Resguardada del frío con un tapado gris a cuadros, Victoria Villarruel baja de un auto oficial estacionado frente a la Catedral de Rosario. Arriba de las escalinatas la espera sonriente su madre, Diana. También el cura párroco Osvaldo Macerola. Después de los saludos de protocolo ingresan juntos a la Casa de Dios y, unos pasos adentro, ella se arrodilla en señal de reverencia; de espaldas no parece santiguarse. Repiten su camino al menos seis custodios. Las cámaras de los canales de televisión que transmiten en vivo logran tomar algunas imágenes de lejos. Está sentada adelante, acompañada de familiares. Luego, se cierran las puertas. Empieza la misa.
La visita tomó por sorpresa a los rosarinos que caminaban por el casco histórico de la ciudad. Ni hablar a los feligreses que concurrieron a la misa del lunes por la mañana. Algunos preguntaban qué sucedía a los propios periodistas, camarógrafos y fotógrafos que se fueron apostando en el lugar, a medida que fue corriendo el comentario. La información se conoció ese mismo día, porque se trató de una visita fuera de su agenda oficial: la vicepresidenta de la Nación vino a Rosario para asistir a una misa por el quinto aniversario de la muerte de su padre, el teniente coronel retirado Eduardo Villarruel.
Finalizada la ceremonia, unos minutos antes de las 13, Villarruel salió de la Catedral y habló con los medios. Fueron menos de dos minutos, en los que dejó definiciones fuertes. La atención a la prensa es un formalismo que la vicepresidenta sostiene como parte de su rol institucional, pese a que no quiera hacerlo. Es un aspecto que la diferencia del presidente Javier Milei que en sus visitas a Rosario no se ha sometido a preguntas. “No hay otro lugar en Argentina para estar más que acá”, dijo el año pasado a los pies del Monumento a la Bandera, durante su participación en el acto del 20 de Junio. Ese día, el presidente decidió hacer su propio acto en el Campo Argentino de Polo de Buenos Aires.
En esta oportunidad, Villarruel fue consultada sobre la interna a cielo abierto que atraviesan distintos sectores del gobierno, referenciados en la figura del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y del asesor presidencial Santiago Caputo, con las tropas digitales libertarias de su lado. “Yo no participo de ninguna pelea, desarrollo mi labor en el Senado de la Nación y las explicaciones las tiene que dar el presidente, su hermana o el resto de las personas que estén mencionadas. No tengo más que decir que hablar por mis hechos”, dijo y agregó: “Yo me mantengo siempre con mucho respeto hacia todos los sectores. Sí a mí me lo llegaran a faltar, igualmente no voy a responder con falta de respeto”.
—¿Y de Adorni? ¿Qué piensa, Victoria, de Adorni? —consultó el movilero de Canal 3.
—No sé… que estamos esperando todos la declaración jurada de Adorni. Saludos —respondió con una sonrisa, para luego dejar la rueda de prensa. Con pocas palabras, la vicepresidenta dice mucho.
El jefe de Gabinete tiene hasta el 31 de julio para presentar su Declaración Jurada Patrimonial Integral (DJPI). La presentación genera expectativa en el marco de una investigación judicial por presunto enriquecimiento ilícito, a partir de las inconsistencias entre su actividad económica –con reiterados viajes al exterior, compra y remodelación de inmuebles– y su nivel de ingresos como funcionario público. El tema genera ruido entre funcionarios del propio gobierno, que salieron a pedirle que aclare la situación. El propio Milei debió salir a calmar las aguas, diciendo que el vocero presentaría sus papeles en forma “inminente”. De eso ya pasaron dos semanas.
Una vida militar
Victoria Villarruel no nació en Rosario pero mantiene un fuerte vínculo con la ciudad. “Es como mi segunda casa”, dijo frente a la Catedral. Desde hace años, aquí reside parte de su familia. Por eso, además de la misa conmemorativa, la visita de la vicepresidenta incluyó un paso por el cementerio El Salvador, donde descansan los restos de su padre.
Se sabe, la vicepresidenta proviene de familia militar. Su lazo con las fuerzas armadas forma parte de su discurso público y su narrativa política. Su padre, Marcelo Eduardo Villarruel ingresó al Ejército a los 18 años. Personas que lo conocieron de sus años en la ciudad lo recuerdan como alguien recto y portador de una mirada escrutadora, aunque no despectiva: “Un estilo muy particular de los milicos”.
Tenía 27 cuando participó del llamado Operativo Independencia, donde el Ejército desplegó sus fuerzas para combatir un reducido frente de guerrilla del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) en el monte tucumano. Fue un antecedente de la dinámica represiva instaurada con el golpe militar del 24 de marzo. Por los hechos ocurridos en 1975, Villarruel fue condecorado con un diploma de honor. Ese mismo año nació Victoria.
Luego retornó a Campo de Mayo, la localidad bonaerense conocida por ser la mayor guarnición militar del país. Durante la dictadura, en ese lugar funcionó uno de los mayores centros clandestinos de detención. La periodista Luciana Bertoia reveló en Página/12 que el nombre de Villarruel aparece mencionado por un exconscripto en una declaración ante la Conadep, como uno de los responsables de “liberar áreas” en el Centro de Operaciones Tácticas de la Escuela de Infantería en Vicente López, cuando los grupos de tareas realizaban un secuestro.
Lo más celebrado y recordado por la vicepresidenta es la participación de su padre en la guerra de Malvinas. Fue el segundo jefe de la Compañía de Comandos 602 que encabezaba Aldo Rico, algunos años antes del levantamiento carapintada contra Raúl Alfonsín. Parte de ese pelotón tuvo un rol activo en el combate del monte Dos Hermanas, entre el 9 y el 12 de junio de 1982. Fue una de las batallas decisivas del conflicto armado, donde las tropas argentinas buscaron evitar el avance inglés hacia la capital Puerto Argentino. Las fuerzas británicas doblaban en número a las argentinas.
“Era una persona profundamente cristiana. Contaba que en Malvinas tenía discusiones porque a veces quería volver al combate a rescatar los cuerpos para darles cristiana sepultura”, lo describió una persona que lo conoció ya en su retiro militar. Su propia hija, en su paso por Rosario, recordó que su condecoración de Malvinas se encuentra junto al camarín de la Virgen del Rosario, de quien era profundamente devoto.
Entre los hechos destacados de su carrera militar tiene relevancia lo que ocurrió en 1987, cuando se desempeñaba como uno de los jefes del Regimiento de Infantería 37 en la provincia de Chubut. Ya en democracia, se negó a jurar la Constitución considerando que se trataba de una provocación contra las Fuerzas Armadas. La insubordinación le valió una sanción disciplinaria que derivó en su detención por algunos días. En 1996 finalmente fue pasado a retiro y cesó en sus servicios.
Safety Argentina
Tras su retiro, Eduardo Villarruel se radicó en Rosario donde fundó Safety Argentina. La firma presta servicios de seguridad privada para empresas, fábricas, comercios y edificios. En los avisos fúnebres de su fallecimiento, Ernesto Bogado, Carlos Rascia y todo el personal de la empresa despidieron “con profundo reconocimiento y gratitud al jefe y amigo”. También la Cámara Santafesina de Seguridad Privada (Casasep) participó del reconocimiento.
La empresa mantiene una página web activa —sencilla y sin demasiada información— y no tiene presencia en redes sociales. A principios de 2023, Diana Destéfani ratificó su nombramiento como socia gerente de la empresa, tras el fallecimiento de su esposo. El movimiento en la sociedad comercial se publicó en el Boletín Oficial de la provincia.
Denuncia
Eduardo Villarruel falleció por Covid en mayo de 2021. Sin embargo, para la familia la motivación del deceso nunca estuvo clara. Por eso, tras su fallecimiento impulsaron una investigación penal por presunto “homicidio culposo” a partir de una posible mala praxis, pero el expediente fue archivado.
En ese marco, en octubre de 2023 la viuda denunció que el acta de defunción de su esposo, realizada en un sanatorio de Rosario en 2021 en contexto de la pandemia, era falsa. Para los abogados patrocinantes, Julio Razona y Federico Ducler, existieron procedimientos de mala praxis médica que fueron ocultados tras la presunta “falsedad de documento público” que constituye el acta.
“Contamos con un peritaje médico-legal privado realizado por un facultativo de Buenos Aires que detectó innumerables irregularidades en el tratamiento médico al que fue sometido el señor Villarruel”, declararon públicamente los abogados. Además, señalaron que la intubación del paciente se realizó pese a la oposición expresa tanto de la familia como del paciente “que estaba lúcido” al momento de los hechos.
No hubo más novedades de la causa. En aquel entonces, los abogados proponían realizar una serie de pruebas y, como el cuerpo no había sido cremado, no descartaban la posibilidad de pedir una exhumación para realizar una nueva autopsia.
La vice se cuadra
Durante su visita esta semana a Rosario, Villarruel no se encontró con ningún dirigente de La Libertad Avanza. Ni la diputada nacional Romina Diez —principal referencia del mileísmo en la provincia— ni los integrantes del bloque de concejales libertarios que tiene la ciudad mantuvieron contacto con la vicepresidenta.
Las diferencias marcadas con los hermanos Milei prácticamente desde el inicio de la gestión cortaron cualquier posibilidad de vínculo con los dirigentes libertarios locales. Además, a las internas nacionales se le suman las propias diferencias y recelos entre los dirigentes locales, que tienen su propia lógica en el pago chico.

Como particularidad, de la misa participaron algunos dirigentes del Partido Unir Santa Fe. En principio, invitados por la madre de la vicepresidenta. Se trata del espacio que a nivel nacional está referenciado en la figura del dirigente Alberto Asseff, mientras que en la provincia tiene como presidente al médico Juan Mondino. El partido forma parte de la alianza Unidos para Cambiar Santa Fe y el año pasado compitieron con lista propia de candidatos al Concejo. En sus redes sociales compartieron imágenes del encuentro. “Un encuentro que nos guía a seguir construyendo desde el diálogo, la unión y el amor por nuestra patria”, dice el posteo.
En su paso por Rosario, la vicepresidenta se encargó de aclarar a los medios que se trataba de un viaje personal y desvinculado de su cargo político, aunque reconoció haber dado aviso tanto al gobernador Maximiliano Pullaro como al intendente Pablo Javkin. “Intercambiamos unas palabras para que ellos estén al tanto de que estoy en la provincia, pero no tiene ningún otro motivo político”.

No obstante, por la tarde Villarruel encabezó un encuentro en el bar del lago del Parque Independencia, del que participaron los referentes de Unir, que también habían asistido a la misa. A la reunión se sumó Oscar Fernández Fini, el referente de la moda en Rosario, que el año pasado dio el salto a la política con una candidatura a concejal jugando en la interna de Unidos. También participaron familiares y allegados de la vicepresidenta.
Según pudo reconstruir Suma Política, la realidad política del país, la provincia y la ciudad formaron parte de la charla de café, pero no se habló de candidaturas ni de las elecciones venideras. Tampoco se puso sobre la mesa la posibilidad de que la vicepresidenta esté armando su propio espacio, sin lugar en La Libertad Avanza. La describieron como una charla “amena y distendida”, donde se la vio dispuesta a responder preguntas y a dialogar.
Tradición y familia
La tradición militar de la familia de la vicepresidenta crece hacia arriba también por el lado materno. Diana Destéfani, su madre, es hija de Laurio Destéfani, un reconocido oficial naval, que también se desempeñó como historiador. Alcanzó el grado de contraalmirante y trabajó en el remolcador ARA Mataco y el submarino ARA San Luis. El pasado 17 de mayo fue recordado por Victoria Villarruel en un posteo en redes sociales, al conmemorarse el Día de la Armada Argentina.
Hoy se celebra el día de la Armada Argentina, en recuerdo de una fecha que honra la tradición naval de nuestra Patria.
— Victoria Villarruel (@VickyVillarruel) May 17, 2026
El Combate de Montevideo de 1814, bajo el mando del Almirante Guillermo Brown, selló una victoria decisiva frente a la flota realista y aseguró el control del… pic.twitter.com/wB3KXYQDe2
En cambio, su tío Ernesto Villarruel aparece con menor frecuencia en las menciones de la vicepresidenta. Fue jefe de División II de Inteligencia del Regimiento de Infantería 3 de La Tablada, con participación en el centro clandestino de detención El Vesubio. Fue detenido en 2015 acusado de cometer crímenes de lesa humanidad, pero un año después la Justicia lo consideró incapaz de afrontar un juicio, tras ser diagnosticado con Alzheimer. Murió en octubre de 2024 a los 80 años. La noticia de la muerte de su tío encontró a Villarruel en España, participando de una conferencia sobre terrorismo organizada por la ONU.
Esa vinculación con las Fuerzas Armadas forma parte de la identidad política de Victoria Villarruel, que en 2006 fundó el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv). Se trata de una organización que busca visibilizar a las personas muertas o secuestradas por organizaciones como ERP o Montoneros, en general vinculadas a la “familia militar”. En 2014 publicó el libro Los otros muertos sobre “las víctimas civiles del terrorismo guerrillero de los setenta”. Con su llegada a la Casa Rosada ese discurso se instaló desde el gobierno y, desde entonces, cada 24 de marzo difunden alguna publicación buscando instalar la teoría de los dos demonios, un recurso que, en su propia repetición, pareciera perder efectividad.
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Ver todas las entradasPeriodista. Licenciado en Periodismo (UNR). Conductor y productor en radio Aire Libre (91.3). En Twitter: @NachoCagliero

































