En la tarde del 13 marzo de 2013, cuando Francisco fue electo Papa, Martín Burgos recibió la noticia del nuevo Papa, por sorpresa como todos, rodeado por una decena de compañeros de su oficina de trabajo en el centro de Buenos Aires. “Los peronistas, progresistas y de izquierda lo tomaron como una noticia peligrosa, desconfiaban, y los de derecha, macristas por entonces, lo tomaron bien, y lo celebraron. Yo, que ya estaba investigando a Bergoglio les dije a todos: me parece que todos se equivocan, esta es una buena noticia para los progresistas y una mala para los conservadores”. Doce años después, la historia le dio plenamente la razón.
Burgos es autor de Francisco de América, el triunfo impensado de la teología de la liberación —publicada en 2024—, la biografía más exhaustiva y completa de Jorge Bergoglio.
El trabajo de Burgos, sociólogo de la UNLP, periodista con maestría en la Universidad de San Andrés, toma notable relevancia un año después de su publicación con la muerte del Papa argentino.
En exclusiva con Suma Política, Burgos desplegó su conocimiento detallado de la figura de Bergoglio y su tesis principal: “El papado de Francisco fue la más alta reivindicación de la Teología de la Liberación promovida inicialmente en los años 60 y 70. La adaptación argentina de la Teología de la Liberación es la Teología del Pueblo, con su vínculo político con el peronismo. Y también un aspecto central, la visión de la periferia al centro, como una metodología para llegar el conocimiento certero”.
El autor destaca el gesto inicial clave de Francisco: el primer viaje del Papa fue a Lampedusa, la isla perteneciente a Sicilia, el sur de Italia, aunque se encuentra más cerca de las costas africanas que de Italia, y ha sido durante el siglo XXI escenario de ingreso a Europa de miles de inmigrantes en condiciones de precariedad absoluta. Allí fue el Papa en su primer viaje en 2013, tal vez tomando el registro de los casi 28 mil africanos e inmigrantes de otros lugares de la tierra que murieron en el intento y hoy yacen en el fondo del mar Mediterráneo, “el mar cementerio” que aloja a la mayor cantidad de muertos del planeta.
Los dichos de Francisco respecto de la catástrofe migratoria europea fueron radicales, incluso por encima de las posiciones políticas de las llamadas izquierdas: “Los países centrales de Europa se niegan a recibir migrantes, cuando en realidad fueron ellos mismos los que crearon las condiciones económicas en los países periféricos, obligando a sus pobladores a huir de sus tierras para sobrevivir. Siempre con la complicidad de las élites locales”.
Francisco tuvo apoyos parciales de Alemania en Angela Merkel, de Suecia, algo de Francia y no mucho más. En las cartas encíclicas, las exhortaciones apostólicas, dice con toda claridad que hay que “cambiar el sistema” y ataca al capitalismo en su raíz porque está basado en la renta. Por lo demás, y a diferencia del catolicismo tradicional, si bien acepta la beneficencia como mecanismo transitorio de ayuda, pide crear un sistema distinto de rescate a los “descartados” del sistema. En la encíclica “Fratelli tutti (Todos hermanos)” de 2020, refiere a que los “planes sociales” deben ser transitorios y que la solución “es crear trabajo”.

—Los cambios al interior de la Iglesia que introdujo Francisco fueron enormes, y tal vez se vean más ahora, con su fallecimiento. ¿Cómo calibrarías ese proceso que coincidió con tu investigación y luego la publicación del libro?
—Mientras trabajé el libro, estuve dentro de un proceso histórico abierto. Los cambios al interior fueron clave. Por caso, Francisco dejó un Colegio cardenalicio con mayoría de cardenales (los 135 que votan y elijen al nuevo Papa) de América Latina, algo que nunca ocurrió en la historia. Siempre hubo mayoría absoluta de Europa, Francisco cambió esa ecuación con gran audacia. Sale del eurocentrismo y va a los márgenes, donde están las poblaciones más pobres.
—¿Cómo fue la “rosca” política del Papa para el nombramiento de cardenales durante los 12 años?
—En los “Consistorios”, los eventos donde se nominan nuevos cardenales, en general por fallecimiento de los más antiguos, Francisco, aunque no expulsó ni sacó a nadie con medidas extraordinarias, sin embargo fue implacable: nombró amplia mayoría del llamado Tercer Mundo y cuando nominó algún europeo se encargó de garantizar el perfil ideológico renovador. El desafío ahora es que no vuelva a suceder lo que ocurrió luego del Concilio Vaticano II, con Juan XXIII, luego continuado por Pablo VI, pero interrumpido con la dudosa muerte de Juan Pablo I, muerto rápidamente y con sospechas de presunto asesinato, no se realizó la autopsia. Desde ahí hay un reflujo conservador, con la llegada de Juan Pablo II, que persiguió a los teólogos de la liberación en América Latina.
—¿Darías el nombre de un posible sucesor de Francisco?
—No es claro ni hay un candidato cantado, pero si tengo que nombrar a uno diría Mateo María Zuppi, actual presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, es de Bologna —no de Roma— y se inscribe en la línea francisquista.
—En el tema abusos sexuales en la Iglesia —algo con mucho impacto también en la Argentina—, Francisco fue radical en los cambios que introdujo, ¿cuál fue su aporte?
—Si bien es cierto que en la Iglesia los sacerdotes abusadores siempre fueron una minoría que no superó al 10 por ciento, lo grave era qué tratamiento se les daba: lo habitual era una “traslado” de diócesis, sacaban al abusador del lugar del delito, pero la investigación quedaba dentro del “secreto pontificio”, que significaba no colaborar con las autoridades civiles (los jueces), un pasaje a la impunidad total. Francisco va al hueso, con mucha resistencia, hasta que en el 2019 eliminó el secreto pontificio. Un cambio muy profundo, un puntapié inicial para un futuro distinto.
—Francisco abrió el paso para las mujeres en la Iglesia como nunca antes, ¿cuáles fueron los casos más salientes?
—Nominó una mujer como gobernadora del Vaticano, Raffaela Petrini, monja franciscana, italiana, economista, formación muy sólida. Montones de curas ahora tienen una jefa mujer. También nombró mujeres en cargos intermedios y en puestos clave como los Museos Vaticanos, principal fuente de recaudación del Vaticano por la visita de los turistas. Además habilitó el debate para que las mujeres puedan acceder a la carrera sacerdotal.
—También hizo cambios respecto de las minorías sexuales y con el divorcio, ¿cuáles?
—Trascendentes, todos: autorizó a los divorciados a asistir a misa y a comulgar, sacó el estigma sobre la comunidad LGBT, los aceptó, y si bien no llegó a apoyar el matrimonio igualitario (aprobado en 2009 en la Argentina), apoyó la unión civil de personas del mismo sexo, y habilita las bendiciones. Los ultra conservadores lo atacaron brutalmente por eso, y fue un debate que terminó perdiendo en la Argentina (dentro de la Iglesia), diría el único debate que Bergoglio perdió.
—Bergoglio fue siempre crítico del neoliberalismo, ya desde los 90 y contra el menemismo, ¿cómo definir a Francisco en el momento actual del capitalismo de los ultra mega millonarios?
—Jugó fuerte, fue un cambio radical en los 90, de (Antonio) Quarracino (su antecesor, que era amigo de Menem y jugaba al fútbol en la Quinta de Olivos) a su conducta en el siglo XXI, plantó bandera. Tema inmigración, tema ambiental (encíclica “Laudato Si” de mayo de 2015), buscando incidir en el acuerdo de París. Habla de “una única crisis socio ambiental”, yendo mucho más allá del ambientalismo de las ONG que buscan despegarse del contexto político y económico. Incluso Obama, en aquel momento, firmó el acuerdo de París, inducido por la posición del Papa.
—Otro hecho resonante de Bergoglio fue cómo consiguió ponerse a todos los organismos de Derechos Humanos de la Argentina a su favor, aun proviniendo de una Iglesia que tuvo mayoritariamente complicidad y en muchos casos colaboración abierta con el terrorismo de Estado. ¿Cómo lo logró?
—Bergoglio no tenía cargo relevante en el 76, aunque sí dentro de su congregación, los jesuitas. Defendió la vida de cada uno de ellos, aunque desactivando el trabajo en barrios populares durante un tiempo. Los dos sacerdotes secuestrados (y luego liberados, a los cinco meses) Orlando Yorio y Francisco Jalics, todas las investigaciones así lo dicen, no fueron “entregados” por Bergoglio como denunció en su momento el periodista Horacio Verbitsky. Estela de Carloto y Hebe de Bonafini, con los años, terminaron teniendo una relación de cercanía y afecto con Francisco. “Hay que reconocer cuando nos equivocamos” dijo Estela, a propósito de las sospechas sobre la conducta de Jorge Bergoglio. Verbitsky nunca se retractó de sus dichos. Por lo demás, se calcula que al menos 25 personas fueron ayudadas de manera directa por Bergoglio para abandonar el país cuando eran perseguidas por los dictadores.
—Los obispos de la Argentina fueron muy mayoritariamente tolerantes con el terrorismo de Estado, Bergoglio, aunque joven, ¿qué rol jugó en esa etapa?
—Fue amigo de uno de los dos obispos asesinados, Angelelli de La Rioja, el otro asesinado (encubierto en “accidente de autos”) fue Ponce de León, de San Nicolás. Hubo sólo un puñado de obispos (de más de 100 en todo el país) que denunciaron la represión ilegal. Francisco apoyó claramente los juicios de Lesa Humanidad del Siglo XXI, desclasificó archivos vaticanos.
































