El secretario de Política Económica de la Nación, José Luis Daza, aseguró en Rosario que la economía argentina llegará “robusta” a las elecciones de 2027 por la coexistencia de superávits comercial y externo, inflación a la baja, crecimiento económico y un ritmo de compra de divisas que supera lo exigido por el FMI. Frente a los empresarios de Idea subrayó que el Banco Central contará con mucho poder de fuego en el momento en que el proceso político se vuelva más caliente.
Un día después, el ministro de Economía, Luis Caputo, anunció la flexibilización de las condiciones de crédito en dólares, para permitir que los bancos presten divisas a las empresas que no las generan. El propio funcionario explicó que el objetivo es movilizar “los dólares del colchón”, reactivar la economía por vía del financiamiento y aumentar la oferta de divisas en el mercado para mejorar las reservas y contener el mercado de cambios. Para eso, está dispuesto a romper con un consenso grabado a fuego tras la crisis de 2001. Un riesgo que no parece guardar proporción con la salud que el relato oficial atribuye a estos indicadores.
La histórica relación entre el alarde y la carencia movió la lupa de los economistas al interior de ese mundo de éxito que el segundo de Luis Caputo mostró el jueves en la Bolsa de Rosario. En ese mismo ámbito, Fernando Marengo, de BlackToro, validó el optimismo. Subrayó que el Banco Central está batiendo récord en compra de dólares y que en 2027 contará con 18 mil millones de dólares adicionales de liquidación de exportaciones por el efecto de El Niño en el agro, la energía y la minería.

La calesita
Sin embargo, en su último informe de coyuntura, el Centro de Estudios Scalabrini Ortiz (Ceso) hizo otras cuentas. Coincidió en señalar que las reservas brutas están en el máximo de la gestión Milei. A principios de julio se acercaron a los 50 mil millones y, aun cuando luego bajaron, están en el nivel más alto registrado desde abril de 2019. La comparación histórica es un llamado de atención. Aquel fue un año de profunda inestabilidad.
Los economistas del Ceso advirtieron que, si se descuentan los depósitos en dólares del sector privado —que el BCRA debería garantizar en caso de retiro— las reservas netas caen a 8.638 millones de dólares. Por otro lado, los giros de utilidades y dividendos al exterior se atropellan en la puerta de salida. Se multiplicaron de un promedio de 25 millones de dólares mensuales en 2023/24 a 1.029 millones en junio de 2026. En los últimos doce meses acumularon 3.245 millones, quince veces más que en el año previo. La demanda de dólar ahorro, por otra parte, sumó 12.957 millones desde enero.
El coordinador del centro de estudios, Andrés Asiaín, apuntó que el “éxito” cambiario que exhibe la comunicación oficial “convive con una estructura cada vez más frágil por debajo de la superficie”. En primer lugar porque “buena parte del stock de reservas no es de libre disponibilidad, ya que corresponde a depósitos del sector privado y a desembolsos del FMI”. El agro y los hidrocarburos financian la cuenta corriente, el sostén real de las reservas, pero la dolarización de ahorros y el giro de utilidades y dividendos perforan la cuenta financiera. Esta escalada resume “el cambio de régimen cambiario de los últimos meses”. Los sectores más activos en la remisión de dólares son los beneficiados por el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (Rigi). Y los que más dividendos giran son los de mayor capacidad de apalancamiento internacional.
“Mientras el relato oficial celebra el fin de las restricciones cambiarias como una señal de confianza, el principal uso que la sociedad le dio a esa libertad fue atesorar dólares fuera del circuito productivo”, destacó el centro de estudios en su último informe. Y concluyó: “La cuenta financiera, en síntesis, no refleja una vuelta de capitales productivos sino la salida de ahorro de los propios argentinos”.
En otro reporte de coyuntura, el equipo de economistas de la provincia de Buenos Aires que coordina Roberto Feletti amplió el análisis temporal. Señaló que desde diciembre de 2023 entraron al país 82.200 millones de dólares pero las reservas brutas subieron 21.800 millones. Es decir que sólo uno de cada cuatro dólares que ingresaron fueron al BCRA. Dicho de otro modo, el drenaje de divisas fue de 60.400 millones de dólares. La formación de activos externos durante el mismo período representó 34.600 millones de dólares.


Fuga y deuda
“Esto explica por qué, pese a contar con esa oferta de divisas, la deuda pública bruta se incrementó en 108.600 millones de dólares entre diciembre de 2023 y mayo de 2026”, destacó el informe. También observó un cambio de composición en ese pasivo: el emitido en moneda nacional aumentó por el equivalente a 147.100 millones de dólares, mientras que el nominado en moneda extranjera disminuyó en 38.500 millones de dólares. Para los especialistas, este cambio “marca la presencia de los instrumentos financieros para viabilizar la voluminosa renta en dólares arbitrando entre la remuneración de los títulos en pesos y la tasa de devaluación”.
A través de la colocación de títulos de muy corto plazo, a los que el mercado les exige rendimientos crecientes, se convalida “una renta en dólares anual en un rango del 20-25%”. Esta apropiación de divisas, dijo Feletti, impide la estabilización externa.
El Ceso advirtió que, a diferencia de la experiencia de 2018, este escenario encuentra a la Argentina con la capacidad de endeudamiento soberano agotada.
Se entiende así la obsesión del ministro de Economía, Luis Caputo, por atraer los “dólares del colchón”, que siguen remolones pese a un generoso blanqueo, una ley de inocencia fiscal y una segunda versión de ese jubileo en camino. Ahora intenta seducirlos con la flexibilización de los créditos en divisas.
En conferencia de prensa, el ministro explicó que busca aumentar el nivel de crédito, principalmente en los encadenamientos productivos ligados a los sectores ganadores de la economía. “Los ahorros están debajo de los colchones pero si un banco solo puede ofrecer un 1 por ciento anual por un plazo fijo en dólares porque no tiene capacidad prestable, la gente no va a estar tentada a depositarlos”, dijo. También aseguró que la nueva oferta en el mercado de cambios podría aportar de 3.000 a 10.000 millones de dólares adicionales.
Caputo enfatizó que seguirán existiendo algunas regulaciones. La más importante: que los bancos sólo podrán prestar el equivalente al 15% de sus depósitos en dólares. Asimismo, las firmas también van a tener requisitos específicos de encajes, entre otras obligaciones.
El fin de un consenso
Más allá de estas aclaraciones, la medida arrasa con un consenso de más de dos décadas: prohibir a los bancos comerciales prestar en dólares a personas jurídicas que no sean exportadoras o que no tengan garantías de éstas. En 2002, después de la salida violenta de la convertibilidad y de la pesificación asimétrica, se dispuso que solo se pudiera prestar en dólares a quienes trabajen el comercio exterior, es decir, que compran o venden en esa moneda.
En un informe publicado en marzo pasado, el Ceso advirtió sobre los riesgos de generar un circuito de “argendólares”, sin “respaldo real”. Explicó que mientras los depósitos en pesos son respaldados con la capacidad ilimitada de emisión del Central, los que están en dólares solo pueden ser respaldados con reservas internacionales, “el límite del sistema antes de un potencial colapso”.
En Argentina, los depósitos privados en dólares pasaron de 30.853 millones en junio de 2025 a 40.558 millones en julio de 2026, y hoy explican el 82% del stock bruto de reservas. Ese colchón engrosa la estadística oficial pero es, en una proporción creciente, “plata de terceros”. Entonces alertó el Ceso: “En un contexto en el que el BCRA no puede actuar plenamente como prestamista de última instancia en esa moneda se incrementa el riesgo de no poder responder a un retiro”.
El riesgo de fondo, señaló, es que las corridas cambiarias se contagien al sistema bancario. “En caso de una devaluación, se incrementa el peso de las deudas en dólares de agentes con ingresos en pesos, generando un vínculo directo entre tensiones en el frente externo y la estabilidad del sistema bancario”, agregó. No es ocioso recordar el contexto: morosidad creciente en pesos, atraso cambiario y volatilidad internacional. “Avanzar hacia una argendolarización del crédito implica asumir riesgos macrofinancieros poco recomendables”, concluyó el trabajo.

Dolarización e inflación
La riesgosa jugada de Caputo confirma el avance hacia una economía más dolarizada, que entiende capaz de disciplinar precios y acabar con una inflación que se muestra rebelde. El mismo día de los anuncios, el Indec informó el IPC de julio, que volvió a superar el 2% y rompió una mini racha de tres meses de desaceleración. La tasa interanual fue la mayor en un año.
El efecto estacional del turismo invernal metió la cola pero también el precio de las verduras y de los servicios que tienen un piso garantizado por la política regulatoria. El trade off con el empleo tampoco está funcionando. Así como suben los precios suben los despidos. Esta semana contaron mil solo en cinco empresas de Tierra del Fuego, Cuyo, Entre Ríos y la provincia de Buenos Aires.
Pero nada pueden las crisis donde sobra corazón. Y en el encuentro Experiencia Idea de Rosario el gobierno encontró auditorio para desplegar su épica. El viceministro Daza proyectó “un gran crecimiento y una gran creación de riqueza” para los próximos años. Se basó en los 150 mil millones de dólares en proyectos de inversión que solicitaron ser alcanzados por el Rigi, de los cuales se aprobaron 45 mil millones, de los cuales se ejecutan 3.500 millones por estos días. Para el funcionario, es una muestra de “lo que queda por recorrer”.
Agro, minería y petróleo, los sectores que pasaron la zaranda del plan económico, empujan la actividad. Los que están en el otro extremo, como la industria, pagan el costo del “cambio de régimen”. Así lo enfatizó Marengo, de BlackToro, quien azuzó a los perdedores: “Por veinte años el negocio empresario fue financiero, la inflación licuaba y todos felices”.
Dante Sica, ex secretario de Industria y titular de la consultora Abeceb, se sumó a la golpiza. “Hoy no está la renta por inflación ni por escasez, hay que salir a buscar mercados”, dijo e invitó a los empresas a aprovechar los acuerdos comerciales, como el que firmó el Mercosur con la Unión Europea, y a explorar “oportunidades de inserción en las cadenas de valor de los sectores ganadores”.
En su entusiasmo puso un ejemplo inquietante para la región: “Argentina tiene una base industrial importante pero con el cambio del régimen económico cambia también la renta entre sectores; si una autopartista de Santa Fe vende a Toyota, que fabrica 180 mil unidades, podrá seguir haciéndolo pero si le vende a GM, que no se sabe sin en dos años fabricará autos en el país, tendría que empezar a mirar los mercados de provisión a minería y energía”, dijo.
Valor en cadena
En el recinto de la Bolsa se expusieron casos exitosos de inserción en esas cadenas de valor. El de la constructora rosarina Milicic es emblemático. Arrancó hace 30 años en minería, proveyendo servicios a La Alumbrera, y hoy tiene la mitad de su operación direccionada a ese rubro. Incluso hizo pie en Perú, donde puede ver “la escala que se viene” para el sector minero en el país.
Ricardo Ferreiro, presidente de Exploración y Producción de Tecpetrol, esperanzó a los metalmecánicos al comentar que Vaca Muerta “demanda 400 mil toneladas al año de estructuras metálicas”. Fernando Cozzi, presidente de Cargill en Argentina, recordó que dos anuncios de inversión en plantas de molienda sumaron en pocos meses promesas de desembolsos por 1.000 millones de dólares. “Están confiados en que se cumplirá el programa de reducción de retenciones a la exportación, si no se cumple va a ser un desastre”, advirtió.
Un día antes, las comisiones de Industria y Economías Regionales del Senado nacional realizaron una charla debate con empresarios de distintos sectores y puntos del país. El diagnóstico que presentaron fue duro. El tesorero de la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe), Mariano Ferrazini, coincidió allí en destacar la expansión del petróleo, el gas y la minería. Sin embargo, opinó que ese desarrollo sólo tendrá impacto duradero si logra integrar al entramado industrial nacional. “No podemos limitarnos a extraer recursos naturales mientras importamos galpones completos, campamentos o equipamiento llave en mano”, sostuvo. Y describió la “doble crisis” que afecta al sector manufacturero. La de las importaciones, que avanzan a expensas de una competitividad local golpeada por “la presión impositiva y el aumento de tarifas”, y la que deriva de la caída de la demanda.

La lucha fiscal
Los dramas de esta parte del mundo económico amenazan a los grandes números de la macro, entre ellos los de las cuentas públicas. La repentina reaparición en el debate público del desvío de los recursos recaudados por el impuesto a los combustibles, que en buena parte deben destinarse a la inversión en infraestructura vial, refleja un cambio en las miradas. Desde la política, el retroceso de la imagen presidencial transformó aquellas “luchas contra las cajas” que el mainstream festejaba al inicio de la gestión en la apropiación indebida de fondos con asignación específica, que es de lo que siempre se trató. Desde la economía, la lucha por la supervivencia fiscal reabrió viejas discusiones.
El año pasado, por estos meses, gobernadores y legisladores avanzaron con un proyecto para ampliar la distribución del tributo a las provincias. La consultora Galois calculó recientemente cuánto dinero adicional habrían recibido las jurisdicciones provinciales entre enero y julio de 2026 si una parte que actualmente debería destinarse a fondos de infraestructura y transporte, pero terminó en otros destinos, se hubiera repartido mediante el régimen de coparticipación federal. Estimó que serían unos 784 mil millones de pesos en total y 67.700 millones de pesos para el caso de Santa Fe.




































