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Trece o siete, los números que definen la relación Perotti-Senado post Sain

Con el fin del actual período de sesiones extraordinarias, el primero de mayo los legisladores santafesinos recuperarán el manejo de su agenda y podrán tratar libremente los proyectos de ley que consideren oportuno, sin tener que esperar la habilitación desde el gobierno.

En 2020, la pandemia puso a la Cámara de Diputados ante la obligación de aprobarle proyectos a Perotti que la mayoría del Frente Progresista no quería votar y finalmente otorgó la ley de necesidad pública porque las urgencias del covid así lo impusieron. En 2021, amén de una menor autoridad de los estados para imponer cuarentenas, habrá elecciones.

El Ejecutivo vetó por completo dos leyes que se aprobaron con muy alto consenso en 2020. Todavía está pendiente saber si formarán parte o no del cuerpo legal santafesino.

Fueron simplificadas por la prensa como las leyes “anti Sain”, pero nadie es tan importante como para eso.

En un caso se trata de crear controles y mecanismos de mayor transparencia para los gastos reservados de los tres poderes del Estado, no sólo en el Ministerio de Seguridad, también en Gobierno o en el Poder Judicial o el Legislativo si los tuviera. Así como hoy no es una ley “anti Lagna” (por el nuevo ministro de Seguridad, Jorge Lagna), tampoco debe ser vista como una norma de censura a un gobierno. Se trata de un avance de un interés superior, más allá de su génesis.

La otra ley vetada establece —tarde— las incompatibilidades que debieron haber sido previstas cuando nacieron los dos órganos de la reforma procesal penal. Hoy está claro que no es bueno que haya ex funcionarios del Ejecutivo en el Ministerio Público de la Acusación o en el Servicio Público Provincial de la Defensa Penal.

Preguntas

Las dos leyes vetadas fueron confirmadas por la mayoría necesaria en Diputados y siguen vivas. Pasaron al Senado, que no puede tratar los mensajes de veto pese a sus pedidos públicos, que fueron votados con números temibles para el Ejecutivo.

La habilitación para su tratamiento no ha llegado al recinto donde están representados los 19 departamentos. Cuesta creer que pueda ocurrir en lo que queda de abril.

Las dos normas alcanzaron una cómoda mayoría, compuesta por todos los radicales y buena parte de los justicialistas que por entonces compartían el bloque Juan Domingo Perón. Superaron los 13 votos de los dos tercios.

La pregunta es: ¿cada uno de los senadores que votó a favor de esas normas lo volverá a hacer? O lo que es lo mismo: ¿alguno cambiará de posición o al menos hará lo necesario para que el veto prospere? De un lado se podría decir que sería muy feo ver a alguien “darse vuelta” y votar contra lo que antes aprobó; del otro que hay razones “en favor de la gobernabilidad que así lo aconsejan”. Entre medio, hábiles negociadores.

En la Cámara alta se necesitan 13 votos para que las leyes sobrevivan al veto de cualquier gobernador. En otras palabras, Perotti necesita que siete senadores no acompañen a la mayoría que sancionó esas leyes, para que sus dos vetos queden firmes. Que no haya trece voluntades para rechazar los vetos.

Libreta de apuntes

En tren de llegar a siete se pueden hacer las conjeturas que permiten los  matices con que fueron votados algunos asuntos en el Senado. En las libretas de apuntes de los cronistas parlamentarios, en la página correspondiente a la sesión del 18 de marzo, está subrayada la abstención que pidió Hugo Rasetto (UCR-Unión Santafesina) la última vez en que se habló de Sain.

“Suscribo casi todo lo dicho por el senador Marcelo Lewandowski (PJ-Lealtad-Rosario) todos tenemos una parte de responsabilidad”, dijo, al hablar de la inseguridad y el fracaso económico y la exclusión social que la facilitan.

Con esos argumentos, Rasetto fundamentó su abstención cuando se trataba un proyecto de declaración contra las expresiones racistas de Sain respecto de Santa Fe, Uganda y el lugar del país donde atiende Dios.

En aquella sesión, votaron en contra del repudio a Sain los cuatro senadores de Lealtad y, como Rasetto, también se abstuvieron los dos senadores que han creado sus bloques unipersonales. Cristina Berra (PJ-San Martín) y Eduardo Rosconi (PJ-Caseros).

Cuatro, más dos, más uno… pensó más de alguno.

Rasetto siempre mostró su independencia de criterio respecto de la mayoría radical que desde hace años preside Felipe Michlig (UCR-San Cristóbal).

Además, es el único senador radical electo por Cambiemos y hoy —salvo por Mario Barletta que ha tomado con fuerza la bandera de la escuela abierta en serio— predominan voces opositoras más bien tibias entre los radicales de Cambiemos cercanos a José Corral, que fue un duro oponente de Miguel Lifschitz.

Más que porotos

El problema de fondo, sin embargo, no es matemático, sino profundamente político. La salida de Sain ha permitido que el debate sea menos reactivo, más moderado. Nadie relevante en Santa Fe cultivaba ese perfil hasta su llegada.

Sea que continúe en el cargo que nunca dejó en el MPA (y que debió haber abandonado para ser ministro) o que tenga que perder ese escritorio como jefe del Organismo de Investigaciones de los fiscales, ganado en buena ley, Sain no podrá ser más la excusa para que no haya diálogo.

Ahora se verá si los tuits de su cuenta y sus audios de antología —que daban títulos a mansalva— eran un instrumento del gobernador o su personal manera de entender su misión en la función pública.

Al número uno de Santa Fe, que podrá pensar en cómo llegar a tener siete senadores de acuerdo para que del otro lado no haya trece, se le presenta un dilema político más que un problema de números. Ojalá lo haya advertido.

Perotti está ante una chance de dar un volantazo a tiempo y recuperar el diálogo, sin por ello perder los límites de lo que considera correcto o incorrecto. Pero para eso debería dar alguna muestra de convivencia, como compartir el escenario en los actos que organiza con todos los senadores cuando sus funcionarios visitan los departamentos que representan, no sólo los del bloque Lealtad.

También puede, como hasta ahora, no torcer el rumbo de la confrontación porque “no vinimos acá a hacer lo mismo que se ha hecho hasta ahora”, según la definición que se le atribuye.

Niveles

En política se pueden hacer cuentas con los dedos de las manos para entender cómo funcionan las mayorías en el Senado. Con una calculadora, para pensar en términos electorales. O se puede leer en profundidad lo que dicen las estadísticas del Ipec para al menos intentar cambiar la realidad de una enorme porción de la población santafesina, excluida del sistema económico.

Lo primero se puede hacer en lo que queda del mes, lo segundo durante 2021 y lo último requiere de bastante más que una gestión de gobierno. Y de políticas de Estado. ¿Puede haberlas sin convivencia dentro del propio partido de gobierno?

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