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Sociedad

Claves para pensar en la alimentación como forma de prevenir enfermedades

La existencia de una sintomatología vinculada a la acidez estomacal, inflamación, problemas gastrointestinales y un malestar generalizado resuena, cada vez con mayor frecuencia, en el marco de enfermedades vinculadas con la propia alimentación. 

Se trata de patologías que se transforman en parte integrante de la cotidianeidad y que se naturalizan al punto en que se vuelven malestares intensos, y ahí es donde generalmente se recurre a algún profesional que indica qué hacer para solucionar o intentar morigerar esos síntomas. Sin embargo, más allá de las respuestas para enfrentarlos, rara vez se reflexiona acerca de lo que se hace para llegar hasta allí. Se abre entonces la pregunta: ¿es posible pensar en una alimentación preventiva y no solamente focalizada en el después?

Entender la alimentación como parte del derecho a la salud, en vinculación con los entornos y en articulación entre lo individual, lo sociocultural y las políticas de los estados aparece entre los puntos centrales para ir hacia una alimentación que sea preventiva y garante de calidad de vida, en lugar de detonante de enfermedades.

Así como también poder pensar en una educación alimentaria que permita contar con otras herramientas al momento de planificar y ejecutar las compras, entender la información —por lo general excesivamente técnica— que aparece en las etiquetas de los productos, para comprender qué contienen, cómo podrían afectar la salud y decidir luego si se quiere o no consumirlos.

El informe de la cuarta Encuesta Nacional de Factores de Riesgo para enfermedades crónicas no transmisibles (ENFR) del Ministerio de Salud nacional advierte que en las últimas décadas se observa un incremento del consumo de alimentos ultraprocesados, con alto contenido energético y bajo valor nutritivo, al tiempo que señala una disminución en el consumo de frutas, verduras y legumbres, entre otros. 

Poner en cuestión qué implica una alimentación saludable permite entenderla en vinculación con las necesidades nutricionales de cada persona, características etarias, gustos y preferencias y con los contextos socioculturales de cada tiempo histórico, es decir, como parte del entramado social, condicionada por el mismo, y sobre el que es necesaria una problematización constante. 

“Te ofrecen una barrita de cereal que califican de saludable porque tiene cero calorías pero en realidad está ultraprocesada y te inflama”, dispara la médica clínica Guadalupe González en diálogo con Suma Política e invita a pensar en los patrones y las tradiciones culturales que predominan al momento de alimentarse, en las formas de producción y comercialización existentes, en la persuasión publicitaria, los modos de vida, la información disponible, los precios y el poder adquisitivo. 

“Te ofrecen una barrita de cereal que califican de saludable porque tiene cero calorías pero en realidad está ultraprocesada y te inflama”

González, quien en su consultorio observa que “en un ochenta por ciento aparecen problemas gastrointestinales”, detalla algunos factores a tener en cuenta al momento de pensar estas problemáticas: “La mayoría de las personas hace vida sedentaria, lo que aumentó en pandemia por la virtualidad de actividades, y ello afecta a los intestinos. Se suma el uso de pesticidas que perjudica la calidad del trigo con alimentos que terminan siendo más tóxicos, va creciendo la intolerancia a ciertos productos, ya que el contacto recurrente con los mismos incide en el sistema inmunológico intestinal y aparecen alergias alimenticias, pasa mucho también con la lactosa, los colorantes, azúcares que generan acidez al afectar la flora intestinal. Así nos encontramos con personas que pueden tener el peso saludable pero que padecen patologías de este tipo porque los ultraprocesados generan una inflamación crónica”.

Guadalupe González

¿Qué comemos?

Según datos de la mencionada Encuesta Nacional de Factores de Riesgo el 66,1 por ciento de la población argentina tiene exceso de peso, el 32 por ciento tiene obesidad, el 34 padece presión arterial elevada y el 29 tiene colesterol elevado.

“Los datos indican que en Argentina se está consumiendo entre 180 y 190 kilos de productos comestibles ultraprocesados frente a 800 gramos de legumbres por persona por año”, advierte la licenciada en nutrición y psicóloga social Rocío Hernández señala. Para la profesional, “es necesario problematizar de qué hablamos cuando definimos lo saludable” ya que “la industrialización hizo que nos confundamos bastante, pensamos que un yogurt light es saludable y quizás tenga entre 18 y 23 ingredientes que desconocemos, que son nocivos para la salud y catalogan dentro de lo que llamamos ultraprocesados. También muchas veces pensamos que un solo alimento de por sí es sano, por ejemplo una manzana, pero si no la situamos dentro de un patrón global no podemos decir que nuestra alimentación es saludable”.

Rocío Hernández

“Los datos indican que en Argentina se están consumiendo entre 180 y 190 kilos de productos comestibles ultraprocesados frente a 800 gramos de legumbres por persona por año”

En sintonía, la nutricionista con formación en Política y Gestión de la Seguridad Alimentaria, Evelyn Oviedo, sostiene que el patrón alimentario predominante en el país es “muy monótono” porque “comemos siempre lo mismo, carne, sobre todo vacuna, con algo más, y poca verdura y fruta”. No obstante, destaca que “antes las consultas eran exclusivas por descenso de peso o derivación ante diabetes, celiaquía, personas que necesitaban un acompañamiento puntual; hoy podemos ver que hay mayor voluntad para cuidar la salud a futuro y prevenir enfermedades con cuidados más asesorados”.

Evelyn Oviedo

¿Qué dice la ley de Etiquetado Frontal?

A fines de 2021 el Congreso de la Nación sancionó la Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable que busca asegurar el acceso a información clara y certera sobre el consumo de alimentos, sobre todo aquellos con elevada cantidad de azúcares, grasas saturadas, grasas totales, calorías, sodio y cualquier otro elemento perjudicial para la salud. 

Esta normativa, que promueve el etiquetado frontal a través de octógonos negros en los productos, y que espera la reglamentación final del Ejecutivo, incentiva la difusión de información nutricional comprensible en los alimentos envasados y bebidas analcohólicas para resguardar los derechos de las y los consumidores, prevenir la malnutrición y el desarrollo de enfermedades.

Guadalupe González, especialista en medicina funcional, integrativa y tratamiento del dolor, coincide en que “la Ley de Etiquetado es fundamental porque todos los productos tienen que decir lo que contienen. Es obligar a la industria a detallar cada alimento y que el consumidor decida”.

¿Algo está cambiando?

Rocío Hernández, de gran llegada en su red social Instagram (@nutriloca), sostiene que “algo está moviéndose” y lo fundamenta en que “en este tiempo cada vez más personas están planteándose la posibilidad de cambiar algunos hábitos, resurgieron —sobre todo en pandemia— los bolsones ecológicos y las ferias, es decir que hay más personas diciendo queremos saber qué estamos comiendo y profesionales de la salud que asumimos la promoción de una alimentación más sana, segura y soberana”.

“La alimentación saludable es un derecho, está ligada a la vida, a la salud, garantizada en la Declaración Internacional de Derechos Humanos, urge combatir las problemáticas alimentarias que coexisten y que requieren de un abordaje integral y de información, de un compromiso de acercar además la información a las poblaciones vulnerables, no solo a las que eligen más fácilmente qué comer. Es el derecho a una vida activa y sana”, aporta por su parte Oviedo.

Las especialistas coinciden en la importancia de comenzar a cuestionar los hábitos de consumo, así como de contar con información que posibilite romper mitos como que comer saludable es “caro y aburrido”. “Poseer información no puede ser solo para unos pocos, en la alimentación se ve la grieta de injusticias de algo que es un derecho y que no está garantizado para todas las personas. Cuanto más accesible esté más problematización va a haber”, resume Hernández, quien considera que cuestionar el plato “genera mucha reactividad porque es una síntesis de poder”.

Prestar atención a los cuerpos y sus necesidades, y discutir qué se come y por qué, aparecen como caminos posibles para una alimentación entendida como derecho a la salud, para la prevención de enfermedades no transmisibles y como facilitadora de otros vínculos con el ambiente.

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Autor

  • Licenciada en Periodismo por la Universidad Nacional de Rosario. Co-fundadora y editora general del medio de comunicación Reveladas. Diplomatura en Economía Política y Relaciones del Trabajo en UBA Sociales.

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