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Política

Milei en la Bolsa de Rosario sobre la mora: “Compraron televisores para el Mundial y veían si pagaban o no”

Por tercer año consecutivo el presidente Javier Milei arribó a Rosario para participar del 142º aniversario de la Bolsa de Comercio. El mandatario llegó con el acto empezado y brindó un discurso encendido que osciló entre las justificaciones, las apreciaciones políticas y los insultos. La ligaron los periodistas sicarios, los kukas y progres “que hacen lobby por los usureros” y los economistas que critican su plan de gobierno. En ese orden. Gran parte de su discurso lo destinó a justificar la suba del riesgo país a acciones deliberadas de la oposición, a la que le endilgó siete intentos de juicio político en su contra. El mensaje más fuerte de la jornada fue la minimización de los niveles de mora en las familias, que según Milei no representan un problema real, ni tampoco son una responsabilidad de su gestión: “Se compraron televisores para ver el Mundial y después veían si pagaban o no. Bueno, pagaron la mitad”.

La comitiva aterrizó en el helipuerto de Prefectura cerca de las ocho de la noche. El presidente viajó acompañado por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem. Como es costumbre, a los pies del helicóptero lo recibió la diputada nacional santafesina Romina Diez, ratificando en cada gesto su fidelidad con la familia presidencial. Para esa hora, el gobernador Maximiliano Pullaro estaba finalizando su discurso.

También ya es costumbre el despliegue de seguridad. Vallados, cordón de Gendarmería, control de pertenencias, scanner para carteras y mochilas. Nadie cruzaba el perímetro sin mostrar el QR que funcionaba como acreditación. Como cortina de fondo sonaban las bombas de estruendos de organizaciones sociales y gremios, que se movilizaron bajo la consigna “Milei persona no grata en Rosario”. Pese el despliegue, la columna logró permear algunos obstáculos y algunos manifestantes llegaron más lejos que otras veces, incluso a inmediaciones de Córdoba y Corrientes.

El presidente tardó pocos minutos en llegar a la Bolsa de Comercio y el “stand by” del acto duró poco. En un auditorio casi en penumbras, y con las gradas colmadas por alrededor de 800 personas, el mandatario arrancó su discurso envalentonado y el apuro le jugó una mala pasada: “Quiero agradecer a las autoridades de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires”. Con el aviso del público, sorteó el furcio entre risas. “Cosas que pasan”, dijo. Unos minutos antes, el intendente Pablo Javkin se había quejado de que un país centrado en Buenos Aires y el Amba no funciona.

Críticas

La visita de Milei generó expectativas. Primero porque es el presidente y segundo porque esta semana regresó a las actividades oficiales luego de diez días sin agenda oficial. Se anticipaba un discurso menos técnico que en otras oportunidades y en parte cumplió. Del año pasado se recuerda un extenso discurso con gráficos hechos a mano y proyectados en una pantalla; algo que parecía lejano a los anuncios que el sector agroindustrial esperaba escuchar. Milei se acordó de esas críticas y las retrucó asegurando que había sido premonitorio del contexto actual. 

“Periodistas corruptos, ensobrados y sicarios del micrófono sostenían que era un discurso ajeno de lo que estaba pasando. Hace un año, estaba anticipando la política que se iba a venir”, comenzó. No pareció la mejor elección de adjetivos para usar el mismo día que se confirmó la prisión preventiva de cinco meses para Fernando Cerimedo, su exasesor político, acusado de mandar a matar a su pareja en Bolivia. 

En su alocución se encargó de recordar presuntas campañas de desprestigio en su contra. “Decían que se iban a vender armas en los kioscos para que los nenes se caguen a tiros ¿Recuerdan lo que dijeron los que quieren que volvamos al pasado?”, apuntó. También dedicó algunos pasajes a criticar la política sanitaria del Frente de Todos en pandemia: “El gobierno hijo de remil putas de Alberto Fernández no sólo que mató a 100 mil personas, sino que eran todos pobres”.

Mora

Esas declaraciones le sirvieron de palanca para deslegitimar los cuestionamientos al rumbo de su gobierno. Principalmente la morosidad, que logró instalarse en la agenda con la fuerza de algo que preocupa. El tema parece encender algunas alarmas en el gobierno, porque el presidente le dedicó varios párrafos, cuando podría haberlo obviado. En 2025 la visita de Milei a la Bolsa de Comercio se dio en la misma semana en que trascendieron los audios de Diego Spagnuolo reconociendo un esquema de coimas en la Andis, que salpicaban al entorno presidencial. Pero fue como si nada hubiera pasado.

En esta oportunidad, el presidente intentó explicar que los números están debajo la línea de otros países y que, en todo caso, no es responsabilidad de su gestión. “No hay elementos para culpar a la política del gobierno por lo que está pasando en términos de morosidad. Se está tratando de cargar esas culpas sobre el gobierno cuando el gobierno anunció la política que iba a hacer y la cumplió”, expresó.

Luego, atribuyó la situación a una cadena de contratiempos económicos desatados por la oposición: “Como hubo una suba abrupta del riesgo país, fruto del intento de golpe de Estado, se subió tanto la tasa de interés, se frenó la actividad económica, se congelaron los ingresos y los salarios reales cayeron. Como consecuencia la gente no pudo pagar”.

Los presuntos intentos desestabilizadores también fueron una línea transversal del discurso. “Ganamos la elección de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y a partir de ahí el kirchnerismo se vino con todo. Con cuarenta leyes tratando de romper el equilibrio fiscal, con siete intentos de juicio político y tirando terroristas a las calles”, expresó y agregó: “Los medios de comunicación y analistas políticos trabajaron activamente para defender el status quo y terminar de voltear un gobierno. No les salió porque fuimos a las elecciones y a los kukas les sacamos 17 puntos”.

El cierre del discurso, retomando el tema créditos y mora, dejó declaraciones que hicieron ruido y dejarán tela para cortar: “¿Saben qué hicieron muchos en el Mundial? Iban a cadenas de electrodomésticos y se llevaban televisores. Qué creen que está pasando ahora. Muchos dejaron de pagar. Se compraron televisores para ver el Mundial y después veían si pagaban o no. Bueno, pagaron la mitad”, afirmó. “La pregunta es: ¿los que hicieron eso no sabían lo que estaban haciendo? ¿O acaso no les había pasado lo mismo en el 2022?”, completó.

Federalismo y retenciones

Previo a Milei, abrieron el acto el presidente de la Bolsa de Comercio, Pablo Bortolato, y le siguieron el intendente Pablo Javkin y el gobernador Maximiliano Pullaro. Fueron discursos en otra tonalidad, más protocolares, aunque sin desviar los reclamos de siempre: el incesante —y hasta ahora ignorado— pedido para que se eliminen las retenciones al agro, que siempre se gana los aplausos del recinto. También hubo indirectas a Nación de mayor federalismo y reclamos de obras para el sector productivo. La mejora en los indicadores de seguridad también formó parte de los discursos.

“Queremos ser protagonistas de la discusión por un federalismo serio y real, de la recuperación de los ferrocarriles como el Belgrano Cargas, con obras en las rutas que llegan al puerto, como la 9, la 11, la 33, la AO12, el tercer carril de la Autopista Santa Fe como hizo la provincia”, dijo Javkin. “Hace falta un nuevo tiempo donde la distribución de la riqueza se asocie con los lugares en los que se generan las divisas”, completó.

En tanto, Pullaro mostró más los dientes con un mensaje que no le es ajeno. “Nosotros tenemos que trabajar juntos para tener una ley en el Congreso que termine con las retenciones de una vez por todas en la República Argentina”, sostuvo y se diferenció de Nación destacando algunas políticas sociales: “A nadie le va a faltar alimentos ni medicamentos mientras sea gobernador”. 

El acto finalizó con el discurso de Milei, que duró poco más de una hora. Como particularidad, el operativo de seguridad cerró el edificio iniciada la alocución, sin que nadie pudiera salir. No había ocurrido en otros años. La negativa no reconoció excusas ni de funcionarios, que en algún momento buscaron salir por algún compromiso. Recién con el reclamo insistente de algunas personas que se amucharon en la puerta, la seguridad autorizó la salida, bajo la advertencia de que no podrían volver a entrar. “Con el gobierno de la libertad no podemos entrar ni salir cuando queremos”, refunfuñaba un señor por lo bajo, que había dejado el auto no muy bien estacionado a unas cuadras. 


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