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Política

Qué esperan de Milei los gobernadores después del tsunami electoral violeta

Si un hombre puede cambiar de todo menos de pasión, como se popularizó en la película “El secreto de sus ojos”, los gobernadores nucleados en Provincias Unidas afirman por estas horas que los gobiernos pueden cambiar muchas cosas, pero nunca su carácter. 

“¿Por qué cambiaría la tónica este gobierno nacional después de haber ganado como lo hizo?”, especulaban anoche casi al mismo tiempo que recibían la primera convocatoria desde Casa Rosada, apenas dos días después de la estruendosa victoria electoral libertaria del domingo pasado. El encuentro será este jueves a las 17 en Casa Rosada.

No es que no deseen que el presidente Javier Milei o algunos de sus interlocutores cambien la actitud que tuvieron desde el inicio de la gestión, donde a cada gesto de los mandatarios provinciales respondieron con negativas o dilaciones que terminaron siempre en nada. 

Pero apenas piensan en los intercambios que podrían darse en esa convocatoria, los asalta una sospecha y no ven demasiadas razones para que los funcionarios nacionales se muestren más receptivos —ahora que ganaron la elección intermedia— que antes, cuando el gobierno libertario se sentía más obligado por el desgaste y los tropiezos del primer año y medio de gobierno. Aunque la política suele tejer laberintos.

El dato concreto es que no se tendieron puentes entonces para contener y sumar como aliados a los gobiernos radicales que siempre le hicieron saber que querían ser parte del acompañamiento antes que de la oposición. Algo que va a pesar es que ya no saben a quién creerle, después de numerosas promesas y acuerdos que después se cayeron. El interlocutor que sea empoderado ahora para conducir la relación Nación-provincias será clave.

Ese alineamiento fue claramente expresado por el gobernador de Santa Fe Maximiliano Pullaro la misma noche del domingo de la elección: “no nos van a encontrar en el club del helicóptero”, dijo, segundos después de celebrar que el gobierno nacional había derrotado al kirchnerismo.

Pero ya pasó con otras similares expresiones de identificación y apoyo, y el gobierno nunca fue recíproco con las provincias amigables. No sirvió firmar el Pacto de Mayo ni apoyar legislativamente las principales iniciativas del gobierno nacional. Las deudas siguen igual, las obras no existen y los gobernadores se quedan sin argumentos para sostener su apoyo unidireccional.

Ahora no les da para plantarse: cosecharon menos diputados y senadores que los planeados, pero igual podrán armar un bloque que se siente a negociar las reformas que vienen.

El tsunami violeta que recorrió el país y tuvo su epicentro en la provincia de Buenos Aires exime a los gobernadores de mayores comentarios: “Todo el país explica lo que pasó en cada provincia, incluida Santa Fe”.

En los cálculos de la provincia que gobierna Unidos, una semana antes el electorado se dividía en tercios, y la lista que encabezó la vicegobernadora Gisela Scaglia se ubicaba tercera, pero no había tanta diferencia. “Perdimos siete puntos en la última semana y muy notoriamente en las últimas 48 horas”, revelan con números en la mano.

Las razones pueden buscarse en el comportamiento de un electorado que no pensó más que en evitarse un lunes negro, en darle a Milei la posibilidad de continuar su mandato ya sin las excusas del primer tramo de su gestión y tal vez exigirle resultados en el 2027.

“La política a veces intenta ofrecerle al electorado un menú y la gente está pensando en un plato que no está”, explican gráficamente desde Provincias Unidas. “Y la política no iba a ordenar la economía a partir del lunes. Por eso hasta creemos que la gente no se equivocó, no quería más dramas en el medio de un gobierno”.

En ese marco discutir la recuperación de la seguridad, las obras en marcha, los festivales populares en Rosario, no estaba en el menú del votante, por más que a fuerza de campaña se tratara de imponerlo. Aunque sin esa campaña y la militancia de esos logros tal vez la distancia hubiera sido mayor y la lista de candidatos del gobierno hubiera quedado varios puntos atrás.



En los WhatsApp del gobierno nacional se hablaba de un presidente que llegaba a las elecciones con debilidad, que necesitaba ayuda. La gente le dio un respaldo, pero en los focus group que maneja la política se empezaron a reflejar críticas que no había antes: se empezó a hablar de que el presidente está mal rodeado y hasta cobró relevancia la palabra “decepción”.

“Por todas las razones que los gobiernos pierden las elecciones, este la ganó”, fue la reflexión más escuchada en los análisis del día después.

Lo que se viene empieza a construirse esta semana. Pullaro y el resto de los gobernadores de Provincias Unidas evaluaron largamente la conveniencia de asistir a esa primera reunión a la que fueron invitados. En Casa Rosada los dieron por presentes antes de que decidieran estar. 

Los gobernadores no quieren precipitarse: sostienen que salvo Santa Cruz, que necesita adelantos de coparticipación para pagar sueldos, el resto tiene espalda para aguantar sin pedirle nada a Nación.  

La convocatoria del gobierno adelantó los planes de Provincias Unidas, que había previsto reunirse en Buenos Aires recién la semana próxima. Entre los detalles a evaluar está la formación del bloque propio y el rol que tendrán los candidatos electos, entre ellos la vicegobernadora Gisela Scaglia.

Suma Política le preguntó a una fuente del gobierno si en función del resultado electoral y de que el bloque de PU no será el que se pensaba, existiría la posibilidad de que Scaglia no asuma como diputada y se quede en la provincia. Esta fue la respuesta:

—Todavía esa conversación no se dio. Dependerá del rol a cumplir.


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