un consenso básico “que garantice la defensa de las instituciones de la República”. Los principales dirigentes están dispuestos a dejar de lado sus aspiraciones políticas para darle paso al ex gobernador. “Con Lifschitz adentro se reconfigura todo”, admite uno de los involucrados. “Si está adentro, lo de las candidaturas es lo más fácil de acordar”, insiste.

El tiempo, por ahora, no es un problema. “No nos ponemos plazos definitivos porque en 24 horas se puede resolver. Pero una situación ideal sería tener una definición en marzo”. El cierre de listas será en junio, las primarias (si es que se realizan) en agosto y las elecciones en octubre.

De todas maneras, hasta los más optimistas evalúan en estas horas un escenario sin Lifschitz en el equipo. “Vamos a seguir adelante igual. Hoy en Juntos por el Cambio está el 20 por ciento de la UCR, tenemos que sumar al resto del partido radical. Tener a los senadores provinciales, a los intendentes y a los jefes comunales nos daría una fortaleza territorial muy importante”, describen con lógica electoral. Pero tienen en claro que en ese caso saldrían a la cancha con el plan B, una especie de equipo muleto que puede dar pelea pero que no tendría a su figura estelar.


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