El giro nacionalista malvinero del presidente Milei no alcanza la categoría de galtieriano: las condiciones históricas en 44 años han cambiado bastante, Milei goza de atribuciones constitucionales, no es militar, y si bien comparte el mismo color de ojos, su estampa, arrogante, desafiante, no equipara la estatura del general que fuera titular del Segundo Cuerpo del Ejército con sede en Rosario, Leopoldo Galtieri. El giro dramático de Milei de pasar de defender la autodeterminación de los Kelpers —lo hizo en varias oportunidades, hasta ayer nomás— a descartarlos completamente como actores en la conversación sobre la soberanía —como viene siendo la posición diplomática histórica de la Argentina después de la guerra, sostenida por todos los gobiernos—, como anunció en su comunicación por cadena nacional el último jueves, repone a la Argentina en su posición histórica correcta de reclamo de soberanía sobre las islas Malvinas, a la vez que trae aroma a oportunismo y desesperación de última instancia.
Así como vamos, perdemos, piensan en la Casa Rosada. Entonces, a como dé lugar, y con la mano evidente del módico Mago del Kremlin argento, Santiago Caputo, Milei se mandó a recuperar parte de la sensibilidad popular reponiendo, toda junta, la postura por Malvinas que nunca ejerció desde el 10 de diciembre de 2023 y que, incluso, está plasmada —además de la Constitución nacional— en la ley 26.659 conocida como la ley “Pino Solanas”, y que ahora pretende hacer cumplir denunciando a cualquier empresa, o proveedora, que actúe sobre los recursos natural argentinos en el Atlántico Sur.
Sin embargo, a la salida oportunista de la búsqueda del enemigo externo para aplacar el desencanto interno —un principio antiquísimo de la política—, hoy, como en el 82, le queda un cabo suelto: la necesidad de que los aliados (EE.UU.) “no miren para otro lado cuando se vulnera nuestra soberanía y se llevan nuestros recursos”. Otra vez a la espera de que el presunto gesto de Trump a favor de modificar su posición de falsa neutralidad (en realidad de acompañamiento) con el Reino Unido, genere un vuelco histórico que obligue a los ingleses a negociar soberanía mano a mano con la Argentina.
Los argentinos con memoria y con años, o los jóvenes informados, saben muy bien cómo terminaron los juegos de artificio del memorable Alexander Haig, canciller de Estados Unidos durante la guerra de 1982, y sus viajes entre Londres y Buenos Aires. Terminó jugando para Londres. Ahora Milei se enfrenta otra vez, desde ya no por vía militar, aunque, dijo (¿lo hará?) aplicando la ley Solanas, y aún más, endureciéndola, ante la enorme inversión petrolera ya muy avanzada del proyecto Sea Lion donde convergen la israelí Navitas Petroleun y la británica Rockhopper Exploration.
El trapo casero y clandestino del hincha que entró a la cancha en la semifinal ante los ingleses en el mundial de fútbol de Estados Unidos, que luego los jugadores de la Selección recogieron y pusieron como foto icónica para el mundo entero, condensó para siempre el mal año de Milei: de la reacción inicial de “no mezclar el agua con el aceite” a la cadena nacional del último jueves hay un giro sorprendente.
La vida del “metro cuadrado” de los argentinos no tendrá cambios, o los tendrá para peor, aunque nunca deban subestimarse los factores simbólicos a la hora de medir adhesiones o rechazos políticos.
Los resultados están abiertos. El conflicto político interno (de plan económico, fracasando de manera creciente para la amplia base de la pirámide social), será otra historia y está por verse. Milei no es Galtieri porque el jueves a la noche no empezó ninguna saga apasionante para los argentinos, como en el 82, una guerra, movimiento de tropas, soldados sonrientes subiendo a trenes o aviones, colectas nacionales para “ayudar”, y un clima triunfante que duró, al menos, un par de meses. Lo que empieza ahora es una trama de política internacional, opaca, donde lo único visible serán declaraciones, y muchas veces ni siquiera eso.
La vida del “metro cuadrado” de los argentinos no tendrá cambios, o los tendrá para peor, aunque nunca deban subestimarse los factores simbólicos a la hora de medir adhesiones o rechazos políticos.

Luego de la cadena nacional, el oficialismo se entusiasma con ir a la caza de la identidad malvinera que reflotaron los jugadores en Atlanta, Estados Unidos, al extremo de ser utilizada, por caso, por el ex ministro de Defensa Luis Petri, para lanzar online una candidatura para 2027, con gorrita malvinera, minutos después de terminado el mensaje presidencial. ¿Demasiado?, pero real. El objetivo político más serio, en todo caso, es desmoronarle a la vicepresidenta Victoria Villarruel su ya lanzada campaña nacional con epicentro en la familia militar y que alcanzaría, según varias encuestas, la nada despreciable suma de entre 5 y 7 puntos porcentuales. Con la declinación creciente entre los sectores populares, Milei no tendría reelección posible si la familia militar se va con Victoria, de padre rosarino —militar involucrado en la represión ilegal de los años 70— e hincha confesa de Rosario Central.
La respuesta más sintética y precisa, de mirada peronista, sobre la cadena nacional de Milei, la ofreció el santafesino Agustín Rossi, con gran experiencia en el Ministerio de Defensa y la cuestión malvinera: con ironía, publicó Rossi: “Bienvenido” Milei a la Causa Malvinas. Y ya en declaraciones periodísticas destacó que el presidente decide ahora aplicar una ley que fue sancionada en 2011 y mandar fondos para la Base Naval en Ushuaia, construcción que fue iniciada en 2022, y que en 2024 y 2025 EE.UU. ofreció construir en forma conjunta. Y que hace pocas semanas el gobierno puso en venta terrenos pertenecientes a la Armada aledaños a la proyectada base.
Para Rossi, resuena “que por primera vez Milei reconozca que los isleños son una población implantada, y que hable de soberanía y en el mismo discurso lo justifique por su alianza con Trump”. Y agrega que “podría haberlo hecho desde el 10 de diciembre de 2023 por ser el presidente de la Nación Argentina, en cumplimiento de la cláusula transitoria Número 1 de la Constitución Nacional. Si finalmente adopta una posición que acerca a la Argentina a su política histórica de defensa de la soberanía sobre Malvinas, es un paso positivo. Lo preocupante es que hace muy poco sostenía exactamente lo contrario”.
Una medición de la consultora Analía del Franco muestra cuál era la percepción que tenía hace apenas dos semanas la población en general sobre el apego de Milei a los sentimientos “nacionales”. Y podría expresar por caso lo radical del cambio de perspectiva que presentó en su mensaje del jueves por la noche:

Mientras tanto, la métrica de las grandes mayorías, se juega en el “metro cuadrado” que día a día hay que remontar para sobrevivir y el tema estrella es la morosidad —en tal caso, consecuencia de los ingresos deprimidos—, que volverá al centro del debate el próximo 9 de septiembre en Diputados, con la convocatoria a una sesión rebelde de una oposición transversal unida para este tema.
La Casa Rosada tomó nota, y en la semana que termina, puso en marcha la Comisión de Finanzas de Diputados, con una serie de reuniones informativas, con expositores, sin el apoyo de la oposición mayoritaria que votó el emplazamiento el último 26 de agosto en el recinto. Si la sesión del próximo miércoles 9 se concreta, consigue quórum, y el emplazamiento para dictaminar sobre endeudamiento sale, el operativo entorpecimiento de la Libertad Avanza a través de las sesiones “informativas” en Finanzas quedará como un rezago abandonado en la banquina.
Y empezaría otra historia, ya con la morosidad haciendo pie firme en el Congreso. Es sólo cuestión de tiempo.



































