Luego de un golpe impensado en la madrugada del jueves en Diputados, con el rechazo a la derogación de las leyes por mayor presupuesto universitario y a discapacidad, el gobierno trata de enderezar a contra reloj un Presupuesto para el 2026 que llegó averiado al Senado, y que este viernes juntó las firmas necesarias para el dictamen a tratar en el recinto en la incómoda fecha del 26 de diciembre: al oficialismo en el Senado le dio la nafta para firmarlo tal cual llegó de Diputados, aunque tratará de meterle modificaciones para retornarlo a la redacción original, negociando al pie de las bancas con el puñado de senadores dispuestos a escuchar propuestas que endulcen sus oídos.
Si LLA consigue revivir las derogaciones de las leyes, entonces el presupuesto debería volver en la última semana del año a Diputados, lunes 29 o martes 30. Pura incertidumbre. Con todo, es probable que la Casa Rosada explore otros caminos para de todos modos bloquear lo que no consiguió en la noche del miércoles, con un error táctico grave: para “blindar” el artículo 75 de universidades y discapacidad, se terminó llevando puesto una cantidad de ítems (todo el capítulo 11) que incluyen beneficios tarifarios a muchas provincias y localidades en el gas (zonas frías) e indexación automática de asignaciones familiares, entre otros muchos rubros.
Tampoco le fueron favorables las cosas a la Casa Rosada, al menos en los términos que lo imaginó con la nueva configuración del Congreso, con la audaz reforma laboral que ya está en el Senado, pero que habría generado más rechazo de lo esperado, y eso hizo cambiar los planes libertarios. Lo que parecía salir sin obstáculos en el fin del año se tratará, en principio, en febrero. Siempre todo supeditado a cómo se vaya decretando la extensión del período de sesiones extraordinarias, en cuanto a temas y fechas, algo que, por ahora, sólo fue firmado hasta el último día del año 25. La derrota impensada en el capítulo 11 del Presupuesto 2026, el quiebre de las negociaciones políticas con el nuevo triunvirato de la CGT, el categórico rechazo a la reforma que expresó la movilización del jueves 18 en la plaza de Mayo, encendieron algunas alertas en la Casa Rosada.
Por eso, el ministro del interior debutante Diego Santilli trató de llevar calma y bajarle el precio al traspié. “Hay que corregirlo en el Senado”, dijo Santilli este viernes, aunque un rato después, su fuerza política en el Senado firmó dictamen sin corrección. Santilli busca en estas horas despejar toda duda respecto de la solidez de los acuerdos con los gobernadores, especialmente los peronistas de Catamarca y Tucumán, y del movimiento popular neuquino, cuya media docena de votos fueron decisivos en el cartel de la derrota (capítulo 11) 117 a 123. Esos gobernadores, que mandaron votar a favor el Presupuesto en general —por los acuerdos con ATN para sus provincias— pero luego votaron negativo el capítulo 11, según Santilli “no pudieron convencer a sus diputados porque no están comprendiendo todavía el cambio cultural”.
Entre tanto, se abren nuevos interrogantes en el Senado para el próximo viernes 26 (día de sesión) alrededor del Presupuesto. Fue de fuerte rechazo la declaración que hizo la senadora por Córdoba Alejandra Vigo —y referente en los hechos de Provincias Unidas en el Senado—, sobre lo que viene: “Con la sola voluntad de los funcionarios no alcanza. Los números no cierran y este Presupuesto está lejos de la realidad. En primer lugar, el monto previsto es claramente insuficiente para compensar la deuda que el Estado nacional mantiene con las 13 provincias que no transfirieron sus Cajas Previsionales. Para dimensionar: a Córdoba le adeudan alrededor de 690.000 millones de pesos, mientras que el Presupuesto 2026 destina apenas 122.762 millones para el conjunto de las 13 provincias. La gravedad se profundiza cuando el propio secretario de Hacienda, Carlos Guberman, increíblemente, desconoció en la comisión de Presupuesto del Senado el monto reclamado por Córdoba y negó la existencia de un acuerdo en el marco de una causa que se tramita ante la Corte Suprema. Por otra parte, el proyecto debilita servicios públicos esenciales: mantiene paralizadas las obras públicas, limita el crecimiento y profundiza las desigualdades entre provincias. Además, no contempla el financiamiento de la educación universitaria ni la salud, entre otras urgencias”.
La declaración de Vigo, más cerca de la guerra que de la negociación, parece corrida varios casilleros respecto de la actitud que tomaron buena parte de sus colegas en Diputados, donde el bloque de Provincias Unidas mayoritariamente se abstuvo en la votación en general, aunque luego sus votos negativos (cerca de 19) en la votación en particular contribuyeron a la caída del capítulo 11.
La voz de Vigo, si bien minoritaria en el Senado, podría estar expresando un clima hostil al proyecto, en esa zona de la alianza transitoria que el presidente necesita sí o sí para alcanzar el quórum y luego ganar la votación.
La lectura de la elección del 26 de octubre, en un punto, continúa abierta de acuerdo a los comportamientos de algunos sectores en el Congreso. ¿Cuál es la verdadera dimensión del triunfo de LLA? ¿Hasta dónde le permite llegar con la pretensión de reforma estructural y “cambio cultural” el 40 por ciento de los votos, sobre una participación del 67 por ciento del padrón? Son preguntas con respuestas aún pendientes, y las irá dando la realidad, en tanto pase la vida y el tiempo.
Por lo pronto, en la noche del miércoles al jueves, cuando el titular de Asuntos Constitucionales de Diputados, Bertie Benegas Lynch, introdujo un cambio en el proyecto de Presupuesto de última hora (21 mil millones para la Ciudad de Buenos Aires y beneficios para el sistema judicial), la percepción general fue de abuso, de exceso, se pasó de pillo, aún cuando las maniobras de este tipo son propias de la negociación política. También hay que decirlo, era tarde, habían pasado casi 12 horas de sesión, y casi la mitad de los sentados en las bancas estaban debutando ese día. Bertie se pasó de pillo, desde ya en una jugada diseñada por Santilli (estaba en la Cámara) y Martín Menem, pero del otro lado había una fuerza política, aunque disminuida, muy avezada: el peronismo, especialista en detectar y denunciar avivadas: “son unos chantas”, les gritó varias veces Germán Martínez (UxP) luego de describir en detalle la maniobra. Y ganó esa pulseada, de una larga saga que se viene.
































