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Política

CFK en el día cero: gambeteó el encierro con un audio a la multitud y reescribió el “vamos a volver”

Después de las dos de la tarde, decenas de grupos de militantes circundaban la Plaza a seis o siete cuadras, como dibujando una dificultosa circunvalación para buscar una fisura donde entrar; pero todos los metros cuadrados de la propia Plaza, las avenidas que convergen y las apretadas calles del microcentro porteño estaban ya cubiertas. Era la sensación futbolera de llegar tarde a un estadio lleno y con el partido por empezar. Cristina no había salido aún a la cancha, pero la expectativa era total. Como anticipó Suma Política, si no fuera por el bloqueo ilegal de micros que hicieron las fuerzas de seguridad federales a centenares que llegaban desde las provincias argentinas, el acto hubiera sido aún más numeroso.

De todas las incógnitas que se fueron revelando en las últimas 48 horas, un tiempo político trepidante para la Argentina, el factor numérico respecto de cuánto apoyo recibiría Cristina Kirchner en los primeros momentos de su detención quedó plasmado: cerca de un cuarto de millón de militantes fueron ayer hasta la zona de la Plaza de Mayo, y desde ya, la gran mayoría no pudo ingresar a una plaza que, aun explotada, alberga hasta unas 70 mil personas.

La caravana a Comodoro Py para acompañar a la ex presidenta y así “garantizar” el trámite de la prisión domiciliaria había quedado en el pasado: como adelantó este medio, el dispositivo mediático y judicial detectó con antelación el creciente apoyo popular a la ahora condenada por la Corte Suprema, y pulsó por resolver de manera remota y no presencial el momento de presentarse y quedar detenida: para qué someterse —operaron abiertamente en este caso desde el gobierno nacional— a esa caravana épica, esa media docena de horas de incertidumbre con Cristina dándose un baño de cariño popular, mientras el aparato burocrático judicial la esperaba en sus oficinas para resolver lo que hoy, como resulta obvio, se puede resolver “a domicilio”.

De manera remota se puede comprar un auto en otro continente que llegue a la puerta de la casa del comprador argentino, también obtener documentos personales y todo tipo de trámites en todas las instituciones, ¿por qué no iba a ser posible notificarse de una condena y confirmar una detención domiciliaria?



Pero en el peronismo, incluida Cristina, la jugadora con mayor talento y valentía en el equipo del PJ, ya detectaron desde el momento mismo en que los jueces de la Corte se apuraron torpemente a ratificar la condena por el caso Vialidad que “el miedo” estaba más del lado de los que terminaban “festejando”, que del lado de la víctima, que insólitamente por una causa judicial de lawfare (diseñada en su contra) perdía el segundo atributo más preciado de un ser humano; luego de la vida, la libertad.

La vida no la perdió CFK el 1° de septiembre de 2022 por un milagro mecánico de una bala que no salió. Pero, como anunciaron desde la usina principal de anticristinismo de la Argentina —grupo Clarin—, unos días después del atentado fallido, “el fallo sí iba a salir”, y salió.

Con la condena confirmada, y CFK presa en su domicilio en el ya mítico San José 1111 del degradado barrio de Constitución en la Capital Federal, se producen varios cambios políticos con irradiación futura; aunque el principal es que “el miedo”, en su dimensión simbólica, pasó del campo del peronismo kirchnerista al conglomerado oficialista, y sus aliados políticos, mediáticos, empresarios y judiciales.

¿Qué más nos puede pasar?, dicen desde el peronismo, Cristina ya está proscripta y presa, de ahora en más sólo nos queda reconstruirnos y mejorar. En cambio, desde la Casa Rosada, que siempre dudó sobre la conveniencia de llegar a este momento (proscribir a CFK), ahora cargan con la mochila eterna que ya Cristina usó en su inesperado discurso de 9 minutos (sólo audio, sin imagen, grabado unos minutos antes, y en vivo) de este miércoles 18 de junio histórico en la Plaza de Mayo: “Me proscriben, me meten presa y no me dejan competir electoralmente ¿saben por qué?, porque me tienen miedo, saben que no me pueden ganar”.

El “no me pueden ganar”, cuya veracidad o no sería sencillamente comprobable en la elección de septiembre en la provincia de Buenos Aires (como pretendió Cristina y no la dejaron) se vuelve una frase complicada de tramitar para todo el sistema democrático, desde ya para los jueces que ponen su firma en una sentencia que ingresará en la historia (con su arcaica suspensión de los derechos políticos de “por vida”, una gravedad perpetua que ni siquiera padecen los peores delitos del código penal), pero principalmente se vuelve con un peso insoportable para los pares de Cristina, sus adversarios políticos electorales. Alterar los “reglamentos” a pocos meses de jugar el partido daña con gravedad a todas las listas que se presenten en la provincia de Buenos Aires, y no sólo a la del PJ.

Este miércoles, la izquierda trotskista acompañó en la calle a la movilización por Cristina, aunque fue el único espacio electoral por fuera de Unión por la Patria que se sumó al peronismo. El resto del espectro liberal progresista, centro derecha y derecha, no se mostró contrario al fallo de la Corte Suprema.

Se sabe, las interrupciones democráticas, en sus distintas graduaciones ocurridas desde el 6 de septiembre de 1930 a la actualidad, fueron siempre convalidadas más o menos abiertamente. La convalidación de la Corte Suprema de Justicia al primer golpe militar que derrocó a Hipólito Yrigoyen (1930) a través de una memorable “acordada”, así como el apoyo de radicales, conservadores y socialistas al bombardeo de la Plaza del 16 de junio de 1955, son apenas una muestra de una larga saga de claudicaciones democráticas de gran parte del sistema partidario político argentino. La proscripción de CFK pareciera promover un comportamiento similar de los mismos actores, con excepción de la izquierda del FIT.

Con Cristina presa y proscripta, el peronismo tiene a su principal figura dañada pero, a la vez, tiene una oportunidad; la movilización del 18 de junio, la gambeta casi graciosa (y obvia) de sortear el aislamiento con un audio de voz grabado en el momento (o incluso con un saludo en “vivo”) y conmover a un cuarto de millón de argentinos que esperaban por ella, fue una manera de empezar bien un camino largo y plagado de incertidumbres.

El peronismo no está entregado, pero eso no quiere decir que ya ganó la partida. El gobierno ahora tendrá que mover sus piezas y demostrar si tiene algo que ofrecerle a la sociedad, o probablemente nada más que lo mismo que ya mostró en un año y medio.

Si la sucesión de Cristina era un problema en el peronismo, ya no lo es. La titular del liderazgo es Cristina, y también la responsable de diseñar la salida para este momento dramático.

Cristina dijo, en el audio que hizo difundir a las 15.20 de la tarde en el buen sistema de sonido de la plaza, que los militantes escucharon con atención y en silencio: “Lo que más me gustó de las muestras de cariño (prodigadas en su domicilio), fue cuando cantaron vamos a volver”. La definición es desafiante y se pone un paso adelante del resto.

Hasta hoy, y por error en parte de la propia Cristina cuando diseñó su sucesión en 2019 con Alberto Fernández, el “vamos a volver” remitía directamente a un trauma en el pasado reciente. Sin embargo, con la condena y la pérdida de derechos políticos y de la libertad, Cristina se “saca” de encima probablemente uno de los fallidos más ingratos de su carrera política, el gobierno de Alberto. Con la “cárcel” de San José 1111 (y la insólita prohibición de salir al balcón), la imposibilidad de competir en las elecciones, Cristina se “sacó” de encima a Alberto, y estaría rescatando con mayor nitidez lo que mejor tiene para mostrar: los 12 años que gobernó junto a su marido, Néstor Kirchner, de 2003 a 2015. La Plaza del 18 de junio de 2025 retoma, diez años después, la plaza del 9 de diciembre del 2015.


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