El ataque de Donald Trump a Venezuela tuvo impacto mundial, desde las grandes capitales políticas hasta las regiones de cada país. En Argentina, varios gobernadores tomaron posición, siguiendo sus alineamientos pero, probablemente, también conscientes de que las luchas geopolíticas que reformatean la gobernanza global atraviesan las fronteras y afectan también sus territorios.
La avenida General Paz divide dos mundos. De un lado, el jefe de gobierno porteño, Jorge Macri, celebró la “extracción” de Nicolás Maduro como corolario de un “día histórico”. Del otro, el gobernador bonaerense Axel Kicillof repudió la operación reivindicando la tradición argentina en “el diálogo internacional y la defensa de la soberanía y la integridad territorial”.
En sintonía con el bonaerense se expresaron los mandatarios de La Pampa, Sergio Zillioto; La Rioja, Ricardo Quintela, y el fueguino Gustavo Melella, que gobierna el territorio que incluye a las Islas Malvinas. Alineados con el intendente porteño y el gobierno nacional se mostraron el chaqueño Leandro Zdero, el mendocino Alfredo Cornejo y el peronista tucumano Osvaldo Jaldo, quien además alentó a Trump a “ir por más” y “limpiar el mundo de dictadores, terroristas y narcotraficantes”.
El gobernador de Santa Fe, Maximiiliano Pullaro, eligió retuitear el comunicado de la Unión Cívica Radical en el que combina críticas a Maduro con un llamado a la paz y a una salida “democrática, pacífica y constitucional”.

La geopolítica del interior
Además de las convicciones y referencias políticas, no es descabellado pensar que la posición de las provincias en este tablero juegue algún papel en los posicionamientos. El principal destino de las exportaciones de Tucumán, por caso, es Estados Unidos. El de la provincia de Buenos Aires, Brasil. Por otra parte, la violenta y espectacular intervención militar no solo encendió alarmas en Groenlandia. También devolvió a la memoria el programa de trabajo que expuso el embajador estadounidense Peter Lamelas durante la defensa de su postulación ante el Congreso de EEUU. Entre otras cosas, prometió “vigilar” a cada uno de los gobernadores para evitar que hicieran negocios “con los chinos”.
Según el mapa de exportaciones que realiza anualmente la Bolsa de Comercio de Rosario, en 2024 hubo cinco provincias que tuvieron como principal socio a China, seis a Estados Unidos y otras seis a Brasil. Santa Fe es un caso especial, porque sus principales clientes son India, Brasil y Vietnam. Yuxtapuesto, también hay un mapa de inversiones y negocios que el gobierno nacional quiere remodelar a través del Régimen de Incentivos a las Grandes Inversiones (Rigi).
Fernando Straface, director del Centro de Estrategias Internacionales para Gobiernos de la Universidad Austral, se apoyó en el mapa de la entidad rosarina para describir la “diplomacia subnacional” que despliegan los países para relacionarse directamente con esas regiones. “Hay un solapamiento en el plano de la nueva regionalización que tiene que ver con la inserción global de las regiones”, subrayó.
El especialista expuso en un webinar organizado hace pocos meses por el Instituto de Desarrollo Regional (IDR), en el que se auscultó el giro regionalista de la política argentina. Tuvo como interlocutor a Fabio Quetglas, director de la Maestría en Ciudades de la UBA, quien añadió un aspecto sombrío a la cuestión: el crecimiento de las tensiones territoriales en el mundo que marcan distintos estudios desde 2001.
En Argentina, agregó Straface, “la desestructuración de los partidos contribuye a generar procesos de desafección política que explican que algunos ciudadanos de las provincias no se identifiquen con la Nación”. Se preguntó en ese contexto si en el futuro el sistema político será nacional o se estructurará como una confederación de sistemas provinciales. El tema no es menor. Quetglas advirtió que “la configuración regional es un proceso político y no natural” y recordó que en Argentina, “la Constitución fue el marco legal para la inserción al mundo pero también fue un armisticio”, subrayó.
Como federal que es, aunque a veces no lo parezca, la política argentina es rica en experiencia de ligas de gobernadores y alianzas regionales. El Norte Grande, la Patagonia o la Región Centro son parte de ese paisaje.
Este año, a la luz de la mayor tensión por el reparto de recursos con el gobierno nacional, esa tendencia escaló con la creación de Provincias Unidas. Santa Fe, Córdoba, Santa Cruz, Chubut y Jujuy, los cinco distritos cuyos gobernadores fueron fundadores originales (luego se sumó Corrientes), concentran el 22 % del PBI nacional y el 40,5 % de las exportaciones. “Santa Fe y Córdoba representan el campo, la industria y el puerto; Jujuy la minería, y Chubut y Santa Cruz el petróleo”, describió Pullaro en su momento.
Zonas de influencia
No es el único que anotó esos activos. La economía mundial se reconfiguró y la disputa entre China y la vieja potencia de occidente devolvió las decisiones de política económica a los manuales del imperialismo de fines del siglo XIX y principios del XX. Las urgencias de un excéntrico y sumiso aliado, como Javier Milei, abrieron otra ventana de oportunidad a Estados Unidos para consolidar su dominio del patio trasero a un costo relativamente bajo.
La influencia de la administración Trump ya se hizo sentir en el freno al ingreso de Argentina a los Brics, la demolición interna contra el Mercosur, el veto a la participación china en la licitación de la hidrovía, la obligación de contratar a una empresa norteamericana para las tareas de control en esa vía navegable y la privatización de Impsa.
Pero el desaforado rescate electoral de octubre agranda la cuenta. De hecho, al mismo tiempo que lo anunciaba, el secretario del Tesoro de EEUU, Scott Bessent, le recordó al gobierno la rudeza del imperio. Fue cuando exigió limitar la suspensión temporal de las retenciones a la exportación de granos y subproductos, que se tradujeron en alocadas ventas al gigante asiático.
China también es el principal beneficiario de la apertura importadora que dispuso Milei. Según el Observatorio de Importaciones de la Asociación de Pequeños y Medianos Empresarios de Santa Fe, la importación de productos de origen asiático se incrementó 66 % en los últimos dos años. La invasión no solo es china. Las compras a Brasil aumentaron 52 %. En cambio, bajaron 10 % los envíos provenientes de Estados Unidos. De ahí el apuro por firmar entendimientos comerciales asimétricos, como el que se anunció recientemente.
Poco después de las elecciones, el gobierno norteamericano informó la firma de un entendimiento comercial con Argentina. En el comunicado destacó, en tono triunfal, las preferencias arancelarias que obtendrá para ingresar medicamentos, químicos, maquinaria, tecnología, dispositivos médicos, vehículos y productos agrícolas. También el compromiso para desmontar licencias de importación y requisitos consulares. Además, el gobierno argentino se obligó a aceptar el ingreso automático de productos que cumplan con estándares estadounidenses, sin requerir evaluaciones adicionales, y a abordar los reclamos planteados por Washington sobre criterios de patentabilidad e indicaciones geográficas. Estos últimos aspectos involucran a la industria farmacéutica, la biotecnología y las economías regionales. En paralelo, ambos gobiernos impulsarán “inversiones y articulación estratégica en minerales críticos, un sector clave” para la administración Trump. El efecto de este nuevo paradigma se va sintiendo. Metalfor, fábrica emblemática de maquinaria agrícola, acordó con una agencia estatal estadounidense un crédito para reacondicionar en su planta equipos usados importados desde ese país. La empresa es cordobesa pero integra una región y una rama fabril que tiene a Santa Fe como principal territorio eje de la producción nacional.
Desde principios de 2024, el grueso del entramado industrial y laboral en la región viene sometido a fuerte presión. En ese proceso, el Gran Rosario volvió al podio nacional de la desocupación, con una tasa de casi el 9 % en el tercer trimestre de 2025, apenas por debajo de Río Gallegos (10,8 %) y Resistencia (9,7 %).

Difícil equilibrio
Frente a esto, la apuesta estratégica de la política santafesina es reconvertir su cordón industrial en un polo de provisión de bienes y servicios para la actividad extractiva y para las economías regionales que salgan ganadoras del reformateo que marca el Rigi.
Si la mesa del petróleo, gas y minería expresa la voluntad de expandirse hacia la cordillera, la mesa de la cadena productiva naval y logística marca el intento de unirla con el río. Las inversiones para mejorar el acceso a los puertos, los proyectos de las grandes cerealeras instaladas en Timbúes sobre el Belgrano Cargas, el apoyo acrítico por la profundización de la hidrovía y los nuevos emprendimientos en materia logística y de biocombustibles sobre las costas santafesinas forman parte de este reperfilamiento.
El reseteo busca conectar con la inserción internacional. En nueve meses, Santa Fe exportó 11.276 millones de dólares. Los principales destinos fueron India (con el 15,9 % del valor), Brasil (8,7 %) y China (8,3 %). Una lista de países de Europa, América latina, Asia y África precede al mercado estadounidense (1,9 %) en ese ránking. En cambio, según el Instituto Provincial de Estadística y Censos (Ipec), Estados Unidos fue el cuarto proveedor que ingresó bienes por las aduanas locales (5,6 %), detrás de Paraguay, Brasil y China.
En el estrecho desfiladero que deja el nuevo mundo, el gobernador Pullaro se acaba de abrazar con el embajador chino en el puerto de Cofco en la hidrovía, en ocasión del primer embarque de trigo a ese país, entre promesas de profundizar la relación comercial y el análisis de inversiones. Pero también tomó deuda por 800 millones de dólares en Wall Street, el territorio de Scott Bessent, autopercibido militante de un tutelaje para la Argentina en el que su propio poder financiero haga el trabajo de las cañoneras, “sin hundir ni una lancha”.

































