Un testigo la definió como “una mujer muy pulcra, muy elegante, por demás de simpática, algo poco común” y no hubo opiniones ni testimonios que lo contradijeran. Eva Leonor García no necesitaba recurrir a la violencia, aunque terminó condenada por un asesinato, y además tenía excelentes relaciones con policías de Rosario. Los robos y estafas que cometió a lo largo de un cuarto de siglo tuvieron un denominador común: las víctimas fueron en su mayoría ancianos a los que redujo con sedantes, el método de las viudas negras.
García se hizo conocida como sospechosa del asesinato de Luis Gino Iannotti, aunque la Cámara de Apelaciones revocó su procesamiento. El empeño que puso la comisaría interviniente en borrar pruebas, frustrar la investigación y armar una escena falsa del crimen finalmente dio resultado y el caso quedó impune. Pero la mujer quedó expuesta como viuda negra, y los antecedentes no la favorecieron.
Jubilado y veterano de la Segunda Guerra Mundial, Iannotti era italiano, tenía 78 años y vivía en Pasaje Morse 2187, en la esquina con Riobamba al 5400. El 15 de abril de 2000 apareció ahorcado en el dormitorio de su casa, donde estaba solo, porque la hija con la que vivía acababa de salir de viaje hacia Italia.
Las últimas palabras de Iannotti a su hija fueron la pista inicial: había conocido a dos mujeres amables, de mediana edad, empleadas del Pami. Dos vecinas señalaron la foto de Eva García en un álbum policial y afirmaron que la habían visto por el barrio antes del crimen, pero el reconocimiento se produjo años después y quedó como un dato aislado.
La investigación del crimen de Iannotti estuvo a cargo de la comisaría 14ª por razones de jurisdicción. El expediente engordó con actas, fotografías, planos, declaraciones de vecinos, informes e hipótesis sobre los autores del homicidio. Una pila de papeles sin valor. La Justicia derivó el asunto a las Tropas de Operaciones Especiales, y así salió a la luz una historia oculta.

La ceremonia del té
En marzo de 1999 García se hizo amiga de Margarita Stoisa de Barraco Mármol, de 93 años, y la visitó en un departamento de Córdoba al 2100, donde vivía sola. El portero del edificio no creyó que fuera pariente de la anciana como aseguró y la retuvo cuando se retiraba. La señora Barraco Mármol dormía profundamente después de ingerir sedantes, y despertó al cabo de un día.
En la cárcel se conoce gente, se hacen planes para el futuro. La antigua cárcel de mujeres de Rosario (funcionaba en Ingeniero Thedy al 300) reunió a Eva García con Nancy Beatriz Basualdo, también con antecedentes por robos como viuda negra. García fue liberada a principios de 2000, Basualdo el 7 de julio del mismo año, y se reencontraron en la calle.
El mismo mes de julio de 2000 Elda Gregorutti, de 70 años, conoció a dos mujeres muy simpáticas que decían llamarse Mabel y Ana María y trabajar en el Pami. Un día las invitó a tomar el té y en medio de la reunión se quedó dormida: despertaría siete días más tarde, en una sala de terapia intensiva. Recobrada la lucidez, la mujer reconoció a Eva García como una de las falsas gestoras y dijo que le pertenecían unos anillos de oro empeñados en el Banco Municipal por Nancy Basualdo y otras alhajas y chucherías secuestradas en la casa de un cómplice, en Villa Gobernador Gálvez.
Marta Susana Bassi estaba en la puerta de su casa, Dorrego al 1500, cuando dos supuestas empleadas del Pami le preguntaron por el doctor Bassi. “Era mi padre, ya falleció”, dijo la mujer, conmovida, y se pusieron a conversar. Las desconocidas volvieron al día siguiente, 19 de agosto de 2000, ingresaron a la casa y robaron dinero después de dormir a Bassi con ansiolíticos.
García cultivaba al mismo tiempo sus contactos en la policía de Rosario; ella negaría haber sido informante, del mismo modo que rechazó los delitos que le atribuyeron como mentiras y conspiraciones en su contra. La cobertura de que gozaba tenía un precio: en septiembre de 2000 delató y aportó datos para la captura de Nancy Basualdo. Pero en agosto de 2001 fue a su vez detenida por las Tropas de Operaciones Especiales; en el intervalo participó en los robos a una joyería de Casilda y a una mujer que vivía en Jujuy al 2100, Matilde Inés Mendoza.
Pero las rejas no la contuvieron. El 23 de junio de 2002 García escapó de la cárcel con Fanny Rosell, por su parte imputada por un homicidio como viuda negra. La versión oficial les atribuyó una sucesión de piruetas, acrobacias, escalamientos y saltos de altura: un absurdo que evidenció el facilitamiento de la fuga, aunque no tanto como para que la Justicia de Rosario lo investigara. Fanny Rosell se perdió de vista desde entonces; Eva García no tardó en reaparecer.

Línea caliente
En octubre de 2002 la sección Investigaciones criminales de las TOE presentó un primer informe sobre el crimen de Luis Iannotti y puso el nombre de Eva Leonor García ante los ojos del juez Juan José Pazos. La viuda negra había sido vista en la comisaría 14ª antes y después del asesinato. Incluso unas horas antes se había registrado una extensa comunicación telefónica entre la misma seccional y la línea que correspondía al domicilio de García; y entre el 6 y el 9 septiembre de 2002, cuando estaba prófuga y se suponía que la buscaban, había más llamadas salientes desde la comisaría y desde un teléfono ubicado en la Jefatura de Policía de Rosario hacia otro teléfono de familiares de la mujer.
Las TOE cuestionaron la actuación de la comisaría 14ª y el Comando Radioeléctrico. Los policías “dieron vueltas por toda la casa” sin levantar rastros; movieron cosas de lugar y se llevaron plata que Iannotti guardaba dentro de un libro después que la hija les revelara telefónicamente dónde se encontraba; el relevamiento fotográfico omitió el escritorio y el sector de la habitación donde la familia guardaba el dinero; en definitiva montaron “una falsa escena” del crimen “en pos de desvirtuar la verdad, inculpar a quienes no tenían la culpa, a fin de dar ventaja al o los responsables directos del robo seguido de homicidio”, destacaron las TOE. El último punto refirió al intento de cargar el crimen a dos miembros de un culto evangélico, frustrado porque el vecino al que presionaron para que los comprometiera rechazó la maniobra.
La investigación de las TOE repuso además un contexto desatendido: en el año 2000 hubo al menos otros cinco homicidios de jubilados en Rosario, donde se repitieron las circunstancias de víctimas solitarias y vulnerables y la modalidad del engaño y el robo. Los asesinos nunca identificados de Iannotti fueron responsables de otros crímenes impunes, según esa investigación: el de María del Carmen Nievas, docente jubilada de 81 años hallada con huellas de golpes y estrangulada en su casa de San Juan 1449 el 17 de mayo de 2000; y el de Salvador Cúbito, italiano de 78 años, apuñalado en Amenábar 3549 el 30 de noviembre de 2000. Fanny Rosell había sido detenida por el segundo caso.
Los antecedentes de García se remontaban al 10 de julio de 1978, cuando la justicia de la ciudad de Buenos Aires expidió el primer pedido de captura a su nombre por robos y estafas reiteradas. Tenía 21 años. Su trabajo como azafata de la compañía Pan Am le permitía viajar, y un informe de Interpol reveló estragos que produjo a su paso por el primer mundo: “El 3 de mayo de 1979 compra 4.400 dólares en Amsterdam con un cheque sin fondos a nombre de Leonor García. El 19 de julio de 1979, en Oslo, compra un reloj valuado en 2.200 dólares con un cheque sin fondos”. También la policía de Luxemburgo se puso tras sus pasos antes de que literalmente levantara vuelo.
De regreso y desvinculada de la aerolínea, García se mudó a Rosario. Entre el 2 de noviembre de 1987 y el 15 de abril de 1994 registró catorce entradas en comisarías y en la sección Seguridad Personal de la Unidad Regional II. Procesada por siete estafas, no se presentó ante la Justicia y el juez Carlos Triglia la declaró en rebeldía el 7 de junio de 1994. Sin embargo, por la misma época García hizo buenas migas con la policía: tanto que se convirtió en informante de la sección Robos y Hurtos.
El nombre Robos y Hurtos pareció designar las especialidades de muchos de los policías que integraron esa sección, finalmente disuelta por el gobernador Jorge Obeid en 1998 después que un oficial y tres agentes provocaran en Santa Fe la muerte de Miguel Duarte, de 18 años, por ahorcamiento y al cabo de 48 horas de torturas con picana eléctrica. García fue informante de esa sección conocida por corruptelas y delitos varios durante la primera mitad de la década de 1990 y mantuvo el vínculo con la sucesora, la Brigada de Investigaciones.
La difusión del informe de las TOE provocó que el comisario Carlos Alberto Vannelli compareciera espontáneamente a declarar ante el juez Pazos. Vannelli había sido el superior a cargo de la comisaría 14ª el día del crimen de Iannotti: negó haber atendido llamados de García, aunque reconoció que ella lo había contactado porque “tenía unos datos para trabajar”, y descargó la responsabilidad en el comisario Raúl Cortés, entonces jefe de la comisaría 14ª. Cortés no podía responder, ya que había fallecido en 2003 en un accidente de tránsito.
El juez Pazos agregó el informe de las TOE y la declaración de Vannelli al expediente. La causa volvió a la inmovilidad, hasta que el 24 de septiembre de 2004 la policía bonaerense detuvo a Eva García en La Plata. Había otro asesinato bajo investigación y esta vez no pudo escapar de su propia telaraña.

Juicio y castigo
Sucedió el 30 de julio de 2004, en un departamento de Uriburu 1278, barrio porteño de Recoleta. Los dueños de casa, Narciso Omar Manti y Leticia Botta, invitaron a cenar a García, quien utilizaba un nombre falso y decía ser psicóloga. La pareja estaba afectada por la muerte de un hijo en un accidente de tránsito. La supuesta psicóloga acudió con una amiga y un hombre al que presentó como su hijo: en realidad se trataba de la abogada Silvina Paula Maquieira y del subinspector de la policía bonaerense Diego Martín Di Bella.
Los anfitriones pidieron asado por delivery y los invitados ofrecieron el postre y las bebidas. Manti, ferretero, de 77 años, se descompuso y murió después de beber varios vasos de vino que tenían benzodiacepinas, un sedante; Botta quedó inconsciente durante un día. Los ladrones se llevaron 30 mil dólares (la indemnización por la muerte del hijo de Manti y Botta), joyas, ropa, relojes, electrodomésticos y lo que encontraron a mano, “hasta cosméticos y un juego de cubiertos”, dijo la hija de las víctimas.
Manti tenía agendado el teléfono de una tal Ivana, travesti que decía ser parapsicóloga, profesar el umbandismo y hacer “destrabes”, uniones de pareja y supuestos servicios de magia negra. Ivana estaba en contacto con la banda aunque no había participado en el crimen, y aportó detalles.
Por otra parte las TOE mantenían intervenido el teléfono de una sobrina de García, en Rosario y detectaron llamados a ese número desde otro registrado a nombre de Maquieira en Buenos Aires. La viuda negra fue detenida en el trance de otro golpe, esta vez a un comerciante de antigüedades de La Plata.
En el juicio, García reconoció que había estado en casa de los Manti y acusó a Maquieira y Di Bella por el desenlace de la cena. La pareja le devolvió las atenciones en enero de 2014, cuando fue detenida en San Carlos de Bariloche: por entonces habían cambiado sus identidades y atendían una guardería de mascotas en la zona del Lago Gutiérrez, en condiciones de pobreza. Ambos fueron condenados a once años de prisión.


cómplice de Eva García.
García había sido condenada por su parte en abril de 2007 a doce años de prisión por el homicidio de Manti y la intoxicación de su esposa. En la cárcel de Ezeiza, donde empezó a cumplir la sentencia, hizo cursos de aerobic y colaboró en trabajos administrativos. Su conducta era impecable, pero en 2010 obtuvo un permiso de salida transitoria en la cárcel de Ezeiza y no regresó; volvió a ser detenida el 23 de junio de 2012 en Rosario.
En Rosario, García recibió una condena de tres años de prisión por veintidós estafas y siete hechos de hurto calificado y otra de dos años de prisión por los robos contra ancianas cometidos entre 2000 y 2001. En una entrevista con Hernán Lascano y María Laura Cicerchia, en 2006, prefirió recordar que fue desvinculada de la causa Iannotti por falta de pruebas; se desentendió del resto de su currículum, dijo ser víctima de infundios y evitó referencias comprometedoras. “Guardo los mejores conceptos del señor Vannelli”, dijo.

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