Como una explosión, provocada desde los cimientos, todo un edificio construido durante décadas por la sociedad argentina, empieza a derrumbarse. Una escena escalofriante a la que aún le resta el capítulo de la vuelta al Senado. El último día de febrero podría ser el momento final, humeante, del derrumbe de los derechos laborales, el sueño húmedo del FMI que encontró en Javier Milei y en una cuarentena de aliados un fenomenal apoyo y el número parlamentario suficiente.
La fortalecida alianza oficialista superó obstáculos y despachó la reforma laboral en Diputados. Incluso eliminando un artículo (el 44) ya directamente de carácter esclavista (pago parcial de los días de ausencia del trabajador por enfermedades acreditadas) y le tomó menos de 48 horas desde que la media sanción ingresó a la Cámara baja desde el Senado hasta que (con esas correcciones) fue aprobada y devuelta a la Cámara alta. No hay antecedentes de que una ley con más de 210 artículos y que cambia 180 grados toda una cultura de relaciones del trabajo en la Argentina, a la vez que introduce una reforma previsional (desfinancia el Fondo de Garantía de Sustentabilidad, para crear un fondo para despidos que exima a las empresas del pago de la indemnización), sea demolida en menos de 48 horas por una de las dos cámaras del Congreso.
Los números
Fueron 135 votos a favor contra 115 en la votación en general. LLA, los restos del PRO y de la UCR y, entre otros apoyos provinciales —Salta, San Juan, Catamarca, Tucumán, Río Negro, Santa Cruz y Misiones—, cinco de los 18 miembros del bloque de Provincias Unidas, entre ellos el impactante apoyo de la ex vicegobernadora de Santa Fe Gisela Scaglia (titular del PRO santafesino y presidenta del bloque Provincias Unidas) y del recién llegado a Provincias Unidas de Santa Fe (también del PRO) José Núñez. A la vez, Provincias Desunidas aportó el grupo mayoritario de su bloque al voto negativo, aunque también engrosó el listado de ausentes (tres), entre ellos Juan Schiaretti, que pocos días atrás se incorporó al cuerpo, aunque este jueves se ausentó.
La sesión de Diputados tuvo la curiosidad, además, de desarrollarse en paralelo a un paro nacional de las centrales obreras con alto acatamiento, con la Ciudad de Buenos Aires con poco a nulo transporte público.
La Casa Rosada se aproxima al objetivo político más buscado del verano: cerrar el ciclo de sesiones extraordinarias con la reforma laboral aprobada.
Otro elemento sin precedentes que ofreció la sesión de este jueves en Diputados, fue que, con excepción de la lectura en defensa del proyecto por parte del miembro informante, el diputado correntino Lisandro Almirón (LLA) —una dificultosa lectura equiparable con la fluidez de un niño de cuarto grado de colegio primario—, prácticamente nadie de los 135 votantes a favor habló en el recinto en defensa del proyecto. Incluso, los titulares de los bloques de LLA y el PRO renunciaron al uso de la palabra al momento del cierre de la sesión, para apurar la votación, ya pasada la medianoche.

Cortocircuitos
La primera batalla de la sesión de este jueves en Diputados se dio alrededor del modo en que se organizaría la sesión: no hubo acuerdo en la sesión previa, labor parlamentaria, donde habitualmente los jefes de bloques se ponen de acuerdo en cuestiones metodológicas. La fractura política en la Argentina ya es tan profunda que no pasa ni siquiera una “labor parlamentaria” en paz. Otra particularidad de la era Milei, que nunca pasó antes.
Para garantizar una sesión relativamente corta, y votando por títulos (26, que incluyen a los 218 artículos), el oficialismo llevó a una votación a mano alzada en el recinto la propuesta que no había conseguido consensuar un rato antes en Parlamentaria. Cuando Martín Menem dio por cerrado el asunto, todo el bloque de Unión por la Patria estalló: varios saltaron de sus bancas para increpar a Menem desde esa particular posición de inferioridad —desde abajo hacia arriba, el estrado del presidente tiene una cota superior de casi un metro respecto del corredor inmediatamente contiguo del recinto—. Allí se destacaron los santafesinos Caren Tepp, que aun debutante en el Congreso mostró templanza, que confirmó unas horas después cuando dio su primer discurso en el recinto; Agustín Rossi, que se le plantó cara a cara a Menem y lo increpó; y Florencia Carignano, siempre picante y directa con el universo libertario, quien también participó del tumulto inaugural de una sesión histórica, y protagonizó un entredicho con los taquígrafos desenchufándoles los instrumentos de trabajo en el momento más intenso de la trifulca.
Sólo una veintena de diputados de UxP pudo hablar en el recinto, la mayoría con un tope de cinco minutos, que en la práctica se extendía un par de minutos. Los diputados del oficialismo y las fuerzas aliadas tuvieron escasísimas intervenciones, con excepción del ya mencionado miembro informante del proyecto de mayoría al momento de iniciarse el tratamiento del tema.
Otro momento en que la presidencia de la Cámara forzó hasta quebrar el reglamento, se produjo luego de las 21. Con el recinto semi poblado, un diputado de UxP denunció una presunta inconstitucionalidad del proyecto de ley y pidió “moción de orden” —que obliga a una votación inmediata—, “para que el proyecto vuelva a la Comisión de Asuntos Constitucionales”. En ese momento, los diputados de UxP presentes se levantaron de sus butacas y el recinto quedó sin quórum. Martín Menem desoyó el pedido de votación y pretendió seguir con la sesión y sin quórum. La discusión duró al menos 10 minutos, los diputados oficialistas ausentes volvieron a las corridas al recinto, y recién luego se reconstituyó el quórum. Por reglamento, Menen debió levantar la sesión cuando le pidieron la votación y no contaba con quórum. Desde ya, a mano alzada, la decisión mayoritaria fue continuar con la sesión.

Los santafesinos
De los 19 diputados nacionales por Santa Fe, once votaron a favor y ocho en contra. De los once no habló ninguno; de los ocho que se opusieron, hablaron seis.
Los opositores a la ley integran el bloque Unión por la Patria. Caren Tepp, debutante en el recinto, usó con gran efectividad sus pocos minutos: tomó la metáfora del fósforo de madera individual (que cualquiera quiebra con facilidad) en comparación con un manojo de fósforos atados entre sí, que no puede ser fracturado con la fuerza de las manos. La metáfora la instaló el escritor, artista y humorista Pedro Saborido ante la pregunta sobre qué es un sindicato. “Es una forma muy sencilla de explicar esta ley, la unión hace la fuerza y la resistencia evita el daño”. “Lo único que busca esta ley es la destrucción de las negociaciones colectivas, nos quieren hacer creer que solos vamos a obtener mejores beneficios”, arremetió la santafesina y se preguntó “¿quién va a creer que en una relación laboral asimétrica, una madre se va a imponer frente a un patrón respecto del horario de salida de su jornada laboral para buscar a su hijo a la salida de la escuela?”.
Otro destacado en la sesión fue el titular del bloque del UxP, el también santafesino Germán Martínez. Usó los minutos del cierre, ya pasada la medianoche, para agradecer el trabajo detallado del proyecto de minoría de reforma laboral que presentó UxP. Y dejó una línea de trabajo que el peronismo pondrá en marcha desde marzo: trabajar por la derogación de una ley que muy probablemente se concrete el próximo viernes en el Senado. Desde la apertura de la sesión, un fortalecido Martínez denunció las infinitas maniobras del oficialismo: “Fueron al recinto en el Senado, no se enteraron de lo que estaban votando, en un escenario escandaloso de andar repartiendo dictámenes hasta el momento mismo de la votación, lo mandaron para acá (Diputados) con un solo día de tratamiento en comisiones y ¿ahora lo quieren aprobar sin debate?, no sean caraduras”.
Con todo, Martínez siempre supo que tenía la sesión perdida: “Si pasan el quórum, se llevan todo”, le había contado a Suma Política en la noche previa al día de la sesión. El oficialismo, con el aporte clave de peronistas y ex peronistas conversos (en especial de las provincias de Catamarca, Tucumán, Salta y Misiones) construyó un quórum relativamente holgado, de unos 135 sentados. Tal es así que a las 14.15 ya había sentado a los 129, le sobraron 15 minutos. El oficialismo no pasó apuros ni sofocos en el inicio de la sesión.
También hablaron en el recinto los peronistas santafesinos Agustín Rossi, Florencia Carignano y Diego Giuliano, todos duros y argumentando contra la ley. Alejandrina Borgatta rechazó la reforma, pero fue la única de UxP Santa Fe que no habló. Otro tanto hizo el socialista Esteban Paulón, quien sostuvo que “están perjudicando a los laburantes”. Pablo Farías, de Unidos con terminal en el PS, aunque no se expresó, votó alineado con Paulón, rechazó la reforma, y fracturó la representación de la Casa Gris de la última elección de octubre pasado ya que Scaglia votó a favor.
Fue muy sonoro el silencio de la mayoría que votó a favor de la ley de Modernización. Entre los santafesinos, ninguno de los 11 que apoyó la propuesta de la Casa Rosada (nueve de La Libertad Avanza: Yamile Tomassoni, Verónica Razzani, Valentina Ravena, Agustín Pellegrini, Juan Pablo Montenegro, Nicolás Mayoraz, Alejandro Bongiovanni, Romina Diez y Rocío Bonacci; y los mencionados Scaglia y Núñez) pidió la palabra en las 12 horas de sesión.
En la votación por títulos, en particular, los resultados no variaron de manera significativa con la votación en general, y fueron todos ratificados.



































