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Morir por ser mujer, de Ciudad Juárez a Santa Fe

Morir por ser mujer, de Ciudad Juárez a Santa Fe



G.N.


El femicidio es matar a una mujer justamente por eso: por ser mujer. Ese tipo de asesinatos siempre existieron, pero se los llamaba “crímenes pasionales” en los medios de comunicación y en obras de la literatura y de la música popular que, casi siempre inadvertida y masivamente, ocultaban la verdadera trama de esas tragedias.

Si bien ya se había usado en investigaciones académicas de las ciencias sociales, fue la antropóloga mexicana Marcela Lagarde quien hacia mediados de 2000 comenzó a usar el término femicidio para referirse a la muerte de una mujer por razones de género: la manifestación más extrema de la violencia contra las mujeres.

Pero Lagarde fue más allá: habló de feminicidio para señalar la responsabilidad del Estado cuando no ofrece a las mujeres garantías ni condiciones de seguridad en su trabajo, en su casa, en su vida cotidiana. Los violentos feminicidios de Ciudad Juárez de jóvenes muchachas empleadas en las maquilas eran una prueba más que suficiente para establecer la diferencia entre el crimen del ámbito privado y del público que marcó Lagarde.

Norma López, concejala del Frente de Todos en Rosario, retoma esa diferencia en el Observatorio de Género que lleva adelante desde hace una década, que incluye un mapa georreferenciado de esos asesinatos para toda la Argentina, primero en su tipo en América Latina.

“En 2018 notamos que con el crecimiento del narcotráfico en Santa Fe crecían también disputas territoriales resueltas de modo violento que muchas veces terminaban con asesinatos de mujeres, pero que no siempre quedaban registrados como femicidios —dice—. En marzo de ese año, la fiscal Mariela Labozzetta, al frente de la Unidad Fiscal Especializada de Violencia contra las Mujeres, presentó dos protocolos: uno de ellos dice que toda muerte violenta de mujer debe ser analizada como femicidio porque introduce la figura del femicidio en contexto de criminalidad. Es un gran avance que las muertes violentas de mujeres en territorio no se analicen sólo como hechos de seguridad. Y son feminicidos, porque el Estado no garantiza ahí el cumplimiento efectivo de los derechos de las mujeres. No siempre son asesinadas por un amante, su pareja o su ex”.

En este sentido, la edil rosarina recuerda que Santa Fe es la segunda provincia con más femicidios de la Argentina después de Buenos Aires. “Hay mujeres asesinadas como víctimas de balaceras o como testigo de alguna causa por drogas, aunque no estén relacionadas con la drogas —puntualiza—.En Rosario hay un caso que nunca se incluyó como femicidio, el de Norma Bustos. Mataron a su hijo supuestamente por error, ella buscó justicia y finalmente la asesinaron los mismos sicarios que habían matado a su hijo. El Estado no la protegió. Esto es un asesinato en contexto de criminalidad. También son feminicidios las muertes por aborto: el Estado debería garantizar el derecho a la salud”.



Identikit del femicida


Ada Rico dice que el hombre violento o femicida no es un enfermo. “Son formas aprendidas, y pueden deconstruirse. Por eso a las mujeres más jóvenes les decimos que estén atentas a las pequeñas alertas: siempre comienza con un control hacia esa mujer disfrazado de cuidado. ‘Estaba preocupado, ¿por qué no viniste antes?’ ‘Esa ropa no te queda bien, estás más linda con esta ropa’. El violento aísla a la mujer de sus personas cercanas. Ella queda sometida y atrapada, aislada de su propia familia y amigos. Nos lo dicen los familiares en casos de femicidios, que hacía meses no las veían, que habían cambiado mucho”.

El femicida no conoce remordimientos porque para él “la mujer le pertenece —agrega—. Es un objeto más de su propiedad. Y es frecuente que a menudo se suiciden después de matar a la mujer. Al perder el objeto de su obsesión, no le encuentran más sentido a la vida”.

En efecto, el Registro de Muertes Violentas Intencionales de Mujeres y Femicidios de la Provincia de Santa Fe, de la Fiscalía General del Ministerio Público de la Acusación de la Provincia, indica que en el 17,5 por ciento de los femicidios ocurridos allí entre 2014 y 2018 el femicida intentó suicidarse y que el 14.4 por ciento finalmente lo logró.

Ada Rico agrega que en algunos casos la Justicia deriva a los hombres violentos para que realicen cursos y aprendan a trabajar sobre su ira. “La realidad demuestra que mayoritariamente van porque la ley los obliga. Hay femicidas múltiples: van presos, salen y vuelven a matar. Cuando pasan estas cosas suelen terminar suicidándose”, afirma.

“Los números muestran que la mayoría de las mujeres muere en contexto conyugal —agrega Sofía Duarte—. Si sos mujer y tenés una pareja que te cela, te controla, te grita, no te deja trabajar ni vincularte con tu familia y amigas, todos esos son indicadores fuertes de que no vas a terminar bien.”

Además del femicidio directo sobre la mujer, existe también la figura del femicidio vinculado: la ira del femicida puede desplegarse también hacia personas relacionadas con la mujer a quien agrede sólo para hacerle daño a ella. También dice el Código Penal que además de corresponder perpetua a quien mata a la mujer debe tener igual condena quien ‘matare a su ascendente o descendiente o a alguien para destruir a la mujer’, es decir, los hijos, la madre, padre, un cuñado, un hermano.



Otra forma de comunicar


Desde 2015 en adelante, con Ni Una Menos, el Paro Internacional de Mujeres, la Marea Verde por la despenalización del aborto y la militancia cotidiana del movimiento de mujeres y los feminismos, se logró un cambio cultural importante en el tratamiento mediático de la violencia de género.

“El tema de los medios de comunicación es muy importante —dice Diana Maffía—. Cómo se comunican los femicidios, la violencia de tipo sexual. Todos exponen a la víctima, al victimario ni se lo recuerda. No se escarba en la vida de ese hombre, no se muestran sus fotos, no se dice si le gustaba ir a bailar, si tenía varias novias o varios Facebook. Eso se hace con las mujeres. Hay un modo de comunicar que siempre sugiere o directamente señala rasgos de esa mujer que buscan justificar la idea de que ella se lo buscó”.

Maffía agrega que así como sigue existiendo una comunicación no virtuosa de las agresiones hacia las mujeres, que puede ser calificada como “violencia mediática”, también hay un periodismo feminista que busca no distorsionar y comunicar bien para generar conciencia.

“Prosperaron también las defensorías y editoriales de géneros en los medios de comunicación escritos, en varios diarios. Hay periodistas muy atentos al tema —añade Diana Maffía—. Hace pocos días, por ejemplo, Pablo Sirvén, del diario La Nación, tituló ‘Un trágico culebrón en capítulos con alto rating’ al referirse al femicidio de María Soledad Morales, del que se cumplieron 30 años. En realidad, analizaba en esa nota cómo los medios cambiaron el tratamiento de estos temas a partir de ese caso. Pero ese título era tremendo. Los mismos trabajadores del diario se encargaron de cambiarlo. Pusieron Un tiempo de inflexión en la historia del periodismo. Eso es un avance”.


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