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Gina Vivanco
Gina Vivanco

Archivo Negro

Enigmas de la crónica policial: quién mató a Gina Vivanco y por qué

El cuerpo apareció en una zanja del barrio La Colorada, de Monte Grande, partido de Esteban Echeverría. Tenía un disparo de bala en la cabeza. Fue el 9 de octubre de 1991.

La víctima se llamaba Gina Vivanco y tenía 33 años. El informe de la autopsia precisó que el disparo había sido efectuado a corta distancia y dentro de un auto, ya que el cuerpo tenía astillas de un parabrisas.

Gina Vivanco era travesti, había nacido en Rosario el 2 de julio de 1958 y vivía en Florencio Varela. Era la segunda de diez hermanos, de los cuales otros tres también eran travestis. Una amiga interpeló al cronista de la revista ¡Esto!, Mario Lettiere, enviado al velatorio:

—Ustedes, los periodistas, tienen que investigar, porque este crimen no es como cualquier otro. A Gina la liquidaron por venganza.

El periodismo de la época solía respaldar las versiones policiales, pero en este caso cumpliría parte del mandato. Mientras tanto se conocieron otros detalles de la biografía de Gina: criada en un hogar muy humilde de Villa Diego, había comenzado su transición a los 14 años; había vivido en la pensión Real, de Tucumán al 1200, en Rosario, una de las pocas que recibía travestis, y en Tigre.

Gina Vivanco alternaba una parte del año en Europa y otra en el conurbano bonaerense como trabajadora sexual. ¡Esto! destacó que gracias a su trabajo había comprado una casa de dos plantas y un auto modelo 89; caso excepcional, ya que las travestis vivían en la pobreza. La zona estaba en un tramo del Camino de Cintura, como se conoce a la ruta provincial que une San Isidro con Florencio Varela. Gina había llegado a ese lugar como otras travestis que escapaban de las razzias policiales en Rosario.


Escena del crimen de Gina Vivanco

Memorias de los años oscuros

“Ir a Buenos Aires era una forma de escapar de la persecución en Rosario”, recuerda Carolina Boetti. En su autobiografía Ese es tu nombre (2025), publicada en Rosario, Carolina recuerda al respecto los procedimientos de la Brigada de Moralidad Pública, la sección de la policía abocada específicamente a la persecución de travestis, combinados con los fallos de la jueza Liliana Puccio y el Código de Faltas que penalizaba la oferta de sexo y el travestismo.

“En los años 80 trabajábamos en la esquina de San Juan y Maipú —sigue Carolina Boetti—. Esa manzana era el punto de encuentro, hasta Laprida. Después la zona roja se trasladó a Zeballos y Maipú. Los policías nos esperaban en la puerta de las pensiones donde vivíamos o en la calle cuando íbamos al supermercado: pedían sexo o nos llevaban detenidas”.

En Ese es tu nombre, Boetti rememora su primer encuentro con la jueza Puccio, “una mujer rubia de cabello largo hasta los hombros, con el rostro perfectamente maquillado y unos labios pintados de rojo haciendo juego con el color de sus uñas, con un tapado de piel de zorro que le cubría la espalda”. Puccio se negó a escuchar su descargo y la condenó a sesenta días de prisión.

Todavía peor fue el reencuentro. En 1985 Carolina almorzaba y charlaba tranquilamente con una amiga en el restaurante del Hotel Imperio. “De repente se nos acercó a la mesa una señora alta, rubia y muy bien vestida. Al mirarla bien nos dimos cuenta que era la jueza de faltas del Juzgado número 1, la que nos condenaba cada vez que nos detenían. El terror se apoderó de nosotras”.

—Se tienen que retirar de este lugar, si no lo hacen voy a llamar a la fuerza pública —dijo Puccio—. Donde estoy yo ustedes no pueden estar.

“Fue una escena de humillación”, recuerda Boetti, quien decidió irse de Rosario en 1988, después que un festejo de cumpleaños en el bar Le Freak terminara en una razzia de Moralidad Pública. En 2018 se convirtió en la primera mujer trans en recibir una reparación del Estado por las persecuciones y encarcelamientos que sufrió durante la dictadura.


Ese es tu nombre (2025).
Carolina Boetti


En Ese es tu nombre, Boetti recuerda el crimen de una travesti llamada Lorena, apuñalada por un cliente en 1987. Ese mismo año fue asesinada en Tigre la rosarina Gina Giorgi, también por un cliente que no fue identificado. Un informe de la Asociación Travestis Transexuales Transgéneros Argentinas enumeró otros casos de asesinatos de travestis en Rosario que no fueron aclarados, entre ellos La Norberto, “torturada y acuchillada en su departamento de la calle Mitre entre Tucumán y Catamarca” (1984), La Monique (1987) y Marcela Arias, apuñalada en su casa de barrio Alberdi (29 de julio de 1997).

“No existía la ley de identidad de género, por lo que andábamos ilegales, clandestinas. Nos aceptaban solo en algunas pensiones y además nos cobraban doble o triple la pieza”, recuerda Boetti. Ella vivía en una pensión de Urquiza y Sargento Cabral: “La dueña era una regordeta italiana divina, Amanda. Nos ayudaba y nos visitaba en la cárcel”.

En el vecindario se encontraba la pensión Real, en Tucumán 1294. Allí vivieron y se hicieron amigas, entre otras, Gina Vivanco y Carmen Ibarra (fundadora de un club de fans de Susana Giménez, en 1982). Ambas compartieron una etapa como artistas de cabaret entre 1984 y 1986, con shows en Bahía Blanca, Comodoro Rivadavia, Río Gallegos, Río Grande y Río de Janeiro. En 1988 Gina hizo su primer viaje a Europa.

Danza con lobos

El primer acto del drama transcurrió durante la mañana del 24 de diciembre de 1989 en una parrilla de avenida San Martín y Monteverde, Florencio Varela. Gina Vivanco venía de trabajar la noche anterior y estaba en el lugar con sus hermanas Peggy y Brenda.

Un jeep estacionó frente a la parrilla. Bajaron dos hombres, entraron al local y sin decir nada uno de ellos apuntó contra un cliente y lo asesinó a quemarropa. El muerto resultó ser el sargento primero Eduardo Raúl Ledesma, de 40 años, integrante de la Brigada de Inteligencia de la Unidad Regional de Almirante Brown.

Gina Vivanco no solo presenció el crimen sino que reconoció al autor: era otro policía de la Unidad Regional de Almirante Brown. Según la crónica de Mario Lettiere, en la comisaría le recomendaron que no dijera lo que sabía. La causa pareció perderse en la burocracia judicial, y Gina continuó con los viajes a Europa.

Pero a fines de septiembre de 1991, Gina Vivanco participó en una rueda de reconocimiento y apuntó al asesino de Ledesma sin dudar. “Fue en un pequeño cuarto. Cuatro personas estaban paradas frente al travesti contradiciendo lo habitual, donde al acusador se lo preserva”, escribió Mario Lettiere. Y recogió un viejo rumor que distraía de la trama oculta en el caso: “Se dice que en el conurbano opera un escuadrón de la muerte antitravesti”.

—Solo nos enteramos de que a Gina la levantaron en Banfield y la mataron, pero no sabemos dónde —dijo Peggy Vivanco, entrevistada en el velatorio de su hermana—. Después apareció en un zanjón cerca del barrio La Colorada. Le dispararon con una pistola calibre 9 milímetros.


El sepelio de Gina Vivanco

La venganza pareció transparente, pero su trama estaba encubierta por el silencio de la policía, la falta de precisiones del periodismo y el miedo de las travestis.

—A Gina la liquidaron por haber dicho la verdad —agregó Peggy—. Más de eso no vamos a decir. Tenemos que cuidar nuestras vidas.

Otra travesti, Natalia Correa, ratificó que el asesinato había sido una venganza pero se rehusó a dar mayores detalles ante el periodista.

—No vas a encontrar uno que quiera hablar —advirtió Natalia—. Hay miedo, miedo a perder la vida. Nosotras estamos expuestas constantemente. ¡Ojo que con esto yo no acuso a la policía! No solo la policía anda con armas por la calle.

De día empleada en la estación Remedios de Escalada del Ferrocarril Roca y de noche trabajadora sexual en el Camino de Cintura, Natalia Correa desgranó otra denuncia:

—En lo que va del año en el Camino de Cintura mataron a cuatro de nosotras y jamás se supo algo. Pero igual la cana todas las noches nos está esperando para sacarnos plata para dejarnos trabajar.


¡Esto! Número 298.
18.10.1991


La cobertura de ¡Esto! concluyó con un recuadro agregado al cierre de la edición. La revista invocó “fuentes extraoficiales pero de inmejorable crédito” y afirmó que los autores de la muerte de Gina habían sido los mismos que acribillaron a Ledesma: “Entre sus actividades de policía, (el sargento) en varias oportunidades se habría mezclado en el submundo de los travestis pero con fines de arreglo, lo que vulgarmente se llama coima. Ledesma, a sabiendas de lo que hacía, se metió en campo ajeno. Tocó otros intereses, lógicamente de sus pares, y por ello lo liquidaron”.

No había ningún dato sobre los asesinos de Ledesma, fuera de que “hasta no hace mucho tiempo vivían en el barrio El Dorado de Quilmes” pero no fueron detenidos “porque visten uniforme policial”. Gina Vivanco se había negado a acusar a un hombre con antecedentes por robos, al que la policía bonaerense le atribuía el crimen de Ledesma.

—La bestia que asesinó a Gina tiene que ir presa porque nosotras estamos continuamente danzando con lobos —dijo Natalia Correa—. Hay muchas travestis que están desapareciendo.

El silencio se extendió sobre la muerte de Gina. La causa por homicidio estuvo radicada primero en Lomas de Zamora y después en La Plata. El hermetismo persistió hasta que la policía de Almirante Brown difundió un parte de prensa que contenía la versión oficial: el crimen del sargento Ledesma y el de Gina fueron atribuidos a Orlando Lorenzo Mercado, un hombre de 34 años que estaba detenido por robos.

Hasta la revista ¡Esto!, siempre atenta a las versiones policiales y a “los policías que hacen bien su trabajo”, explicitó su rechazo a la versión oficial: “¿Por qué Mercado quería eliminar a Gina y ultimó a Ledesma?”, “¿Por qué la policía no informó sobre este episodio sino al cabo de seis meses?”, “Nada se dice en el informe de cómo llegaron a saber que Mercado era el homicida”.

Los interrogantes y las dudas quedaron para la prensa. La comunidad travesti no necesitó una investigación judicial para saber qué había pasado, como muestra De la misma especie (2018), un cortometraje de Cecilia Estalles que reconstruyó la historia y el asesinato de Gina Vivanco con testimonios de Brenda Vivanco y Carlos Ibarra.



—La policía quería que declarara que el asesino había sido un delincuente —dice Ibarra en la película—. Cuando en realidad había sido otro policía.

Aun con la curiosidad morbosa del periodismo por los bienes que Gina había comprado “trabajando duro y parejo”, el periodismo tomó nota de que mantenía a su madre y era recordada con afecto por los vecinos de Florencio Varela y por otras travestis. “Me enseñó a ser elegante, bien educada, honesta y a decirle no a las drogas”, dijo Natalia Correa.

El Archivo de la Memoria Trans contiene hoy un fondo de imágenes de Gina Vivanco. Allí perdura su memoria: “Con su trabajo compró un terreno muy grande en Reconquista y Paso de la Patria, en Florencio Varela, provincia de Buenos Aires, donde también le hizo una casa a su madre. Luchó toda su vida por sacar sus afectos adelante; ayudó a cuanta persona se le cruzó en el camino. Fue una persona única con apetito de justicia social. Sus restos descansan en el cementerio de Florencio Varela”.


Gina Vivanco. Archivo de la Memoria Trans

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