Tino y Tono, el programa infantil que inventó las carreras de cucarachas en televisión



Por Juan Mascardi | 01/08/2020

¡Vamos con los participantes de la última carrera de la mañana! ¡Adelante la cucaracha Pepa!

Guillermo Viola es un heavy light que se esconde detrás de unos anteojos con limpiaparabrisas y unos bigotes caseros que fabricó para que no lo reconocieran en la calle. Tiene un moño rojo, los pelos parados, húmedos y revueltos con gel a lo Cerati, un micrófono con cable, un sobretodo verde con rayas verticales y blancas que llega hasta las rodillas, un jean gastado, una camiseta elegante sport con trazos multicolores, gruesos y horizontales como las que usan los rugbiers. No tiene cinturón ni nariz de payaso. El calzado no aparece en el plano americano. Guillermo Viola es Tono. Luego de presentar a Pepa, la cucaracha número uno, anuncia la llegada de las participantes dos y tres: Pepe y Mastrángelo. Hay un pibe por cada cucaracha. Los tres rodean al cucarachódromo con estructura de letra U en declive. Pero antes del rally televisado en vivo hay espacio para la canción del pseudo espónsor que suena en playback:

Taborda cucarachicida

es el mejor insecticida

Cucarachicida Taborda

si no la mata

la engorda

—El cucarachicida tiene su nuevo envase de 250 gramos, contiene vitaminas C y D y viene en dos formas: en aerosol y en polvo. Auspicia este espacio y ahora sí, comenzamos la carrera de cucarachas.

En las grandes metrópolis de Argentina predominan tres tipos de cucarachas: la blatella germánica, la oriental y la americana. A la blatella germánica se le suele decir rubia, de las cocinas o simplemente la alemana. Tienen dos manchas negras, se esconden en pequeñas grietas y siempre esperan la noche para alimentarse. A la oriental le dicen la negra, aunque a veces son marrón oscuro. Se crían en alcantarillas, debajo de grandes piedras y en los huecos húmedos de los jardines. A diferencia de la rubia, la negra, no necesita tanto calor para la subsistencia. La americana es más grande. Hay especímenes que llegan hasta los ocho centímetros, son cobrizas, tienen alas, gran predilección por zonas calientes y húmedas, habitan en cuartos de calderas, en pozos colectores, recorren los edificios a través del cableado del teléfono, de internet o de la energía eléctrica. Las cucarachas son una de las plagas que más enfermedades transmiten debido a los lugares que habitan y a su alimentación en constante descomposición. Los expertos suelen repetir una frase: son fáciles de detectar y difíciles de erradicar. Pero ahora hay una carrera de cucarachas que está por comenzar. Yo tengo 13 años, flequillo, pantalones cortos, una gorra con la estampa de las olimpíadas soviéticas de 1980, una despedida pendiente con mis muñecos de He-Man y estoy mirando la tele. 


En el estudio de Canal 5 de Rosario hay bullicio atrás y adelante de cámaras. Tono se acomoda entre los dueños de las cucarachas que no están encerradas ni en frascos, ni en cajas, ni en peceras. Hay música circense. Los niños tienen las cucarachas en sus manos. Las cucarachas tienen nombres: Pepa, Pepe y Mastrángelo. Los pibes, no.

Es septiembre de 1987. El programa infantil Tino y Tono, la mañana de los chicos llega a la pantalla de Canal 5 de la mano de dos personajes: Tino: un caballo de trapo que Guillermo Viola bautizó en honor a su padre Celestino, un eximio músico que trabajó durante 21 años en LT14 de Paraná como pianista estable de la radio y quien le enseñó los primeros acordes al animador infantil.  El amigo del caballo es Tono, nombre elegido por similitud al equino de color anaranjado. Tono es un conductor desfachatado e incorrecto que, antes de la tele, fue timbalero de la Orquesta Sinfónica de Entre Ríos durante 11 años. Es una especie de heavy metal tierno que en vez de pisar pollitos en los escenarios es capaz de criarlos y ponerlos a hacer monerías en la tele. O a correr carreras.

En la tele, anuncian los resultados de las terceras elecciones legislativas desde la restauración de la democracia. Gana el Partido Justicialista con el 43,12% de los votos sobre el oficialismo: la Unión Cívica Radical con el 38,90% en medio de una desaceleración económica. El gobierno de Raúl Alfonsín suma desprestigio por la sanción de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final que ponen fin a los juicios contra los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura militar que se extendió desde 1976 hasta 1983. 1987 es también el año del robo de las manos a Perón, la profanación de la tumba del expresidente por la que pidieron 8 millones de dólares a cambio de su restitución. El país aún no había estallado en saqueos por la hiperinflación. En los aviones se podía fumar. En Berlín todavía había un muro. Rocky Balboa ya le había ganado la Guerra Fría a Iván Drago en los cines de la peatonal San Martín. Y en los estudios televisivos de Canal 5 se celebra la primera carrera de cucarachas de la historia.

“Si el ciclo tuvo un mérito fue el de llevar a cabo ideas innovadoras. Lo novedoso era hacerlo de una manera diferente a lo tradicional”, dice Guillermo, 33 años después desde su casa en Rosario transformada en un estudio de TV casero. Hacia fines de la década del ochenta la televisión navegaba sus primeros años de democracia. Entre el periodismo cultural, el destape, el teatro de autor y el humor picaresco, la moda también fue mostrar animales y mascotas en vivo. La TV rosarina no fue ajena al boom porteño. Cada mañana, a las 11, entraba a Canal 5 una jauría y un gaterío con sus dueños para exhibirlos en El Clan, el clásico programa de los mediodías.  Ante la avalancha de perros y gatos, el personal del canal le sugirió a Tono que también los muestre en su programa.

Yo no quiero repetir lo que hacen otros programas. Mejor, hagamos carreras de animales.

Primero compitieron los perros. Luego, comenzaron a ganar los gatos, que, asustados por la presencia canina, más que ganar, querían escaparse. Cierta vez, un pibe trajo una langosta y ganó la carrera de dos saltos ante la mirada atónita de los perros que quedaron inmóviles en la línea de salida. Pero en esa ocasión hubo algo de suerte, porque las langostas no siempre respetaban el trayecto demarcado en la pista y quedaban descalificadas. El furor entre los pibes hizo agigantar la creatividad. Con tal de conseguir el premio mayor, un camioncito de plástico que varias veces los niños ganadores los vendían a la salida del canal, buscaron alternativas entre insectos y animales. Hasta que un día, uno de los pequeños asiduos al programa llevó una cucaracha. Y la historia nunca fue la misma.


“Había una barra de pibes que no eran de la calle, pero tenían mucha calle y atrapaban los gatos que andaban por ahí. Al poco tiempo los gatos del canal ya no alcanzaban porque la barra de chicos se agrandó. Entonces comenzaron a traer cucarachas, que eran más veloces. La cantidad de cucarachas que traían a correr era increíble. ¿No sé de dónde sacaban tantas?”, se pregunta Viola. Las carreras eran un complemento de un programa infantil que no tenía “personajes de fantasía”, por sugerencia del Director Artístico del canal. No había ni hadas, ni payasos, ni ilusionistas. En cambio, sí acompañaban a Tono:

  • El Doctor Jeringa: un cronista callejero que hacía encuestas en la calle parodiando el periodismo sensacionalista de la época
  • El Inspector Coiman: una especie de agente de la Administración Federal de Impuestos que, con sus acciones, honraba el argentinismo ‘coima’, una larga lista de sobornos y dádivas para agilizar cualquier trámite.
  • El Sordo: Parodia de “El Zorro”, micro serie que se grababa en exteriores, en donde al protagonista le salía todo mal.

Pero el pico de audiencia siempre fue la carrera de cucarachas.


Guillermo Viola es compositor, músico y guionista. Nació en Paraná, Entre Ríos, en 1955. Está casado hace 44 años con María Luján. Es padre de Virginia, quien actualmente vive en Verona y también incursiona en la música. Antes de ser Tono, fue Ratontito, el fiel compañero de Pepe Payaso, personajes registrados por su hermano Mario. Una dupla que pasó en 1982 de Canal 13 de Santa Fe a Canal 11 de Buenos Aires sin escalas. Y armaron un circo, recorrieron el país, compartieron programas junto a Carlitos Scazziotta, Mario Sapag, Jovita Díaz y la dupla histórica Carozo y Narizota, grabaron discos, actuaron para más de 40 mil personas en el Monumento Nacional a la Bandera, llenaron el Luna Park junto a Carlitos Balá, hasta que la sociedad se disolvió. Luego de la dolorosa separación con su hermano, Guillermo llega con la propuesta de Tino y Tono a Rosario. Era 1987. El año de Yo te avisé!! de Los Fabulosos Cadillacs, Ruido Blanco de Soda Stereo, la propuesta presidencial de transformar como Distrito Federal a Viedma-Carmen de Patagones como nueva capital de Argentina, el levantamiento militar de los carapintadas en plena Pascua y el estreno de Hombre mirando al sudeste de Subiela. Era 1987 y Guillermo piensa, proyecta y dibuja un croquis con las características específicas que tiene que tener un cucarachódromo.

El cucarachódromo tiene que tener características específicas. La línea de ‘salida’ está en la parte superior con un declive para que las cucarachas se deslicen velozmente. Esa zona se llama pista de esquí. La panza de la U es una llanura, un sector de descanso y ahorro de energía. Luego, comienza el área más dificultosa, denominada ‘subida peligrosa’, donde los insectos deben trepar por una ranura hasta la ‘llegada’.

Tono vestido de Viola le brindó a Don Corvino, el carpintero del canal, el detalle del croquis. Esa U con bajadas y subidas le permitía al director de cámaras seguir el rally con primeros planos. Una vez armado el cucarachódromo, la metodología de las carreras fue adquiriendo reglas y especificidades. Cada cucaracha, además de nombre, debía tener un número en su espalda. Para ello, un pibe le pegaba los números antes de cada carrera. Hasta que un día, asqueado por la labor, renunció.


Guillermo Viola recuerda a Ángel Cesaretti Monti, director general de Canal 5 y uno los pioneros emblemáticos de la televisión argentina como un hombre circunspecto.

Un mediodía, al encontrarlo en la puerta del canal, el director le dijo:

 —Viola, ¿cómo le va? Le pido que, cuando termine cada carrera de cucarachas, los niños no las pisen. Al menos, que no lo hagan en cámara cuando están al aire.


El programa salió al aire durante poco más de un año. Hacia fines de 1988, Guillermo Viola se muda desde Buenos Aires a Rosario. El impulso del exitoso ciclo lo empuja a elegir Rosario como ciudad de residencia familiar. Pero en Argentina se estaba viviendo una de las peores crisis energéticas de la historia. Viola no evaluó el contexto histórico. Al llegar al hotel Riviera, antes que se mude el resto de su familia a la ciudad, Guillermo recibió un llamado de la gerencia.

Viola, su programa va a dejar de salir al aire. El fluido de energía que gastan los televisores, ahora tiene que ir para las industrias y las fábricas. Solo vamos a transmitir cuatro horas por día.

—¿Y cuando volvemos a salir al aire?

—Eso no se sabe.

—Yo acabo de llegar a Rosario, estoy en el hotel. ¿Hasta cuándo me puedo quedar?

—Deje el hotel mañana mismo.



Las medidas de emergencia del gobierno de Alfonsín cambiaron la fisonomía del país. El programa de ahorro de energía se aplicó en hogares, comercios e industrias. No solo los canales de televisión trabajaron apenas cuatro horas, los bancos también. Rosario, como el resto del país, estaba a oscuras. Hubo asuetos administrativos, se redujo el alumbrado público, se prohibió la iluminación de carteles publicitarios en la calle, en vidrieras y teatros. Hacía calor, llegaba el verano y la ausencia de luz convertía a cada espacio como el sitio ideal para que las cucarachas se movieran con naturalidad en cada rincón.

Guillermo Viola se quedó en el Riviera un mes más. Un mozo del hotel le recomendó que llamara a un especialista en tirar las cartas para que le adivinara el futuro. Viola llamó. El vidente fue hasta la habitación del hotel que funcionaba como una especie de oficina de producción. El hombre, antes de tirarle las cartas, le dijo que piense un deseo. Viola, que solo tenía 400 dólares en su poder ya que había gastado todos sus ahorros en la compra de equipos para seguir haciendo televisión, dijo: “Quiero comprar un departamento”. Pensó que era una idea ridícula. El hombre le tiró las cartas y salió un as de bastos.

Esa noche, antes de dormir, Guillermo vio una publicidad en la tele, pero no le prestó atención. A la mañana siguiente, ante la desesperación de no tener dinero y de estar varado en Rosario, llamó desde el hotel a SADAIC, la Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música. En SADAIC le dijeron que tenía para cobrar 3.000 dólares por derechos de autor. Viola viajó a Buenos Aires a cobrar, volvió a Rosario con el dinero en el bolsillo, se hospedó de nuevo en el Riviera, vio la misma publicidad antes de dormirse, y esta vez, le prestó atención:

¡Compre su departamento, ya!

Tres mil dólares de entrega y seis cuotas de 500

Sarmiento y Tres de Febrero.

Al día siguiente, el exconductor, lo compró. Se quedó en Rosario. Su familia también se mudó. Pero en abril de 1989, el país entró en moratoria del pago de la deuda externa. En mayo, el tipo de cambio se elevó de 80 a 200 australes por cada dólar estadounidense, lo que implicó una abrupta devaluación mensual. Guillermo no pudo pagar las cuotas que le faltaban y se deshizo del departamento. Pero esa es otra historia.

Tino y Tono, la mañana de los chicos, jamás volvió a salir al aire. En el video de YouTube que ahora estoy mirando, ganó la cucaracha número uno. Hoy tengo 45 años, no uso gorra aunque estoy medio pelado, suelo andar con pantalones largos y jamás me despedí de los muñecos de He-Man. Aunque hoy me reencuentro.



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2 Comments

  • Avatar Ana maria

    Quien vivió esos años ,esos cambios del país,esos,los anteriores ,el recorrido de la vida misma luego de transitar más de 60 años,aprende que la carrera nunca llega a la zona de confort. Siempre aparecen obstáculos. Pero la carrera vale la pena!!!y siempre hay que seguir creciendo en los valores.Me encantó la descripción del estilo de ropa:elegante Sport!

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