La Cámara de Senadores de Santa Fe, por una feliz iniciativa de Felipe Michlig (UCR-San Cristóbal) decidió brindarles un homenaje a dos dirigentes políticos doblemente ochentosos, por la década en que les tocó actuar y los años que cargan. Sentó en el centro del recinto a Víctor Félix Reviglio (86) y Luis “Changui” Cáceres (81), sus familiares directos, amistades y dirigentes políticos que siempre los acompañaron.
Luego de los contactos del caso, a sendas resoluciones del presidente provisional de la Cámara —que fueron votadas en momentos diferentes— se las cumplió en un mismo acto: así coincidieron de manera “interpartidaria e intergeneracional” según la exacta observación de Juan Cruz Cándido, dirigentes políticos en funciones con otros que las tuvieron en los dos partidos, el PJ y la UCR. Solo faltó el gobernador Maximiliano Pullaro que estuvo representado por su secretario general y habló en su nombre. La vicegobernadora Gisela Scaglia y la presidenta de la Cámara de Diputados, Clara García, además del ministro de la Corte Roberto Falistocco, quien fue secretario de asuntos legislativos de Reviglio.

Gestos
Cáceres resopla cuando busca las palabras, no como cuando dispara el humo de sus cigarrillos o de sus habanos favoritos en pleno goce, sino como si le pesara algún fastidio interior. Tal vez sea porque sabe que así, por protestarse, por confrontarse, aparecerá lo quiere decir.
El Changui infla sus cachetes y de a poco pierden el aire. El gesto del radical le da unas décimas de segundo extra. Con las cejas en alto, lo usa siempre que está a punto de hablar. Los cronistas se lo han visto tantas veces en entrevistas, en actos partidarios o en su banca en el Congreso o la Convención Constituyente, y hasta tomando unos lisos con amigos, pero esta vez lo soltó al ponerse a redactar una dedicatoria en el “Libro de distinciones” que tiene el Senado para quienes son homenajeados.
En otro momento del acto, el segundo gobernador electo por los santafesinos tras la recuperación de la democracia entrecierra los ojos y con la cabeza sigue algún ritmo cambiante. No asienta, ni niega, persigue tal vez ideas cuando escucha. Los demás hablan de él y de quién fue. De quién logró ser. De quién es. Reviglio oye cumplidos a su gobierno de circunstancias especialmente difíciles, algunas producto de sus compañeros (como el vice Vanrell), oye que destacan su figura y trayectoria militante o su constancia en la prédica partidaria, siente que le agradecen sus consejos y eleva el mentón, casi no deja ver sus pupilas. Evita encandilarse con aplausos. La cabeza altiva, como si estuviera disfrutando de música pero no es así: escucha con atención “el Chajá”.
Al apodo, que suele estar asociado a la estatura, bravura y sentido de la oportunidad del ave pampeana para dar una voz de alarma y así poder huir de un peligro, Reviglio lo fue perdiendo con los cargos que ocupó. ¿Vendrá de los años en los que formó parte de los Comandos de Organización del peronismo proscripto tras el golpe del 55? O de la prisión que debió sobrellevar por su militancia en la mitad del siglo pasado. En cualquier caso, pocos se atrevieron a llamar así a quien se lo sigue nombrando como “gobernador”, sobre todo con el paso del tiempo. Nada de “ex” para el cordobés de San Francisco que se recibió de médico en esa capital provincial y perdió la tonada muy pronto en Santa Fe a la que adoptó como su casa.
Con el reconocimiento, la Cámara alta santafesina logró simbolizar la contracara de lo que sucede a nivel nacional, donde las grietas se agrandan.
Fue si se quiere un acto a la uruguaya, a las maneras institucionales destacadas del paisito tan cercano, que tantas veces se envidia por su sabia convivencia política, objetivos de largo plazo y políticas de Estado.
En octubre de 2020, en una histórica sesión del Senado uruguayo, dejaron sus bancas en forma conjunta José Pepe Mujica y Julio María Sanguinetti, dos ex presidentes que acordaron renunciar al unísono.
Aquí, el Senado provincial completó la sanción de la ley para reformar la Constitución cuando a la Legislatura ya la había ganado un espíritu de acuerdos y consensos expresado en esa norma que sumó a los votos del oficialismo los de una parte del peronismo, de otra de un bloque ubicado la izquierda y de un desprendimiento (obligado) de la derecha.
Bajo ese clima, a los pocos días se celebró un acto de homenaje a la historia reciente de la democracia en la segunda mitad de la década clave, también marcada por una dura crisis económica. Cuando Reviglio le ganó la gobernación a Cáceres eran los años de lo que los analistas llamaban “el desencanto”. Las ilusiones de que el solo hecho de recuperar la democracia todo lo podía se habían desvanecido. Luego vendría Carlos Menem.


Esos años
La sola mención de los presentes invitados especiales al acto dan material suficiente como para varias crónicas sobre una época lejana en la que Argentina revisaba con los juicios a las juntas militares su pasado pero no lograba dar señales de futuro. Pintadas como “democracia gorila”, movimientos militares carapintadas y motines policiales amenazaban con repetir la historia de los golpes de Estado y los gobiernos autoritarios. De esos años y del presente hablaron los homenajeados y los escucharon con atención y cariño el ex director y presidente del Tribunal de Cuentas, Eduardo Lassus; el ex ministro de Hacienda Rodolfo “Rolo” Vacchiano; el ex legislador provinicial, ex ministro de Gobierno, ex presidente de la Epe y ex diputado nacional Miguel Ángel Baltuzzi; el juez federal Luciano Lauría; el ex concejal Pascual Recchia; el ex presidente de la Lotería en aquellos años, Darío Miguel; el delegado de la Anses, Rubén Montaponi; el secretario general de Apel, Víctor Rímini; el ex legislador provincial y nacional Saturnino “Titi” Aranda; la secretaria de Inclusión Educativa, Betina Florito, y su esposo el dirigente Cristian Hoffmann que militan en Unidos para Cambiar Santa Fe.
También, por el lado de Cáceres, su esposa, la secretaria de Mujeres, Género y Diversidad del actual gobierno, Alicia Tate; el ex director del Banco Central durante el gobierno de Raúl Alfonsín, Julio Singer, y el director del ente biprovincial del Túnel Subfluvial por Santa Fe, Lisandro “Pato” Villar: Y por supuesto, todos o casi todos los senadores radicales que estuvieron en sus bancas.

Parte de lo que se dijo
“Fueron protagonistas incluso antes de que la hayamos recuperado”, recordó Michlig respecto de los duros años anteriores a 1983. Sostuvo que su “padre político” es Cáceres y Changui le retribuyó la distinción con algunas observaciones sobre el “pragmatismo” del senador que “es un bestia de trabajo”.
El legislador destacó que siendo presidente de la pequeña localidad de Ambrosetti nunca se sintió discriminado como radical por Reviglio y el ex gobernador bromeó sobre las incursiones del luego legislador, “más allá de su departamento” (una cuestión de fuertes celos entre senadores).
“Emociona verlos en este ámbito, como dos dirigentes que fueron adversarios y que honraron la política al defender sus ideas para hacer una provincia”, subrayó el justicialista Rubén Pirola de Las Colonias, que también habló de la muy nutrida platea de invitados a los que algunos conocía personalmente y a otros sólo por fotos. Alcides Calvo, del mismo bloque, cercano a Perotti, recordó sus inicio como un pasante más en los 80 (luego contratado) en una unidad de control de gestión que marcaría “para siempre” su forma de entender la gestión pública. Valoró especialmente esas acciones del gobierno de Reviglio.
Scaglia abundó sobre el consenso y le puso números: “de las 150 leyes sancionadas este año, el 77 por ciento salieron por unanimidad”, destacó al expresar qué significa el diálogo.
“Fueron parte de la epopeya de recuperación de la democracia y su mantenimiento en épocas difíciles”, dijo un peronista del oficialismo: Joaquín Gramajo, de Unite —que es parte del interbloque Unidos—. El senador por 9 de Julio describió como un “peronista ortodoxo” a Reviglio y a Cáceres como iniciador de una juventud “revolucionaria” en la UCR.
Autocrítica y repaso
Cáceres habló al fin de lo que hoy discute la Argentina, sin usar la palabra “casta”, por supuesto. Dijo que los actuales dirigentes “tienen un gran desafío por delante, una gran posibilidad y una gran responsabilidad: demostrar que la mala política se suple con buena política”.
Por su parte, Reviglio analizó el momento actual de la Argentina y advirtió que “vivimos una época en la que desde la nación se quiere dejar de lado una bandera insustituible como el federalismo”, tras citar al brigadier López, a las corrientes revisionistas de la historia y a la revolución tecnológica del siglo XXI que convive con un siglo XX “que aún se niega a morir, en cierta forma porque aquí estamos”, reflexionó.
Changui fue agudo y esta vez más que autocrítico. Dijo que perdió aquellas elecciones de 1987 “por boludo”. Se ubicó como único responsable de esa diferencia de 16 puntos abajo (el Senado quedó con ese número de bancas peronistas). De todos modos, admitió que ya no tenía el viento de cola del alfonsinismo. Reviglio lo consoló con una palmada en su hombro unos minutos antes, luego que Cáceres le dijera algo al oído, cuando se mencionó ese comicio que fue el último en el que se enfrentaron dos binomios con dirigentes provenientes del norte para gobernador y del sur para vice.


































