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Política

Mundo narco: una “mafia colombiana” de cabotaje y el home office de Piñero

El home office del delito, como ha sido llamada la cárcel de Piñero, continúa en funciones. La investigación del Ministerio Público de la Acusación (MPA) que culminó con la captura del colombiano Víctor Sleyner Acevedo Figueroa puso al descubierto la competencia entre dos bandas, una de ellas dirigida desde la prisión, mientras la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar) identifica al detenido como organizador de un grupo que se proveyó de cocaína en distintos puntos del país.

Acevedo Figueroa fue expulsado de la Argentina a fines de 2023 después de cumplir una condena de 5 años de prisión por la unificación de dos causas. Pero un año después regresó en forma clandestina y volvió a Rosario, donde tiene mujer e hijos y otros familiares. El paso por la cárcel de Piñero le permitió profundizar sus relaciones en el ambiente del narcomenudeo, donde según los investigadores comenzó vinculándose con Los Monos —aunque ya a fines de 2022 tuvo un enfrentamiento por la venta de drogas en Vía Honda— y después fue un actor independiente de las grandes bandas.

“Se hacía cartel diciendo que era de Los Menores, pero no está vinculado con ninguna de las organizaciones reconocidas en Rosario. Sería un actor de media escala, con asiento en La Lagunita y Barrio Toba”, afirma un investigador del MPA.

La venta de drogas en la zona era objeto de disputa entre Acevedo Figueroa y otra banda dirigida desde la cárcel de Piñero. La pelea se hizo visible a través de anónimos que denunciaron a presos del pabellón 3 y de balaceras por las cuales el colombiano terminó imputado.

Recuerdos del pabellón 5

La investigación de la Procunar y la Oficina de Narcocriminalidad de la Unidad Fiscal Rosario comenzó hacia mediados de 2024 a partir de información compartida por el Ministerio Público de la Acusación. Ese año fue descubierto un grupo de vendedores de droga que respondía a Brian Joel Flores, preso del pabellón 5 de la cárcel de Piñero identificado como parte de Los Monos. Flores estaba en pareja con Yamila Virginia Medina, agente de policía cuyo domicilio, en Biedma al 2800, funcionó como búnker de la banda.

Acevedo Figueroa había sido delegado del pabellón 5, donde coincidió con sus compatriotas Reinaldo López Morales y Daniel Stiven Mosquera Figueroa, con quien tiene lazos de parentesco. Apodado Nene o Colombianito, aunque ya de 33 años, en mayo de 2021 fue condenado a cinco años de prisión por la unificación de dos causas por venta de drogas y en octubre de 2023, una vez cumplida la sentencia y agotados los trámites, expulsado del país por la Dirección Nacional de Migraciones.

El pabellón 5 de Piñero reunía entonces a miembros tan notorios de Los Monos como Ariel Maximiliano Cantero, uno de los hijos del “Viejo” Cantero, detenido por el asesinato del policía Cristian Ibarra, y el sicario dominicano Otniel De León. La escucha del teléfono compartido en el pabellón reveló que Reinaldo López Morales, Ronal para sus conocidos, estaba en contacto con una mujer llamada Talia Sol Cristaldo. Y en esas comunicaciones surgió el nombre de Figueroa Acevedo.

La investigación siguiente puso bajo sospecha a los presuntos componentes de “la mafia colombiana”, como se presentaba Acevedo Figueroa Acevedo en una cuenta de Facebook. La Procunar investiga como “parte de las maniobras criminales” a personas cuya identidad mantiene en reserva y confía en el material que podrían deparar tres teléfonos que “el Colombianito” trató de descartar ante el allanamiento de su casa.

Acevedo Figueroa no salía a la calle salvo a altas horas de la noche o de madrugada por cuestiones de seguridad y su domicilio en la ciudad era desconocido. Tenía una buena vista de la costanera desde el departamento de avenida Belgrano donde vivía, pero caminaba por las paredes: “No salgo de mi casa. No puedo confiar en nadie”, “Todo el mundo de fiesta, bailando”, “Yo con plata encerrado en una maldita casa”, se quejó en distintas comunicaciones.

Según la Procunar, otro ciudadano colombiano actualmente con pedido de captura se ocupaba de los movimientos de la banda. Este ciudadano ha desaparecido de los lugares que frecuentaba después de los allanamientos recientes. Los seguimientos en la calle registraron sus contactos con otras personas ahora investigadas y la utilización de varios domicilios como depósitos de droga y armas, entre ellos uno de Gandhi al 5600 y un departamento de Oliden 4202. En este último lugar la Policía de Seguridad Aeroportuaria secuestró el sábado pasado un poco más de un kilo de cocaína, dos pistolas y municiones.

La ley del mercado

Los integrantes del grupo también hicieron viajes al conurbano bonaerense y a Córdoba y Misiones, supuestamente a fines de proveerse de cocaína. El proveedor o los proveedores de la droga son desconocidos. “La mafia colombiana” realizó mientras tanto transferencias de dinero a Bolivia, Colombia y Costa Rica y a su vez las recibió en la provincia de Buenos Aires.

El encierro terminó por traicionar a Acevedo Figueroa. Un pedido de comida a un servicio de delivery reveló su dirección a los investigadores: un departamento que alquilaba en Avenida Belgrano 929 B, piso 15, apenas a tres cuadras del Monumento a la Bandera.

Otro error fue la exteriorización de la disputa con la banda que responde a presos de Piñero. “Federico García, (Claudio) Nahuel Canavo, dejen de mandar a tirar tiros y dejarlos morir en los patios de casas del Toba. Gatos del pabellón 3 de Piñero”, proclamó el mensaje que rubricaron las balaceras desatadas entre el 22 y el 25 de febrero en Ocampo y Chacabuco, Zelaya al 1300 (a pasos de la comisaría 10ª), Felipe Moré al 3200 y Gutenberg al 1700.

Las balaceras fueron una reacción contra la seguidilla de ataques que desplegó la banda contraria entre el 14 y el 16 de febrero. En esta secuencia se inscribieron el asesinato de Marcelo Tomás Benítez, de 25 años, en un pasillo de Campbell al 3900; el atentado contra un hombre de 35 años, baleado en la puerta de su casa en pasaje 1821 al 6000 y un tiroteo a mansalva contra vecinos de Aborígenes Argentinos al 6000, en el llamado Barrio Toba, donde fue herido un chico de 11 años y por el cual hay cuatro detenidos.

Canavo y García están en un pabellón de alto perfil nivel 2 en Piñero. El primero fue condenado por las balaceras a edificios del Poder Judicial de 2018. “Acevedo Figueroa tenía el control de algunos puntos de venta, o al menos la intención de controlarlos en Barrio Toba y La Lagunita. De ahí el enfrentamiento”, apunta el investigador del MPA.

Previamente, el 9 de febrero, la Procunar recibió una colaboración inesperada. Una persona no identificada informó por correo electrónico que un preso del pabellón 9 de Piñero manejaba una organización de venta de droga y ordenaba balaceras a través del teléfono celular de que dispone en su celda. La comunicación mencionó a un preso inexistente y otras circunstancias dudosas pero entre la sarasa surgió la dirección del departamento de Avenida Belgrano 929 B, piso 15, como el punto de provisión de la droga y de recepción de los pagos. Se presume que la información provino de los competidores en el mercado.

Acevedo Figueroa quedó imputado como instigador de las balaceras, por las cuales también fueron acusadas otras tres personas, en la Justicia Provincial, y por tenencia de estupefacientes para la comercialización en la Federal. El proyecto de la mafia colombiana parece cancelado; pero como indican otras investigaciones del MPA, el home office del delito sigue en comunicación con las calles de Rosario.

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