Un mapa de la memoria para hacer zoom en el espacio y el tiempo



Por Arlen Buchara

La foto más antigua de una manifestación social que se conserva de Rosario. La historia de una anarquista detrás de un pasaje en zona sur. El hueco que quedó en una pared cuando en 1955 un grupo de golpistas arrancó una placa homenaje a Eva Perón. La Plaza López en la que se hizo por primera vez un acto del Primero de Mayo, con Virginia Bolten como organizadora. La escuela a la cual sus estudiantes decidieron llamar por votación Madres de Plaza de Mayo. Las historias detrás de cada baldosa con los nombres de desaparecidos y desaparecidas de la última dictadura militar. La casa del Che y los Rosariazos. Videos inéditos de la marcha por los 20 años del Golpe del 76. El mural que pide justicia por Pamela Tabares y todos los murales pintados por vecinas, vecinos y familiares que recuerdan a las víctimas de gatillo fácil y violencia institucional. El primer Ni Una Menos en el Monumento Nacional a la Bandera. La foto de Stella Hernández con el pañuelo verde en la muñeca en la puerta de los Tribunales Federales cuando por primera vez se juzgó a los delitos sexuales como crímenes de lesa humanidad. Los monolitos, memoriales y monumentos. Las marcas en el espacio público de hormigas, bicicletas y robocops.

La enumeración podría seguir y parecer excesiva pero aun así queda corta a la hora de describir el Mapa de Marcas de Memoria de Rosario, una propuesta virtual de la Secretaría de Género y Derechos Humanos municipal que reúne 190 huellas de las luchas por los derechos humanos desde fines del siglo XIX hasta la actualidad. La cartografía fue creada en Google Maps en 10 categorías que permiten hacer un zoom en el espacio para viajar en el tiempo. “Algo que se dice desde la investigación es que el presente es muy estrecho y que hay que trabajar para abrirlo y generar memoria. Lo que hicimos fue tomar un territorio y darle espesor temporal. El desafío fue entrelazar en una herramienta digital las huellas visibles e invisibles de las luchas a lo largo del tiempo”, resume Cecilia Vallina, quien estuvo a cargo de la creación del proyecto y es responsable del Área de Memoria de la Municipalidad.



“Rosario tiene una larga trayectoria de luchas obreras, políticas y estudiantiles. En el mapa quisimos geolocalizar las marcas y huellas que dejaron en la ciudad y recuperar las que ya no se ven. Además, lo pensamos en diálogo con el presente. Por eso están las víctimas de gatillo fácil y violencia institucional, el 19 y 20 de diciembre, murales que vecinos, amigos y compañeros han pintado y las luchas más masivas de los últimos años protagonizadas por los feminismos, como el Ni Una Menos y la pelea por el aborto legal”, agrega Alicia Gutiérrez, responsable de la Dirección de Derechos Humanos y Memoria, de la cual depende el área de Vallina.

El Mapa de Marcas de Memoria es un producto de la pandemia. A comienzos de año, desde la nueva gestión de la Dirección empezaron a programar distintas acciones con la idea de trabajar la memoria desde el territorio. Pero llegó el coronavirus y puso en suspenso todo lo planificado de forma presencial. El encierro hizo que lo digital se volviera un elemento potente para pensar el territorio como un espacio al cual entrar desde otro lugar. Las herramientas estaban a mano. Google Maps es de uso masivo y en el municipio se utiliza hace años para marcar puntos importantes de la ciudad. Trabajar desde casa permitiría entonces mirar la ciudad desde arriba, hacerle zoom y llenarla de contenido.

Durante meses, el equipo del Área de Memoria recorrió con el mouse de la compu calles, pasajes, plazas, monumentos, monolitos, murales y todas las marcas (visibles e invisibles) de las luchas sociales y políticas que se dieron en la ciudad durante más de un siglo. Usaron distintos archivos privados y públicos para que cada huella temporal tuviese un correlato visual con fotografías, videos y recortes de diario y revistas. Además, hubo un trabajo de reconstrucción de las historias detrás de cada marca que quedaron sintetizadas en textos que acompañan el recorrido.

El resultado es la posibilidad de viajar en el tiempo desde casa y desde cualquier lugar del mundo. El mapa despierta las ganas de salir a caminar con celular en mano y armar el circuito propio. Además, es una herramienta pensada para el uso de organizaciones sociales, investigaciones universitarias y la idea es que en un futuro sirva para hacer circuitos turísticos y recorridos para escuelas e instituciones. Incluso, hoy con la educación a distancia puede ser útil para las y los docentes. Desde el área explican que los 190 puntos son un primer relevamiento porque la cartografía estará en constante construcción. Por eso, reciben información y archivos en el mail: direccionddhhros@gmail.com. El paso siguiente será intervenir en el espacio público, por ejemplo, poniendo carteles donde no los hay. También trabajan en el armado de un Archivo Visual de Marcas de Memoria.



Una forma de recorrer el mapa es explorando cada una de las 10 categorías. Otra es pararse en un punto y ver la historia que hay detrás. O también se puede optar por convertirse en un panóptico que mira desde arriba y se acerca a lo que llama la atención. Sea de la forma que sea, lo cierto es que explorar el pasado es un ejercicio para mirar el presente y pensar el futuro. Más aún en momentos en los cuáles no es posible encontrarse en las calles, esas que desde hace más de un siglo son testigo de las luchas y las marcas que dejan a su paso.

La primera categoría tiene ocho lugares declarados sitios y espacios de memoria por haber sido usados entre 1976 y 1983 por el aparato represivo del Estado. Cada uno tiene un ícono de un círculo negro con tres barras blancas, que hacen referencia a los pilares de “Memoria, Verdad y Justicia”. Están el Museo de la Memoria, la Escuela Osvaldo Magnasco, el Batallón de Comunicaciones 121, la Biblioteca Popular Constancio Vigil, la Fábrica Militar de Armas Domingo Matheu, el Servicio de Informaciones, la Quinta Operacional de Fisherton y los Solares 73, 74, 75, 76 y 77 del Cementerio La Piedad. Este último lugar es el único que todavía no fue señalizado como espacio de memoria.

La segunda categoría permite recorrer las “baldosas por la memoria”, una propuesta creada en 2011 por la ordenanza 9003 que se propuse recuperar una de memoria ya usada en otros países que sufrieron terrorismo de Estado que consiste en colocar baldosas recordatorias, en este caso de desaparecidos y desaparecidas durante la última dictadura militar. Cada una de ellas fue propuesta por organizaciones, familiares y referentes de la política local. La última es de 2018 y lleva los nombres de Sergio Jalil, Oscar Bouvier, Adriana Bianchi y Ricardo Meneguzzi. Está en bulevar Oroño 1160 y fue una iniciativa de la promoción 1973 de ex alumnas y alumnos del Colegio Dante Alighieri.

Luisa Lallana tenía 18 años cuando el 8 de mayo de 1928 fue asesinada mientras repartía volantes. Le disparó Juan Romero, un integrante de la ultraderechista y paramilitar Liga Patriótica Argentina. Ella era una trabajadora portuaria que cosía bolsas de arpillera y militaba en la Federación Obrera Regional Argentina (FORA). Casi 90 años después de su asesinato, el 17 de noviembre de 2016 un pasaje del sur de la ciudad fue bautizado con su nombre. Está entre Cabildo y Muñoz, paralelo a calle Buenos Aires. Como el pasaje Luisa Lallana, Rosario está llena de calles de las cuales apenas conocemos el origen de sus nombres. La tercera categoría del mapa invita a recorrer 14 de estas vías nombradas en homenaje a luchas políticas, sociales y culturales.

“La historia en el nombre” es la cuarta categoría y refiere a plazas, parques, escuelas, centros de salud, bibliotecas y otros espacios con nombres vinculados a las luchas de la ciudad por los derechos humanos. Lo interesante es que muchos de esos nombres fueron elegidos por esas mismas instituciones a partir de procesos de debate y votación. Un ejemplo es la Escuela 514 ubicada en Pasaje Lejarza al 5400, en el Barrio Triángulo. En 2013 alumnos y alumnas decidieron cambiarle el nombre y llamarla Madres de Plaza de Mayo. Otras historias, sin embargo, son desconocidas para vecinos y vecinas que pasan por ahí todos los días, como la plaza Cosme Budislavich en homenaje a un obrero inmigrante austríaco asesinado por la policía en 1901. Vallina explica que la idea es hacer la señalética y carteles informativos a lugares como este.

En el mapa las categorías se mezclan entre sí porque las temporalidades en un mismo territorio son múltiples. Por un mismo lugar han pasado decenas de luchas y cada una deja su marca, visible o invisible. Un ejemplo es la Plaza César Tabares, en el barrio San Francisco Solano Sudoeste. Las y los vecinos eligieron ese nombre para recordar al abogado desaparecido en enero de 1977. En el mismo lugar, años después pintaron el mural para pedir justicia por David Campos y Emanuel Medina, asesinados por la Policía santafesina en mayo de 2017.

Al hacer zoom en la Cortada Ricardone se puede conocer la historia de la primera sede de los organismos de derechos humanos, constituida el 15 de abril de 1977 en una casa de esa cuadra del centro rosarino. En ese lugar se hicieron las primeras reuniones de las madres que comenzaban a buscar a sus hijas e hijos desaparecidos durante la última dictadura. Años después se colocó una placa que puede verse hasta el día de hoy. La quinta categoría del mapa está dedicada a esas “Placas Recordatorias”, donde pueden conocerse más de 50 historias detrás de ellas. Están distribuidas por toda la ciudad en facultades, clubes, bancos, escuelas y otras instituciones. También está la historia de tres placas destruidas, entre ellas una con el nombre de Eva Perón que estaba frente al ex Banco Nación. En este punto del mapa hay un archivo fotográfico de 1955 que muestra el hueco que dejaron los golpistas cuando las fuerzas del general Eduardo Lonardi tomaron la ciudad. Desde el Área de Memoria ansían encontrar alguna imagen que dé cuenta de cómo era esa placa desaparecida.



La categoría “marcas de memoria” recorre los lugares visibles, es decir, monolitos, monumentos, memoriales, fachadas y otras huellas de lucha. Por ejemplo, está el Bosque de la Memoria, ubicado en Central Argentino 501, en el Parque Scalabrini Ortiz, formado por más de cuatrocientos árboles plantados en los últimos años cada 24 de marzo. También en esta categoría también se pueden conocer a través de archivos fotográficos los cambios en la fachada de la Sede del Gobierno de la Provincia, que pasó de decir “Jefatura Política” a “Jefatura de Policía” después del Golpe de Estado de 1930, y recién en 2019 recuperó su nombre original.

La séptima categoría se llama “Memorias situadas” y recopila momentos históricos que pasaron por distintos lugares de la ciudad: el territorio como espacio de luchas. Cada uno de los más de 30 puntos está acompañado por archivos fotográficos de esos acontecimientos. En esta sección puede verse la foto más antigua de la lucha por los derechos de la ciudad. Es de 1893 y está situada en el Cementerio El Salvador, donde cientos de personas despiden a las víctimas de la represión contra la revolución radical, liderada por Leandro N. Alem. También hay archivos fotográficos y audiovisuales inéditos de marchas emblemáticas, como la que se hizo contra los indultos en 1989, las del 24 de marzo de distintos años, el Encuentro Nacional de Mujeres de 2016 o la vigilia en la Facultad de Humanidades por el aborto legal en 2018. Uno de los más emotivos es un video de Canal 5 de la marcha del 24 de marzo de 1996, donde caminan por peatonal Córdoba las Madres de la Plaza de Rosario.

Las “Acciones colectivas” componen la categoría 8 y reúne a distintas intervenciones en el espacio público hechas por colectivos y organizaciones sociales. La mayoría son murales contra la violencia institucional y recuerdan a Franco Casco, David Campos, Emanuel Medina, Pichón Escobar y Jonatán Herrera. También está el homenaje en las paredes a Jere, Mono y Patón, asesinados en el triple crimen de Villa Moreno, y a Pamela Tabares, mujer trans asesinada en 2017. Se suman murales por la memoria y contra la violencia de género y la lesbofobia. Una de las experiencias que recoge esta categoría es la intervención que se hizo en 2008 en la calle Presidente Roca, que fue cambiada por “Pocho Lepratti”.

Todavía pueden verse en algunos lugares de Rosario unos robocops de dos metros de alto pegados en la pared. Pero no todo el mundo sabe que en algún momento hubo 200 en toda la ciudad para denunciar el gatillo fácil. Esta fue una de las acciones del grupo Arte en la Kalle, un colectivo que a mediados de los noventa hizo distintas intervenciones en el espacio público. Sus integrantes tal vez no lo saben, pero si van al punto que describe la marcha del 24 de marzo de 1996 podrán verse con cartel en mano y sonriendo frente a Falabella. Las intervenciones artísticas son la categoría 9 y recorre las acciones de 14 colectivos que tomaron el espacio público, muchas de las cuáles todavía están visibles. Aparece Tucumán Arde, con la muestra inaugurada en Rosario en 1968, las 350 bicicletas del artista Fernando Traverso, o la intervención El Hormigazo del Grupo Transmargen en la Plaza de la Cooperación.

Por último, la categoría 10 está dedicada a la “Justicia en el presente” y toma las luchas actuales y su despliegue en la ciudad. Aparecen las marchas del primer Ni Una Menos en 2015, contra el 2 por 1 en 2017 y la marcha contra los travesticidios de 2018. En este punto también desde la curaduría pensaron en la actualización de las luchas por la memoria, la verdad y la justicia. La idea es enlazar pasado, presente y futuro en una actualización constante de las peleas por derechos. Por eso está señalizado el archivo audiovisual de los juicios de lesa humanidad o la Reactivación de la investigación por el robo de la Causa Feced en los Tribunales Provinciales.

Hay una imagen que condensa esa trayectoria de luchas, ese ir y venir en un mismo territorio y en distintos tiempos. En el mapa hay que pararse en bulevar Oroño 940, sede de los Tribunales Federales, epicentro de cientos de marchas. En una de las fotos está Stella Hernández después de dar su testimonio en la Causa Feced III y VI. Por primera vez, en Argentina los delitos sexuales son juzgados como crímenes de lesa humanidad y hay en la relectura de las atrocidades cometidas por la última dictadura militar una mirada desde la genealogía de las luchas feministas que se cuela. En la muñeca de Stella asoma el pañuelo verde.



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