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Informe

Saber mirar: V Congreso de Ovnilogía y luces en el cielo de Rosario

—Para ver un ovni hay que saber mirar el cielo. 

La tarde cae rosada sobre las barrancas del río Paraná. A la altura de calle Dorrego, del otro lado de la baranda, un grupo de amigos toma mate, y una chica lee con los auriculares puestos. Un poco más allá, dos muchachos tiran la caña al río, pero por el momento no pica nada. De este lado, un grupo de gente se empieza a amuchar pasadas las 18. Otros prefieren tomar cerveza en Río Mío. 

—Lo bueno es que a mirar se aprende rápido. Solo hay que tener paciencia. 

La que habla es Nanni Luminarias. Pelo rubio, remera negra, calza ajustada al cuerpo; cuando la gente no le pide una foto, aprovecha y se tira repelente para espantar los mosquitos. Es la protagonista de la jornada. Unas cincuenta personas vinimos a verla a ella. En realidad, vinimos a ver ovnis, pero ella es la que organiza el encuentro y la que nos tiene que indicar cómo verlos. 

Algunos trajeron reposeras, otros tiran mantas en el piso. Casi todos vinieron acompañados y muchos se conocen entre sí. Somos pocos los que estamos solos y nos identificamos fácil entre el rebaño. Los runners que pasan, curiosos de ver gente agrupada, nos buscan a las ovejas sueltas para preguntarnos qué está por ocurrir. 

—Un avistamiento ovni.

Algunos ponen cara de asombro y otros no pueden disimular la mueca de gracia. Una pareja que pasea por el parque pregunta qué hay que hacer para quedarse, pero la mayoría sigue de largo. En general, el evento tiene un público cautivo que, de antemano, sabía el lugar y la hora pautada. Y acá estamos. “Las estrellas van a estar mañana en el Gigante”, grita un flaco con la remera de Central, que nos ve mirando hacia el cielo. 

Cerca de las siete, el grupo es mucho más grande. Intento contar, pero la muchedumbre está dispersa. Calculo que somos cerca de cien. Ya es completamente de noche y Nanni nos empieza a agrupar. Ya es la hora. Nos pide que formemos una ronda y saca un micrófono con un parlantito que se escucha bajo. Nos explica que vamos a hacer una meditación grupal y pide que nos tomemos de la mano. La chica que está a mi izquierda tiene la mano fría, y el señor que está a mi derecha tiene la mano caliente. Yo tengo las manos transpiradas. 

Es momento de cerrar los ojos, pero antes alguien señala el cielo. Y cuando alguien señala al cielo en medio de un avistaje ovni se hace difícil no mirar.

***

“Alerta ovni” es un encuentro de avistaje nocturno que desde hace un tiempo organiza Nanni Luminarias en la ciudad. “Aprovechando el contraste con el cielo oscuro, podemos llegar a visualizar objetos que pasan volando por el aire. Algunos sabemos que son aviones, helicópteros o chatarras espaciales, pero muchas veces vemos objetos que no podemos identificar. Ahí es donde entramos los que seguimos el tema para tratar de identificar de qué se trata”, explica a Suma Política

El evento de este viernes por la noche tiene una particularidad: es una suerte de apertura del V Congreso Internacional de Ovnilogía, Contactismo y Paranormal, que continúa este sábado en el teatro de Empleados de Comercio (Corrientes 450), desde las 10 de la mañana. La entrada es libre y gratuita. La invitación es a colaborar con un alimento no perecedero que será donado a los excombatientes de Malvinas en Rosario. 



Durante la jornada disertarán investigadores y especialistas que viajaron desde México, Perú, Bolivia y Colombia a contar sus conocimientos acerca del fenómeno ovni. Uno de los platos fuertes del encuentro será la participación de dos personas que cuentan haber sido abducidas y compartirán sus experiencias. En el flyer también se anuncia la participación de la médium española Mónica Freixes, que hará una armonización energética con los presentes.

“El encuentro está teniendo muy buena recepción y esperamos una buena cantidad de público. Es un fenómeno que está creciendo a la par de la cantidad de avistamientos que se observan en todo el mundo. La gente se interesa, porque quiere saber de dónde vienen y para qué. El planeta va hacia un cambio muy importante y ellos están acá para ayudarnos”, sostiene la especialista. 

Por fuera de su faceta ufológica, Nanni Luminarias es María del Carmen Dionigi. Se define como “amante de los ovnis y el mundo”, pero su currículum dice que es investigadora y presidenta del Proyecto Colora, un grupo de estudios de fenómenos anómalos y hechos paranormales. También participa del Café Ufológico de Rosario, un espacio dedicado a la divulgación del fenómeno ovni en la ciudad, que fue creciendo en el último tiempo. Además de todo eso, asegura estar en contacto con seres de otro planeta. 

“Desde siempre convivo con fenómenos paranormales. Veía acontecimientos, cosas. Aprendí a manejar la radioestesia sin que nadie me enseñara. Son cualidades que tengo desde siempre y que fui desarrollando”, cuenta y agrega: “De muy chiquita me contactaba con seres que estaban a mi alrededor, que yo digo que son mi familia galáctica. Sigo en contacto en la actualidad. Hay varios seres y todos son diferentes”.

Muchas de sus experiencias las cuenta en su canal de YouTube “Ministerio de lo Desconocido”, donde tiene más de 20 mil suscriptores. En Instagram la siguen otras 16 mil personas. Por esas vías sube informes, charlas y entrevistas con otros investigadores. Parte del contenido tiene que ver con los mensajes que cuenta recibir de esos seres: “Transmiten información muy valiosa, casi siempre relacionada con la humanidad. Uno de los avisos que me han dado es que vamos a tener que tener mucho cuidado con el agua”. 

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Nanni asegura que en Rosario existe un gran portal energético que tiene su epicentro en el Monumento Nacional a la Bandera. “No por nada Belgrano decidió izar la bandera argentina por primera vez aquí, en las costas del Paraná”, sostiene. Un rumor que corre entre los seguidores de estos fenómenos dice que a esa teoría responde el nombre de uno de los shoppings de la ciudad. 

Para los ufólogos rosarinos, desde el monumento nace una “línea ley” que atraviesa toda la ciudad hasta Wilde y Córdoba. Fue el arqueólogo inglés Alfred Watkin quien planteó que a lo largo del planeta hay lugares de referencias conectados por una suerte de líneas invisibles, que tienen la capacidad de canalizar energías de diverso tipo. “Por eso es que la zona de Fisherton es de las más visitada por los ovnis. Pasa hace años, pero el tema nunca tuvo la popularidad que tiene ahora”, remarca. 



En su búsqueda, Nanni asegura tener registros periodísticos que narran la presencia de objetos voladores no identificados por los cielos rosarinos desde hace décadas. “En los años setenta descendió directamente un platillo volador en la zona del Saladillo donde bajaron cuatro extraterrestres en medio de una cancha de futbol. Había niños jugando, está el archivo. Y como eso, muchas cosas más”, asegura. Pero tampoco hay que irse tan lejos en el tiempo. 

Las noticias sobre avistamientos crecieron de forma exponencial en pandemia y cada tanto vuelven a resurgir con fuerza. En julio de 2023, el fenómeno copó los diarios, noticieros y sitios web de la ciudad. Con pocos días de diferencia, distintos vecinos captaron con su celular luces extrañas en el cielo rosarino. Uno de los hechos ocurrió en la zona del Alto Rosario, mientras que el segundo fenómeno se dio sobre el Parque Independencia. Por su extrañeza, la imagen registrada desde un auto recorrió los medios nacionales. “No está dentro de las aeronaves conocidas por la ciencia terrestre, estaríamos frente a un vehículo espacial de origen extraterrestre, una nave alienígena”, dijeron en ese momento desde Proyecto Colora al diario La Capital

La sucesión de fenómenos generó una propuesta desde la organización: que Rosario tenga un punto de avistaje ovni. La idea fue presentada oficialmente en el Concejo de Rosario en octubre del año pasado, argumentando que el río Paraná “es un corredor energético” donde se dan este tipo de avistamientos. Pero la iniciativa también buscaba potenciar una pata turística que va creciendo de la mano de los congresos, simposios y encuentros que se realizan todos los años en la ciudad. En concreto, la iniciativa planteaba una mera señalización en la zona de Dorrego y el río. Al momento no fue tratado. 

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Del avistamiento participan personas de diversas edades. Está Norma, arriba de los sesenta, que viene porque “mirá si vamos a ser el único planeta con vida en todo el universo”. Y está Ramiro, de veintipocos, que no se termina de convencer, pero le da curiosidad. También hay grupos de amigos que vinieron “a ver qué onda” y familias con niños chiquitos, que lo adoptaron como plan de viernes por la noche. 

Seguimos en ronda y Nanni nos pide que levantemos las manos al cielo. Ella está en medio y va guiando la meditación. Nos pide que nos imaginemos una luz adentro nuestro que va creciendo de a poco hasta que la dejamos salir por nuestras manos, que siguen apuntando hacia arriba. 

—Nos transformamos en seres de luz. Este puente nos sirve a nosotros para navegar por el universo. Ellos saben que nosotros estamos acá para hacer contacto —dice a través del micrófono. 

La guía de Nanni va intercalando con silencios, para que cada uno pueda concentrarse. Los mosquitos y la corneta del churrero que pasa no ayudan demasiado. 

La meditación de Nanni termina al grito de una palabra: Efata. Un término que viene del arameo y significa “ábrete”. En el Nuevo Testamento, esa palabra usa Jesús para sanar a un hombre sordomudo: “Y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. Al momento fueron abiertos sus oídos, y se desató la ligadura de su lengua, y hablaba bien”. 

Cuando Nanni Luminarias decretó el fin de la meditación, la muchedumbre se volvió a desparramar sobre la baranda que da al río para dar inicio al avistaje. La mecánica es simple: el que ve luces moviéndose en el cielo avisa y señala. Para ayudar a que los demás la vean, un colaborador de Nanni va apuntando con un láser azul. Y algunas luces en movimiento se ven. 

La primera avanza a ritmo cansino. Nanni la ve, pero no se termina de convencer: el andar constante le genera dudas. Sí se sorprende con otra más grande, de un color más rojizo, que se va moviendo, pero de pronto queda quieta, parada en el horizonte. O al menos parece estarlo. Se queda contemplándola un buen rato.

—¿Cómo sabemos que no es un avión? —preguntó una chica.

—Fijate que no tiene luces que titilen —refuta. 

El momento que generó más asombro se dio cuando dos luces alejadas que se movían al mismo tiempo se cruzaron entre sí. Por la órbita, Nanni concluye que son naves y nadie descree. Por si alguien duda, su colaborador invierte la carga de la prueba: “¿Quién me garantiza que así se mueven los satélites?”.

Mientras dura la atención al cielo, se ven algunas luces más. Luego, la gente se dispersa. Todo dura unos pocos minutos. Algunos se dan por hechos y comienzan a retirarse. Muchos se saludan con un hasta mañana, porque se verán las caras en la continuidad del Congreso. En la desconcentración le pregunto a Nanni cómo calificaría el nivel de avistamiento. Dice que otras veces se vieron más, pero que sigue invicta: hasta ahora, en todos los avistajes que organizó, los ovnis respondieron.

—Solo hay que saber mirar al cielo —repite mientras sigue saludando a gente que le pide fotos. De fondo, la luz rojiza que en algún momento se movía, sigue como frenada en el cielo. O al menos parece estarlo. 


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