Un 17 de octubre distinto, a 75 años de aquel refrescante “aluvión zoológico”



Por Oscar Bertone


Si la Plaza de Mayo hubiera sido ocupada ese 17 de octubre sólo por obreros anarquistas y socialistas, con apellidos italianos, españoles, yugoeslavos, alemanes o aun judíos, quizás no se habría generado una reacción tan virulenta.

Pero entre la chusma se había mezclado gente de tez algo más oscura, algunos de ojos aindiados, cabello lacio y duro, bombacha gaucha, faja, cuchillo al cinto y pocas palabras. Eso era imperdonable: la París de América había sido invadida por los “cabecitas negras”.

Un diputado radical de la época, lo calificó en su momento con el denigrante mote de “aluvión zoológico”, un apelativo que reveló más sobre la personalidad del emisor que sobre el fenómeno descripto.   

Nunca me llevé bien con el 17 de octubre. Admití siempre que fue la más contundente expresión del cambio social en Argentina. Pero me resistía a aceptar que sólo era la expresión criolla del surgimiento del estado de bienestar que se imponía como sistema social en Europa.

En suma, una entrada tumultuosa al capitalismo moderno. Pero la lideraba un militar nacionalista, y eso no figuraba en el catálogo del materialismo dialéctico. Eisenhower y De Gaulle eran también militares, y representaban sin fisuras a sendas burguesías que aceptaban nuevas reglas sociales.

Nuestros dueños de la Argentina nunca aceptaron la inclusión como prerrequisito de un crecimiento robusto y sustentable. El rechazo fue cerril: diez años después arrasaron a bombazos la plaza primigenia, y trataron de borrar todo recuerdo sobre lo sucedido durante diez años de historia, cuando las postergaciones mutaron en derechos adquiridos.

Tan robusto fue el cambio que toda la política argentina siguió girando alrededor del peronismo. La Resistencia, las “formaciones especiales”, el inevitable regreso, la frustración, López Rega, la Triple A, la muerte del líder, la peor dictadura, los desparecidos, la diáspora, Alfonsín, el reagrupamiento peronista, Menem.

Entrado el Siglo XXI, el 17 de octubre seguía siendo para mí sólo una fecha respetable. Pero que no me contenía, porque seguía viendo a mucha gente aborrecible cantando la marchita mientras reproducía a diario lo peor de la política.



Tuvo que aparecer Néstor Kirchner para reubicar al peronismo como opción para los escépticos que habían dejado de ver a esa fuerza política como eje de una propuesta racional, creíble, progresista. Eso que se suele llamar proyecto.

Simétricamente, a pesar de sus aciertos, o precisamente por ellos, el kirchnerismo fue regenerando la atávica resistencia de los dueños de la Argentina a la inclusión social como condición para el desarrollo.

Y vino otro intento de sepultar quince años de relativa recomposición económica. Esta vez no se podía apelar a las bombas. El poder mediático y una ordalía jurídica con pocos antecedentes fueron eficaces, pero no suficientes como para sostener por más de un período presidencial un proceso tan destructivo como los peores de la historia.

Ese contexto hace que, por primera vez, este 17 de octubre me genere empatía, ganas de participar afectivamente en una realidad cuya génesis me es ajena, pero su presente muy cercano.

Cuando yo era joven en edad y adolescente en política, creía que los enunciados “democracia” y “derechos humanos” eran sólo una rémora de algo que había sido revolucionario en otras épocas de la historia.

Los 30.000 desaparecidos y varios episodios personales siniestros me (nos) hicieron revalorizar algunos conceptos. De modo que en vez de tomar el Palacio de Invierno me (nos) pareció que lo más urgente era replantearnos como punto de partida aquellos dos devaluados conceptos.

Cada uno hizo el aprendizaje a su modo.

Este 75octubres.ar no es una mera fecha de celebración partidaria. Es una opción para visibilizar a la mayoría. No será en la calle, lugar que hizo engañosamente visible a la minoría.

Será a través de las redes sociales, en un experimento que pretende poner límite a la cruzada antidemocrática de quienes pretenden desconocer la historia para profundizar la desigualdad y escamotear derechos adquiridos.

No voy a cantar la marchita ni a gritar Viva Perón, pero a veces las opciones no dejan espacio a la duda. Adhiero al acto.



Facebook comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *