Connect with us

Hi, what are you looking for?

Opiniones

Modernizar la relación laboral es actualizar protección, no desregular

El mercado de trabajo argentino entre 2024 y 2025 no estuvo atravesando solo una recesión. Estuvo (y está) atravesando una mutación silenciosa que se ve con claridad en los datos oficiales y se dirige a un horizonte totalmente distinto a lo que conocimos. En efecto, las estadísticas del SIPA —Sistema previsional—, la EIL —Ministerio de Capital Humano— y la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT) no muestran un derrumbe espectacular del empleo sino que muestran algo más profundo: un corrimiento de placas, como en un terremoto, en la forma de trabajar y de producir.

Desde septiembre de 2023, la Secretaría de Trabajo reconoce que el empleo privado formal entró en una fase de destrucción neta. Entre octubre de 2023 y octubre de 2025, la cantidad total de trabajadores registrados (privados, públicos, autónomos y monotributistas) pasó de 13.370.000 a 12.800.000. Son 570.000 puestos menos en dos años, según el SIPA.

Pero el dato más revelador no está en la cantidad sino en la composición. O sea que la discusión no es cuánto trabajo hay sino cómo se trabaja. No desaparece el trabajo. Desaparece el trabajo como relación de dependencia.

En el mismo período, los asalariados privados cayeron –0,9 % interanual, mientras los monotributistas crecieron +2,5 %. Es decir: menos empleo dependiente y más facturación individual.

La Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) muestra que, aun cuando se desacelera la caída en 2025, no hay recuperación sostenida del empleo asalariado. Hay estancamiento y nueva pérdida desde mitad de año. La SRT, por su parte, confirma la reducción sostenida en la cantidad de empleadores con personal registrado durante 2024 y 2025. Eso tiene un nombre técnico, poco usado en el debate público: desempresarialización, fenómeno que explica la tendencia a la menor oferta de empresas que requieren trabajo asalariado. Pero el desempleo abierto no explota porque el sistema encuentra una válvula de escape. La gente no queda sin hacer nada. Queda haciendo algo más precario. Argentina no está yendo hacia un país con más desempleo visible. Está yendo hacia un país con menos empleo formal estable. Un país donde cada vez más trabajadores facturan por su cuenta. Y donde la empresa mediana que sostenía empleo registrado empieza a desaparecer del paisaje productivo.

No es un cambio ruidoso. Es mensual. Es estadístico. Es acumulativo. Y cuando se suman dos años de datos oficiales, la tendencia deja de ser coyuntura. 

Empieza a perfilar un nuevo equilibrio. Eso significa que no desaparece el trabajo pero sí desaparece el trabajo estable. Cada vez hay menos empresas que contratan y más personas que trabajan por su cuenta, muchas veces por necesidad y no por elección. 

Sectores como la industria, el transporte y los servicios empresariales son los que más empleo pierden. En cambio, crecen actividades con menos estructura fija, como algunos servicios, la construcción vinculada a energía y el comercio chico.

¿Qué podemos esperar que ocurra en un futuro no tan lejano de continuar este camino? Esto tiene efectos que van más allá del empleo. Cuando se achican las empresas, también se achica la productividad y la capacidad de pagar mejores salarios.

El trabajador independiente suele tener ingresos más inestables, menos protección y menos acceso al crédito. Y cuando los ingresos son inciertos, el consumo se vuelve más cauteloso. Eso impacta en las pymes, en el comercio y en toda la economía que depende del mercado interno.

Al mismo tiempo, el Estado recauda menos aportes porque el monotributo paga mucho menos que un empleo formal. Esto empieza a generar un problema silencioso para el sistema previsional y de salud. 

Si esta tendencia se consolida, el problema no va a ser cuántos trabajan sino qué tan poco rinde ese trabajo para las personas, para las empresas y para el país. Porque cuando se rompen las empresas que emplean, se rompe también la escala que sostiene salarios, consumo, inversión y recaudación.

Y eso se ve en estadísticas mensuales que, sumadas, cambian la fisonomía de la economía.

Argentina se encamina a transformarse en un país donde trabajar no garantiza estabilidad. Donde producir no garantiza crecimiento. Y donde facturar reemplaza, lentamente, a emplear. Si nadie lee a tiempo lo que ya están diciendo los datos oficiales, el empleo formal va a quedar como un recuerdo estadístico, no como un objetivo de política pública.


Facebook comentarios

Autor

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

También te puede interesar