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Todas las historias detrás del instante en que Lo Celso volvió eterna una bandera

Giovani Lo Celso clava los ojos en esa sábana que baja como una plomada hacia el campo. Da unos pasos que parecen azarosos pero son resueltos. Levanta del piso el trapo blanco, lee lo que está escrito en fibrón, se cerciora del mensaje. Entonces, recién entonces, frente a una tribuna que explota en emociones sostenidas y mezcladas, la extiende. La sostiene durante segundos con un pulso de manos de hierro.

Seguramente no tiene idea Lo Celso de la potencia impresionante de lo inesperado y expresivo de su acto de habla. Pero ni bien lo hace produce un acontecimiento de un impacto que tiene efecto inmediato y un alcance que todavía se sigue repitiendo.

El padre del jugador está a unos quince metros parado en la parte baja de la tribuna observando lo que pasa. Es un momento de plenitud y aturdimiento. Argentina acaba de ganarle a Inglaterra en la Copa del Mundo. Hasta el minuto 86 pierde uno a cero. En la agonía del juego hay dos goles repentinos y tremendos que producen un desahogo que aún no tiene fin. Y que cambia algo más que el destino de ese partido. 

El padre de ese jugador es un hombre que nació en Urquiza y Pascual Rosas. Lo mira a su hijo no solamente abrir la sábana vuelta bandera y mostrarla. Hay en la cara del futbolista una fiereza serena al sostener la bandera sin que le tiemble un músculo. Lo que le llama la atención al padre es el suceso posterior. Es no arrojar una vez expuesto el lienzo blanco sino acomodarlo de manera cuidadosa sobre el césped en una escena que, una vez más, va en contra del tiempo. 

Una amiga me llama en ese momento. Es la Yaya Hinny. No es una fanática del fútbol pero la marea eléctrica de noventa minutos que acaba de descargarse en el país también cae sobre ella. Yaya fue durante casi treinta años la jefa del archivo del diario La Capital. Es además una histórica militante política. Está impresionada porque el protagonista del acto que la conmovió sea quien es. Y menciona a dos viejos Lo Celso que fueron históricos dirigentes nacionalistas de la zona sur hacia inicios de los años 40, personas muy interesadas en los demás según cuenta, que en 1946 acompañaron la fórmula Perón-Quijano. Son Juan y Rogaciano Lo Celso. 

“Hay que averiguar si tienen que ver con este chico”, dice la Yaya.

El Bajo Alberdi

Un día antes del partido la ministra de Seguridad de la Nación, Alejandra Monteoliva, dice que está prohibido entrar al partido contra Inglaterra con banderas, camisetas, carteles o distintivos con alusiones a las Islas Malvinas. La funcionaria afirma que la semifinal de la Copa del Mundo es un partido de alto riesgo y que se deben evitar los mensajes de contenido provocativo.

A las 24 horas Giovani Lo Celso levanta la bandera en el Atlanta Stadium y se la muestra al mundo entero. En un momento lo hace entre todos los futbolistas que acaban de pasar a la final. Se arriman para ayudar a desplegarla Lisandro Martínez y Cristian Cuti Romero. 

El acto prohibido se vuelve tendencia internacional y supera mil millones de reproducciones en redes. El presidente Javier Milei inicia un giro sorprendente. Habla en cadena nacional y usa de manera central esa misma bandera improvisada por unos hinchas. Deja de lado su admiración declarada a Margaret Thatcher. Anuncia un proyecto de Defensa de la Soberanía Nacional, que incluye el castigo a la explotación ilegítima de recursos en el Atlántico Sur y el refuerzo de la Base Naval Integrada en Tierra del Fuego.

Pasan varios días. La Corte Suprema de la Nación valida el apartado del Decreto 70 que deroga la ley que fija límites a la compra de tierras de parte de extranjeros. Brota una reacción de repudio mayoritaria y audible contra la medida. La oposición convoca una sesión especial en el Congreso para invalidar el megadecreto. Ya lo ha hecho el Senado y se espera que lo haga Diputados.

Lo llamo a Juan Lo Celso, padre de Giovani Lo Celso, para preguntarle si tiene lazos familiares con aquellos militantes nacionalistas. Si su hijo el que extendió la bandera reivindicando la soberanía argentina en las islas Malvinas tiene vínculos con Juan y Rogaciano Lo Celso. 



Juan Lo Celso toma mate en el comedor diario de su casa de Alberdi, muy cerca de la Usina Sorrento, una mañana húmeda de sol. Es un hombre de modos muy mansos. Su hijo Giovani juega en Europa hace más de diez años y ha sido convocado a tres Copas del Mundo. Pero dice que con el episodio de la sábana/bandera gente con la que había perdido contacto hace más de treinta lo llamó emocionada.

Tiene 61 años el papá de Giovanni Lo Celso. A los 17 jugaba en Central Córdoba, era hábil e insinuaba una carrera prometedora. Pero también iba en doble turno al Colegio San José donde como estudiante mal no le iba. En el equipo de Tablada en 1982 compartió el plantel superior con Tomás Felipe Carlovich que cumplía 37 por entonces. Lo recuerda al Trinche como un hombre muy para adentro, en extremo callado, pero con una habilidad por momentos fuera de cualquier rango conocido. 

El periodismo cae fácil en la tentación de las epopeyas o en detectar en las conductas del presente hilos lejanos que las explican. La resolución de Gio Lo Celso al agarrar la sábana de Las Malvinas y mostrarla al planeta, ese acto instintivo de porfiada desobediencia, ¿le podría haber llegado de aquellos antepasados nacionalistas que en la disputa con el embajador Braden en el 45 optaron por Perón? 

Su padre sonríe. No lo arriesga, no lo sabe. Juan y Rogaciano Lo Celso fueron dos de los diez hermanos que tuvo su padre. En el libro Peronismo y política en Santa Fe, 1943-1955″, coordinada por el historiador e investigador argentino Darío Macor y el historiador César Tcach, aparecen los nombres de ambos como militantes nacionalistas que aportaron al triunfo en Rosario del Partido Laborista en 1946 cuando Perón llega a la presidencia. 

Entre esos hermanos estaba Rolando Lo Celso, fundador de Canal 5, y primer presidente de su directorio en 1964. También el arquitecto Ángel Lo Celso que tiene una calle en la ciudad de Córdoba por ser el primer decano de la Facultad de Arquitectura de la UNC e introductor del estilo Art Decó en la provincia. Y Telmo Lo Celso, igualmente arquitecto, 

“Juan era un hombre solidario, el bueno de la familia, así lo llamaban y lo que más recuerdo es su sonrisa”, dice el padre del jugador, que heredó el nombre de su tío. Con Rogaciano tuvo una relación más estrecha porque lo cuidó hasta el último día. “Era un trato más próximo, para mí casi de padre o de abuelo. Rogaciano fue juez de la provincia, quedó viudo y hubo que darle una mano”, recuerda Juan. 

“Vivía en Entre Ríos entre Rioja y Córdoba. Aprendí un montón a su lado, era un mano a mano todos los días con él, un tipo muy dotado en valores. Muy honesto. Disfrutaba del alimento y tengo un muy fuerte recuerdo de que describía el sabor y la importancia de lo que comíamos”.

El terreno

Los hermanos Giovani y Francesco Lo Celso tenían la cancha de Rosario Central a cinco cuadras de su casa. Justo cuando nacía Gio, en 1996, su padre Juan compró un terreno donde levantaron la casa. Ahí está la familia todavía. Por esa cuadra arbolada y serena en cercanías del Portal Rosario pasa Giovani cuando no está en Sevilla donde juega en el Betis. 

Le decían Monito, era un nene con un pie elegante y jugaba de volante ofensivo. En inferiores fue campeón en novena de AFA en 2010 y repitió el título en sexta con Leo Fernández como técnico ganándole a Boca en Casa Amarilla. El Everton quiso llevárselo al Reino Unido a los 15 años, pero su padre rechazó la propuesta. “Siempre quise que Giovani debutara con Rosario Central porque aquí es feliz”, decía por entonces Juan. Finalmente lo hizo en primera en 2015 impulsado por el Chacho Coudet contra Vélez. Ese año formó un gran mediocampo de creación con Franco Cervi. Se fue al París Saint Germain en 2017, siguió en Real Betis, pasó a Tottenham Hotspurs y volvió al Betis tras una temporada en Villarreal. 

El periodista Carlos Durhand, que cubría inferiores en Central, recuerda que de muy chiquito mostraba cualidades de líder. “Me quedó grabado algo con Gio que pasó en el año 2013. El tenía 17 años, jugaba en sexta, y fue en una jornada en inferiores contra Racing, en el Tita Mattiusi que es el predio de Sarandí. Era julio, hacía un frío helado, estaba jugando la cuarta temprano, eran partidos que empezaban a las 9 de la mañana. Mientras yo buscaba agua caliente al lado del bar él viene atrás mío. Y había chicos de la división de él, como Matías Mansilla, Renzo Alfani, Félix Banega, calefaccionados, mirando el partido de la Premier League. Y Gio pegó un puñetazo en la mesa y les dijo: «Muchachos, nuestros compañeros se están rompiendo allá en el frío, los tenemos que ir a alentar ». Todos le hicieron caso, salieron en silencio atrás de él, no chistaron”.

Para el padre de Gio finalmente llegó el día, hace dos meses, en que su hijo convirtió un gol para Argentina en un Mundial. Fue el primero contra Jordania, una noche que hizo tres, aunque le anularon dos. Y en una jornada en que, también, anotó en el mismo partido que Lionel Messi. Pero la memoria más fuerte está en el otro partido, el día en que recogió la sábana.



“Fue un acto de rebeldía. Pero el argentino el sentido de rebeldía lo tiene innato. En la sangre. Gio siempre fue rebelde porque el fútbol te da carácter. Él siempre tuvo un don de liderazgo, pero como mi tío abuelo Juan, un liderazgo tranquilo, sin levantar la voz, de bondad. Ese día al estadio no se podían llevar banderas. Fue un acto lindo. Él la bandera la mostró. Me movilizó todo. Él se quedó de frente a quien se la dio, no le dio la espalda, recibió la bandera y la mostró como agradecimiento. Y después la extendió en el césped, que es el lugar de su día a día”, expone como un cronista. Queda pensativo unos instantes, como sostenido del momento aquel. Y agrega:

“Pusieron la bandera con las letras mirando arriba, al sol, a los cuatro vientos. Si fue o no un acontecimiento histórico no lo sé, pero yo recordaré siempre ese instante. El después uno lo ve ahora. Fui a la cancha de Newell’s a ver fútbol a los Juegos Suramericanos y vi chicas jóvenes con la remera con ese escrito. Se me ocurría que esto trascendía algo futbolístico, era la recuperación para una generación que estaba olvidada de todo. El otro día con mi familia caminábamos por el Paseo Ribereño y vimos a una vendedora de toallones con el letrero de la bandera. Nos terminamos sacando fotos con ella”. 

El padre de Juan, abuelo del Monito, era Eligio Lo Celso, quien había sido en Rosario uno de los primeros directivos de Estudiantes de la Plata. Su conexión con el equipo era muy estrecha y lo mismo con los jugadores. Juan recuerda que cuando Estudiantes fue campeón intercontinental en 1968 a la fecha siguiente de coronarse tuvo partido en Rosario por el campeonato local. “Vinieron a casa a comer Malbernat, Bilardo, Pachamé, Verón, Zubeldía”.

Fue Bilardo el que le propuso más tarde a Juan que se arrimara a Estudiantes cuando se enteró de que jugaba en Central Córdoba. Se le presentó entonces un dilema que parece de otra era. Lo que más quería era jugar al fútbol, pero a la empresa de montajes eléctricos y alarmas que había puesto gracias a su título de técnico del Colegio San José le iba muy bien. Por más que le tirara fuerte la pelota no le pareció que tuviera que desarmar una sociedad que tenía demanda para sus productos y daba trabajo a otros. Mantuvo la empresa treinta años. La dejó cuando sus hijos varones arrancaron con el fútbol. 

La FIFA multó a la AFA con el pago de 10 mil dólares por la exhibición de la bandera que rompió las redes sociales. Pero esa movida repentina y fuera de todo plan le dio una vuelta de tuerca a la política doméstica y señaló los límites que, de ser tocados, cuestan mucho más que una sanción económica. La Corte Suprema de Justicia tuvo que restituir la vigencia de la ley de Tierras para apagar el incendio causado por ella misma, Milei virar imprevistamente al nacionalismo. Los votos para dar quórum y derogar el decreto 70/23 no llegaron este jueves. Pero para los actos que no guardan respeto por las construcciones históricas siempre pueden surgir frenos colectivos. Parece haberlo demostrado la frescura espontánea de un futbolista rosarino que plantó bandera.


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