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Sociedad

La Iglesia rosarina, entre la crítica por la realidad social y la “esperanza” ante la visita del Papa

¿Por qué en la agenda de la visita de un jefe espiritual nadie quiso quedar afuera? Por las dudas desde la Iglesia partió un mensaje antigrieta, la fractura ideológica no es el lugar para el Papa y asumen a la esperanza como destilado de los mensajes que dejará León XIV en su paso por Argentina. En el último año no fueron pocas las voces críticas de obispos vernáculos sobre la situación social y a días de la llegada del sucesor 267 de Pedro, la Pastoral Social 2026 hizo cumbre en Córdoba con una consigna de máxima: el bien común, categoría huidiza en tiempos de floreos del mercado. En todos los casos, cimentados en la Doctrina Social de la Iglesia y en las encíclicas que, a través del tiempo, buscaron hacer foco en el hombre concreto, más allá de la obvia dimensión espiritual. 

Meses atrás, la Pastoral Social de Rosario terció en el debate sobre los cuidacoches (trapitos), con una mirada inclusiva y brindó apoyo a la continuidad de la emergencia en discapacidad. En ambos casos, la voz cantante la llevó monseñor Eduardo Martín, que recibió a Suma Política, recién llegado de un retiro con sacerdotes y obispos de Sudamérica, en un monasterio jesuita en Brasil, y como integrante de Comunión y Liberación, un movimiento cuyo carisma es “la presencia de Cristo que transforma la vida cotidiana”, explica después de atender en persona la puerta del Arzobispado, en Córdoba y España. 

—¿Cómo se prepara la Iglesia de Rosario para la visita del Papa? 

—(Se entusiasma) ¡Ah bueno! Eso es tema de esperanza, de alegría y de gozo para todos los argentinos y especialmente para los católicos. Nosotros armamos equipos de trabajo, las parroquias están armando los viajes, hay cadena de oración, en nuestras escuelas ya están preparando el ambiente para seguir los actos. Hay toda una serie de iniciativas, también con dirigentes sociales y políticos estamos armando un encuentro para compartir una reflexión sobre las enseñanzas de León XIV, e interesarlos. Viene a confirmarnos en la fe porque esa es su misión, y nosotros a recibir su enseñanza que nos ayude a entender mejor, evangélicamente, el momento que vivimos y a escuchar también alguna corrección, no somos perfectos. 

—Mientras tanto, y parafraseando el interrogante con el que antes de ser Papa, León XIV prologó un libro sobre la Doctrina Social de la Iglesia, ¿en la sacristía o con voz en los temas socioeconómicos y políticos? 

—La voz de la Iglesia hay que ubicarla dentro de la profecía no de una oposición política como lo puede tomar un gobierno cualquiera sea el signo; cuando los obispos hacemos una crítica, lo hacemos desde el punto de vista pastoral y en orden a la justicia, pero no en orden un proyecto político opositor.

—En distintos momentos de la historia la Iglesia siempre hizo foco en el hombre concreto, desde lo que podría considerarse la madre de todas las encíclicas, Rerum Novarum (De las cosas nuevas), del Papa León XIII, que en 1891, prefigurando a la Doctrina Social, habló de los abusos de la Revolución Industrial y la dignidad del trabajador…

—Así es. Ahí es, en esa primera revolución industrial, León XIII plantea el derecho a la asociación de los obreros, también de los empresarios, el derecho a la propiedad privada de los medios de producción, contra el marxismo. La Iglesia siempre planteó el destino universal de los bienes y que sobre toda propiedad privada grava una hipoteca social, o sea que afirma el valor de la propiedad privada, pero no como valor absoluto sino en tanto y en cuanto esté en función social, una fábrica al dar trabajo cumple una función social y también plantea el principio de subsidiaridad. Ahora, frente a la última gran revolución, la de la Inteligencia Artificial (IA), León XIV da su primera encíclica Magnifica Humanitas (Magnifica humanidad), sobre la preservación de la persona humana frente al poder de la tecnología. Algo que en el mismo ambiente de la IA, comienza a discutirse.

—¿En qué consiste la Doctrina Social de la Iglesia?

—En la enseñanza que la Iglesia fue sistematizando a partir del Evangelio y de su experiencia, y que los Papas fueron aggiornando, a través de sus encíclicas, un compendio que fue evolucionando. Los ejes son la dignidad de la persona humana, la familia, el trabajo, la economía, la política, la paz y el medio ambiente, son temas concretos, y los valores son la justicia, la caridad, la verdad y la libertad. Entre los principios que la sostienen está el destino universal de los bienes, cuando esto no está accesible para todos, entonces la cosa no está bien, por eso el lema del Papa Francisco: techo, tierra y trabajo, toda familia tiene que tener los bienes necesarios para vivir dignamente. Otro principio es el bien común que no es la suma de los bienes particulares, sino que es el conjunto de condiciones objetivas ya sea culturales, económicas, políticas, sociales, para que las personas, las familias, los grupos sociales puedan realizar sus propios fines; su primera condición es un mínimo de bienestar material común a todos, y una estructura jurídica justa que proteja a los más débiles, en un Estado que garantice la libertad de asociación, religiosa por ejemplo, todo eso es el bien común. Pero atención, ninguno de estos valores es absoluto, por ejemplo el libre mercado no puede ser un valor absoluto, los Estados tienen que redistribuir bien lo que recaudan.



—Desde esa voz de la Iglesia que habla de hombres concretos a través de la Doctrina Social, ¿cómo está viendo este momento del país?

—Es un momento difícil, parece que acá siempre estamos en momentos difíciles, pero es un momento difícil para mucha gente que no la está pasando bien, creo que siguiendo los criterios de la Doctrina Social de la Iglesia hay que buscar de defender siempre a los más vulnerables, por lo tanto en un tiempo de escasez o dificultad, que esperamos se pueda pasar, hay que buscar cómo; si hay escasos recursos, asignarlos a los sectores más vulnerables como puede ser la discapacidad. 

—¿Qué encíclicas le llegaron más o cree que más aplican a estos momentos?

—Por ejemplo las de mi juventud, Populorum Progressio (El desarrollo de los pueblos) trata sobre la necesidad de promover el desarrollo integral de toda la humanidad, la escribió Pablo VI en 1967. También Laborem Exercens (Sobre el trabajo humano) de San Juan Pablo II, en 1981, donde dice que el capital debe estar al servicio del trabajo humano. Las de Francisco, Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio), su dimensión social, habla de uns Iglesia en salida, una crítica a la desigualdad social y la idolatría del dinero, la defensa de los más vulnerables y pobres es una exigencia central del Evangelio, y Laudato Si (Alabado Seas) sobre la ecología y el medio ambiente. Es tan rico todo el magisterio de la Iglesia, son documentos que marcan. 

—En las encíclicas hay como un hilo conductor, la preocupación por la persona y la cuestión social…

—Sí y hay una evolución, una mirada de principios y una evolución porque la realidad va cambiando, por ejemplo ahora Magnifica Humanitas plantea que la Iglesia no está en contra del desarrollo tecnológico, de la Inteligencia Artificial, pero sí tiene que haber un manejo ético y un sentido de justicia social, en el sentido que los beneficios que se anuncian sean también teniendo en cuenta a los más pobres, es decir que no sea una ocasión para aumentar las diferencias entre ricos y pobres y acrecentar las desigualdades sino que sea de tal manera administrada que los beneficios lleguen a todos. 

—Los cambios de época desafiando al bien común… 

—Hay que considerar esos tránsitos, se aceleró tanto el desarrollo tecnológico, que ahí tiene que estar la política para hacerlos lo más amortiguados posibles, estamos en una situación de cambio de época como decía el Papa Francisco, una vertiginosidad impresionante, hace 40 años yo enseñaba en la carrera de Servicio Social, en Venado Tuerto, y el reconocido laboralista y jurista Humberto Podetti (reflexionó sobre el conflicto social, la desigualdad y la necesidad de adaptación de las instituciones de la seguridad social ante los cambios económicos); consideraba a los cambios, universales en su extensión, acelerados en ritmo y profundos en su contenido, ya hace 40 años se vivían esos cambios. 

El hombre concreto y los gestos

Desde los primeros meses de 2026, la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) alertó sobre el momento de mayor desigualdad que viven las mayorías populares. Cáritas fue uno de los termómetros para medir la crisis que también alcanzó a la clase media. En las últimas semanas reclamó una intervención concreta del Gobierno, ante la morosidad y el endeudamiento que afecta a millones de argentinos. Además de visibilizar los recortes a los programas para personas con discapacidad y los últimos intentos de profundizar ajustes en el Presupuesto 2027, que quedaron sin efecto frente al rechazo generalizado. En su agenda, León XIV visitará el Cottolengo Don Orione, en Claypole, y la cárcel de Devoto, lugares paradigmáticos del dolor y la exclusión en una explícita potencia de los gestos.

Como un anticipo de la visita papal, durante la primera semana de septiembre se realizó en Córdoba, la Semana Social 2026, organizada por la Comisión Episcopal de Pastoral Social (CEPAS) de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), bajo el lema Puentes hacia el Bien Común. Participaron referentes religiosos, sociales, académicos, políticos, empresariales y sindicales, en un encuentro que calificaron de diálogo y reflexión. Bien común, economía, producción y trabajo, inteligencia artificial, el poder digital y la economía integral, fueron algunos de los ejes de trabajo, en lo que consideraron como una previa a la visita del papa León XIV a la Argentina. “Para comprender a fondo el dinamismo social de nuestra fe, debemos profundizar en la íntima y recíproca relación que existe entre la justicia social y el bien común. Estos dos principios no corren por vías paralelas; son las dos caras de una misma exigencia ética que sostiene la arquitectura de una sociedad verdaderamente humana”, dijo en el cierre de las jornadas el obispo de La Rioja, Dante Braida. 

En ese marco nació el Foro Confluencia Argentina, una iniciativa de la Comisión Nacional de Justicia y Paz que busca promover el diálogo y la elaboración de propuestas concretas, frente a los desafíos que atraviesa la Argentina, explicaron sus integrantes.


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