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Sociedad

Cine y censura: genocidio en Palestina y polémica en la UNR

Silvana Rabinovich acaba de comprar un libro que no tiene distribución en Argentina. Un librero rosarino le consiguió varios ejemplares, porque ella también lo quiere para difundir. Se trata de Diario de un joven médico. Notas sobre el genocidio en Gaza, del médico palestino Ezideen Shehab. “Este libro debería enseñarse en la Facultad de Medicina, en la Universidad Nacional de Rosario, donde tanto importa la ética”, dice. Pero parece difícil que ocurra después de la polémica por la proyección del documental La Gran Palestina en la Facultad de Humanidades y Artes y de la promesa del rector Franco Bartolacci de que “no vuelva a suceder”.

Rabinovich (1965) se licenció en Filosofía por la Universidad Nacional de Rosario y es además Maestra en Filosofía por la Universidad Hebrea de Jerusalén. Reside en la ciudad de México y desde 2001 es profesora e investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En su última visita a la Argentina presentó el libro La Biblia y el dron, donde analiza los usos “y abusos” de metáforas y figuras religiosas en el discurso político contemporáneo, ya con varias ediciones, y La Gran Palestina, un documental del cineasta mexicano Rafael Rangel realizado sobre registros en video y fotografías tomadas por residentes en Gaza.

“Cuando presenté No Other Land, la película que ganó el Oscar, en la Cineteca Nacional de México, Rafael Rangel estuvo entre el público y me pidió que presentara La Gran Palestina —cuenta Rabinovich en un bar del centro de Rosario—. Había hecho otra película, Gaza, la franja del exterminio, que yo había visto, con la misma técnica de trabajar con material tomado por la gente y darle una narración en el sentido de Walter Benjamin, de transmitir la experiencia de lo inenarrable. Me pareció deslumbrante”.

La Gran Palestina se exhibió en la Facultad de Humanidades y Artes ante unas 30 personas y tuvo una segunda proyección ante otras 45 en la sede de la Central de Trabajadores en la ciudad de Buenos Aires, menos notoria porque coincidió con uno de los partidos del Mundial de Fútbol. La película se extiende desde enero de 2025 hasta abril de ese año y concluye con un registro de trece minutos realizado con su celular por el paramédico palestino Rifaat Ratwan, en camino para socorrer a heridos y muertos por el ejército israelí; el paramédico y los restantes catorce integrantes del equipo médico son asesinados por los soldados antes de llegar, y el teléfono ya caído continúa grabando la escena y los rezos finales de la víctima.

El periodista Eduardo Feinmann denunció la proyección en Rosario como un acto de terrorismo. “Al día siguiente hubo un conversatorio en la misma facultad sobre el deber de la filosofía ante el genocidio en Gaza, pero de eso no se enteró”, dice Rabinovich. El presidente Javier Milei y el secretario de Políticas Universitarias Alejandro Álvarez ampliaron la acusación en X y el rector Bartolacci envió cartas de disculpas al presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) y al gobierno nacional, en las que asumió los términos de los denunciantes y dijo que no había autorizado la presentación de la película y que había dado instrucciones para que el área jurídica de la UNR persiga a los responsables.

Rabinovich piensa que el rector “se asustó” ante el volumen de la descalificación y que fue más allá de lo que el propio gobierno nacional le exigió: “Nadie le dijo que pidiera perdón a la comunidad judía. Dos judíos presentamos la película (ella y Federico Donner, profesor de Historia de la Filosofía Contemporánea de la UNR). En una universidad, donde hay libertad de cátedra y libertad de expresión, ¿hay que solicitar permiso para hacer una actividad? El don de la película es mostrar aquello que no se permite ver, es romper un cerco mediático. Entonces, ¿la Universidad no está para eso? ¿Cuando la hacen pedazos desde arriba, como está planeado y como lo dicen? Porque la motosierra quedó corta como metáfora del desfinanciamiento universitario”.

El caso tiene un antecedente inmediato el pasado 17 de abril, Día Internacional del Preso Político. La Asamblea Acción por Palestina Rosario había convocado entonces a una charla virtual con los expresos palestinos Osman Bilal y Nader Sadaq, en la sede de ATE, San Lorenzo 1879. La actividad fue suspendida después que la DAIA Delegación Rosario, presidida por Gabriel Dobkin, denunció apología del delito, incitación al odio y realización de actos discriminatorios ante el Ministerio Público Fiscal, mientras los principales medios nacionales tacharon a los invitados de terroristas y al propio gremio de amparar al terrorismo.



Donde no alcanzan las palabras

La Biblia y el dron es un libro que no termina de nacer”, dice Silvana Rabinovich. En 2010 empezó a escribir el texto, en 2013 lo publicó en España y más tarde, corregido y aumentado, en México y en Argentina, en este caso por coedición de los sellos rosarinos Casagrande y Último Recurso. “Con Trump y Milei empieza a tener sentido”, dice la autora.

Rabinovich es enfática respecto de su crítica del sionismo: “No tiene nada de judío —subraya—. En el judaísmo Dios es el único soberano. No puede haber una entidad que le dispute a Dios la soberanía, y el Estado es eso. Hablar de un Estado judío, como hace en el siglo XIX Theodor Herzl, el padre del sionismo político, es de una ignorancia muy grande del judaísmo. El sionismo es profundamente antijudío. Por eso la derecha lo ve con tan buenos ojos”.

En 2020 el gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner adoptó la definición de antisemitismo de la IRHA (siglas en inglés de la Alianza Internacional para la Recordación del Holocausto). “Fue un error craso —afirma Rabinovich—. Primero, porque es una definición muy restringida, judeocéntrica: semita es el judío y antisemita el judeófobo, y no se contempla la islamofobia o la arabofobia, que también son partes del antisemitismo. Los ejemplos que da asimilan la crítica al Estado de Israel con el antisemitismo”.

Rabinovich recuerda el escándalo que rodeó a la publicación del artículo “Canción a Palestinauscwitz” en Rosario 12, el 21 de mayo de 2021: “El autor comparaba la situación de Palestina con la de Auschwitz de una manera poco elaborada, pero justo estaba esa definición de antisemitismo: el texto tomó una notoriedad que en otro contexto no hubiera tenido y obligaron a Rosario 12 a bajar el artículo de la web”. La reacción fue iniciada por el Museo del Holocausto de Buenos Aires y secundada por medios nacionales y por una solicitada de escritores e intelectuales.

“Fue muy claro entonces que la definición que asumía el gobierno nacional iba a tener ese cauce judicializable —analiza Rabinovich—. Se ve ahora en el caso de Vanina Biasi (diputada nacional del Partido Obrero, procesada por supuesta incitación al odio y antisemitismo). A mí me tocó estudiar el expediente. Concluí que era la crónica de la creación de un chivo expiatorio. Aquellos que la acusaron le fueron poniendo las trampas para ir llevándola a afirmaciones que ella no hizo. En todo caso habría que imputar de antisemitismo a los acusadores, pero al juez Daniel Rafecas no le interesó mi análisis”.

La exhibición de La Gran Palestina provocó otras reacciones que la filósofa considera también significativas y para las que retoma la definición de pánico moral del historiador israelí Ilan Pappé. “Es muy común, en la Universidad, encontrar gente que no acepta ni defiende el genocidio en Gaza, pero que calla porque dice que tiene familia en Israel o cosas que no puede perder —explica Rabinovich—. Dicen en todo caso ‘no en mi nombre’, ¿pero a quién le importan los nombres? Lo importante es detener la masacre. La otra cara del pánico moral me la enseñaron los rosarinos, después de la proyección: es la gente que ante algo que desestructura todo el saber, no soporta el vacío y lo llena con certezas, cuando se trata de hablar desde la vulnerabilidad, de dejar lugar a la incertidumbre y tocar algo para lo que no nos alcanzan las palabras”.

Confusiones deliberadas

El marco en el que se inscribe la censura de La Gran Palestina es más amplio. El 26 de junio organizaciones de derechos humanos y referentes políticos, culturales y sociales argentinos difundió una carta abierta en la que acusaron a la DAIA de “persecución ideológica y política” contra quienes critican las políticas del gobierno israelí en Gaza, y de tergiversar los cuestionamientos al gobierno de Benjamín Netanyahu para presentarlos como expresiones de antisemitismo.

Más de un centenar de personalidades de la comunidad judía, el Llamamiento Argentino Judío y la Federación de Entidades Culturales Judías (ICUF) firmaron la carta, que mencionó entre otros episodios la actividad suspendida en ATE Rosario ante el despliegue de infantería policial dispuesto por el Ministerio de Seguridad de la provincia y la orden de un fiscal federal de que se registrara el acto. La DAIA, afirmaron, confunde “deliberadamente” la denuncia de los crímenes de Netanyahu con antisemismo y los bombardeos sobre la población civil gazatí con judeofobia.

La carta recordó la orden de captura que libró la Corte Penal Internacional sobre Netanyahu por crímenes de lesa humanidad y citó datos de organismos de Naciones Unidas: entre el 7 de octubre de 2023 y el 1° de abril de 2026, 72.289 palestinos fueron asesinados en la Franja de Gaza; al 3 de febrero de 2026 había 21.289 niños asesinados y 44.500 heridos; un millón trescientas mil personas fueron desplazadas de sus hogares; el 92 % de las viviendas fueron dañadas o destruidas, y 11.000 personas están desaparecidas. “No hay ningún Auschwitz en Gaza. Pero sigue siendo un genocidio”, afirmaron los historiadores israelíes Amos Goldberg y Daniel Blatman, expertos en el Holocausto.

El documento de las organizaciones de derechos humanos —entre ellas la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, el Servicio de Paz y Justicia y Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora— condena también la masacre del 7 de octubre de 2023 cometida por Hamas contra civiles israelíes, pero sostiene que ese ataque es utilizado por la DAIA para descalificar como “defensores de Hamas” a quienes cuestionan las políticas del gobierno israelí. Fue lo que ocurrió con la frustrada actividad en la sede de ATE y con la proyección del documental de Rangel en Humanidades.

La DAIA impulsó denuncias contra el músico Roger Waters, los dirigentes políticos Alejandro Bodart, Leopoldo Moreau, Vanina Biasi, Horacio Pietragalla y el senador José Mayans, el actor Norman Briski, el periodista Alejandro Bercovich, el conductor Tomás Rebord, el docente Federico Puy y Amnistía Internacional. La novedad en torno a La Gran Palestina consiste en que las acciones jurídicas “que permitan determinar las responsabilidades del caso” serían ahora impulsadas por la Universidad Nacional de Rosario, según el anuncio del rector. Las organizaciones de derechos humanos calificaron esta práctica de “caza de brujas”. 

En “La ‘amenaza terrorista’. Entre el orden global y las batallas locales”, un artículo del libro ¿Qué están haciendo las derechas con los 70? (2026), Cinthia Balé y Emmanuel Kahan analizan por otra parte el uso jurídico y discursivo de la categoría de terrorismo como recurso de descalificación de conflictos locales y en ese plano resaltan el primer acto conmemorativo del Holocausto bajo la presidencia de Javier Milei, el 27 de enero de 2024. “Se evidenció un desplazamiento significativo en las formas de inscribir la memoria del Holocausto: del discurso de los derechos humanos, que durante décadas marcó su incorporación a la memoria global, hacia una narrativa centrada en la defensa de un orden geopolítico amenazado, la protección de Occidente y la lucha contra el terrorismo internacional. Este giro narrativo favorece una reivindicación territorial, política e ideológica del Estado de Israel, en la que los judíos son presentados —sin distinciones internas— como una identidad nacional homogénea”, señalaron los investigadores.

Balé y Kahan también refieren al acto en conmemoración de los treinta años del atentado a la AMIA, en el que el presidente de la institución, Amos Linetzky, repudió a organismos internacionales y a movimientos sociales que, según sus palabras, “dieron vuelta la cara, callaron o hasta apoyan la barbarie terrorista” y a agrupaciones feministas y LGBTIQ+ por no haber condenado suficientemente la violencia sufrida por las mujeres israelíes: “las palabras de Linetzky alimentaron y reprodujeron una frontera política, ideológica y moral afín a la derecha radical representada por La Libertad Avanza: de un lado, ‘los argentinos de bien’ y ‘la defensa de Occidente’; y del otro, los organismos internacionales, los feminismos, el movimiento de derechos humanos y los ‘progresismos’ en general, que —por acción u omisión— fueron colocados del lado del terrorismo y del antisemitismo”.

Silvana Rabinovich está por volver a México, previo paso por Costa Rica, donde desarrollará actividades académicas, pero su reciente visita deja reflexiones y preguntas destinadas a perdurar. Entre otras, una cita del pensador austríaco Iván Ilich: “En un momento, respecto de la bomba nuclear, él dijo que haría un voto de silencio porque moralmente era inaceptable discutir siquiera la existencia de la bomba. De una manera parecida, discutir si hay o no hay genocidio en Gaza es inmoral”. Otro parangón: como el cine político durante las dictaduras de Juan Carlos Onganía y Roberto Levingston, los documentales sobre Gaza parecen destinados a circuitos marginales de exhibición. La Gran Palestina, adelanta Rabinovich, seguirá exhibiéndose “en otros lugares de Argentina” porque “despertó mucho interés a partir de la censura”.


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