“Tuve que despedir 60 trabajadores, tengo que seguir achicando aún más y el próximo paso es cerrar mi fábrica, no llego a aguantar dos meses”, dijo entre lágrimas Ricardo Ciccarelli, vicepresidente de la autopartista Cirubon, una empresa exportadora, proveedora de las grandes automotrices radicada en Alvear, para retratar los estragos del modelo económico sobre la matriz industrial de la Argentina. Lo hizo frente a más de 500 representantes de la industria, el comercio y del movimiento obrero que se reunieron este jueves en Rosario para definir los lineamientos de un programa productivo que, a la vez, sirva como insumo para una nueva plataforma política que tenga como eje la defensa del mercado interno y la recuperación de la actividad y el empleo.
El improvisado testimonio del empresario coronó la jornada de debate “Argentina Produce, diálogo que construye”, convocado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came), la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (Adimra), la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe) y la Confederación General del Trabajo (CGT), en la sede de la Asociación Empresaria de Rosario (AER). Y, al mismo tiempo, fue un retrato en primera persona de la situación que atraviesan los diferentes sectores productivos frente al avance de la importación, la caída de la actividad y el consumo, y el deterioro de los ingresos.
“Si hoy a todos nos preocupa lo mismo, algo no está funcionando en este modelo”, dijo el presidente de Came, titular de AER y anfitrión del encuentro, Ricardo Diab, quien detalló que todos los sectores convocados están viviendo “una situación compleja”.
Jorge Sola, cosecretario general de la CGT, le puso números: “Se perdieron más de 300 mil puestos de trabajo formales y se cerraron 73 micropymes por día”, dijo y señaló que mientras “el tejido productivo está dañado, el gobierno no tiene intención de corregir el rumbo”.
Esa certeza y un clima electoral que comenzó a activarse, fue el motor que unió a la dirigencia gremial empresaria y a la central obrera para comenzar a definir un programa que los incluya y tenga al diálogo como un elemento aglutinador. “La política, la producción y el trabajo son como el acero, la piedra y el cemento, materiales fuertes por separado pero inertes si falta uno que los una, que es el agua”, graficó el presidente de la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe), Javier Martín, y agregó: “El agua es el diálogo”.

Los organizadores plantearon que se trata del puntapié inicial de otras reuniones que planean realizar en distintos puntos del país, pero la sesión inaugural —que tuvo una convocatoria multitudinaria— mostró que se trata de un armado más consistente que busca confrontar ideas y modelos de gestión. “Quieren evitar que esto derive en una crisis en la calle como ocurrió en 2001”, dijo un histórico dirigente sindical que fue parte del público, entre los que se encontraban empresarios, industriales, intendentes y dirigentes políticos de diferentes fuerzas, muchos de los cuales están parados en diferentes veredas partidarias pero coinciden en el mismo diagnóstico sobre la crisis que atraviesa el sector productivo.
El titular de Adimra, Elio Del Ré, graficó la gravedad de la situación al señalar que en la industria metalúrgica la capacidad instalada está en 39,2%. “De diez máquinas, seis están paradas”, dijo. Y aunque reconoció que hay sectores que son dinámicos, como el de petróleo, gas, minería y agro, son también los que menos empleo generan. Por eso, consideró que “es urgente pensar cómo lograr que el resultado de Vaca Muerta llegue a los Conurbanos y la minería asista con recursos a una Argentina para todos”.
A esa foto de la economía que Martín calificó como “dual y hemipléjica”, el economista Fernando Grasso —quien disertó en el encuentro— le puso números. “El empleo privado en Neuquén —donde se concentra la actividad de oil & gas— creció 4,4 por ciento entre el tercer trimestre de 2023 y el mismo período de 2025, pero en números absolutos esto representa unos 6.400 puestos de trabajo”, dijo. En cambio, en Buenos Aires, donde cayó 4,1 %, “equivale a casi 52 mil empleos menos”.
“Los sectores que concentran entre el 40 y 60 por ciento de las exportaciones, generan apenas un 7 por ciento de empleo”, agregó. Por eso, “la industria no es el problema de la Argentina, es parte de la solución”, expresó Del Ré.
Ese desequilibrio se da en el marco de “un tipo de cambio que no es el más adecuado para una economía sostenible”, dijo Grasso, y una estructura en la cual “no podemos retener los dólares que producimos”. Argumentos que tomaron los empresarios para señalar que frente a esto es urgente una respuesta política.
Así lo planteó Sola al señalar que “frente a un proyecto económico demasiado aperturista que generó muchos efectos negativos, tenemos que corregirlo y hay una oportunidad para hacerlo”, dijo para que la política tome el guante.
“Necesitamos alternativas y programas de trabajo, nosotros estamos aquí para nutrirlos de propuestas”, arengó Martín, de Fisfe.
La urgencia de los dirigentes reunidos en Rosario parte de un escenario sin horizonte. “Vemos un segundo semestre muy complicado, difícil y no vemos síntomas de recuperación”, planteó Martín, quien mostró su preocupación por “la falta de diálogo” sobre todo a nivel nacional.
“Valoramos la macro, el control de la inflación, pero no estamos viendo políticas que promuevan un incremento en la capacidad productiva y una reactivación del mercado interno”, dijo el industrial, lo que se traduce en problemas en la cadena de pagos.
Esta suerte de multisectorial que comenzó a tomar forma en Rosario aún está huérfana de liderazgos políticos, pero no de ideas: “En cualquier país razonable se invierte, se crean empresas, puestos de trabajo y se mejora el salario”, afirmó Diab e hizo una síntesis de la plataforma productiva que militarán.



































