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Cultura

Raperos en Villa Gobernador Gálvez: “la canción de los pibes del barrio”

Raperos en Villa Gobernador Gálvez: “la canción de los pibes del barrio



María Andrea Bugnone


En la vida de los seres humanos hay siempre algo de animalidad que se manifiesta, en general en situaciones extremas, por mucho que se haya buscado domesticarlo. En días convulsionados, en los que se debaten los modos de organización de las sociedades y los egos se presentan como alternativa, pisando la cabeza de las organizaciones cooperativas o colectivas, hay en el barrio Eucaliptal de Villa Gobernador Gálvez una “manada” que se reúne para cantar en beats todas sus verdades.

“La oscuridad obviamente nos hizo sabios.

Pasamos hambre juntos, por eso por nada los cambio.

Los pibes marginados hoy vamos a ser recordados.

No como los guasos, sino como los que nunca se olvidaron los valores inculcados”.

(Brandon)

En el Centro de Día San Enrique, algo que nació con el objetivo de “tener un estudio donde grabar las canciones de los pibes del barrio” fue más allá, rompió los esquemas previos y se convirtió en un proyecto con otro alcance. Convocados por diferentes intereses y causas, desde intentar aprender un deporte hasta consultar por trámites en el municipio, Brandon, Nico, Renzo, Benja y Ariel se encontraron en la música, específicamente el rap, y hallaron allí su forma de decir todo lo que quieren cambiar.

Brandon recuerda cómo arrancó todo en 2018: “Veníamos al Centro de Día San Enrique, participábamos de talleres de boxeo, artesanías y otras actividades. Entonces los profes propusieron algo así como un día para nosotros, con hip hop y, dentro del hip hop, estaba el rap y otras culturas. Elegimos los viernes y ese día sacábamos los parlantes y rapeábamos. Éramos nosotros cinco. Así nos fuimos encontrando, se fue dando, con el tiempo descargamos una aplicación con el celu y cantábamos nuestras canciones a través del celular o poníamos los beat en la compu y grabábamos con los celulares”.

En Villa Gobernador Gálvez funcionan cuatro centros de día con propuestas culturales y deportivas para jóvenes de entre 13 y 25 años. Estos espacios permiten tender una red en los barrios y ofrecer un lugar donde trabajar los deseos. Por “el San Enrique” pasan chicos y chicas de barrios diferentes, con identidades diversas y a veces en conflicto entre ellos. Desde que se empezaron a desarrollar propuestas culturales, se percibió que algunas asperezas podían empezar a limarse cuando se expresaban por otros canales.

Con su origen entre jóvenes afroamericanos y latinos de Estados Unidos que buscaban expresar su descontento frente a la discriminación que sufrían allí, la cultura hip hop es parte de la vida de muchos que eligen poner en palabras sus reclamos. Los motiva hacerlo juntos, porque entienden que así como “la felicidad sólo es real cuando es compartida”, algo parecido ocurre cuando se conquistan derechos.

“Después de que arrancamos el estudio, empezaron a venir muchos chicos y yo me puse a pensar: está bueno porque esos talentos estaban ocultos, tenían hojas y hojas de letras que nunca pudieron hacer porque no tenían cómo grabar, no tenían computadora, porque hoy está caro, sinceramente… Y no venían con un solo tema, sino con muchos. Los primeros días teníamos para grabar como cinco veces con cada uno”, dice Ariel. Sus palabras reflejan una parte fundamental del proyecto: fue concebido para todo aquel que quiera acercarse, sin entrevista de admisión ni listado de requisitos por cumplir. Un género musical los unió y fue punto de partida para manifestar cuánto había por compartir en sus historias.

“No pierdo la esperanza,

faltan la humildad el amor y la confianza,

falta en la sociedad y un mundo en que todos vivamos en paz”.

(Benja)

“Escuchamos lo que pasa, lo que va pasando en la calle. Venimos, escribimos. Escuchamos lo que les pasa a los pibes, y así de a poco nos fuimos juntando y empezamos a escribir entre todos. Lo que le pasa a uno u otro lo poníamos en una canción”, cuenta Nico para dar cuenta de cómo la creación grupal está fuertemente arraigada.

Lejos de peleas de egos, cada uno tiene canciones propias y también, al momento de grabar o improvisar, eligen soltarse e invitar a quien quiera colaborar. Se entusiasman cuando las frases van tomando el aire del estudio (que es una habitación del centro de día donde también se sirve la merienda) y un tema nuevo surge por la potencia de la suma de las voces.

En el encuentro con Suma Política se habla de métricas, rimas, beats y hasta subestilos del rap. Y florecen recursos de la escucha atenta de quienes admiran y de sus pares, de la práctica, de las andadas en bici, de la creación colectiva. Pero no sólo de técnicas y teoría trata el intercambio. Los temas que eligen abordar y la mirada con la que proponen cantar el mundo desafía ese sinsentido tan repetido de que “las juventudes están perdidas”.



—¿Qué prejuicios o estigmas hay en relación al hip hop y quienes rapean?

—Hay todo un prejuicio que supone que el que rapea, fuma y se droga. (Ariel)

—Eso pasa por los grandes raperos. Esos que son famosos que hacen trap y hablan de la droga y del puterío. Entonces, a través de la tele y de la radio eso les llega a los chicos y después algunos en vez de escribir lo que sienten, terminan escribiendo también de las drogas, de las armas. (Brandon)

—Esa gente ya no sabe representar bien lo que es la cultura. Ellos salieron de las plazas y se alejaron de todo, se hicieron famosos y chau. Pero cuando vos salís de la plaza, no hace falta mostrar tu dinero. Mostrá tu humildad, lo que pasaste, y ya está. Porque ahora hablan de plata, de drogas, de cadenas, muestran todo… 

Reivindicando lo que ellos entienden como valores reales del hip hop, son contundentes en distanciarse de aquellos cantantes del género que se fueron alejando de la calle o la plaza y que empezaron a vender canciones sobre los nuevos mundos que su fama les permite vivir. Pero que ya no se identifican con las raíces y lo que los llevó a elegir el rap.

En este sentido, también creen que la música tiene un rol fundamental en la vida política y dicen que acercarse a este género musical les “abrió la cabeza”, los convocó a actualizarse e informarse sobre qué pasaba a su alrededor.

“Cuando haces una letra en rap, muchos dicen que no es bueno porque habla de las cosas que no quieren que vos hablés, de la política. Algunos políticos, cuando hablás de lo que ellos no quieren, intentan que no hagas las cosas para que no puedas progresar”, dice Nico. Y se suma Ariel: “La política se enoja porque es una gran verdad lo que se dice y la verdad no ofende”. 

Con pandemia y todo, “San Enrique Estudio Beat” cumplió su primer año de funcionamiento en octubre de 2020. Si bien tuvieron que modificar el lugar y su modo de funcionamiento a partir de los protocolos sanitarios, nunca dejaron de grabar. Pasaron de una habitación del centro de día a una habitación en la casa de Brandon, que es quien edita los temas.

—San Enrique Estudio lo entiendo, pero ¿qué es el beat?

—Los beat son las bases con las que se rapea, el sonido de fondo. Hay muchos estilos de beat; está el beat bap, que es más tranqui; el trap, que es más rápido y lo que se está usando ahora, podes tenerlo intercalado con batería. (Brandon)

Los inicios que recuerda Brandon fueron más que humildes frente a su situación actual: “Usábamos el mismísimo micrófono del celular y poníamos la compu de fondo con la instrumental, el beat, y el audio era grabado en el celu. Entonces lo que el profe del centro de día hacía, cuando terminábamos de rapear, era tomar la base y le iba bajando el volumen hasta que llegaba un punto donde cortaba sola. Después de varios encuentros nos dijo: ¿por qué no hacen un estudio? Vos, Ari, Benja, Nico, Renzo, hay un montón. Y yo dije: ¿con qué plata?”.

La respuesta a esta pregunta llegó de la mano de un programa provincial llamado Ingenia, destinado a financiar ideas creativas de jóvenes en diferentes ámbitos. Aplicaron a ese programa, fueron elegidos y así se compraron micrófonos, computadoras y todo lo necesario para grabar.

Tras esa instancia de armado del proyecto surgió la necesidad de nombrarlo, y así, de hacerlo más real. No recuerdan bien cómo llegaron al nombre oficial. Pero la memoria de Nico sintetiza lo fundamental: “El beat está porque empezamos nomás con un beat, sin estudio y grabando con un celular. Sin editor, sin nada. Sólo un beat”.



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