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Cultura

Cómo editar a una escritora inmensa

¿Cómo editar a una escritora inmensa como Angélica Gorodischer, una señora que con más de noventa años seguía escribiendo frenéticamente, imaginando mundos, odiando cada una de las rugosidades de la solemnidad? El encuentro que se realizó en su honor en la Feria Internacional del Libro de Rosario reunió con rigor los condimentos básicos e imprescindibles que Angélica merece: hubo humor, mucho afecto, carcajadas. Ángela Pradeli, Mercedes Guiraldes, Sylvia Saitta y Martín Castagnet, bajo la impecable coordinación de Rosario Spina, se juntaron para recordarla, para rendirle el honor que se merece, y el encuentro además de muy cálido permitió desplegar un jugoso anecdotario sobre su vida y su obra.

Se sabe que Angélica Gorodischer es también un personaje casi mítico de Rosario. Gran parte de los que leemos y escribimos bajo este cielo la hemos querido entrevistar alguna vez, y recordamos su lindo chalecito lleno de plantas en zona sur, su permanente predisposición a la conversación, una ceremonia donde ella misma se ponía también y simultáneamente en el rol de quien hace preguntas. En este universo, las permanentes alusiones al Goro, su marido, y a sus hijos, y a sus nietos formaban parte de la conversación. Angélica era afable, simpática, ferozmente inteligente. Y en el homenaje que le realizó con enorme merecimiento la Feria del Libro sus tres hijos, que estaban presentes, seguramente se fueron con el corazón calentito.  

Siempre me pregunté cómo se lleva a cabo el trabajo de editor con escritores tan contundentes, tan exquisitos. Y la noche del homenaje tuve la oportunidad de escuchar a Mercedes Guiraldes, quien fue su editora por más de treinta años para la editorial Emecé y también en Planeta, confesar que Angélica le había enseñado a ser editora pero además a ser feminista: “Me sorprendía que ella dijera una y no uno cuando hablaba en general”.

Cuando Mercedes la conoció, Angélica ya era una escritora consagrada, ya había publicado Calpa imperial y su obra de ciencia ficción, por la cual muchos críticos y periodistas un poco desinformados la identificaron siempre. Sin embargo, está claro que los encasillamientos nunca le gustaron a esta escritora. Contó al respecto Sylvia Saitta una anécdota muy simpática. En medio del homenaje que le realizó la Biblioteca Nacional en diciembre de 2017, el entonces director Alberto Manguel, siempre tan acartonado, la presentó como “la gran dama de la ciencia ficción”. Y Angélica no tuvo mejor idea que apelar a su gran desparpajo: “Ya se me pasó, ya está. Es como decir: ya tuve varicela”.



“Trabajar con Angélica era sencillo, porque entregaba unos textos impecables, supercorregidos”, afirma Mercedes Guiraldes a Suma Política, para aclarar que incluso no le gustaba que la corrigieran. En ese sentido, recuerda que alguna vez los correctores de prueba le querían poner puntuación, porque Angélica a veces no usaba el punto final al terminar un párrafo, y ella quería dejarlo así. “Se tomaba sus licencias y la enojaba mucho que quisieran normalizar su escritura. A veces introducía en algunos textos una especie de estilo libre sin ninguna puntuación o sin mayúsculas. Nosotros le respetábamos eso”. 

La relación entre ambas fue muy fluida. “Ni bien Angélica terminaba un texto me lo mandaba y esperaba a que yo le dijera qué me parecía. Conversábamos sobre los títulos y si eran cuentos, como en Menta, yo intervenía en el ordenamiento de los mismos”. En las cuestiones que tenían que ver con la salida del libro, Mercedes reconoce que trabajaban muy juntas: conversaban sobre el lanzamiento, qué hacer, a qué medios destinar el anticipo, si organizar o no una presentación en Buenos Aires, o solamente en Rosario. “Pero una vez que publicaba el libro, no se quedaba pegada; a Angélica lo que más le interesaba, y eso lo dijo muchas veces, era comenzar el próximo”. Escribir para publicar, sí, no escribir para guardar, pero la publicación era para ella un momento más de ese largo proceso creativo incesante que llevaba adelante todo el tiempo.   

Durante los años de trabajo en común, estas dos mujeres intercambiaron muchísimos mails, que Mercedes Guiraldes piensa algún día recopilar en un libro, bajo dos posibles títulos: “Che, Mercedes querida” o “Abrazos, la Goro”. Tal  vez el más hermoso de los tres mails que leyó la editora en el homenaje sea el último que Angélica le escribió, el 14 de marzo de 2017: “Ché, Mercedes querida: ¿me vas a publicar también este otro? No, no digas que mañana ni el mes que viene pero supongamos, digo, en diciembre, ¿eh? Diciembre estaría fantástico, para que lo compren para regalar en Navidad. No está terminado pero es diferente de los demás. Me parece. Eso: me parece. Bueno, lo terminaré en cualquier momento y volveré a preguntarte. Ahora sueño con sacármelo de encima”. Se trata de Preciosa cabellera, su último libro, todavía inédito, que Angelica nunca llegó a enviarle a su editora. 


Fotografía: Guillermo Turin Bootello (Secretaría de Cultura y Educación de Rosario)

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