Entre el calor y las llamas, la política y la economía toman temperatura. Con la pelea por la reforma laboral a la vuelta de la esquina, más de 80 sindicatos nacionales rompieron el cerco de cabildeos y fotos de verano, y pusieron el conflicto en la calle. Desde la sede de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), el nuevo frente anunció movilizaciones en Córdoba y Rosario para resistir el proyecto que busca demoler el derecho del trabajo.
La Región Centro, ese territorio al que su clase política sueña como una idílica exposición agroindustrial, será escenario de la primera refriega obrera de magnitud en un año que promete ser conflictivo.
La presión sobre los mandatarios provinciales es explícita. El documento firmado por metalúrgicos, aceiteros, maquinistas, pilotos y estatales, entre otros, denunció a “algunos gobernadores” que “estarían dispuestos a intercambiar el voto de senadores y senadoras por beneficios coyunturales para sus administraciones provinciales”, entregando “derechos históricos a cambio de migajas”. El secretario general de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE), Rodolfo Aguiar, fue más crudo. “Tenemos que exponerlos, tienen que quedar en evidencia aquellos que pretendan avalar esta reforma”, arengó.
En rigor, más allá de la ambigûedad con la que se expresaron respecto de la iniciativa y del garantismo patronal que comparten con la mayoría de la clase política, los gobernadores de Córdoba y Santa Fe no participan de la ronda pública de conversaciones que el gobierno nacional abrió en busca de apoyo al plan flexibilizador. Sí lo hacen, entre muchos otros, algunos gobernadores peronistas electos y revalidados con el traje de opositores.
La presión sindical parece albergar, más bien, cierta esperanza en estimular en Provincias Unidas algún gen de resistencia al avance de la maquinaria libertaria. Hay algunos incentivos para eso. Uno de ellos es el impacto que tendrá la reforma tributaria que contrabandea el proyecto laboral, cuyo costo fiscal en los distritos más desarrollados no se compensa fácilmente con un ATN. La foto de Pullaro y Llaryora en Cosquín, además de clavar una pica en la “batalla de los festivales”, ofició como un gesto de autonomía.
Obreros del Centro
Las movilizaciones de febrero intentarán avisar al sistema político que en la dinámica región central del país, además de mesas de enlace y Bolsas de Comercio, subsiste algo parecido a un proletariado que, aun cascoteado, intentará resistir la ley que busca darle el tiro del final. Y en un contexto en el que los conflictos, fragmentados e invisibilizados, crecen. Por despidos, suspensiones, cierres de empresas e incumplimientos patronales, y por la caída del salario real que se ensancha con la aceleración inflacionaria.
El dueño de Lácteos Verónica fue interpelado esta semana en Totoras por los trabajadores que sufren la crisis de esa empresa, un conflicto municipal en toda la provincia se evitó con un acuerdo salarial de última hora, las paritarias se tensan en sectores como el transporte y hasta los choferes de Uber debutaron con una medida de fuerza.
La economía no ayuda. Aun cuando se mezclan con datos de arrastre que se fuerzan como positivos, los indicadores públicos y privados muestran que en los últimos meses cayó la actividad, la producción en los sectores más demandantes de mano de obra, el empleo y el ingreso.
El 11 de febrero, en el Senado, el gobierno libertario intentará dar un paso decisivo para institucionalizar este nuevo orden de cosas. Son numerosos los trabajos de distintos centros de estudios, como el de la CTA Autónoma, Colectiva o Cepa, que exponen la regresividad del proyecto de reforma laboral. El documento de los gremios que convocaron a las movilizaciones lo resume en relación con lo que significa para el sistema productivo.
“Esta es la reforma laboral que necesita el modelo de Milei. Para desmantelar el tejido industrial como lo están haciendo, necesitan facilitar los despidos. Para seguir usando a los salarios como ancla contra la inflación, necesitan legalizar lo que hoy ya hacen de hecho, que es poner un techo a las paritarias. Para seguir construyendo una economía en base a salarios bajos y trabajo precario necesitan atomizar la negociación colectiva, eliminar derechos laborales, restringir el derecho de huelga y legalizar el fraude laboral”, señalaron.

Con un caño
Los movimientos tectónicos de principios de año llegaron hasta la punta de la pirámide de poder, con la escalada entre Milei y el CEO del Grupo Techint, Paolo Rocca. La disputa arrancó con la derrota de Siat Tenaris en una compulsa privada para proveer caños al proyecto que tiene como objetivo final la producción de GNL con gas de Vaca Muerta. Ser por lejos la oferta más cara de la licitación parece argumento suficiente para quedar fuera del contrato que ganó una competidora india. Pero en la Argentina de los “expertos en mercados regulados” no deja de causar sorpresa que eso haya sucedido. Que el propio jefe de Estado se suba al episodio para gritarle el gol en la cara amplifica la curiosidad.
Hasta hace poco, el poderoso empresario era un firme sostenedor del proyecto libertario, al que no solo aportó fondos de campaña sino funcionarios. Uno de sus ejecutivos pasó a dirigir YPF desde el cambio de gobierno. Otro, como secretario de Trabajo, fue clave para preparar el terreno de la reforma laboral, pisar paritarias y desmantelar el arbitraje estatal en las relaciones del trabajo. Su control sobre la Unión Industrial Argentina (UIA) le aseguró al gobierno el silencio de esa entidad frente al proceso de destrucción fabril más acelerado que se haya registrado desde la dictadura.
A cambio de bancar este “verdadero reseteo de la economía argentina”, como llamó al plan económico, el viejo cacique solo pidió por la suya. Entre otras cosas, que lo protegieran de la competencia asiática. No desentonó en eso con otras firmas, como Mercado Libre, que no recibieron el bullying libertario.
El propio presidente dio una pista sobre cómo el padrino se convirtió en “Don Chatarrín”, al repostear un tuit que lo vinculó con entretelones de las disputas electorales de septiembre y octubre. De paso, alimentó la narrativa contra la industria argentina, a la que nunca estuvo claro si los grandes grupos como Techint lideran o toman de rehén.
En un mundo en el que lo parroquial se mezcla con lo geopolítico, las causas y consecuencias de esta pelea se verán con el tiempo. Como la intervención del puerto de Ushuaia en medio de misteriosos aterrizajes de delegaciones de Estados Unidos o las visitas oficiales del embajador chino a los puertos de la Hidrovía.


En bicicleta
Ninguna de estas turbulencias afectó la semana de gloria que vivió el equipo económico con el movimiento descendente que mostró el riesgo país, el impacto del aumento del precio del oro en las reservas y la compra de dólares en el mercado de cambios por el Banco Central. El ministro Luis Caputo logró que la bicicleta financiera volviera a andar en el primer mes del año, a costo de tasa y liquidez. Un efecto que traspasa a la economía real, tanto a nivel de empresas como de familias.
El aumento de la tasa de morosidad en el crédito bancario y no bancario activó alarmas en el sector privado pero sobre todo en el público. Ya hay proyectos de ley en el Congreso para instrumentar programas de desendeudamiento familiar. En Rosario, la concejala Norma López presentó en la última semana una iniciativa equivalente, a nivel municipal.
El veraneo fue tan corto para la política como para los turistas gasoleros de la Argentina de los últimos días. Arranca un mes que se anuncia caliente y con pujas trascendentales. Aguiar, de ATE, la picó con entusiasmo militante. Advirtió que la reforma laboral puede ser para Milei “lo que la previsional fue para Macri”. Y no descartó que “con el empecinamiento en destruir a los sindicatos y los trabajadores, empiece el tiempo de descuento para el oficialismo”. Desde el otro lado piensan lo mismo, pero al revés.































