“Nuestra luz amarilla para 2026 es el empleo”. La frase, pronunciada por el titular de la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe), Javier Martín, resume el clima con el que la provincia llegará al cierre de 2025. No se trata de una señal aislada ni de una preocupación sectorial puntual: detrás de esa advertencia se acumulan casi dos años de un programa macroeconómico nacional que priorizó la estabilidad financiera y la apreciación cambiaria a costa de la economía real, fundamentalmente de las provincias productivas.
La macro tiene su correlato directo en la microeconomía, donde la pérdida del poder adquisitivo y la apertura de las importaciones de bienes de consumo resintió el comercio. Además, la inflación —que sólo se atenuó— sigue golpeando la vida cotidiana especialmente de los barrios populares de las grandes ciudades, como Santa Fe y Rosario.
Desde diciembre de 2023, Argentina implementó un esquema basado en la valorización financiera y el atraso cambiario, con el objetivo central de reducir la inflación. Según el último informe “La Macro en la Mira” que elabora mensualmente el centro de estudios Demos, la estrategia logró inicialmente ese propósito, aunque en los últimos meses comenzaron a reaparecer tensiones: la inflación volvió a acelerarse hacia el 2 % mensual y la sostenibilidad del programa quedó cada vez más asociada al ingreso de capitales.
“El modelo depende del ingreso de capitales para mantener un tipo de cambio apreciado y sostener rendimientos financieros en pesos”, señaló el documento y advirtió que “este esquema ya se vivió en repetidas oportunidades en las últimas cinco décadas y en todos los casos se desarrollaron contradicciones similares, con altos costos para la economía real”.

Una estabilidad costosa
El informe identificó tres consecuencias directas del programa: una burbuja financiera desconectada de la productividad, el deterioro de las cuentas externas por el crecimiento de las importaciones y el turismo emisivo, y una descomposición de la trama productiva local por la pérdida de rentabilidad y la competencia importada, particularmente desde China.
En Santa Fe, estos efectos comenzaron a sentirse incluso en una provincia exportadora. El agro funcionó como amortiguador en la primera mitad de 2024 gracias a la recuperación de la cosecha —33 millones de toneladas en la campaña 2024/25— pero el impulso no alcanzó para revertir la tendencia general. “La industria, el comercio y la construcción sufrieron el impacto directo de la caída del consumo interno y la apertura importadora”, subrayó Demos.
Los indicadores de actividad económica (Icasfe) e industrial (Fisfe) reflejan esta realidad. “Tras la caída de 2024, la actividad no logró consolidar una tendencia de crecimiento y, hacia finales de 2025, vuelve a mostrar signos de contracción”, indicó el relevamiento.
Los datos laborales también confirman el diagnóstico. Entre noviembre de 2023 y agosto de 2025, la provincia perdió 12.816 empleos y 2.102 empleadores. En términos relativos, el empleo cayó menos que el promedio nacional, pero el cierre de empresas fue más intenso, una señal de alarma para un entramado productivo dominado por pymes. Firmas emblemáticas de la región (como Acindar, Electrolux o Corven) recurrieron a esquemas de suspensión o reducción de personal, anticipando un escenario complejo.
Una matriz industrial resentida
Desde el sector industrial, el cierre de año encuentra a las empresas en una situación frágil. “El 2025 es un año difícil. Tuvimos un primer semestre con una leve recuperación respecto de 2024, que fue muy complicado, pero el segundo semestre mostró un amesetamiento general”, explicó Martín quien hizo un duro balance: “Vamos a terminar el año entre un 8 por ciento y un 10 por ciento por debajo de los niveles de 2022, con casi el 70 por ciento de las ramas industriales en números negativos”.
Si bien algunos sectores muestran dinamismo, el mapa es desigual. “Los que están bien son los vinculados a energía, agroindustria y minería. También anduvo bien el sector de acoplados. Pero la gran mayoría de las actividades termina 2025 con un nivel inferior”, agregó.
El impacto ya se traslada al empleo. “Venimos de 24 meses de actividad fluctuante. En el primer año la industria hizo un esfuerzo muy fuerte para retener personal, pero en este 2025 empezamos a observar despidos”, describió el industrial.
Importaciones y competencia desigual
A ese contexto se suma la presión de las importaciones. Según estadísticas de Fisfe hasta agosto se registraron fuertes incrementos en el ingreso de productos del exterior que van del 30 % al 80 % en diferentes rubros como electrodomésticos, línea blanca, calzado, indumentaria, alimentos y maquinaria. “Prácticamente en todas las líneas, si hay una reactivación, se la está comiendo la importación”, dijo.
La reconversión de muchas empresas de productoras a importadoras tiene su costo, ya que puede salvar a la firma pero con un fuerte costo en materia laboral. “Una empresa que tenía 400 empleados, con 40 le sobra”, explicó.
Comercio y pymes, foco del ajuste
Aún así, en Santa Fe, el comercio aparece como el sector más castigado. “El sector comercial es el más golpeado de toda la actividad económica”, señaló Leandro Aglieri, secretario de la Federación de Centros Comerciales de Santa Fe (Fececo) y flamante titular de la Confederación de Comercio y Servicios de la Provincia de Santa Fe (CCS) que se creó hace pocos días. “La caída del consumo está pegando muy fuerte y es un tema central en la agenda”.
Desde el universo pyme el malestar es creciente. “La apertura de las importaciones, en líneas generales, nos complica en demasía”, sostuvo Ricardo Diab, presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came) y de la Asociación Empresaria de Rosario (AER). “Queremos que se nos escuche. No la estamos pasando bien y muchas veces no nos sentimos representados. Es muy difícil explicarle a la gente cuando ve que tiene que cerrar sus persianas porque el negocio no funciona”, afirmó.

Salarios, consumo y barrios populares
La caída de la actividad está estrechamente ligada al deterioro del poder de compra. En Santa Fe, los salarios formales permanecieron por debajo de la media durante la mayor parte de la actual administración, con una pérdida acumulada del 4,22 % en términos reales. Esa dinámica impactó de lleno en el consumo.
En los barrios populares, el fenómeno se expresa con mayor crudeza. “La inflación sigue estando presente, aunque sea de un dígito”, explicó Sofía Botto, del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (Isepci) Rosario. “Todos los meses se observa un aumento sostenido de los precios de los alimentos, que es lo que más consumen los sectores populares y eso se refleja en el Índice Barrial de Precios”, agregó.
Por eso “vemos una situación bastante compleja este fin de año”, detalló Botto.
Si bien los valores son similares a los del Indec, Botto planteó una crítica de fondo: “El termómetro está descalibrado. Se siguen usando las mismas ponderaciones para medir el consumo de alimentos, pero hoy no son representativas de gran parte de las familias de sectores populares”.
“El 68 por ciento de las personas relevadas utiliza algún tipo de préstamo para gastos diarios. El año pasado era el 34 por ciento”
El resultado es un deterioro persistente. “Cuando vamos al almacén, vemos que los alimentos están cada vez más caros y que los ingresos ya no alcanzan para comprar lo mismo que hace un mes”, describió. Ese desfase se traduce en endeudamiento: “El 68 por ciento de las personas relevadas utiliza algún tipo de préstamo para gastos diarios. El año pasado era el 34 por ciento. Hoy la deuda es para comprar alimentos, cargar la Sube, llegar a cubrir los gastos diarios”. Eso “impacta en la calidad de vida”, aseguró.
Las billeteras virtuales, los adelantos con tarjetas de crédito y por sobre todo los préstamos informales ganaron peso. “Son muy fáciles de acceder y eso genera una crisis de deuda dentro de los hogares”, afirmó Botto, quien también señaló que esto impacta mayoritariamente en mujeres jefas de hogar, lo que profundiza la feminización de la pobreza.
A su vez, esta situación modificó hábitos de consumo. “El 85 por ciento de las personas que consultamos para un estudio dijo que había cambiado la forma de comprar, ajustándose principalmente en los alimentos”, agregó Botto y por eso, “convivimos con muchísima angustia que lamentablemente aparece como el principal sentimiento ante esta situación económica”, afirmó.
Uno de los aspectos claves del retroceso en el empleo se explica, según citó Demos, “por una caída de la demanda” en las empresas, algo que a su vez está asociado “a un deterioro de la capacidad de compra de los hogares”.
Los salarios reales del sector privado registrado medidos por el Observatorio de Empleo y Dinámica Empresarial (Oede – Ministerio de Trabajo) y del total de los empleados que tienen cobertura de riesgos de trabajo incluidos monotributistas en Santa Fe “permanecieron por debajo de la media en 15 de los 19 meses de la actual administración, lo que supone una pérdida acumulada de 4,22 por ciento del poder de compra en dicho período”, afirmó Demos. Esto se siente en las ventas de supermercado que registran caídas sistemáticas “que ni siquiera pudieron ser revertidas con la mejora salarial vista entre diciembre de 2024 y mayo de 2025”, apuntó.
Un diciembre sombrío
Con ese panorama, diciembre muestra un panorama sombrío. Las movilizaciones de los últimos días de los gremios que concentran a los trabajadores del sector formal contra la reforma laboral son una expresión de esta situación, pero también las caídas de las ventas en el sector comercial para las Fiestas. Una encuesta de la consultora Focus Market señala que el 74 % de los argentinos usará promociones y descuentos para realizar las compras navideñas ante la caída del poder adquisitivo.
Pero además, el retroceso de la actividad a nivel provincial —que impactó en la evolución de la recaudación— no sólo es producto de una reducción de la demanda de bienes de consumo final, sino también de sectores como la construcción, que “sufrió una caída inédita en el marco del nuevo programa económico”, advirtió Demos.
“Esta estrategia económica que drena recursos desde la actividad hacia la valorización financiera y la importación masiva, recae sobre la actividad interna aún en provincias exportadoras como Santa Fe”, que cierra un año caracterizado por “la mortandad de empresas (incluso con mayor intensidad que el promedio nacional), pérdidas de puestos de trabajo, caída de los ingresos y del consumo, de la actividad de la construcción y de la recaudación de impuestos en términos reales”, concluyó. Mucho más que luces amarillas.
































