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Política

Brilloni, nuevo secretario de Seguridad: “Lo que tenemos lo ponemos en la calle. Necesitamos más”

Hacía tiempo que una decisión del gobierno provincial en asuntos de seguridad no tenía tanto consenso. La designación de Claudio Miguel Brilloni como secretario de Seguridad acaba de producirse con la amplia adhesión de la política santafesina representada en la Legislatura. En el nuevo ciclo de crisis que atraviesa a Santa Fe con el incremento de los homicidios, la periodicidad de las balaceras y la superpoblación de las cárceles, el nombramiento del nuevo funcionario es interpretado como un principio de orientación para un rumbo que, en la mirada de la oposición, estaba poco menos que perdido.

Brilloni nació en la ciudad de Santa Fe en 1962 pero desarrolló su carrera en la Gendarmería Nacional en distintas provincias y en la ciudad de Buenos Aires. Entre otros destinos, dirigió el equipo de investigaciones federales entre 1991 y 1992 y, en Salta, el centro de apoyo y adiestramiento antidroga. Pero el antecedente que más cuenta en su currículum en el contexto actual es la jefatura de la región VIII de Gendarmería, entre 2016 y 2017, su primera intervención en los problemas de seguridad de la provincia.

Retirado de la Gendarmería, en diciembre de 2021 Brilloni se incorporó al Ministerio de Seguridad como subsecretario de Prevención y Control. “Hace cinco meses el gobernador me convocó y como soy santafesino no lo dudé un instante para asumir el cargo de subsecretario en ese momento y ahora la responsabilidad de ser secretario de seguridad pública”, dice. Ya en aquel momento su nombramiento fue recibido con beneplácito incluso a nivel nacional, cuando Patricia Bullrich le deseó éxito en la gestión. Se le reconoce conocimiento del problema y del territorio, y por su parte reivindica “una impronta que es de acción, de ser quirúrgico y expeditivo” y entre otros criterios, la intensificación de los patrullajes, la articulación de las distintas fuerzas de seguridad y de la tecnología con el trabajo de campo y la revaloración de la policía provincial.

La entrevista que sigue se realizó el jueves, horas antes de la llegada del comandante general Ricardo Daniel Castillo como titular del Comando Unificado que coordinará las fuerzas federales en la provincia. Si la designación de Brilloni fue saludada con entusiasmo desde el arco político, el silencio siguió durante la mañana del viernes al arribo de Castillo cuando se recordó a través de las redes sociales las actuaciones judiciales en que se lo investigó, en 2017, por supuesto armado de causas en Salta. El director general de Gendarmería Nacional, Andrés Severino, afirmó que el comandante fue víctima de una denuncia anónima y que ya obtuvo la falta de mérito.

—En las recientes investigaciones de la justicia se describen actividades de bandas delictivas que controlan territorios de la ciudad. ¿Cómo analiza ese problema?

—Lo que estamos viendo es que el desmembramiento de las organizaciones delictivas dedicadas al narcomenudeo y por sobre todas las cosas haber sacado de circulación a personajes históricos del hampa obviamente provoca enfrentamiento por el liderazgo de esos territorios. Hay otras explicaciones pero están inmersas en las investigaciones judiciales. Jueces y fiscales están haciendo un trabajo encomiable, porque no solo se han desarticulado bandas sino que se han incautado armas, droga, con los pocos recursos que se tienen se han logrado resultados importantes. Hay que redoblar el esfuerzo, con la tecnología que decidió incorporar el gobernador y el trabajo de campo. Es un trabajo que lleva mucho tiempo. Se ha hecho un aporte importante para reparar los vehículos en circulación en la policía de Santa Fe, que ya están en los talleres. Pero nos encontramos con que no hay repuestos en stock, un problema que nos excede. Lo que digo es que conjugar la asignación inteligente, transparente y rápida del presupuesto para poner en circulación los vehículos y dotar de los elementos necesarios a las investigaciones lleva tiempo. No nos olvidemos que esta gestión de gobierno comenzó hace cuatro meses y que durante dos años se enfrentó la crisis de pandemia. Estamos trabajando sobre las consecuencias de esa crisis.

—Pero cuando se dice que una banda controla un territorio se dice también que la policía perdió el dominio de ese espacio.

—No veo que los miembros de organizaciones dedicadas al narcomenudeo estén vendiendo droga a cielo descubierto. Se toman muchas precauciones que en otros puntos del país no son comunes. Hay disputas territoriales que afectan y hay que contrarrestar con un fuerte trabajo de prevención. Tuvimos que reformular algunos objetivos y hacer ajustes en el diseño del patrullaje y del policiamiento intensivo. Si bien anoche (por el miércoles 4) tuvimos una balacera en Ludueña, veníamos con una suba en los enfrentamientos y homicidios importante. Hace dos semanas bajó y no tuvimos hechos. Estamos articulando con las fuerzas federales, en este caso la Gendarmería está haciendo operativos de saturación en Ludueña, y se ha logrado neutralizar hechos de balacera y de homicidio

—¿Cuál es la especificidad de Rosario en el mapa narco de la Argentina? Al margen del índice de violencia.

—Es un punto estratégico de paso, no solo Rosario sino la provincia. Tiene vías de acceso que facilitan el transporte de droga. Sabemos que la cocaína viene del noroeste y que la marihuana viene del noreste y que se utilizan la ruta 34 y la ruta 12. Hay una gran demanda en las grandes ciudades de la provincia. Pero el narcotráfico es un problema de todo el país.

—¿Qué cambios se podrán concretar en lo inmediato?

—Lo que tenemos lo ponemos en la calle, tenga la plena certeza de que es así. Necesitamos más, necesitamos recuperar rápidamente los patrulleros que están en arreglos. El gobernador anunció que se han comprado 480 patrulleros, que van a permitir reforzar el patrullaje. Están viniendo a cuentagotas, es cierto; pero ninguna empresa en el mundo puede disponer de tantos patrulleros de un día para el otro porque también hay trámites administrativos que les dan el soporte para ponerlos en la calle. Ya tenemos, con el aporte de Nación, un proceso de modernización del sistema de atención a la emergencia, el número 911, vamos a incorporar cámaras de video vigilancia, como así también mejorar las condiciones de medio ambiente del trabajador que está en los centros de despacho del sistema 911. Eso ya está en proceso de ejecución, por supuesto que va a llevar tiempo, hay que hacer instalaciones, una nueva conectividad y un proceso licitatorio que debe ser transparente porque manejamos fondos del Estado. Lo mismo sucede con la instalación de anillos satelitales en toda la provincia y 500 puntos de monitoreo de patentes para prevenir, evitar y eventualmente reprimir delitos. Esta tecnología le va a dar un soporte sustancial a toda la actividad preventiva y va a llevar un año para implementar, excepto lo del 911 que en un par de meses debería estar listo.

—¿Qué destino va a tener el refuerzo de las fuerzas federales que se espera en la provincia?

—Una vez que llegue el comandante general que hará las veces de coordinador y los 300 efectivos que se prometieron vamos a coordinar para utilizar a las fuerzas en los lugares de conflicto. La Gendarmería, la Prefectura, la Policía de Seguridad Aeroportuaria, aparte de atender sus misiones específicas, lo que venían haciendo, nos están apoyando con actividades preventivas y de policiamiento. Hoy en Rosario tenemos los Juegos Suramericanos, y sin el apoyo de las fuerzas federales hubiera sido más difícil de realizarlos por lo sensible y lo importante del evento. Estos efectivos que esperamos van a sumarse a la actividad y al entendimiento y la inteligencia del trabajo en equipo.

Al rescate de la policía

—¿El criterio de intervención es hacer operativos de saturación en determinadas zonas de Rosario?

—En el diseño del patrullaje tenemos un programa de policiamiento por precintos, un programa de policiamiento focalizado donde hay una integración operativa de los distintos elementos de la policía de Santa Fe, y después tenemos el apoyo de las fuerzas federales. Hacemos el esfuerzo principal en un mapa donde semana por semana establecemos los puntos críticos. Ahí realizamos el trabajo de saturación, sin descuidar los otros barrios y las localidades aledañas a Rosario que pueden ser afectadas, porque si saturamos un punto determinado de la ciudad es probable que tengamos, y hemos tenido, problemas en Villa Gobernador Gálvez, en Roldán, Funes, Capitán Bermúdez, Granadero Baigorria. Y tenemos otras cuestiones, como la cosecha 2021-2022, que nos requiere esfuerzos en San Lorenzo, Puerto San Martín, Timbúes, y también de las fuerzas federales con las que estamos trabajando en forma conjunta y coordinada.

—¿Cómo evalúa el estado de la policía santafesina?

—Bueno, yo estuve en 2017 como comandante general de la Gendarmería y como responsable de la coordinación de las fuerzas federales y la policía de la provincia. En aquella época se habían realizado investigaciones y se habían detectado focos de corrupción no solamente en la policía de la provincia; también tuvimos algunas conexiones en algunas fuerzas federales, tal es el caso de (el sargento de policía Edgardo Néstor) Baigoría en Santa Fe, que estaba secundado por un gendarme. Gracias a la investigación que se hizo en ese momento fueron detenidos y puestos a disposición de la Justicia. Hoy, si bien es cierto, y hay que admitirlo, hemos tenido casos de corrupción como el policía que vendió armas, yo veo una policía cohesionada, subordinada. Tenemos que trabajar fuertemente en poner en valor la profesión del policía. Eso no es culpa de la policía sino de la gestión política de años. Nosotros, como parte de la gestión política, tenemos que empezar a propiciar las condiciones para esa puesta en valor de la profesión y para elevar la autoestima. Hablo de la autoestima profesional. Tuvimos una reunión con el Consejo Económico y Social y el gobernador, entre tantas cosas, nos preguntaba a todos: en los últimos años, ¿cuántas veces le propusimos a un joven que podía entrar a la policía, o a la Gendarmería? Muy pocas. En los años 60, 70, una de las posibilidades para los jóvenes era convertirse en un profesional de las Fuerzas Armadas o de las fuerzas policiales. No es un trabajo más ser policía. Tenemos que juntarnos con todos los sectores y por eso recorremos los barrios, hablamos con las organizaciones, tratando de hacer un aporte a la puesta en valor de la función del policía y de la institución. Me gustaría que los policías vean en mí a un camarada, a un compañero dispuesto a escucharlos, a asistirlos, a hacer lo que haga falta para mejorar sus condiciones de trabajo. Y también dispuesto a ser inflexible y tomar medidas cuando haya un foco de indisciplina y, ni hablar, cuando hay sospechas de la comisión de un hecho delictivo. Pero también es cierto que el comando y la conducción sobre la tropa policial lo tienen los jefes policiales. Desde la gestión política monitoreamos, supervisamos, coordinamos, tratamos de propiciar las condiciones adecuadas del trabajo, cuidamos el presupuesto, las instalaciones, la logística, pero el mando lo ejerce el jefe policial. El que tiene que corregir una conducta es el jefe policial; si yo veo algo que está mal, tendré que recurrir al jefe policial y pedirle que tome medidas. Pero las medidas que el jefe va a tomar es ya un tema institucional. Nos hemos involucrado tanto en los últimos años en el control y en el gobierno de las fuerzas policiales, justificadamente o no, cada uno lo tendrá que decir, que hoy se espera que el funcionario tome todas las medidas y no es así. Lo vemos en el patrullaje. Nosotros hacemos la observación macro, la visión panorámica de la situación delictiva. Ahora, si en el patrullero van uno, dos o tres efectivos será una decisión del jefe policial encargado en el territorio. Nosotros controlaremos, observaremos y si algo está mal lo indicaremos.

—Hay una crítica muy fuerte de la ciudadanía en relación a las actuaciones de la policía.

—Hablamos de tiempo, de los desafíos que tenemos y las circunstancias que se presentan. Además del diseño de los patrullajes, que debemos reformular diariamente, hay otras cuestiones para trabajar. Por ejemplo, estaban robando los perfiles de las torres de alta tensión. La torre de alta tensión que tenemos en Santa Fe al lado del puente carretero estaba a punto de caerse. Si no tomamos medidas preventivas toda la región se quedaba sin luz. Tenemos el tema del robo de cables. Hay comisarías sin teléfono por el robo de cables. Tenemos el operativo por la cosecha. Afortunadamente trabajamos en equipo no solo con las fuerzas federales sino que involucramos a las empresas privadas. Le pedimos a la empresa Transeler que también haga su inversión para realizar un patrullaje más efectivo. Pedimos a Telecom una capacitación para el personal, que ya se hizo. Realizamos investigaciones con la EPE, en 18 allanamientos que se hicieron en Rosario y Baigorria el 4 de mayo se incautó una importante cantidad de cable de cobre en chatarrerías. Es un trabajo que no se ve pero es efectivo y requiere recursos. Incautamos 180 armas de fuego solamente en operativos de prevención. Tenemos que ir hacia las cuestiones que afectan a la cotidianeidad porque si roban cables, si roban los perfiles de alta tensión, si entran en el cordón industrial, en una playa de camiones, todo eso requiere muchos recursos para la intervención. Lo que estamos haciendo hace unos meses, y da buen resultado, es el trabajo en equipo. También estamos trabajando para evitar el boquilleo de los vagones de los trenes Lo importante es trabajar en equipo e involucrar a todos los actores de la seguridad. Las empresas privadas también tienen que aportar lo suyo.

—¿Cómo se plantean enfrentar el problema de la circulación de armas y de municiones, sobre todo en Rosario?

—Es el nudo gordiano de las investigaciones que se están haciendo y que tenemos que reforzar. También requiere de mayor control. La Anmat se ha comprometido con nosotros, y ya lo está haciendo, para efectuar fiscalizaciones y supervisiones para evitar que toda aquella persona que tenga un arma esté debidamente registrado y controlado. Para adquirir una portación hay requisitos y la Anmat nos está apoyando de manera muy fuerte para evitar que las armas y las municiones lleguen a la calle y para que aquel que elija tener armas las use responsablemente.

—¿Cómo caracteriza al fenómeno de las organizaciones criminales en Rosario? Parecen más bien bandas juveniles de composición inestable y con muchas armas disponibles.

—Sí, son pequeñas bandas, atomizadas, poco organizadas, generalmente integradas por muchachos jóvenes, en la mayoría de los casos con problemas de consumo de sustancias. Es evidente que disputan un lugar de venta que puede ser un banco de la plaza o una distribución tipo delivery o una casa. Es una realidad que requiere más prevención y más investigación.

—¿Qué perspectivas ve en lo inmediato?

—Tenemos un equipo de trabajo que tiene claro lo que debe hacer: controlar, supervisar, monitorear el trabajo policial. No solamente desde la comodidad del escritorio sino también en el terreno: en las comisarías, en los barrios, en las unidades regionales, para motivar el trabajo policial. Por ahí puede caer antipático en la tropa, pero es nuestra responsabilidad, el gobernador me encomendó responsabilidad por sobre todas las cosas y trabajo territorial. El ministro me asiste y estamos convencidos de que trabajando en equipo vamos a tener resultado. Cerramos filas, como decimos en la jerga militar, con las fuerzas federales, nos reunimos semanalmente para hacer una lectura de lo que pasa y, con el análisis de la información, un análisis prospectivo de lo que puede pasar para identificar problemas, alertas e hipotéticos escenarios de conflicto. Con esa base direccionamos las patrullas y la prevención.

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