La obligación de la deuda, el mandato que hace que no nos quede otra opción que endeudarnos para vivir, demuestra que ésta funciona como herramienta productiva. Nos obliga a trabajar más. Nos lleva a tener que vender nuestro tiempo y esfuerzo futuro. Propone como horizonte que paguemos hasta morir. La deuda vampiriza nuestra energía vital.
Las palabras de las filósofas y sociólogas Silvia Federici, Verónica Gago y Luci Cavallero en ¿Quién le debe a quién? Ensayos trasnacionales de desobediencia financiera, recobraron actualidad esta semana cuando ingresó al Concejo Municipal de Rosario un proyecto de ordenanza para crear el Programa Municipal de Acompañamiento para el Desendeudamiento Familiar, una iniciativa que busca aliviar la carga financiera de hogares rosarinos afectados por deudas de consumo y prevenir situaciones de exclusión social.
La propuesta, elevada por la concejala Norma López —que busca replicar otras similares presentadas en Caba y provincia de Buenos Aires— instala en el debate público un problema que atraviesa a muchas familias de la Argentina y de la ciudad, que echan mano del crédito para consumos básicos como alimentos o salud y ante la imposibilidad de pagar esas deudas, entran en una espiral sin salida. “Lo moroso deja de ser una cuestión privada, tiene consecuencias sociales, económicas y de lazos familiares, porque empobrece más y deteriora la calidad de vida del hogar”, dijo López para dimensionar un problema que volvió a ponerse en agenda cuando se dieron a conocer los últimos datos del Banco Central de la República Argentina (BCRA) sobre el endeudamiento de hogares y empresas.
El último “Informe sobre Bancos”, una publicación del BCRA que analiza mensualmente la coyuntura del sistema financiero argentino, correspondiente a noviembre de 2025 (último dato estadístico), señala que en el penúltimo mes del año pasado “el ratio de irregularidad del crédito al sector privado se ubicó en 5,2 %”, con un aumento mensual de 0,7 puntos porcentuales (pp)”.
Pero a la hora de discriminar por sectores, la mora de las financiaciones a los hogares ascendió a 8,8 % de la cartera destinada a este tipo de deudores, mientras que el indicador correspondiente a empresas fue de 2,3 %.
“Las previsiones totales del sistema financiero representaron 97 % del saldo de crédito en situación irregular y alcanzaron 5,1 % del total de las financiaciones al sector privado”, indicó la autoridad monetaria.
“Hoy el endeudamiento de muchas familias rosarinas no tiene que ver con un consumo de lujo ni ostentoso, sino con la necesidad de llegar a fin de mes”, explicó López cuya iniciativa es similar a la que presentaron en Caba el legislador Leandro Santoro y en provincia de Buenos Aires la diputada Victoria Tolosa Paz (UxP), y detalló que “en un contexto de caída del salario real y aumento del costo de vida, el crédito se vuelve un mecanismo de subsistencia y eso termina generando situaciones de vulnerabilidad social que el Estado no puede ignorar”.

Lo peor en una década
En base a los datos del BCRA, el economista Christian Buteler señaló que en todas las líneas del segmento familia subió la morosidad. “Los créditos personales un 11 % (+ 1,1 pp), las tarjetas de crédito 9,2 (+ 1,5 pp), los hipotecarios 1,1 (+ 0,1 pp) y los prendarios 5,2 % (+ 0,4 pp).
Aunque esto se da en un contexto donde también hay un mayor crecimiento u oferta de crédito, “la morosidad crece por la pérdida de ingreso disponible y por un mercado de crédito con tasas tan altas que sólo están dispuestos a tomarlos perfiles de riesgo más altos”, analizó el economista.
Y lo puso en números. “Si el ratio de morosidad nos da 8.8 % en noviembre sobre los 113 billones de pesos de créditos, quiere decir que hay impagos por 9,9 billones de pesos”, aseguró.
Ese panorama, que surge de los números oficiales, es lo que están viendo como una señal de alerta los analistas del mercado con distintas corrientes ideológicas.
La consultora Ecoviews, conducida por el economista Miguel Kiguel, aportó un dato más al respecto. Indicó que “la carga mensual de los servicios de deuda de las familias fue del 26,3 % de la masa salarial registrada, lo cual refleja una menor capacidad de pago”. En esa medición, el endeudamiento vía créditos personales y tarjetas de crédito llevan la delantera.
Pero también, de la mano de la tecnología, el endeudamiento de los hogares y las personas se incrementa vía las billeteras virtuales y allí también se detecta una suba de la morosidad. “Al cierre de 2025, los hogares acumularon compromisos con bancos y fintech equivalentes al 140 % de sus ingresos mensuales”, planteó el economista de Idesa, Patricio Canalis en diálogo con una emisora cordobesa.
El especialista explicó que se da “un endeudamiento en cadena” donde primero la persona se endeuda con la tarjeta de crédito y luego, como no puede pagarla, termina sacando un préstamo personal”. Y detalló que en ambos canales, “la mora creció bastante”.
Los datos del BCRA son contundentes, la morosidad en los créditos personales, que llegó al 11 %, rompió una barrera histórica, ya que se trata de un nivel que no se registraba desde el inicio de la serie estadística en 2010.

Bancos y fintech en alerta
Aunque para las entidades financieras y las fintech, un individuo o una empresa endeudada representa el mejor de los mundos porque engrosa su negocio, el crecimiento de la morosidad los pone en alerta.
De hecho, la Encuesta de Condiciones Crediticias que difundió el BCRA esta última semana muestra que “a nivel agregado se registró en los dos últimos trimestres de 2025 un endurecimiento de los estándares de originación crediticia (principalmente en el segmento de las familias y de las pequeñas y medianas empresas)”.
Es decir, los bancos empezaron a mirar con más atención a quiénes y cuánto prestan, fundamentalmente porque se enfrentaron a un crecimiento de deudas impagas y el riesgo de incobrabilidad.
Según el Central, esta evolución “resulta consistente con una respuesta prudencial de las entidades financieras ante el contexto de aumento en el grado de materialización del riesgo de crédito”.
El crecimiento de la deuda de las familias es una foto clara del deterioro del poder adquisitivo, que además viene acompañado en todo el país, y puntualmente en el Gran Rosario, de un desempleo en ascenso expresado en la crisis y cierre de empresas.
En este escenario, muchas familias e individuos agotaron sus ahorros e incluso la posibilidad de refinanciar sus pasivos, debido a la caída de sus ingresos.
Esa situación se viene arrastrando desde mediados del año pasado. Los datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Instituto Nacional de Estadística y Censos (EPH-Indec), muestran que al segundo trimestre de 2025 “el 48 % de los hogares tuvieron que desplegar por lo menos una estrategia para llegar a fin de mes”, indicó un trabajo del Instituto Argentina Grande, elaborado por Candelaria Rueda y Violeta Carrera Pereyra.
Pero además, el 35 % de los hogares gastó ahorros para llegar a fin de mes y un 9 % vendió pertenencias.
Los que no pudieron usar fondos propios tomaron deudas. El 25 % se endeudó para “llegar a fin de mes”. “El endeudamiento con conocidos/as o con entidades financieras es la única variable que está peor que 2024 (año pico de la serie)”, reveló el estudio, algo que “resulta preocupante en un contexto de aumento de la morosidad”.
Ese informe segmenta por grupo socioeconómico y revela que los hogares que mostraron estar en un peor estado son los de deciles medios: el 53 % de ese grupo tuvo que desplegar estrategias para complementar ingresos y es el que se endeuda con entidades financieras más que los sectores bajos y altos.
La situación de deterioro de los ingresos también quedó reflejada en la nueva medición que difundió esta semana el Monitor de Opinión Pública (MOP) realizada por Zentrix Consultora, el cual indica que el 74,7 % de los encuestados afirma que su salario está perdiendo contra la inflación, una señal de malestar económico extendido en la vida cotidiana. Aunque también expone una paradoja del clima social: el gobierno no parece ser el depositario de este fenómeno, ya que en enero la imagen del presidente Javier Milei muestra una mejora respecto del cierre de 2025 y vuelve a ubicarse en un terreno de paridad, con 45 % de valoración positiva, 48,2 % negativa y 6,8 % regular, según datos de la consultora.

Un salvataje comunitario
Con datos tan contundentes, la iniciativa que impulsa López en el Concejo busca involucrar tanto al Estado como a las entidades financieras (bancos, entidades mutualistas, de microcréditos, cooperativas) en la solución de un problema que excede lo económico. “La intención es generar un acuerdo donde sea el Municipio, a través de la Secretaría de Hacienda, el que oriente, convoque a las partes y sea regulador de un programa mediante el cual las familias puedan cancelar deudas por consumos preexistentes, adecuando plazos de acuerdo a su capacidad de pago”, dijo la concejala.
La idea es acompañar a los hogares en procesos de recuperación financiera, sin reemplazar el rol del sistema financiero pero sí articulando con él desde una política pública local, algo que, según dijo López, ahora Rosario puede hacer con más libertad a partir de su autonomía.
Entre las herramientas se prevén además de modificar las condiciones de cancelación, acciones de orientación y educación financiera y dispositivos de acompañamiento social y administrativo.
El proyecto establece que el programa estará destinado a personas con residencia en la ciudad de Rosario, con ingresos medios o limitados, cuya economía familiar se encuentre significativamente afectada por deudas de consumo, excluyendo operaciones con fines especulativos o la adquisición de bienes registrables.
“Buscamos resolver la situación de las familias que quedan atrapadas en esquemas de endeudamiento crónico que comprometen su presente y su futuro”, concluyó López.































