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Sociedad

En barrios populares de Rosario hay familias que se endeudan con usureros para comprar alimentos

Llegar a fin de mes con sus ingresos se ha convertido en toda una odisea para los argentinos en general y los santafesinos en particular. Un estudio del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (Ietse) sostiene que en mayo del 2025, el 91 % de los argentinos tiene algún tipo de deuda. Lo ecuménico del asunto no le quita su componente de clase: mientras que los sectores trabajadores medios sostienen que sus deudas son para cancelar cuotas o para pagar otros créditos anteriores, en los barrios más carenciados se multiplican las prácticas usurarias entre personas que piden préstamos para poder pagar gastos diarios o parar la olla en el hogar, exponiéndose a extorsiones y hasta a perder su vivienda.

Desde el Instituto de Investigación Social Económica y Política Ciudadana (Isepci) cuestionan hace ya bastante tiempo los elementos que componen la canasta básica total y alimentaria del INDEC en el país: según la última medición de precios barriales que este instituto produce a partir de los precios en locales de cercanía, una familia de cuatro miembros necesitó 1.141.048 pesos para no caer en la línea de pobreza. Es decir, 3,6 salarios mínimos para cubrir las necesidades básicas.

“Cada vez hay menos comedores funcionando y menos copas de leche por falta de insumos; la ayuda local no alcanza”, sostuvo la directora del Isepci en la provincia de Santa Fe, Sofía Botto, en diálogo con Suma Política, y apuntó que la alimentación en los barrios populares es cada vez más precaria: “Hay alimentos que están contemplados dentro de la canasta básica como cortes de carne y verduras que ni siquiera llegan a las góndolas de los mercaditos barriales. A eso hay que agregar la distancia cada vez mayor de productos que les gustaría comprar pero no pueden por falta de dinero, como la leche”.

Los negocios que abundan en las calles de los barrios y de las villas tienen el mismo problema, aunque con diferentes escalas: muchas veces traen pocas primeras marcas y completan la oferta de mercadería con segundas o terceras marcas para abaratar los precios al cliente. Esto lleva a que no todos los productos puedan ser obtenidos en las barriadas o que no haya variedad de precios en los almacenes. “La inflación impacta mucho más fuerte y de manera diferenciada en los sectores populares, que tienen otros hábitos de consumo e ingresos informales”, explicó la militante social.

“Hay una cantidad importante de personas que acceden a un programa social, que hace un tiempo tenía la posibilidad de tener un patrón de consumo más parecido al de un trabajador asalariado. Hoy en día el patrón de consumo es diario y dependiendo de los ingresos semanales, quincenales o diarios que hacen que se encarezca la vida y no se pueda aprovechar una oferta o una promoción”, advirtió, lo cual se suma al aumento dispar de precios en los alimentos de consumo básico.


Si no lo veo, no existe


“No se ha actualizado el patrón de consumo para poder dar un valor de cuánto cuesta la canasta básica total, como el aumento de las tarifas y los servicios, que en los sectores populares son mucho más complejos. Por ejemplo, al no tener gas natural tienen que comprar la garrafa. Las tarifas del INDEC no tienen en cuenta el peso específico que tiene en un hogar el servicio de internet y de telefonía móvil”, destaca Botto, siendo que el ítem de Comunicaciones aumentó 14,9 % en lo que va del año. Si de “Alimentos y Bebidas no Alcohólicas” y “Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles” se trata, el aumento fue del 15,2 % y del 15,9 % respectivamente. Muy por encima del 13,3 % promedio del que se vanagloria el gobierno nacional.

“Es un dato totalmente irreal, porque ninguna persona puede vivir con un salario mínimo, lo cual implica que por lo menos los dos adultos tengan que salir a trabajar, agregando un gasto adicional a lo que las familias tienen que afrontar de base”, dijo Botto, polemizando con la idea, acompañada por economistas ortodoxos, de que el organismo nacional debe actualizar sus índices, y sentenció: “Las actualizaciones que se hicieron a la canasta son del 2006 y no reflejan los patrones de consumo de los hogares. El problema más grande que nosotros encontramos es que la ponderación de los gastos está mal hecha. Hay cuestiones que hoy tienen un costo mayor y que no se calcula. Esto alimenta la mentira del gobierno nacional de que hay menos pobres en Argentina”.

Botto señaló que al realizar las recorridas para llevar adelante los relevamientos, se descubre que las familias optan por tomar préstamos y créditos por medio de billeteras virtuales y aplicaciones bancarias o financieras por las cuales obtienen dinero líquido: “La mayoría de estos préstamos era para cuestiones cotidianas, desde cargar la tarjeta SUBE hasta comprar comida en el súper. Muchas personas de los barrios populares al no estar bancarizadas terminan teniendo mucho más a mano sacar un préstamo en una billetera virtual y también préstamos mucho más informales que tienen una carga más pesada en términos de cómo se devuelve esa plata”, sostuvo la directora en referencia a los usureros y prestamistas.



Techo por comida


Hernán Sorrequieta, referente del Movimiento Evita en Rosario, reveló a Suma Política que la presencia de los usureros en los barrios populares y villas “está muy extendida, sobre todo en el último tiempo. Ya venía existiendo y como todo con el gobierno de Milei se profundizó”.

El militante social afirmó que los préstamos a vecinos del barrio se cobran y se devuelven por día con tasas exorbitantes: “Son peores que los bancos”, sostuvo. Y no le falta razón. En las inmediaciones del cementerio municipal La Piedad germinan cada vez más casillas de chapa y madera en donde viven personas que no tienen dinero para poder alquilar una pensión o una casa. Al drama de no tener un techo se le suma haberlo perdido en manos de un prestamista.

“Los vecinos están cada día más endeudados con los usureros, y eso va incrementando también la deuda, porque llevan un porcentaje de intereses más alto del que ellos pueden pagar, así que sería más pobreza para la familia todavía”, lamentó Sandra, una vecina de la villa Combatientes de Malvinas que le contó a este medio el horror de la pérdida de los hogares por motivo de deudas con prestamistas.

La presencia de estos personajes en los barrios no es nueva, pero ha tomado relevancia en los últimos años, donde las necesidades fueron tomando cara de pecadores: “Los prestamistas barriales tienen un rol central en los barrios y tienen un peso específico en la vida de las villas. Hay un espacio de la población que está buscando una financiación, un ingreso, y que muchas veces terminan acudiendo a estos actores”, advirtió Botto y agrega que las dinámicas que generan estas dependencias entre vecinos y prestamistas son absolutamente violentas, ya que ante la imposibilidad de pago la refinanciación de los montos termina siendo prohibitiva para los vecinos y expone mucho más a las poblaciones vulnerables.

“Por los fríos, los que antes tenían un puestito en la calle ahora salen a cartonear. Los chicos que antes vendían pañuelitos no pueden salir con las criaturas. El nivel de pobreza cada vez se va extendiendo más y no llegan a fin de mes”, detalló la vecina de Combatientes de Malvinas, barrio ubicado a orillas de Circunvalación y 27 de Febrero.

Según la vecina, en su barrio hay al menos cinco familias que pidieron préstamos para poder comprar alimentos, que no pudieron afrontar en su momento y terminaron dando su vivienda como parte de pago: “Hay gente que ha perdido su casa con este problema. Tienen que endeudarse para poder comer pero no se dan cuenta que a la vez están perdiendo su casa también. Hay mucha gente que ha perdido sus hogares a causa de eso, de que no pueden alimentarse y ahora están viviendo en una casita precaria de chapa que hacen a la orilla del cementerio”, describió.

“La están pasando muy mal. Como hemos podido, les hemos solucionado los problemas muy precariamente con unas casillas para que puedan tener un lugar con su familia ahí, pero es impresionante que ya por un tema de alimentación tengan que meterse en una deuda y esa deuda los lleva a perder su hogar, es lo más deplorable que hay. A eso te lleva el hambre hoy en Argentina”.


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